RAFAEL
AZCONA, DE LA LITERATURA AL CINE
Antonio Javier García Fernández, Sr.Curri
1.
Llegada a Madrid y primeras obras
Rafael Azcona aparece en los créditos
de la mayoría de películas españolas importantes,
sobre todo de los años 50 y 60. Es un autor de prestigio que ha
conseguido que se asocie su nombre a los guiones de Plácido
(1961), El verdugo (1963) o El pisito (1958). Citarle
es hablar de la introducción de una nueva visión, un nuevo
punto de vista que tiñe la realidad de un espeso humor negro. Pero
no sólo en estos años, Azcona también tiene trabajos
más recientes como el guión de la película Belle
époque (1992) o la adaptación del guión del
libro de cuentos de Manuel Rivas Qué me quieres, amor
(1) que dio lugar a la película La lengua
de las mariposas (1999) dirigida por José Luis Cuerda.
Es un continuador de una larga tradición
artística española de siglos; continúa una cierta
forma de realismo que va desde la picaresca hasta nuestros días
pasando por el esperpento de Valle-Inclán, pero sin dejar de lado
la sobriedad de Baroja o el costumbrismo de Mesonero Romanos, Larra o
Carlos Arniches. Es, sin duda, el guionista más respetado del cine
español, y su labor junto a directores como Juan Antonio Bardem,
Luis García Berlanga, Carlos Saura o José Luis García
Sánchez así lo avala. Rafael Azcona ha escrito los guiones
de más de ochenta películas y tiene, entre otros premios,
el nacional de cine, el Goya de honor de la academia de artes y ciencias
cinematográficas y la medalla de oro de las bellas artes.
Esquivo siempre con los medios, no solía
aparecer en las promociones de sus películas y evitaba en lo posible
conceder entrevistas, hasta que hace unos años sin motivo aparente,
parece que venció esa timidez y aparece ya con asiduidad en programas
populares de televisión, entrevistas radiofónicas y de prensa.
Hasta Joaquín Sabina le dedica un soneto, a él y al director
José Luis García Sánchez, del que culpa de esta aparición
pública súbita del escritor:
 |
Rey consorte por parte de leona,
corruptor de mayores a granel,
de tu brazo el ignoto fray Azcona
sale más en las fotos que Massiel. (2) |
Rafael
Azcona nació en Logroño en 1926. Su primera vocación
fue la de poeta y escribió versos en revistas locales antes de
dar el salto desde la pequeña capital y trasladarse a Madrid con
la intención de ganarse la vida como escritor. En el prólogo
a su novela Cuando el toro se llama Felipe, publicada en 1956,
Rafael Azcona escribe un artículo titulado “Mi vidorra de
escritor (autobiografía pequeñita)” y da algunas claves
sobre su vida. Es curioso, porque aunque escribe una autobiografía,
Azcona evita en lo posible hablar de sí mismo, con los consiguientes
problemas que trae eso en un género tan restrictivo como es la
biografía:
«—Rafael
—me he dicho muy serio—: no seas memo. ¿Qué
demonios vas a contar tú como individuo? Nunca has salvado
a un náufrago, nunca has matado a una mosca, nunca has hecho
nada brillante ni extraordinario... Tu vida es una vida ni fu ni
fa, igual a la de tantos y tantos señores particulares que,
ahí los tienes, no dicen ni esta existencia es mía:
de niño te metiste los dedos en las narices, de adolescente
aprendiste a bailar el pasodoble y de adulto te limitas a sufrir
mucho —sobre todo en primavera— al ver las señoritas
tan estupendas que, el que más y el que menos, lleva colgada
de su respectivo brazo... No seas idiota, Rafaelito, que eso le
ha pasado —con perdón— hasta al mismísimo
lector». (3) |
 |
Este
artículo a modo de autobiografía ha sido recogido después
por Juan Carlos Frugone en su estudio “Rafael Azcona: atrapados
por la vida” publicado en las Actas de la Semana Internacional de
Cine de Valladolid —Seminci— del año 1987 y del que
manejo su edición digital (4). En dicha autobiografía
narra, siempre desde el punto de vista irónico que impregnará
toda su obra, el salto desde Logroño a la capital:
 |
«Fue
entonces cuando Logroño se me quedó pequeño:
me di cuenta de que a pesar de haber escrito mil veces la palabra
“triste”, ni me ponían una corona de laurel ni
nada. Y decidí trasladar mis consonantes a Madrid... Me apoyé
en el refranero —que es una mina de sabiduría—
y en lugar de escoger los refranes que no me convenían, seleccioné
y me repetí los de mi medida... En vez de acordarme de que
“el que mucho abarca poco aprieta”, me dije que “nadie
es profeta en su tierra”; antepuse al “más vale
pájaro en mano que ciento volando”, eso de que “el
que no se arriesga no pasa la mar”; aplasté con el
pie el “más vale lo malo conocido que lo bueno por
conocer” y enarbolé el “ancha es Castilla”.
Y llegué a Madrid la víspera de mi cumpleaños
número veinticinco... Otoño de 1951». (5) |
Nada
más llegar a Madrid, Azcona trabaja como contable para poder subsistir,
aunque sigue colaborando en revistas de su ciudad natal como Codal
y Rioja industrial y empieza a colaborar en otras publicaciones
de Madrid como el diario Pueblo. Traba amistad con los círculos
literarios de la época y participa en las tertulias de los cafés
Comercial, Gijón y, sobre todo, Varela. Este café organizaba
unas veladas de “poesía a medianoche” en las que, por
el hecho de participar y ser considerado “poeta”, los autores
tenían derecho a tomar agua y a escribir durante un tiempo, incluso
con sus máquinas de escribir alquiladas si las tenían, en
las mesas del café sin tener que consumir nada.
«Siempre
recordaré emocionado a aquellos camareros... El poeta se
sentaba y ellos, sin preguntarle nada, le ponían su botella
de agua fresca y su vaso. Yo creo que en aquel café consumí
más agua que una central eléctrica, prácticamente,
durante seis meses no tomé otra cosa. Bueno; un momento...
En realidad, de vez en cuando alguien me invitaba a café
con leche, y cada día tenía asegurados mis dos o tres
pedazos de patata frita, hurtados con toda naturalidad del plato
en que se las servían a Eduardo Alonso, aguerrido capitán
de la tropa poética... Mi mano, como si fuera un pájaro,
picoteaba en el platillo mientras mi otra mano escribía febrilmente
sus “tristes” de rigor; mi boca, como si fuera otro
pájaro, cantaba entre patata y patata sus más encendidos
endecasílabos... Y así seis meses». (6) |
2. El paso por La Codorniz
En el ambiente del café, Azcona conoce
a otros escritores del grupo de los 50 como Ignacio y Josefina Aldecoa,
Gonzalo Torrente Ballester, Jesús Fernández Santos o Rafael
Sánchez Ferlosio y observa la vida bohemia que le servirá
de base para muchas de sus historias. En este tiempo, para ganarse la
vida, escribe novelas rosas y de vaqueros por encargo con el pseudónimo
de Jack O’Riley. Pronto se dará cuenta de que su futuro no
está en la poesía y que hay otros que escriben mejor que
él, así que decide enfocar su vocación de escritor
por otros derroteros y prueba a ser humorista. Es en el café Varela
donde conoce a Antonio Mingote y a Álvaro de la Iglesia, que le
llevan en 1952 a publicar en la revista de humor La Codorniz
su primer original. En esta revista desarrollará gran parte de
su obra y creará personajes tan famosos como “El repelente
niño Vicente”, un niño que seguía al dedillo
todas las directrices del régimen franquista y que resultaba desesperante
para todos los que le rodeaban. En una de las entregas, dedicada a la
navidad y titulada Una instancia a los reyes magos, el niño
Vicente comienza así su carta a los reyes magos:
«El
que suscribe, niño llamado Vicente, domiciliado en la calle
Fuencarral 133, Madrid, tercera ventana de la cuarta planta empezando
a contar por la derecha, tiene el alto honor de exponer a Sus Majestades:
Que, en la actualidad, se encuentra
en el período de crecimiento, según atestigua con
el certificado médico que adjunta.
Que, por recomendación facultativa
y no por capricho gastronómico, debe ingerir antes de cada
comida dos cucharadas colmadas de aceite de hígado de bacalao.
Que, enterado de que en la noche del
5 al 6 de enero Sus Majestades acostumbran a depositar en los zapatos
de los niños que han sido buenos los regalos que dichos niños
solicitan de vuestra munificencia, desea beneficiarse de la misma».
(7) |
Será
el propio Azcona el que dibuje las viñetas que aparecerán
con sus textos, al principio utilizando collages, pero después
componiendo sus propios dibujos, cada vez con mayor destreza. Azcona obtuvo
también bastante éxito en la revista con la serie “Consejos
a jóvenes inexpertos”, en la que adoctrina a los jóvenes,
imitando el estilo de los tratados de urbanidad franquistas, pero con
un humor muy ácido. Es particularmente irónico en la forma
de tratar cómo se ha de comportar un buen ciudadano con los pobres,
algo en lo que hacía un particular hincapié el nacional-catolicismo
en la educación de los niños en las escuelas. Esto también
puede verse en el argumento de una de sus películas más
aclamadas, Plácido (1961), dirigida por Luis García
Berlanga. En esta película, todos los ciudadanos durante una navidad
tienen que seguir la misma proclama y ser generosos; todos tienen que
sentar a un pobre a su mesa, con los consecuentes problemas que traerá
esto a una familia de clase media-baja.
En una entrevista aparecida en la revista
Nickel Odeon, Azcona retrata así esta época de
trabajo en la revista:
«Mi
paso por La Codorniz lo recuerdo como uno de los más
afortunados que he dado en la vida; aparte de no conducirme por
el Imperio hacia Dios, que era adonde, si te descuidabas un poco,
te llevaba la prensa de la época, La Codorniz me
alejó de la poesía, para la que es indudable que yo
no había nacido. En cuanto a los humoristas de aquellos años
siniestros, de todos aprendí algo, y, rindiendo homenaje
de gratitud a Mingote, de cuya mano entré en la revista,
lo rindo también a Mihura, Tono, Neville, Herreros, De la
Iglesia y a quienes les sucedieron». (8) |
3.
La Codorniz y La otra generación del 27
Azcona entró a trabajar en La
Codorniz en el año 1952, pero años antes ya se habían
sentado las bases de lo que después sería la revista. La
filosofía y la manera de entender del humor del grupo afín
a las tertulias del café Pombo, y a la figura de Ramón Gómez
de la Serna, denominado por el profesor Laín Entralgo, entre otros,
como la otra generación del 27, fue la energía
renovadora del humor contemporáneo español. Encabezados
por Ramón, Julio Camba y Wenceslao Fernández Flórez,
muy pronto se unieron a ellos Antonio de Lara Tono, Edgar Neville,
Jardiel Poncela, Miguel Mihura y José López Rubio.
Ambas generaciones, la del 27 y la otra,
tienen en común que todos son señoritos, burgueses acomodados,
aunque sean de familias venidas a menos como la de Alberti. Entre todos
ellos, el único que destaca por su procedencia es Edgar Neville,
que proviene de una familia aristocrática, ostentando el título
de conde de Berlanga de Duero.
Lo que separa principalmente a una de la
otra son las convicciones políticas y también que la
mayoría de los otros permanecieron en España tras la guerra
civil, mientras que los de la generación del 27 tuvieron
que exiliarse. Además de esto, hay un decantamiento más
pronunciado de los otros hacia lo narrativo en lugar de hacia
la poesía. Además, la generación de Lorca y Cernuda
desarrollaron sus carreras alrededor de la universidad —exceptuando,
también, el caso especial de Rafael Alberti— mientras que
la otra generación, la de los humoristas, son todos autodidactas.
La convivencia entre unos y otros fue normal
hasta la guerra del 36, en que se dividieron por un lado los señoritos
de izquierdas y por otro los de derechas. En este ambiente de convivencia,
todos pasaron ratos distendidos como la comida farmacéutica que
organizó Ramón Gómez de la Serna en casa de Enrique
Durán. A esta comida asistieron Federico García Lorca, Aladrén,
Paco Vighi, José López Rubio, Edgar Neville, Solana y el
propio Gómez de la Serna. Ramón preparó la comida
a base de pastillas para hacerles ver que con los adelantos de la tecnología,
ingiriendo únicamente compuestos químicos, las personas
podrían estar alimentadas. Pero el experimento no salió
bien y nada más salir de la casa, todos se metieron en el primer
restaurante a comer bistecs.
Este
grupo de narradores buscaba la risa intelectual, conseguida por la sorpresa,
por la originalidad de planteamientos y diálogos, a veces con un
tono taciturno, que dejaba como fondo una irremediable tristeza. Felipe
Pedraza y Milagros Rodríguez hablan de los aspectos fundamentales
de los autores que se reúnen en torno a la revista La Codorniz,
dicen de ellos que son los que recogen los ecos de modas y formas vanguardistas
para hacer un teatro de humor diferente. Es
un teatro de la resignación, de la evasión, que intenta
evitar el enfrentamiento con la realidad. Desde el escenario se predica
la necesidad de refugiarse en la ilusión para compensar las limitaciones,
amarguras y crueldades de la vida; y se insiste en el humor como fórmula
superadora, o, mejor, negadora de los conflictos. (9)
Sobre
estos autores han trabajado también Mª Luisa Burguera y Santiago
Llorens para recopilar una serie de artículos que inciden en la
unión entre vanguardia y humorismo. En ese libro se cuenta una
anécdota que define el espíritu de la época, la alegría
pueril, el tono desenfadado y ausente de compromisos de los años
20. Una noche del año 1928, Edgar Neville propone salir de excursión
en coche desde La Granja del Henar hasta Córdoba. A la aventura
se suman Tono y López Rubio. Nada más salir, Neville,
conductor temerario, atropella a un conejo. Un poco después, atropella
a una gallina y Tono le comenta «¿Por qué
no atropellas un poco de arroz y hacemos una paella?» (10)
En el año 30, Tono viaja
con Buñuel en barco para trabajar como guionista en Hollywood.
Su cometido era hacer versiones españolas de éxitos de la
industria estadounidense, un trabajo que se terminará cuando se
invente el doblaje y todos regresen a España. Allí, cuando
llegan, ya están instalados Neville, Ugarte y López Rubio,
que ya son amigos de Charles Chaplin, sobre todo Edgar Neville. Fruto
de esta amistad es el nombre del personaje protagonista de Luces de
la ciudad (1931) dirigida por Charles Chaplin,
que Charlot llama Neville en honor a su amigo. Edgar Neville, incluso,
tuvo un pequeño papel en la película que finalmente fue
cortado por exceso de metraje. Neville le devolvió el favor dedicándole
a Charles Chaplin su libro Don Clorato de Potasa.
Tras la guerra, dividido el país
y las dos generaciones, estos humoristas del régimen se unen en
la revista La ametralladora, y después, algunos autores
de esta otra generación forman la revista La Codorniz
uniéndose a otro grupo de humoristas de diferentes edades en un
intento de hacer más agradable una realidad axfisiante. Esta “revista
más audaz para el lector más inteligente”, como rezaba
su subtítulo, era una revista de actualidad que lanzaba proclamas
y pequeños gritos de protesta, siempre edulcorados para no verse
salpicada en asuntos políticos que le llevaran a tener problemas
con la censura. Para muestra, el chiste de la portada de uno de sus números,
escrito por Antonio de Lara, Tono,
—¡Caramba,
don Jerónimo! Está usted muy cambiado.
—Es que yo no soy don Jerónimo.
—¡Pues más a mi favor! |
Tono,
como hacen los demás, nunca habla de sí mismo en serio,
oculta su vida familiar en sus escritos y no da datos concretos de las
sucesos que transcurren en su vida. Todos, cuando aceptan a contar algo,
lo tiñen todo de humor, como hace Tono en su Automentirografía,
 |
«Yo
era un niño como todos los niños. Había acabado
con buenas notas la lactancia y mis padres comenzaron a pensar en
mi desarrollo.
—Hay que ocuparse de su crecimiento
—opinaba mi padre que soñaba con verme hecho un hombre
hecho y derecho.
—Hay que darle una alimentación
sensata —opinaba mi madre que era una mujer muy serena.
Un día decidieron enviarme
al campo.
—El campo es muy sano —decía
mi padre. Ya verás como en el campo se pone como un toro.
Efectivamente, al poco de estar en
el campo, empecé a comer hierba, a decir ¡Mu! y a embestir
a la gente». (11) |
En
este mismo tono jocoso, Miguel Mihura, que sería uno de los directores
de la publicación, escribe sus recuerdos en Mis memorias.
Este mismo tono heredado es el que usa Azcona en su “Autobiografía
pequeñita”, inventando también su biografía
con hechos inverosímiles. En el capítulo de Mihura que titula
“Hablo de La Codorniz con Don Jenaro y publico, por fin,
La Codorniz”, cuenta una anécdota que resume ese
espíritu burlón y un tanto ingenuo de los dibujantes de
la revista,
«Cuando
yo dirigía La Codorniz, en sus primeros años
y entraba en mi despacho dispuesto a trabajar alegremente, sonaba
a veces el timbre del teléfono, yo lo cogía y una
voz irritada decía algo así:
—¿Es el director de La
Codorniz?
—Sí; al aparato.
—Pues es usted un mamarracho;
es usted un imbécil. Y su periódico, una porquería.
Y colgaba.
Y yo entonces me echaba a llorar,
como el niño que riñen por haber cometido una travesura:
“Perdóneme. Lo he hecho sin querer” —estaba
a punto de decir.
Pero en seguida olvidaba el insulto
y, nuevamente, me ponía a jugar con mis amigos». (12) |
 |
La
revista tenía secciones fijas, como la sección de la polémica,
en la que dos colaboradores habituales solían debatir sobre temas
superfluos y sin importancia, destaca entre ellas, la que Álvaro
de la Iglesia, el primer director de la revista, y Miguel Mihura mantuvieron
por hablar mal de una tía suya,
«¡No,
señor Mihura!
Mi querido amigo:
Supongo que a estas horas su tía
estará disgustadísima por su reciente carta dirigida
a mí, en la que usted se dedicaba exclusivamente a hablarme
mal de ella. Yo, en la piel de su tía, me enfadaría
también si un sobrino me llamase vieja pesada, agria y pedante.
Pero como no tengo el gusto de ser su tía, lo único
que puedo hacer es dolerme de que usted la trate con una crueldad
tan poco simpática». (13) |
Aunque
de forma puntual, la revista también contó con la colaboración
de Ramón Gómez de la Serna, que enviaba relatos o poemas
basándose en el absurdo como herramienta humorística,
 |
«Era
necesario que alguien tuviese un collar de ojos, ojos diferentes,
escogidos; nunca el par; siempre uno solo de cada pareja, para lo
cual sólo había que dejar tuertos a los interfectos
escogidos». (14) |
También
Azcona es uno de los colaboradores habituales de la revista, y firma sus
intervenciones en La Codorniz con diferentes pseudónimos,
como el de profesor Azconovan con el que firma artículos
como el siguiente,
«¿Puede
un señor ser perro de San Bernardo?
Un perro, si bien se mira, no puede
decirle a nadie dónde está el Norte. Y el Norte, a
pesar de las últimas guerras, sigue estando por ahí,
por donde se va a Bilbao. Un perro, sin mirarlo ni bien ni mal,
es incapaz de pedir la mano de una señorita adorable. Y ya
saben ustedes la cantidad de señoritas que se aprovechan
de los salvamentos para casarse por la vía rápida
y con el cuento de que están agradecidísimas a su
salvador». (15) |
A
pesar de la consideración y el reconocimiento público que
tenían las novelas humorísticas en su época, y el
prestigio de los colaboradores habituales del semanario, si buscamos el
nombre de Rafael Azcona en el manual de literatura española de
Francisco Rico comprobaremos que no se menciona en ningún momento
su nombre. Si acaso se habla de él es de una forma indirecta, siempre
sin nombrarle, cuando en el artículo “Literatura y política”
del primer suplemento del tomo 8, se refiere a las revistas de esta época
y menciona la revista humorística La Codorniz, unida ineludiblemente
a su trabajo.
Otras tres publicaciones aparecieron en
1941. Es la primera la popular revista semanal de humor La Codorniz
de Álvaro de la Iglesia, sucesora de La Ametralladora
de la guerra civil, y que lentamente y hasta su muy tardía desaparición
iría desplegándose de sus iniciales posicionamientos fascistas;
los nombres de Edgar Neville y de Tono, por ejemplo, aparecen
continuamente en sus páginas. (16)
Josefina R. Aldecoa en el prólogo
(17) a Estrafalario /1 se queja también,
desde la amistad que le une a Rafael Azcona, de este olvido por parte
de la crítica de uno de los más brillantes autores de personajes
literarios y cinematográficos españoles. Tendríamos
que entrar a valorar si el guión cinematográfico puede ser
considerado también, como lo son las obras de teatro, una forma
de literatura digna de ser tratada como una creación en sí
misma, que se puede leer de forma independiente y no precisa de la película
realizada para poder comprenderse. Si esto ocurriera, los guiones cinematográficos
podrían entrar a formar parte de los manuales de literatura con
lo que casi podríamos asegurar que Rafael Azcona tendría
un lugar destacado en ellos.
Durante estos años de La Codorniz,
Azcona no deja de escribir narraciones que va publicando poco a poco,
en relatos como Los ilusos (18), cuenta
con cierto deje autobiográfico la llegada de un aprendiz de poeta
a Madrid, la vida de los cafés y el viaje que hace con otros “ilusos”
como él a Granada para leer poesías; en la historia, el
joven poeta se enamora perdidamente de una chica a la que le falta un
brazo y ese brazo se convierte en un símbolo de lo que les falta
para sentirse plenos en la vida. Otro libro importante es El pisito,
novela de amor e inquilinato (19); en El
pisito una pareja que lleva noviando muchos años tiene el
problema de no poder casarse hasta encontrar un sitio donde poder vivir.
Este libro dará lugar a una película, titulada también
El pisito (1958).
4.
Las novelas cinematográficas de Azcona
También de esta época que
va desde el año 1954 a 1960 son las narraciones Pobre, paralítico
y muerto (20), tres historias que se agruparon
en un mismo volumen; Pobre es la historia de un hombre que comete
un fraude y hace más papeletas de las que puede vender con un número
de la lotería de navidad que resulta agraciado con el premio; el
hombre huye para evitar el linchamiento de sus vecinos, pero al final
la guardia civil le coge y le lleva a la cárcel. Paralítico
es el nombre que, en un principio, tenía la novela El cochecito,
y que cambió con el estreno de la película, más adelante,
en este mismo trabajo, desarrollaré su argumento. Muerto
cuenta la historia de un médico que, acompañado de un taxista
y un seminarista, tiene que trasladar el cadáver de un cura en
coche desde un convento hasta una parroquia, para que los curas del convento
no tengan que correr con los gastos del entierro.
Pero la novela más importante que
realiza en esta época es Los europeos (21);
en ella refleja la libertad de acción y de pensamiento que había
en la Ibiza en esos años de represión franquista. Con la
llegada masiva de turistas y la extraña permisividad de las autoridades,
que no se daba en la península, muchos españoles se trasladan
allí en busca de aventuras. Así lo hacen los dos protagonistas,
Antonio y Miguel, buscando sexo con extranjeras. Antonio, más lanzado,
prueba con todas las que encuentra, pero Miguel parece buscar una relación
más seria, es entonces cuando conoce a una francesa, Odette, y
se enamoran. Pero a partir del momento en que ella queda embarazada se
obra el cambio, Miguel, que parecía una persona educada, completamente
entregado a su pareja, se vuelve cruel, ruin y egoísta. Ella ya
le parece un estorbo y hace todo lo posible por quitársela de encima,
hasta que consigue que aborte y que se vuelva a Francia.
Todas las novelas de Azcona son profusas
en diálogos y los personajes están prácticamente
esbozados en sus rasgos físicos, sin profundizar en una psicología
que se verá reflejada con sus actos. Hay indicaciones de movimiento
y de espacio precisas y casi podemos imaginar la película en su
lectura.
5. Su trabajo con Marco Ferreri
Otra obra más humorística
de esta época es Los muertos no se tocan, nene, incluido
en la colección Estrafalario /1 (22),
donde una galería de personajes se reúnen en un velatorio
y, finalmente, es el muerto el que menos importa, todos quieren que desaparezca,
que lo entierren cuanto antes. Esta obra supuso un importante encuentro
en la carrera de Rafael Azcona.
Marco
Ferreri, por aquel entonces productor y director de cine, estaba de paso
por España vendiendo lentes para pantallas panorámicas y
leyó la novela de Azcona. Ferreri no era ningún desconocido
en el mundo del cine, había trabajado como crítico cinematográfico
y creó una revista en Italia, Lo spettatore, con colaboradores
como Antonioni o Fellini. Grandes humoristas italianos se estaban dedicando
a escribir guiones y Ferreri pensó que en España podría
hacerse lo mismo.
A Ferreri le gustó la novela de Azcona
y le llamó a la redacción de La Codorniz con la
intención de adaptar su texto para rodarlo. Rafael Azcona se entusiasmó
con la idea y ambos se pusieron a trabajar en un guión que finalmente,
por problemas de financiación y censura, no consigue rodarse. Así
cuenta Azcona su encuentro con Marco Ferreri en una entrevista que se
publicó en la revista francesa Cahiers du cinèma
y que fue después publicada traducida al español en el periódico
El País,
«Había
que escribir un guión. Le respondí que no tenía
ni idea de cómo escribir guiones. Hizo todo lo posible para
tranquilizarme. Nada más fácil. Por entonces todavía
se presentaban los guiones en dos columnas, la acción de
un lado y los diálogos del otro. Lo importante, me dijo,
es que no debe comprenderse nada si se lee sólo la columna
de los diálogos. No sé si me lo dijo exactamente con
esas palabras, pero de todos modos es un consejo estupendo. Nos
pusimos a hablar, a trabajar, me reía mucho con él.
Es la persona con la que más me he reído en mi vida
y eso es algo que me encanta». (23) |
Pero
Ferreri no se da por vencido y consigue que Azcona vuelva a colaborar
con él, esta vez en un guión original. Escriben juntos Un
rincón para querernos (1964), la historia de una pareja de
recién casados que pasan la luna de miel en Zaragoza durante las
fiestas del Pilar y no encuentran un sitio donde alojarse y poder “consumar”
su matrimonio. Se demuestran su cariño en cualquier lugar que encuentran,
en la calle, en cafeterías, pero siempre son insultados o perseguidos.
La película tenía un final feliz y esperaban poder rodarla,
pero tampoco pasó la censura y no fue autorizada. Años más
tarde, la película se rodaría con una adaptación
y unos diálogos que traicionaban el espíritu original de
la película, por Ignacio F. Iquino, que cambia el escenario de
las fiestas del Pilar por los San Fermines de Pamplona. Queda patente
el descontento de Azcona con la adaptación de este guión
en el hecho de que siempre evite esta película cuando se cita su
filmografía completa.
Este nuevo fracaso hizo que Ferreri y Azcona
se distanciaran un poco, pero Ferreri era incansable y convence al español
para embarcarse en una nueva aventura, esta vez en las Islas Canarias.
Así lo cuenta en el artículo “¡Hollywood, Hollywood!”
el propio Rafael Azcona:
«Marco
me había prometido hacerme rico a corto plazo con el sistema
de las dos columnas, pero como durante meses y meses no vi ni una
peseta, un día le pedí destempladamente que se olvidara
de mí, él me soltó lo de va f'an culo,
y durante algún tiempo seguimos insultándonos cuando
nos cruzábamos por la calle, justo hasta el atardecer en
que me llamó por teléfono para decirme que al día
siguiente debía presentarme en el aeropuerto de Barajas a
las seis y media de la mañana para tomar un avión
que nos llevaría a las Islas Canarias». (24) |
Un
productor italiano, Massimo Albiani, tiene el proyecto de formar una gran
productora y encarga a Ferreri y a Azcona la elaboración de un
largometraje documental sobre las islas. Los dos se van hasta allí
y pasan unos meses en el archipiélago preparando las localizaciones,
pero todo cambia cuando el productor se queda sin dinero. Ni siquiera
tienen suficiente como para poder volver a Madrid, incluso al productor
tienen que embargarle sus objetos personales. Azcona, en una entrevista
en el periódico ABC (25), habla
de la extraordinaria capacidad de Ferreri para salir de grandes apuros
y cuenta la anécdota de cómo consiguió vender a un
agente judicial algunos objetos de Albiani antes de que se los embargaran.
Cuando regresan a Madrid, Rafael Azcona
termina de escribir y publica su novela El pisito, novela de amor
e inquilinato (26). Ferreri decide que esa
va ser la próxima película que va a hacer y así comienzan
su cuarta aventura juntos. Siempre como productor, Ferreri decide proponerle
la dirección de la película a Luis García Berlanga,
que en ese momento se encontraba en Alhama de Aragón rodando Los
jueves, milagro (1957). Como Ferreri no le puede dar ninguna garantía
a Berlanga, este no acepta el proyecto. Cuando parece que ya no queda
ninguna esperanza de hacer películas juntos, Azcona, que estaba
ya cansado de escribir historias sin sacar ningún beneficio, —aunque
acababa de escribir un guión para un episodio piloto de una serie
de televisión con Luis García Berlanga y que dirigió
Juan Esterlich— le propone a Ferreri que dirija él la película,
porque así era posible que pudieran cobrar.
Esta es la primera película que Marco
Ferreri y Rafael Azcona realizan juntos, protagonizada por José
Luis López Vázquez, la historia ahonda en la psicología
de un personaje que nunca decide por sí mismo y se ve abocado por
las circunstancias a un destino que en ningún momento puede elegir.
Para poder casarse con su novia de toda la vida, tiene que casarse primero
con una anciana que le realquila el cuarto en el que vive y así
heredar la renta de la casa. Durante el tiempo de su matrimonio, la anciana
rejuvenece y Rodolfo, el protagonista, recibe como una humillación
el dinero de las manos de su esposa-madre. Se tiene que ver a escondidas
con Petrita, su novia, que cada vez tiene peor humor y de la que poco
a poco se va desenamorando. Cuando le dan la noticia de que la anciana
ha muerto, Rodolfo no sabe cómo ha de comportarse,
|
«El
desgraciado no acababa de deglutir la noticia, la sentía
en la boca como un bocado mal masticado y arduo de tragar; cuando
por fin la mandó abajo a fuerza de saliva, y comprendió
que lo primero era llamar a Petrita, los ojos se le llenaron de
lágrimas –cosa que no le había sucedido desde
que en el servicio militar un sargento se cagó en su madre-
y ya en la parada, mientras se preguntaba si lloraba su viudedad
o su próxima boda, alzó la mano en demanda de un taxi».
(27) |
Cuando
por fin han conseguido la casa y ya pueden casarse, de camino al altar,
Rodolfo descubre que toda su existencia no tiene ningún sentido.
Este drama del personaje nos hace sonreír, pero muestra una realidad
muy cruel de la época. Azcona se inspiró en la historia
verídica de un joven de Barcelona que se había casado con
una mujer de ochenta años para poder heredar su casa. En una entrevista
aparecida en el periódico El País cuenta las circunstancias
que rodearon a esta historia y la forma de trabajar que tuvo para realizar
el guión,
En España, por entonces, la gente
recurría a esa clase de procedimientos para resolver la crisis
de la vivienda. Es lo que me dio el punto de partida. No había
dinero para el guión, así que todos los días me iba
a los lugares de rodaje, en estudio o en exteriores; trabajaba para el
mismo día, me pagaban cada semana. Me familiarizaba con el cine
y tenía la impresión de que todo se hacía de manera
aproximada. (28)
6.
Los instintos primarios
6.1. La comida
Un
rasgo común de los personajes de Azcona es su espíritu exacerbado
de supervivencia, el ansia por cubrir los instintos básicos y por
conseguir sus objetivos a toda costa. En cuanto al ansia por los instintos
podemos destacar dos puntos básicos que destacan por encima de
los demás: el sexo y la comida, personificados en El cochecito
por el personaje de Alvarito, un pasante de procurador de treinta años
que aún no ha acabado la carrera de abogado y es novio de la hija
de su jefe, con lo cual heredará el negocio familiar en el futuro.
Alvarito está en la tuna y tiene dos preocupaciones primordiales:
palpar a su novia todo lo que puede y comer. En la misma entrevista de
El País que citaba antes, Azcona da una de las claves
de esta época. En todas sus historias siempre hay un personaje
secundario que no para de comer, que tiene un ansia de comida que nunca
se sacia.
Hoy quieren reeditar El pisito.
Estoy reescribiéndolo y he dado con un pasaje significativo (no
recuerdo si está en la película): dos personajes avanzan
por un pasillo y uno de ellos come pan. El otro le dice: «Sólo
piensas en comer. Hay cosas más importantes que la comida».
El otro responde: «No lo creo». En efecto, comer, encontrar
un lugar donde vivir, era lo importante en la España de la época.
(29)
Ese mismo pasaje, o al menos muy semejante
al del que habla Azcona en El pisito, aparece en la película
El cochecito. Carlos —el hijo de Don Anselmo, el protagonista—
sale de la cocina y avanza por un pasillo con Alvarito, su pasante en
el despacho y novio de su hija, teniendo la siguiente conversación,
—El
pan —ALVARITO, de paso que coge el del viejo, le echa mano
a otra tostada. Saliendo, CARLOS lo aparta:
—Déjame pasar…
Siempre estás comiendo.
—Siempre no —niega ALVARITO,
puntilloso. (30) |
Alvarito,
que está interpretado en la película por el actor José
Luis López Vázquez, refleja también pocos escrúpulos
y una forma muy especial de entender el noviazgo.
 |
YOLANDA
cebando a su novio ALVARITO, que come a dos carrillos:
—¿Te tuesto más
pan, amor?
—Hombre, claro. Pero no le quites
la miga. (31) |
Durante
la novela y el guión cinematográfico hay múltiples
ejemplos de esto, en cualquier ocasión el pasante aprovecha para
ir a la cocina y echarse algo a la boca
—Anda,
hija, tú sigue cenando —la empuja fuera del dormitorio
su madre.
—Eso, nosotros a cenar —pluraliza
ALVARITO. (32) |
El
aspecto físico del personaje contrasta con su pasión por
la comida, su aspecto es espigado y un tanto demacrado, sumado a esto
que aparezca en una secuencia vestido con un traje de tuno y una pandereta
no parece quedar muy bien parado
—¡Alvarito!
Pero ¿no oyes que están llamando?
El pasante se levanta de la mesa con la servilleta al cuello y la
boca llena:
—Voy, voy… Es que estaba
desayunando, y claro…
—Siempre comiendo… (33) |
Además,
en ningún momento se dirigen hacia él con su nombre verdadero,
ni siquiera para presentarlo, si no que lo hacen llamándole con
el diminutivo Alvarito. El personaje no nos causa compasión porque
es interesado y resulta casi ridículo. Este ansia por comer y no
volver a pasar el hambre de la guerra es también una característica
importante de uno de los personajes de tebeos más populares de
la España de posguerra, Carpanta, creado por el dibujante
Escobar (34). Este personaje es la caricatura de
un pobre que no consigue nunca hincarle el diente a nada, una especie
de mendigo que no pide, pero que nunca tiene dinero y siempre se está
inventando fórmulas para poder darse un banquete, como los pícaros
del Siglo de Oro. De una forma o de otra siempre fracasa y no hay un solo
momento en el que pueda disfrutar de su comida. Hablando de sus personajes
y la comida, Rafael Azcona en una entrevista en el programa de televisión
“Versión española” dice lo siguiente:
«El
cine norteamericano da por sentado que sus protagonistas ya han
comido en casa cuando salen en las películas; en las norteamericanas
nunca se come. La verdad es que la historia de la humanidad no es
más que la búsqueda de la comida. Eso a nosotros nos
encanta contarlo. Yo no creo que haya películas donde la
gente coma tanto, y tan mal, como en las nuestras. En general, los
pobres comemos mucho. Yo antes era pobre, ahora no tanto. Yo pertenecía
a la estirpe de los que se alimentaban tan poco que éramos
como rumiantes; siempre estábamos comiendo porque no era
nada alimenticio lo que comíamos. Reflejándolo hacemos
un tipo de cine en el que uno se ríe, pero luego le da vergüenza
por haberse reído, porque los protagonistas están
muy próximos a nosotros y nadie les dedica atención.
Ocuparse de ellos es tanto como ocuparse de nosotros mismos».
(35) |
También
tienen muy presente la comida los protagonistas de La grande bouffe
—La gran comilona— (1973), una de las últimas
colaboraciones entre Ferreri y Azcona. Esta película que contó
con actores de la talla de Marcello Mastroianni, Michel Piccoli o Philippe
Noiret entre su elenco, cuenta la historia de unos amigos que cansados
de todo, deciden encerrarse en un castillo y morirse dándose grandes
comilonas, comiendo hasta reventar. Pronto, sumarán a la gula la
lascivia y añadirán grandes orgías a su receta para
morir hartos de todo. El sexo y la comida aparecen en cualquier obra de
los dos autores como puntales sobre los que se sostiene la psicología
de la época.
6.2.
Kafka y el sexo
Hablando
de Franz Kafka, el escritor sudafricano J. M. Coetzee (36)
decía que los fantasmas y las grandes obsesiones del autor que
aparecen en sus relatos son debidos, principalmente, al choque entre la
lascivia y la impotencia, entre el deseo sexual y la imposibilidad de
consumarlo. Al no poder cubrirse los deseos sexuales por una sociedad
opresora y castrante, el individuo se repliega sobre sí mismo y
toda esa tensión se refleja después en un sufrimiento ante
presencias desconocidas.
El interés de Azcona y de Ferreri
por la obra de el escritor checo fue tal que estuvieron proyectando hacer
una versión de El castillo (37)
de Franz Kafka, realizaron una primera versión del guión
y durante un tiempo localizaron los exteriores de la fortaleza en las
termas Pallarés, en Aragón, donde años antes había
rodado su película Los jueves, milagro Luis G. Berlanga.
Pero este proyecto no pudo realizarse hasta una década después
por falta de financiación. La historia finalmente se rodó
en Italia bajo el titulo de L’udienza —La audiencia—
(1971) y el guión lo realizó Marco Ferreri acompañado
por Dante Matelli sobre el argumento que años antes había
realizado con Rafael Azcona. La película cuenta la historia de
un militar que intenta transmitirle al Papa en el Vaticano un importante
mensaje que nunca será desvelado, durante los trámites que
tiene que ir haciendo el personaje va perdiendo todas sus fuerzas por
culpa de la burocracia.
Esteve Riambau habla de las complicadas
relaciones que tiene el sexo en las películas de Ferreri y Azcona,
«La
visión que Azcona y Ferreri tienen acerca de las relaciones
entre hombres y mujeres aparece ya durante la primera parte de su
etapa italiana. Tras un episodio de Le italiane e l'amore, Una
storia moderna: l'ape regina equipara, sin otros tapujos que
las trabas impuestas por la censura italiana porque, según
rezaba el oficio, «contrasta con el común sentimiento
del pudor y con la moralidad media de nuestro país»,
el papel de la mujer al de la abeja reina que deja morir al zángano
una vez ha sido inseminada tras una noche de bodas donde el lecho
nupcial es reemplazado por un montón de hojas de maíz
que semiocultan una calavera». (38) |
 |
7. Temas y formas de El cochecito
7.1. El realismo
Si
bien no encontramos a Azcona en los manuales de literatura española,
sí que podemos extrapolar ciertas cuestiones de otros autores contemporáneos
suyos para explicar su obra. En el artículo del tomo 8 del manual
de Francisco Rico (39), en su primer suplemento,
“Temas y formas de El Jarama”, escrito por C. Riley
y Darío Villanueva, podemos encontrar algunas frases que podríamos
decir casi del mismo modo refiriéndonos a El cochecito
de Rafael Azcona:
«No
sólo se vence magistralmente el reto de construir en simultaneísmo
toda una amplia novela de 365 páginas, sino que también
dicho alarde, lejos de ser un tour de force técnico
y por ende un tanto gratuito, es absolutamente pertinente en relación
a sus distintos niveles temáticos». |
La
novela de Azcona sólo tiene 150 páginas, pero es cierto
que todos sus personajes parecen hablar a la vez y sin que casi se indique,
podemos distinguir la voz de cada uno.
También el subjetivismo hace que la novela de Rafael Sánchez
Ferlosio y las de Rafael Azcona tengan más puntos en común.
Precisamente la raíz del objetivismo
de El Jarama reside en el diálogo, cuantitativamente más
de las dos terceras partes de su texto; lo restante es descripción
de lugares, de personajes y de acciones o gestos. La novela está
escrita en tercera persona, pero el autor no está desposeído
de aquellas prerrogativas de la omnisciencia decimonónica, salvo
la intromisión en el pensamiento de los personajes, que pueden
contribuir al enriquecimiento expresivo y poético de la novela.
(40)
Si hablamos de realismo social, hemos de
tener en cuenta los cinco postulados básicos que presupone Guillermo
Carnero para las novelas realistas y estos son, en primer lugar, la negación
de la omnisciencia del narrador en cuanto pudiera condicionar la asimilación
del relato por el lector. Esto sucede en El cochecito, en ningún
momento podemos saber lo que piensan los personajes salvo por sus actuaciones
ante determinados estímulos.
Ensimismado en la contemplación de
las fotos de los coches americanos don Anselmo tardó en reaccionar,
y cuando lo hizo fue como si apartara de su imaginación un mal
pensamiento: enrolló precipitadamente el folleto y utilizándolo
de batuta se puso a dirigir a Julita, que ahora, muy pegado su coche al
de Faustino, lo mecía mejilla contra mejilla. (41)
En segundo lugar, los personajes se presentan
sólo a través de su conducta y su palabra, con la supresión
consiguiente de todo psicologismo; en la novela de Azcona apenas hay algunos
trazos sobre cómo visten o cómo llevan el pelo los personajes,
por lo demás se van delatando en su forma de hablar y de comportarse.
«El
señor Olmedillo, con su don de gentes y su simpatía,
se ganó la de todos. Incluso la de Arcadio, que tomaba con
bicarbonato las natillas de postre». (42) |
En
tercer lugar la tendencia al menoscabo de su protagonista individual en
favor del colectivo: Don Anselmo, el protagonista de la novela, tiene
todos sus problemas porque está solo y para formar parte de un
colectivo necesita apropiarse de un cochecito de minusválido aunque
ande perfectamente, para que su familia se lo compre, finge cuanto puede
para darles lástima:
—Las
piernas, doña Fernanda, que me fallan las piernas! —el
quejica se había levantado para demostrarlo, y fingió
con mucha propiedad que una de sus piernas se le doblaba por la
rodilla -. ¡Y nadie me hace caso! (43) |
 |
En
cuarto lugar, la preponderancia de un diálogo que trata de reflejar
con fidelidad el habla coloquial, esto es tan factible que para hacer
la película y que resulte verosímil, apenas hay que trasladar
los diálogos de la novela al guión cinematográfico.
—Don
Anselmo, usted lo que tiene que hacer es comprarse uno de esos y
unirse a la pandilla —bromeó Julita.
—¡Ojalá! —le
siguió la broma-. Pero deben de costar un capital. (44) |
En
quinto lugar, Carnero cita la tendencia a la condensación del tiempo
y el espacio, el libro está plagado de elipsis y supresiones temporales.
7.2.
El humor como crítica

La
crítica a la sociedad es un rasgo que aparece en la mayoría
de escritores europeos de esta época, si bien las circunstancias
no son las mismas en España que en el resto de Europa, sí
que puede hablarse de unos sentimientos comunes en este período
tras la crueldad de la guerra, aunque los conflictos hayan sido distintos
en España y en el resto de Europa. No parece que el futuro pueda
pintarse como algo halagüeño, todos los personajes parecen
abocados a esa especie de absurdo de la existencia, a verse consumidos
en la vejez en un cuarto de una casa familiar —a Anselmo, el protagonista
de El cochecito le amenazan cuando no hace lo que se espera de él
con internarle en un asilo— y no se esboza ninguna posibilidad de
escape. Pero esta crítica no es descarnada, sino que se hace sutilmente,
con ironía, presentando situaciones exageradas para que el público
pueda identificarse pero sin sentirse violento en la comparación.
No hay duda de que el humor impregna y caracteriza
la mayor parte del trabajo de Rafael Azcona, un humor exagerado muchas
veces y siempre cargado de sátira, a veces rozando el ridículo
y la humillación de los personajes. Su interés por reflejar
personajes en velatorios o a los que les falta un miembro como algo natural
y propio de la vida tendrá múltiples seguidores.
Nadie puede negar que Azcona aparenta ser
como ese humorista del que «Ramón» (Gómez de
la Serna) nos decía que era «un ser enlutado por dentro que
hace sufrir la alegría», por lo que no debe extrañarnos
que su humor derive rápidamente hacia diversas tonalidades próximas
al negro, entre otras cosas porque «el humorismo español
está dedicado a pasar el trago de la muerte, y de paso para atravesar
mejor el trago de la vida». (45)
La obra de Azcona es capaz de trascender
lo inmediato, lo anecdótico hacia algo más global, aunque
no podemos olvidar que incluso algunos críticos criticaron El cochecito
por lo que tenía de escapista y de olvido al compromiso socio-político,
algo que cuesta creer sobre todo viniendo de un crítico tan afamado
como el director Víctor Erice:
«Esta
deformación de la realidad, a medio camino entre lo grotesco
y lo trágico, este descubrir el absurdo para reencontrar
lo cotidiano puede llegar a convertirse en puro método, en
fórmula vacía. Un ejemplo, que viene a cuento porque
en él podemos incluir al Azcona de la primera época,
lo constituye lo que ha dado en llamarse literatura y humor codornicescos.
Aquí la deformación pierde toda perspectiva real:
lo que antes era crítica descarnada se convierte en juego;
los mismos que antes no terminaban de convencerse de que la naturaleza
fuera la culpable de aquellos monstruos los aceptan ahora sin reserva,
porque estos monstruos lo son de verdad, en abstracto, y, por añadidura,
exóticos y divertidos. Y el viejo rescoldo de inquietud se
enfría. Y el método se convierte en medio de autodefensa».
(46) |
Este
humor, que resulta evidente y grotesco, trasciende mucho más
porque está cargado de humanidad y realismo, es una exageración
de la realidad, pero no una exageración desmesurada, sino
algo cercano y real. Una caricatura muy semejante a lo que es en
realidad el ser humano. |
 |
Notas
bibliográficas:
1)
RIVAS, Manuel, Qué me quieres, amor, Madrid, Alfaguara,
1996.
2) SABINA, Joaquín, Ciento volando
de catorce, Madrid, Visor, 2001, pág. 82.
3) AZCONA, Rafael, Cuando el toro se
llama Felipe, Madrid, Tetuán, 1956.
4) FRUGONE, Juan Carlos, “Rafael Azcona:
atrapados por la vida”, Valladolid, Seminci, 1987. Publicado en
internet por la Biblioteca Virtual Cervantes, Alicante, 2001.
5) Ibíd.
6) Ibíd..
7) AZCONA, Rafael, El repelente niño
Vicente, Madrid, Aguilar, 2005, pág. 83.
8) COBOS, Juan, GARCI, J. L. y VALCÁRCEL
Horacio, “Conversación con Rafael Azcona”. Nickel
Odeon, Madrid, núm. 3, verano 1996, pp. 152-153.
9) PEDRAZA JIMÉNEZ, Felipe B. y RODRÍGUEZ
CÁCERES, Milagros, Manual de literatura española XIV.
Posguerra: dramaturgos y ensayistas. Navarra, Cénlit, 2003,
pág. 122.
10) AGUIRRE SIRERA, José Luis, “Antonio
de Lara Gavilán, Tono (1896-1978)” en BURGUERA NADAL, Mª
Luisa y FORTUÑO LLORRENS, Santiago (eds.), Vanguardia y humorismo.
La otra generación del 27, Castellón, Universidad Jaume
I, 1998, pp 37-49.
11) DE LARA GAVILÁN —Tono—,
Antonio, Automentirografía, Barcelona, Janés, 1950.
12) MIHURA, Miguel, Mis memorias.
Madrid, Temas de hoy, 2003, pp. 307-308.
13) VVAA, La Codorniz, Antología
(1941-1978), Madrid, Edaf, 1998. pág. 45.
14) Íbid. pág. 87
15) Op. cit., pág. 126
16) RICO, Francisco y SÁNZ VILLANUEVA,
Santos, (eds.) Historia y crítica de la literatura española.
Época contemporánea, 1939-1975. Tomo 8. Primer suplemento.
Barcelona, Crítica, 1999, pág. 31.
17) ALDECOA, Josefina R., prólogo
a Rafael Azcona, Estrafalario/1, Madrid, Alfaguara, 1999, pp.
9-29.
18) AZCONA, Rafael, Los ilusos,
Madrid, Arión, 1958.
19) AZCONA, Rafael, El pisito.Novela
de amor e inquilinato. Madrid, Cátedra, 2005.
20) AZCONA, Rafael, Pobre, paralítico
y muerto, Madrid, Arión, 1960.
21) AZCONA, Rafael, Los europeos,
París, Libraire des editions espagnoles, 1960.
22) Op. cit.
23) TOUBIANA, Serge, “Rafael Azcona
habla sobre Marco Ferreri”. El País, 12 de julio
1997, pp. 2-3. Publicado en internet por la Biblioteca Virtual Cervantes,
Alicante, 2000.
24) AZCONA, Rafael, “¡Hollywood,
Hollywood!” en Cinemanía, nº 8, Madrid, mayo
1996, pág. 74.
25) Op.cit.
26) Op.cit., pág. 11.
27) Op. cit., pág. 209.
28) Op. cit., pág. 3.
29) Ibíd..
30) AZCONA, Rafael, El cochecito, guión
cinematográfico. Ed. dirigida por Juan A. Ríos. Publicado
en internet, Alicante, Biblioteca Virtual Cervantes, 2003.
31) Íbid. Bl. C, sec.1, pág.
2.
32) Íbid. Bl. E, sec. 3, pp. 16-17.
33) Íbid. Bl. C, sec. 1, pág.
5.
34) ESCOBAR, José, IBÁÑEZ,
Francisco y RAFART ROLDÁN, Juan, Super humor, vol. XXX,
Barcelona, Bruguera, 1985.
35) VVAA., “Versión española.
La noche de Rafael Azcona”, TVE-2, 5/8/1999.
36) COETZEE, J.M., Elizabeth Costello,
Barcelona, Mondadori, 2004.
37) KAFKA, Franz, El castillo. Obras
completas, tomo III, Barcelona, Teorema, Visión libros, 1983.
38) RIAMBAU, Esteve, “Comer, amar,
morir. Rafael Azcona y Marco Ferreri” en CABEZÓN, Luis A.
(coord.) Rafael Azcona, con perdón, Logroño, Instituto
de Estudios Riojanos, 1997, pp. 244-245.
39) Op.cit., pp.427-435.
40) Íbid.
41) AZCONA, Rafael, El cochecito,
Madrid, Punto de lectura, 2005, pág. 53.
42) Íbid., pág. 48.
43) Íbid., pág. 75.
44) Íbid., pág. 52.
45) MONTERDE, José Enrique, “Sainete
y esperpento en el cine de Rafael Azcona” en CABEZÓN, Luis
A. (coord.) Rafael Azcona, con perdón, Logroño,
Instituto de Estudios Riojanos, 1997, pp.215-237.
46) ERICE, Víctor y SAN MIGUEL, Santiago,
“Rafael Azcona, iniciador de una nueva corriente cinematográfica”
Nuestro Cine, núm. 4, Octubre 1961, pág. 5.
|