| ANTONELLA COSTA
Ángel Gómez
Espada
—ANTONELLA
COSTA: Como en cualquier oficio o profesión, de todo se aprende.
Con respecto a esos dos grandes actores, mi experiencia con Fonda incluyó
un par de días de trabajo en los que nos morimos de frío
haciendo exteriores. Por exigencia del guión, yo tenía que
hacerle un truco de magia muy complicado que practiqué durante
un mes, pero igualmente no dormí los tres días anteriores
a la toma por nervios. Por suerte, salió todo bien: él se
reía con mis chistes acerca de un mítico bar de viejos cocainómanos
que quedaba en frente de la locación. Eso me ayudó a relajarme.
Supongo que de esa experiencia aprendí lo que se siente quererte
morir de los nervios y preguntarte quién la ha mandado a una a
ser actriz. También aprendí que con truco de magia, tengo
que cobrar extra. —AC:
Bueno, en realidad el 11 de septiembre de 1973 fue la fecha del último
golpe militar en Chile, fecha en la que ni yo ni mi personaje habíamos
nacido todavía, y que además no recuerdo que se mencione
en la película. Por descarte, diría que Ana se ve más
bien reflejada en el segundo. —AC: Ana y C son individuos que no pueden escapar a la violencia que han sufrido. La gente que verá Cobrador en el cine no está tan al límite y tiene la capacidad de reflexionar. Cada uno de nosotros puede, desde su humilde posición, intentar cambiar algo. Respetar los derechos humanos, expresar una inquietud artística, criar un hijo en un clima de tolerancia y no violencia, son cosas que están al alcance de cualquiera; y, si las hiciéramos todos, el mundo sería mejor. Decir que Cobrador es una película que puede generar violencia es tergiversar su mensaje. No hay que dejarse engañar. Los primeros hippies fueron un grupo de personas que se negaba a ir a la guerra. El poder se ocupó de que los recordáramos porque usaban el pelo largo y fumaban marihuana. Si hubiéramos sabido entender el mensaje, medio siglo después tal vez viviríamos en un mundo pacífico. —ECP:
Si se mira bien, usted no ha tenido mucha suerte con sus personajes: torturada
en Garaje Olimpo, leprosa en Diarios de Motocicleta,
prostituta en Hoy y mañana… Sin embargo, la —AC:
Debe ser algo similar a lo que pasaba con el circo romano. Supongo que
lo atractivo es, justamente, ver cómo se las arregla alguien que,
en principio, tiene todas las de perder. —ECP: Nos consta que usted rechazó en un principio el personaje de Paula, en Hoy y mañana. —AC:
Sí. En el momento en que me la ofrecieron yo tenía un par
de años menos que cuando filmamos, y además era una versión
antigua del guión donde los símbolos de las ilusiones y
la decadencia del personaje no estaban del todo pulidos, y todo, incluso
el lenguaje, era mucho más crudo sin que con eso se agregara mucho
a la historia. Pero al final fue bueno hacerla, el guión evolucionó
bastante y si bien yo no considero que el personaje realice ningún
acto heroico en su derrotero, el hecho de llevar una película entera
sobre los hombros me enseñó mucho. —AC:
Ojalá. Paul Leduc es sin duda uno de los grandes directores de
culto a nivel mundial, y espero que esa corriente le dé también
la popularidad que merece, sobre todo por haber realizado una película
con tanto riesgo después de no haber filmado por doce años. —AC:
Sin duda. Además, a nivel económico a los productores europeos
les conviene coproducir nuestros proyectos. Tal vez sea un punto positivo
a destacar de la tan mentada globalización, ya que muchos productores
invierten en películas latinoamericanas, lo hacen con interés
y admiración por nuestra cultura y no con la intención de
reprimirla. —AC:
No. Son personas muy accesibles, con quienes además no compartí
escenas. Tal vez me daba más miedo el nivel de producción,
todo el tiempo se notaba que estábamos haciendo algo grande. Pero
Eduardo era una persona excelente, un maestro para crear un clima de trabajo
muy ameno. Tengo el guión de La fuga firmado por él,
donde pone «para la Rita soñada, con el deseo de volver a
trabajar juntos». Todo el tiempo él me hacía sentir
que yo era perfecta para el personaje, y para una actriz tan joven eso
es de gran ayuda. Además, su expresión de deseo era de lo
más honesta, ya tenía en la cabeza un boceto de lo que terminó
siendo El viento. —AC:
Uh, ya lo contesté antes... Puedo agregar que aún cuando
llevaba años planeando hacerla, Eduardo sólo me lo comunicó
unos días antes: «empezamos en tres semanas y tu abuelo será
Luppi», dijo. Ahí sí tuve miedo. —AC:
Tal vez sea la oportunidad de pulir un poco ese concepto. El término
“descaro” hoy en día, dada la vulgaridad en la que
muchos medios se ven inmersos, tal vez no pueda más leerse como
un elogio. Quise decir que es una actriz que arriesgó y arriesga
mucho, que pudiendo quedarse con el título de la mujer más
bella, hizo mucho cine independiente, experimental, y todavía hoy
apuesta a directores nuevos y talentosos. Hizo lo que quiso y no lo que
se esperó de ella, y ahora todos sabemos qué esperar de
ella: grandes interpretaciones en películas interesantes. Es una
posición que se gana con talento, inteligencia, un poco de suerte,
y tiempo. Y espero algún día ganarme en buena ley la comparación.
—AC:
En el mes de octubre comenzaré el rodaje de El vestido,
bajo la dirección de Paula de Luque. Es también una coproducción
con España, donde compartiré set con mi ya muy querido y
admirado Eduard Fernández, a quien tuve el inmenso gusto de conocer
y con quien ya descubrimos que trabajamos en sintonía total. El
tercero en discordia será mi compatriota Guillermo Pfening, otro
talentoso a quien tal vez vieron en Nacido y criado de Pablo
Trapero. Ese mismo mes, como dije antes, se estrenará No mires
para abajo de Subiela, también coproducción con España.
Sin fecha definida, estoy esperando el estreno de 3 minutos,
opera prima de Diego Lublinsky, una maravillosa historia de amor atravesada
por la ciencia ficción, una gran película que está
buscando inversores para terminarse, y sí, esto es un llamado a
la solidaridad. |