HENRY & JUNE Y
LOCA VERDAD
Guillermo Ibáñez
Una
película sirve no sólo como entretenimiento sino como aprendizaje.
Hoy por hoy, creemos que hay cierta novedad, en la película que
señaliza el accionar de Miller y demuestra, que en el París
de los años 30, en algunos círculos ya existían lugares
en los que homosexuales femeninos y masculinos podían encontrarse
sin ser molestados; bailar, beber, tomarse de las manos, encontrarse,
e inclusive, lo que conocemos con el vulgar término de “atracar”
en argentino, “transar” en el coloquio juvenil de estos lares
y como se llame en los distintos lugares del mundo, o conocer gente nueva.
Proponer
a “la” o “el” recién llegado las mil y
una acciones tales como una escena en la que llegan June y Anaïs
y una mujer varonil dirigiéndose a June le espeta: «—Dejá
a tu acompañante y vení conmigo... Te voy a volver loca».
June está flirteando con Anaïs y la mira con displicencia
en un abierto desaire al que la otra reacciona mirando para todos lados,
demostrando que está en búsqueda y seguirá tirándose
a cuanta mujer le guste, restándole atención de inmediato.
Pero
de dónde la obra fílmica y la obra de Julia Kristeva. Del
lugar en que dos mujeres y varios hombres hacen a través de toda
la trama, sus propios juegos.
El
que escribe, se sabe, valiéndose de toda experiencia posible propia
o ajena, real o imaginada, que protagoniza o induciendo a otros a realizar
cualquier acto, nutre su escritura.
Tal
el caso de Miller, incluso el de Anaïs. Pero los demás que
juegan con ellos también hacen lo suyo. June cree ayudar a su marido
a que éste escriba. Digo cree, porque entretanto va y viene de
Nueva York a París, consigue dinero (pero no más que el
imprescindible para que Henry viva en una pocilga), mientras a ella se
le ve cambiar de ropas, lucir su rubia belleza y desplegar seducción
a diestra y siniestra (por sobre todo esto último).
Seducción
con su marido, con Anaïs, con el editor de Henry y con el norteamericano
pervertido visto por Henry a través de la ventana de su propia
casa en América (¿recuerdan la escena de la corbata trabada
al cerrar la partenaire femenina de June, un día que está
nevando?), que también ha seducido a esa mujer varonil que está
con ella en su casa. A Henry se lo ve vestido siempre con lo mismo, sin
valorizar en lo más mínimo el atuendo.
Para
el escritor, inducir a su mujer, espiarla y dejarla hacer (también
para fisgonearla), dejarse seducir por Anaïs con su look de inédito(a)
por escribir cosas fuertes y vivir las mil y una experiencias, incluso
la prostibularia, es parte de su naturaleza.
El
marido de Anaïs, el bancario-banquero que hace las presentaciones,
va descubriendo y cubriendo a su esposa, compartiendo con ella el vouyerismo,
sabiendo lo que ella le deja saber.
El
motel donde Miller y Anaïs no logran llevar a cabo el acto sexual
que han ido a consumar, aunque antes y después lo hayan hecho,
el filme deja el resabio (hecho verídico, por cierto) que siguieron
siendo amigos hasta el final de sus días.
Anaïs,
que pulsa las acciones, personaje tal vez central más que el mismo
Henry, a quien se lo pone allí por haber trascendido su obra. Anaïs
que elige el nombre de la novela de Henri Trópico....
Anaïs que devora el sexo de Henry cuando en ese hotel no puede erectar
y ella como de paso le dice que su marido tiene un pene muy grande. El
marido de Anaïs que se disfraza en una fiesta de estudiantes y la
viola. Ella que se da cuenta cuando él le habla y consiente el
acto.
Hasta
allí, las escenas cinematográficas. Si quiere saber más,
verla será necesario. Cabe sí una frase más: todos
los personajes prometen a los otros, “enseñar”, “enseñarles
cosas” (sic).
Yendo
a Julia: nos habla de la rivalidad con otra mujer, pero haciendo o dejando
que otra mujer sea amada en su lugar por el hombre que ella ama, para
hacerle ver su goce y reconocer al placer de la propia rivalidad.
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