MARCELO PORTA
¿Imaginando el anti-cine?

 

Alejandro Hermosilla Sánchez

 


     Marcelo Porta (Santiago de Chile, 1969) es una realizador chileno, fotógrafo y, a su vez, colaborador en obras de teatro que a golpes de timón, intuición y siempre contando con los distintos rumbos a los que le va llevando la vida y la susodicha financiación, va intentando poco a poco construir una obra cinematográfica todavía en ciernes y que, ante todo, tiene todavía una amplia ruta que recorrer. De momento, ha estrenado los cortos Una película del siglo pasado y El poeta imaginario —un foto-documental basado en la obra de Nicanor Parra— y actualmente acaba de terminar un nuevo cortometraje, Así es la vida, para cine en 16 mm e intenta terminar la segunda parte de El poeta imaginario: El hombre imaginario, así como dar pie a otros proyectos. Ha participado, entre otros, en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, Festival de Nuevos Cortos Latinoamericanos, el Festival de Cine Independiente de Barcelona, el Festival de Berlín o el Festival de São Paulo.
     Manifestar aquí solamente que el visionado de sus dos primeros cortometrajes es ampliamente sugerente, sobre todo por lo que promete. En ellos Marcelo conjuga intuitivamente los rasgos propios del género documental, investigación formalista de los senderos a los que conduce el cruce entre palabra e imagen y un dispositivo hábil para radiografiar los silencios y momentos ocultos y aparentemente inadvertidos de la cotidianeidad para llegar a una comprensión mito-poética de la realidad. Una comprensión que —intuimos— se irá haciendo cada vez más personal con el tiempo en la medida en que sea su propia mirada la que se imponga a los propios medios utilizados para llevar a cabo su investigación cinematográfica y a los tics y huellas surrealistas que la misma lleva consigo.

 


Marcelo Porta, realizador chileno     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Aunque suene un poco a tópico, siempre resulta interesante, para los que no le conocen, saber en qué momento una persona sintió que iba a dedicarse al arte, en este caso, el cinematográfico. ¿Me puedes contar alguna anécdota de ese momento o cómo te fuiste introduciendo en este mundo?

     —MARCELO PORTA: Todo se desarrolló de manera azarosa y como si un guión improvisado me fuera conduciendo hacia algún lugar que yo no podía prever. Desde el principio de mi adolescencia, cuando me comencé a interesar por el cine, me sentía muy disconforme con el cine norteamericano y comercial y su manera de enfocar la vida y las relaciones humanas. Así, fui buscando otras cosas que pudieran ampliar mi espectro y visión de la realidad, al tiempo que fui integrándome en grupos de teatro con los que trabajaba en el instituto y la universidad e iba comenzando a tener una visión más depurada y formada del arte. Al tiempo que iba descubriendo la poesía, el teatro y diversas manifestaciones culturales a las que teníamos acceso en Chile de una manera libre, espontánea y tal vez incluso un poco surrealista, fui empezando a acudir a festivales de cine y a familiarizarme con la obra de directores como Tarkovsky, Werner Herzog, Bela Tarr, Buñuel, Wenders o Zhang Yimou, que poco a poco empezaron a formar parte de mi vida, a integrarse en mi mundo personal y a ayudarme a percibir la realidad de una manera diferente, que es la que me interesaba en unos momentos en que no sabía demasiado bien cómo ubicarme ante la realidad, la sociedad o el mundo [...] Además, en mi país estaba la obra cinematográfica de Jodorowsky o la de Raúl Ruiz que, desde un principio, me golpearon, agitaron mi conciencia y me interesaron y en la universidad tuve la fortuna de asistir a las clases de Nicanor Parra y otros escritores famosos afines a una poética y estética muy singulares y personales que me llevaron poco a poco a familiarizarme con una particular forma de concebir la realidad, el mundo y las relaciones tan íntima como peculiar a través de las cuales yo sentía que mi mundo interior encontraba un asilo y un refugio lo suficientemente consistentes como para permitirme intentar hablar de una manera personal y única.

     —ECP: ¿Cómo sentiste la influencia de la dictadura de Pinochet en tu vida durante tu infancia y —pregunta obligada por la actualidad— cómo has vivido su muerte?

     —MP: Realmente, fue cuando era más mayor cuando empecé a conectar diversos silencios y comportamientos que pude observar en las personas que me rodeaban con la dictadura de Pinochet y, más tarde, al reconstruir el pasado que viví con el actual presente chileno, sí que he tomado una conciencia clara del mal que produjo esta dictadura y de cómo de manera infecciosa su presencia fue conformando la vida social del Chile que viví cuando de niño e influyó de una forma, en principio, para mí imperceptible [...] La muerte de Pinochet no fue un hecho que viviera como algo realmente importante porque, simbólicamente, para mí había muerto antes. Te explico: el 11 de septiembre de 2001 yo volvía a Chile procedente de Europa y ese mismo día se cumplía el aniversario del golpe de estado de Pinochet que, como sabes, fue el 11 de septiembre de 1973. Entonces, cuando observé caerse las torres gemelas en el aeropuerto, sentí que toda una época había cambiado y que ahora mismo lo que debía demandar la atención de la población era este nuevo suceso y todo lo que ello podía conllevar para cambiar el mundo. Este acontecimiento era tan importante y afectaba a escala global a la población de tal manera que un suceso como el acaecido con Pinochet hace 28 años comenzaba directamente a formar parte del pasado. Fotograma de "El poeta imaginario"Un pasado que todavía estaba ahí y que debía denunciarse pero que perdía su vigor y valor simbólico teniendo en cuenta el nuevo acontecimiento recién sucedido [...] En cierto sentido, aunque no hubieran podido juzgarle y siguiera vivo, Pinochet había muerto mucho antes. Para mí, creo que aquel mismo día. Todos los demás sucesos relacionados con Pinochet como su juicio o los sucesivos emplazamientos de este juicio sólo parecían remitirme a un pasado que, inevitablemente, había de irse y la muerte de Pinochet ya sólo fue la constatación de este hecho. Pero como te digo, para mí la muerte de Pinochet fue el 11 de septiembre de 2001. Ahí fue cuando lo sentí.

     —ECP: Por lo que se puede ver de tu obra, la influencia de la poesía chilena en tu vida ha sido, por lo menos, considerable, pero, ¿y la narrativa? ¿Cuáles son tus escritores favoritos chilenos y, por citar a un clásico, qué opinas, por ejemplo, de José Donoso?

     —MP: La influencia de los narradores chilenos no ha sido demasiado importante para ayudarme a configurar una visión de la realidad. Donoso es un novelista al que respeto, me gusta, pero que no ha sido una gran influencia para mí. Te diría que, en mi caso, son los poetas chilenos los verdaderamente importantes [...] Lo de Donoso es como si me preguntaras por Neruda. Creo que Residencia en la Tierra es un muy buen libro y que Veinte poemas de amor y una canción desesperada es un libro excelente, pero que, sin embargo, Neruda es una figura que se extiende por Chile que no se corresponde con la calidad total de una obra que es bastante irregular y con una influencia, en ocasiones, marcada por la política que la puede llegar a hacer farragosa. No cabe duda de que Neruda es un poeta excepcional en momentos claves, pero en otros deja bastante que desear y su influencia por toda la literatura chilena no ha sido, en ocasiones, la mejor [...] Yo me siento muy unido, sin embargo, a otros poetas como, por supuesto, Nicanor Parra; me siento identificado ética y estéticamente a él. O, por ejemplo, Enrique Lihn, Juan Luis Martínez o Rodrigo Lira, que dejo una obra fascinante aunque muriera por suicidio muy joven, con sólo 31 años. Pero si te tuviera que decir un poeta además de Nicanor con el que conecto especialmente, este sería Vicente Huidobro; lo admiro profundamente, su obra me parece de un talento superior que no me explico por qué ha sido tan poco conocida y estudiada en Europa a diferencia de la obra de Neruda. Toda la aventura Creo que "Residencia en la Tierra" es muy buen libroe historia poética de Huidobro en Europa, las conexiones de su poética con las diferentes vanguardias y el haber producido una obra de una modernidad apabullante viniendo desde Chile me parece fascinante y un ejemplo a seguir en el terreno artístico y personal.

     —ECP: ¿Qué es lo que más destacarías cinematográficamente del país argentino? ¿Te sentiste invadido culturalmente por este gigantesco país en tus años de adolescencia chilena?

     —MP: El cine argentino no ha influido en mi obra. Sí es cierto que recientemente ha dado interesantes creadores como Lucrecia Martel o Fabian Belinsky. Recuerdo un viaje que hice con mi padre a Argentina cuando era un adolescente y cómo en un momento me dirigí yo solo a Buenos Aires y descubrí, me integré en todo ese ambiente mítico de las tertulias y conversaciones bonaerenses, en ese afán, tantas veces delirante, por conversar de todo lo referente a lo cultural, el deseo de hablar y exprimir cualquier tema. Pude contemplar de primera mano todos los grandes cafés culturales de la época, los cines y una gran parte de los cónclaves de la cultura argentina y la verdad es que fue una experiencia mágica que repetí cuando ya era mayor. Nunca sentí especialmente a Argentina como un enemigo de Chile, sino como un país complementario del que podía aprender mucho. Por ello, mis dos primeros viajes que hice a Buenos Aires en mi juventud, creo que me sirvieron de mucho, entre otras cosas, para mejorar mi preparación cultural y descubrir una oferta cinematográfica y teatral muy valiosa.

     —ECP: En los cortos que he visto, he detectado dos influencias básicas. Por un lado, el surrealismo onírico que conectaría oceánicamente a Dalí y Buñuel con Parra o Huidobro; por otro, el lenguaje y la estética político-situacionista de los documentales franceses y rusos. Pero me gustaría que fueras tú mismo quien me dieras o quitaras razón y hablaras de las mismas.

     —MP: Más o menos estoy de acuerdo, aunque puede que no sea así exactamente a la hora de hablar de los documentales, por más que he debido revisar la forma de montar de Eisentein para el manejo teórico de mi lenguaje cinematográfico. Pero, en cierto sentido, sí. Buñuel es un cineasta que me gusta mucho y, como te dije antes, Huidobro es un poeta grandioso que no comprendo por qué es tan poco conocido más allá de los circuitos universitarios. Además, no sólo Altazor es un gran poemario. Huidobro tiene una calidad poética excepcional y, desde luego, todas sus andaduras por la Francia y la España de los años 20 son sumamente aleccionadoras.

     —ECP: Háblame un poco del personaje masculino de Una película del siglo pasado y del actor. ¿Cómo intuías a este personaje y en qué sentido saliste contento con la interpretación y el resultado? ¿Cómo imaginas el mundo interior de este adulto-adolescente?

     —MP: Realmente, ese personaje masculino era yo en un determinado momento de mi vida en el que vivía existencialmente aquello que intentaba transmitir. Es una persona que se siente ajena a unos parámetros socialmente establecidos, se encuentra buscándose a sí mismo y buceando en su propio mundo interior y, de repente, encuentra a una persona en medio de un bar y del tumulto de la sociedad chilena y transmite toda una serie de sensaciones a las cuales le cuesta dar forma de una manera articulada Con Marcelo Porta © Alejandro Hermosilla Sánchezy toda una actitud vital con sus gestos, miradas y silencios a esta mujer anónima que encuentra en el bar de manera casual y a la que se siente unido por lazos invisibles.

     —ECP: ¿Y la actriz de este corto, Susana Cendoya? ¿Cómo conseguiste contactar con ella y cómo fue tu disposición hacia ella durante el trabajo?

     —MP: Es una actriz que no es famosa, no es muy reconocida en Chile, pero a la que respeto y admiro profundamente. Su disposición fue buenísima. Su vocación es total. Trabajaba por las mañanas en distintas ocupaciones que no tenían que ver con la interpretación para subsistir y luego por las noches hacía teatro sin prácticamente ganar dinero y de una manera vocacional. Mi conexión con ella se produjo tanto en el nivel personal como artístico y la sentí como un alma gemela en el sentido de que ella también estaba buscando alguna otra cosa diferente que, tal vez, no pudiera expresar de manera fehaciente dentro de una sociedad un tanto paranoica y articulada de distinta forma a la de su mundo interior como la chilena.

     —ECP: ¿En qué medida y con qué sentido utilizaste el contexto del golpe de estado de Pinochet en el corto como contraste con la pareja? ¿Cuál era el sentido —por más que éste siempre sea plurívoco y abierto a diversas interpretaciones— que querías conseguir?

     —MP: No eran sólo imágenes del golpe de estado de Pinochet, sino secuencias de diferentes manifestaciones y huelgas que se produjeron por aquel tiempo en Chile. Quería reflejar, al tiempo que esta pareja anónima y singular establecía una comunicación en el bar donde les resultaba difícil transmitir sus propios sentimientos, el proceso que se vivía en Chile por aquella época en que se producían manifestaciones prácticamente cada semana por cualquier motivo. Quería dar cuenta del estado alucinado y casi paranoico de una sociedad que se manifestaba abierta y colectivamente en la calle y el estado de estas personas anónimas en su intimidad y sus dificultades para formular una ideación propia en medio de estas exaltaciones sin freno y delirantes de toda una población que establecía cada semana sin contención de ningún tipo esta especie de ritual de encuentro en las plazas públicas.

     —ECP: Por cierto, según creo planeabas hacer una segunda parte de este cortometraje. ¿Cómo lo imaginaste y cómo serían o podrían actuar estos personajes años después?

     —MP: Sí. Me encantaría realizarlo y ahora mismo estoy intentando encontrar una financiación. Pero me gustaría que fuera un largometraje más que un cortometraje y a través de él transmitir la evolución del personaje y de mi persona en relación con la sociedad chilena y con esa mujer. Intentar que el público pudiera entender los cambios de estos personajes al ritmo de la sociedad chilena y viceversa y llevarlos a un punto de encuentro aleatorio donde el espectador pueda configurar su propia película y visión de las cosas.

Objetivo: Nicanor Parra     —ECP: Pasando al corto sobre Nicanor Parra, me gustaría que me confesaras cuáles eran tus intenciones al realizarlo y cómo pudiste ponerte en contacto con el genial anti-poeta.

     —MP: Yo llegué a la Universidad de Chile con la intención de estudiar Física e Ingeniería, pero terminé dejando estos estudios. Pronto comencé a asistir a las clases que Linh y Parra daban en el Departamento de Estudios Humanísticos, aunque tuve la mala suerte que apenas pude asistir a las de Linh, porque éste falleció pronto. Alcancé a verle casi nada. Sin embargo, con Don Nicanor no fue así. Mi trabajo con Don Nicanor ha sido siempre muy espontáneo y de manera libre. Cuando él impartía clases en la Universidad de Chile todavía no era conocido y no había recibido ni la mitad de los premios que le han concedido en los últimos años. Era un placer asistir a sus clases porque aprendías muchísimo y no sólo de poesía, sino de arte y de la vida. Don Nicanor podía mezclar su entusiasmo por la mujer con la comida, el arte y la vida y la poesía en unas clases que eran auténticas joyas vitales y que ninguno de los que asistíamos a ellas queríamos perdernos. Poco a poco fui entrando en contacto con él y surgió la idea de grabar para mi corto la última clase que iba a dar en la universidad. Nicanor salió satisfecho de los resultados del corto y cuando le otorgaron todo tipo de premios y comenzó a ser una figura reconocida empezó a rehuir de las cámaras y de todo tipo de los embrollos que tienen que ver con la fama como apariciones públicas, televisiones o entrevistas, pero como a mí me había conocido cuando no era así y habíamos conectado de una manera íntima y singular, me permitió grabarlo de tiempo en tiempo en diversas escenas de su vida cotidiana o excursiones [...] En realidad soy el único que ha podido filmar a Nicanor Parra con total libertad porque a todos los demás los ha rechazado. Sólo hay una persona que ha podido llegar a él y filmarlo en vivo, pero con la condición de pagarle una cantidad enorme de euros. En mi caso, no es así. Yo nunca le he pagado nada [...] Te tengo que advertir que Nicanor es un personaje tan excéntrico como imprevisible y en algunas ocasiones he ido a grabarlo con la cámara y en ese momento no se encontraba de humor y no he podido hacerlo y, por ejemplo, hace unos meses salí con él a un baile y se produjeron unas situaciones verdaderamente hilarantes y sorprendentes y don Nicanor me preguntaba por qué no había traído la cámara. Tengo filmadas horas y horas de diversos pasajes de la vida de Don Nicanor y en las más diversas situaciones y confío en poder montarlas pronto para llevar a cabo un largometraje-documental sobre su obra que pueda mostrarlo tal y como es y que deje testimonio de su atípica personalidad.

     —ECP: ¿Sueles visitar exposiciones de arte? ¿No crees que tu corto sobre Nicanor podría encontrar un contexto más apropiado proyectado en una exposición o en un futuro entre las paredes de la casa de Parra?

Fotograma de "Una película del siglo pasado"     —MP: Mira, hubo un tiempo en que yo visitaba todo tipo de exposiciones porque estaba en ese estado de voracidad y ansiedad en que necesitaba nutrirme de todo signo artístico para alimentar mis experiencias vitales e ir entendiéndome más a mí mismo y a la realidad de la que quería ocuparme a través del cine. Recuerdo, por ejemplo, que en Nueva York o en otras ciudades pasé muchas horas en museos aprehendiendo toda la realidad que los museos me ofrecían, pero mi actitud vital respecto a esta cuestión ahora mismo ha cambiado mucho. Hoy mismo pasé por el Reina Sofía y me sentí tentado a entrar, pero la verdad es que sentí que no, que en la realidad estaban sucediendo muchas otras cosas que podían llamar más mi atención o hacia las cuales debo ir en este momento concreto de mi vida. Ahora me muevo por otras impresiones. Suelo irme de los lugares y regresar por motivos que pueden estar relacionados con un amor, una amistad, una apetencia concreta o un sentimiento de búsqueda que hasta que no está saciado no me permite salir del lugar en que me encuentro. Por ejemplo, ahora estoy en Madrid, que no considero que sea una ciudad demasiado interesante, pero no me preocupa tanto la ciudad, sino cómo mis impresiones íntimas y el círculo interno de emociones y encuentros casuales se van produciendo en mi vida. No es tanto un lugar en sí lo que me atrae, sino la posibilidad de encontrar lo maravilloso en ese lugar [...] Esta forma de entender la vida también es muy importante para mí a la hora de acercarme al arte. Por ejemplo, hace un tiempo me pidieron que hiciera un largo con una actriz muy famosa de Chile, pero fíjate que no pude tomarme ni siquiera en seis meses un café con ella porque estaba muy ocupada y, finalmente, denegué este proyecto, lo aparté de mi vida. Si no pude tomar una copa con una persona en seis meses, ¿cómo iba a salir bien un proyecto tan importante? No me interesan los proyectos sólo por motivos profesionales. En ellos tengo que encontrar una conexión íntima con todo el equipo, con los actores y con el espacio que nos rodea. Debo establecer una relación afín con las personas de mi entorno para poder rodar y sentir que estoy creando algo nuevo, retratando una emoción o un momento de la vida único y que no podría repetirse si no hubiera sido por la película que intentamos grabar.

     —ECP: ¿Y existe algún poeta o escritor europeo con el que pudieras atreverte a realizar una exploración como la que realizas con los escritores de tu patria?

Estoy muy interesado en el tarot...     —MP: No pienso especialmente ahora en ningún referente europeo a la hora de rodar un nuevo documental. Ahora estaría interesadísimo en realizar lo mismo que realicé con Parra con Jodorowsky. De hecho, ya he realizado algún tipo de contacto con él y he sentido que había un buen feeling entre nosotros y que podía surgir algo interesante, aunque todavía no le he propuesto la idea. Jodorowsky es una persona muy ocupada, pero si la casualidad, el azar, el tiempo y nuestra predisposición mutua lo permiten, me encantaría proponerle algo. Él ha visto mis cortometrajes y le gustaron y, desde luego, si tuviese toda la libertad que tuve con Parra, creo que sería fascinante realizar un documental artístico sobre Jodorowsky [...] Es mucho más fácil realizar este tipo de cosas cuando tienes algo que mostrar porque así valoran tu trabajo y, si les gusta, seguramente se animan a trabajar contigo. Antes de realizar el documental de Parra, todos estos proyectos podían parecer utópicos. Pero después de esto, todo es posible, no hay que cerrarse a nada porque hay un material con el que se puede valorar tu trabajo y de lo que eres capaz de hacer si te dan la oportunidad, el dinero, la libertad y el tiempo necesarios.

     —ECP: Además, creo que Jodorowsky te había invitado a participar con él en su cabaret parisino para perfeccionarte en el arte de echar el tarot.

     —MP: Sí, así es. Estoy muy interesado en el tarot y he hecho ya cientos de tiradas a gentes de todo tipo y en uno de mis encuentros con Jodo, me animó a que me uniera a él en el bar de París donde suele tirar las cartas para que fuera perfeccionándome en este arte y aprendiendo diversas lecciones. Fíjate que fue también Jodorowsky quien, en un determinado momento de mi vida en que no sabía si quedarme en Francia o partir para Chile, me echó una tirada de cartas induciéndome a ir hacia mi país de origen donde más tarde me encontraría que mi presencia era totalmente necesaria porque mi padre iba a morir en poco tiempo.

     —ECP: Bueno, esto impresiona. Dime entonces, ¿cómo valoras el tarot en relación conjunta con la obra de arte y en qué medida crees que las tiradas determinan la imagen de la vida de una persona como una obra de arte puede igualmente hacerlo?

     —MP: Creo que el tarot es un medio que te ayuda a buscar respuesta a lo que ya está en tu alma. El tarot no te dice nada que no esté en tu corazón de antemano. Es como una imagen de lo que tú ya sabes o esperas, de todo aquello que está en ti pero para lo que necesitas una confirmación, una señal. Por ejemplo, cuando yo fui a ver a Jodorowsky, en cierto sentido, ya sabía que debía partir de Francia, pero no me atrevía a reconocérmelo a mí mismo, pues en otras ocasiones había tirado mis billetes de vuelta a Chile o había cambiado de planes sobre la marcha por distintos motivos y, sin embargo, había algo en mí que sabía que debía volver. Jodorowsky desplegó las cartas y me dio a entender qué es lo que pasaría si Marcelo Porta, ¿imaginando el anti-cine? © Alejandro Hermosilla Sánchezme quedaba en Francia o si partía a Chile y lo único que me dijo es que la decisión, en algún sentido, ya estaba tomada.

     —ECP: Asimismo, me interesaría saber cuál es tu relación con un director tan apasionante además de mal visto y conocido en España —en esto los franceses nos llevan ventaja, mucha ventaja— como Raúl Ruiz. ¿Cuál es la etapa de él que más te interesa, cómo valoras sus largometrajes rodados en Francia y los primeros en Chile?

     —MP: De Raúl Ruiz hay cosas que me gustan más y me gustan menos pero, desde luego, me parece un cineasta realmente grande y todavía por descubrir por mucha gente. Hay hallazgos y presencias en sus películas que son geniales y su etapa chilena tiene películas encantadoras, al mismo tiempo que precisas. Además, te tengo que confesar que a Raúl Ruiz lo conozco desde muy chico, pues era amigo de mi padre y solía verlo por mi casa. Lo que sucede es que yo, ya de mayor, me he encontrado con él y no ha habido una conexión a nivel íntimo y personal entre nosotros. No digo que Ruiz sea un mal tipo. Al contrario, lo respeto mucho y considero un gran cineasta, como te dije, pero no he podido conectar con él como sí lo he hecho con Parra o incluso Jodorowsky a otra escala que me permita plantearme hacer un documental sobre su persona. Pero, si este hecho sucediera, me gustaría hacerlo porque Ruiz es una personalidad sobradamente interesante.

     —ECP: Por último, ¿cuál es tu opinión, si los has visto, de los siguientes films: Bright future de Kiyoshi Kurosawa, A scanner darkly de Richard Linklater y Tropical Malady de Apichatpong Weerasethakul? Cítame también, si te parece, tu director de cine español favorito o con el que te sientas más cercano.

     —MP: Si te digo la verdad no he visto ni la película de Linklater ni la de Kurosawa, pero Weerasethakul me parece un cineasta genial. Te diría que incluso más que Tropical Malady, prefiero Blissfully yours, Sang sattawat o Ghost of Asia. Entre mis cineastas favoritos de la actualidad también te citaría a Wong Kar Wai, a Hou Hsiao Hsien y a Kierostami. De españoles, te diría que Víctor Erice y José Luis Guerín. En construcción me parece una película de referencia obligada. Y Almodóvar, aunque sea un tópico decirlo, también me gusta mucho. El que no me convence casi nada es Amenábar, al que veo más como un cineasta inteligente, lógico y calculador que como un verdadero artista que llegue a una verdad a través de su intuición. No veo una mirada propia en las películas de Amenábar, sólo inteligencia artificiosa.