ANTONELLA COSTA
Cobrando prestigio

 

Ángel Gómez Espada
(Colaboración especial de
José Manuel Gallardo Parga
y María José Redondo)

 


     Antonella Costa (Roma, 1980) es una de las actrices argentinas más prometedoras de hoy. De ascendencia italiana, se inicia en 1999 con Garaje Olimpo, una comprometida película sobre los desaparecidos en Argentina. Por su papel, es reconocida en Italia con el premio a la actriz revelación. Contaba con 20 años. En 2001, Eduardo Mignona le ofrece una oportunidad junto a Darín y Norma Alejandra en La fuga. Con él repetirá en 2005 en El viento, donde protagoniza a Laura Osorio, la nieta de Federico Luppi.
     Con motivo de la invitación gentil que El Deseo nos hizo para el pase de la película Cobrador, In God We Trust de Paul Leduc, en la que la productora de los hermanos Almodóvar ha colaborado, tuvimos oportunidad de charlar con ella: de la película, de la actriz, de cine, y de hermosos proyectos que siempre surgen.

 


Antonella Costa © Beto Gtz     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Cómo se aprende más en su oficio, trabajando al lado de Federico Luppi o de Peter Fonda?

     —ANTONELLA COSTA: Como en cualquier oficio o profesión, de todo se aprende. Con respecto a esos dos grandes actores, mi experiencia con Fonda incluyó un par de días de trabajo en los que nos morimos de frío haciendo exteriores. Por exigencia del guión, yo tenía que hacerle un truco de magia muy complicado que practiqué durante un mes, pero igualmente no dormí los tres días anteriores a la toma por nervios. Por suerte, salió todo bien: él se reía con mis chistes acerca de un mítico bar de viejos cocainómanos que quedaba en frente de la locación. Eso me ayudó a relajarme. Supongo que de esa experiencia aprendí lo que se siente quererte morir de los nervios y preguntarte quién la ha mandado a una a ser actriz. También aprendí que con truco de magia, tengo que cobrar extra.
     En cuanto a Federico Luppi, fue un verdadero compañero durante varios meses, un apoyo incondicional en la creación de mi personaje, ya que yo necesitaba sentirme dueña de ese espacio (la casa, el hospital, la misma ciudad), en que él siempre debía moverse como a tientas. Fue una especie de cambio de roles, ya que, si bien yo ya había hecho varias películas y trabajado con algunos actores muy reconocidos como Dominique Sanda o Gael García Bernal, Luppi debía a esa altura llevarme una ventaja de varios años luz. Una persona generosísima, llena de humor, siempre dispuesto a escuchar una inquietud, a ayudar con un consejo; y además es un caballero. Creo que de los grandes lo que se aprende es la humildad, ellos no temen perder un pequeño espacio conquistado, porque se saben capaces de moverse en todos los espacios. Y saben bien que la clave está en la complicidad que se genera entre los que habitan el set.

     —ECP: En Cobrador hay dos fechas específicas —los 11 de septiembre de 1973 y 2001— que están como telón de fondo de su denuncia social. ¿En cuál cree que se refleja más su personaje, Ana?

     —AC: Bueno, en realidad el 11 de septiembre de 1973 fue la fecha del último golpe militar en Chile, fecha en la que ni yo ni mi personaje habíamos nacido todavía, y que además no recuerdo que se mencione en la película. Por descarte, diría que Ana se ve más bien reflejada en el segundo.
     Ahora bien, en cuanto a las imágenes de manifestaciones reprimidas que Ana ve por televisión en su casa, se trata de la Argentina, mes de diciembre del 2001, cuando el gobierno de De la Rua declara el corralito bancario (retención de los ahorros) y posterior estado de sitio.
     Ana es además una posible hija de desaparecidos, expropiada por los represores de nuestra última dictadura (1976-1983). Todos esos hechos, sumados al de conocer a C (el personaje de Lázaro Ramos) y su historia de trabajador explotado, la llevan a enfurecerse contra los grandes poderes y tomar la decisión de “cobrarse” las deudas que siente que la sociedad tiene con ellos.
"Cobrador" de Paul Leduc     En ambas fechas, USA está de fondo. Pero, indagando en el tema de la globalización, está surgiendo desde el cine latinoamericano una idea de cine como denuncia social basada en focalizar la globalización como un resultado de las malas acciones de Occidente en el pasado y una advertencia de que algo así ha de pasar factura tarde o temprano. Entonces, ¿cómo ha visto este aspecto dentro de la película, desde los ojos de Ana, una fotógrafa?
     La película habla de individuos que deciden cobrarse las deudas que el poder tiene con ellos, y si bien son personajes ficticios, no cabe duda de que el mundo se está llenando de individuos que no tienen nada que perder. Creo que Cobrador intenta demostrar que el hecho de que estos individuos se agrupen en organizaciones, se abanderan en una idea política o simplemente decidan actuar por su cuenta, es anecdótico, es una película que llama a reflexionar que, de un modo u otro, la situación global está dada para que la furia se desate en contra del poder.
     Ana, como fotógrafa, se ve envuelta en una paradoja: en sus viajes y ratos libres, la vemos tomando fotos de marginales y desempleados. Mientras, en su trabajo de reportera la envían a fotografiar a un banquero yanqui. Ella decide de qué lado quedarse y qué mensaje enviar al mundo, ya sea a través de la cámara, o, eventualmente, algún otro elemento.

     —ECP: De hecho, usted ha dicho que Cobrador no es culpable de la carga de violencia que transporta consigo.

     —AC: Ana y C son individuos que no pueden escapar a la violencia que han sufrido. La gente que verá Cobrador en el cine no está tan al límite y tiene la capacidad de reflexionar. Cada uno de nosotros puede, desde su humilde posición, intentar cambiar algo. Respetar los derechos humanos, expresar una inquietud artística, criar un hijo en un clima de tolerancia y no violencia, son cosas que están al alcance de cualquiera; y, si las hiciéramos todos, el mundo sería mejor. Decir que Cobrador es una película que puede generar violencia es tergiversar su mensaje. No hay que dejarse engañar. Los primeros hippies fueron un grupo de personas que se negaba a ir a la guerra. El poder se ocupó de que los recordáramos porque usaban el pelo largo y fumaban marihuana. Si hubiéramos sabido entender el mensaje, medio siglo después tal vez viviríamos en un mundo pacífico.

     —ECP: Si se mira bien, usted no ha tenido mucha suerte con sus personajes: torturada en Garaje Olimpo, leprosa en Diarios de Motocicleta, prostituta en Hoy y mañana… Sin embargo, la "Garage Olimpo" de Marco Bechiscrítica apuesta por usted como una de las grandes promesas del cine argentino. Entonces, ¿qué le aporta Antonella Costa a estos personajes tan, a priori, poco atractivos?

     —AC: Debe ser algo similar a lo que pasaba con el circo romano. Supongo que lo atractivo es, justamente, ver cómo se las arregla alguien que, en principio, tiene todas las de perder.
De todas maneras también he interpretado personajes con más suerte. Por ejemplo en el rodaje de No mires para abajo, la película de Eliseo Subiela que se estrenará en octubre, le enseño a un adolescente a hacer el amor, y no me levanté de la cama por cuatro semanas…

     —ECP: Nos consta que usted rechazó en un principio el personaje de Paula, en Hoy y mañana.

     —AC: Sí. En el momento en que me la ofrecieron yo tenía un par de años menos que cuando filmamos, y además era una versión antigua del guión donde los símbolos de las ilusiones y la decadencia del personaje no estaban del todo pulidos, y todo, incluso el lenguaje, era mucho más crudo sin que con eso se agregara mucho a la historia. Pero al final fue bueno hacerla, el guión evolucionó bastante y si bien yo no considero que el personaje realice ningún acto heroico en su derrotero, el hecho de llevar una película entera sobre los hombros me enseñó mucho.

     —ECP: El éxito de crítica y público en las recientes superproducciones con directores mexicanos, ¿cree que puede beneficiar a Cobrador?

     —AC: Ojalá. Paul Leduc es sin duda uno de los grandes directores de culto a nivel mundial, y espero que esa corriente le dé también la popularidad que merece, sobre todo por haber realizado una película con tanto riesgo después de no haber filmado por doce años.

     —ECP: Usted ha participado en varias coproducciones, como es el caso de la conocida Diarios de Motocicleta. ¿Quiere eso decir que ese éxito del que antes hablábamos también está animando a los productores extranjeros a involucrarse en la difusión del cine latinoamericano?

     —AC: Sin duda. Además, a nivel económico a los productores europeos les conviene coproducir nuestros proyectos. Tal vez sea un punto positivo a destacar de la tan mentada globalización, ya que muchos productores invierten en películas latinoamericanas, lo hacen con interés y admiración por nuestra cultura y no con la intención de reprimirla.

"El viento" de Eduardo Mignogna     —ECP: En La Fuga de Eduardo Mignogna, con la que se logró el goya a la mejor película extranjera de habla hispana en 2002, trabaja también al lado de Ricardo Darín y de Norma Alejandra. Sólo tenía 21 años. Estaría muerta de miedo, ¿no?

     —AC: No. Son personas muy accesibles, con quienes además no compartí escenas. Tal vez me daba más miedo el nivel de producción, todo el tiempo se notaba que estábamos haciendo algo grande. Pero Eduardo era una persona excelente, un maestro para crear un clima de trabajo muy ameno. Tengo el guión de La fuga firmado por él, donde pone «para la Rita soñada, con el deseo de volver a trabajar juntos». Todo el tiempo él me hacía sentir que yo era perfecta para el personaje, y para una actriz tan joven eso es de gran ayuda. Además, su expresión de deseo era de lo más honesta, ya tenía en la cabeza un boceto de lo que terminó siendo El viento.

     —ECP: Y en 2005 repite con Eduardo Mignogna con El viento, ¿tanto le había gustado la experiencia de La fuga?

     —AC: Uh, ya lo contesté antes... Puedo agregar que aún cuando llevaba años planeando hacerla, Eduardo sólo me lo comunicó unos días antes: «empezamos en tres semanas y tu abuelo será Luppi», dijo. Ahí sí tuve miedo.

     —ECP: Se le ha comparado a usted con Graciela Borges, de la que usted ha dicho que es «la reina del descaro». ¿Con qué se quedaría de esa afirmación? ¿Y qué desecharía?

     —AC: Tal vez sea la oportunidad de pulir un poco ese concepto. El término “descaro” hoy en día, dada la vulgaridad en la que muchos medios se ven inmersos, tal vez no pueda más leerse como un elogio. Quise decir que es una actriz que arriesgó y arriesga mucho, que pudiendo quedarse con el título de la mujer más bella, hizo mucho cine independiente, experimental, y todavía hoy apuesta a directores nuevos y talentosos. Hizo lo que quiso y no lo que se esperó de ella, y ahora todos sabemos qué esperar de ella: grandes interpretaciones en películas interesantes. Es una posición que se gana con talento, inteligencia, un poco de suerte, y tiempo. Y espero algún día ganarme en buena ley la comparación.

Fotograma de "Cobrador"     —ECP: Háblenos de futuros proyectos (pero sólo de los que le esté permitido hablar).

     —AC: En el mes de octubre comenzaré el rodaje de El vestido, bajo la dirección de Paula de Luque. Es también una coproducción con España, donde compartiré set con mi ya muy querido y admirado Eduard Fernández, a quien tuve el inmenso gusto de conocer y con quien ya descubrimos que trabajamos en sintonía total. El tercero en discordia será mi compatriota Guillermo Pfening, otro talentoso a quien tal vez vieron en Nacido y criado de Pablo Trapero. Ese mismo mes, como dije antes, se estrenará No mires para abajo de Subiela, también coproducción con España. Sin fecha definida, estoy esperando el estreno de 3 minutos, opera prima de Diego Lublinsky, una maravillosa historia de amor atravesada por la ciencia ficción, una gran película que está buscando inversores para terminarse, y sí, esto es un llamado a la solidaridad.
     En cuanto al 2008, mi gran amigo Joao Botelho, un excelente director de Portugal, tiene ganas de hacer en Lisboa una especie de macro-proyecto con textos de Pessoa en tres idiomas, que me incluiría, pero todavía está en proceso de gestación.