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Acercándose
a Matrix
Raúl Alcaraz Carrión
Despierta, Neo…
Matrix te posee…
Con
estas palabras en la pantalla de su ordenador despierta el programador
de software Thomas Anderson, conocido como Neo por la comunidad hacker.
Éste será el inicio de una aventura hacia la búsqueda
de la verdad y la liberación de la raza humana en la que Neo descubrirá
que el mundo que creía real no es más que una simulación.
Pero, ¿qué es Matrix? Matrix es una simulación construida
a partir de realidad virtual que llevan a cabo las máquinas con
la intención de ocultar la realidad a los seres humanos para así
poder extraer su energía en un futuro apocalíptico en el
que la guerra entre máquinas y humanos ha acabado con la derrota
de los segundos y la destrucción de la principal fuente de energía,
el sol. Con este planteamiento arranca la reflexión de los hermanos
Wachowski concebida como trilogía cinematográfica, y que
nos presenta un futuro distópico y desolador («Bienvenido
al desierto de lo real», dice Morfeo) recubierto de un complejo
envoltorio de ciencia ficción y teorías matemáticas
y filosóficas.
No
deja de resultar irónico que este universo futurista de seres humanos
manipulados para carecer de libertad y conocimiento de la realidad y así
poder ser manipulados, sueño paranoico de locos o visionarios,
resulte en nuestra actualidad más real que virtual. Y es que sólo
es necesario pararse a reflexionar para comprobar que ya estamos viviendo
en una versión pre-alfa del sistema informático de realidad
virtual conocido como Matrix. Porque, hagámonos la pregunta, ¿qué
son los actuales medios de comunicación, en especial el televisivo,
sino una matriz de persuasión sensorial que nos envuelve para lograr
unos intereses? Es cierto, no somos pilas; las grandes empresas no necesitan
energía. Somos algo más valioso, somos audiencia. Y bajo
una sutil pantalla de persuasión, hiperrealidad y simulación
cubierta de espectáculo y falsa libertad y poder de decisión
se nos ofrece una prisión para la mente que nos envuelve en un
cálido líquido amniótico de fantasías, anhelos
y realidades virtuales que nos hacen menos libres y más manipulables.
Así
es Matrix: la Teoría General de Sistemas
Lo
primero que debemos hacer si queremos comprender qué es Matrix
es conocer cómo funciona. Recordemos que Matrix es un programa
informático que, por medio de una serie de conexiones directas
a las terminaciones nerviosas de los seres humanos, envía una serie
de estímulos eléctricos que son interpretados por el cerebro,
de modo que la conciencia de estos seres humanos se mantiene aislada en
una realidad virtual basada en nuestro mundo contemporáneo, el
apogeo de nuestra civilización, y que ellos creen completamente
real ya que así lo interpreta su cerebro. Mediante esta simulación
virtual las mentes humanas, interconectadas entre sí dentro de
Matrix, viven en un mundo ficticio ignorando la realidad: el planeta Tierra
ha sido devastado como consecuencia de una guerra entre humanos y máquinas
y nuestra raza ha sido esclavizada por las máquinas para ser utilizada
como fuente de energía. Todo es fruto de un sistema perfectamente
engranado y rigurosamente controlado por las máquinas, que cuentan
con toda una serie de mecanismos integrados en el programa informático
(los agentes) para evitar posibles fisuras o alteraciones en el mismo
que puedan suponer la pérdida del control que ejercen sobre los
humanos.
La
relación entre el programa informático Matrix y las mentes
humanas prisioneras en él está claramente concebida desde
una perspectiva vinculada con la teoría lógico-matemática
conocida como Teoría General de Sistemas. Esta teoría, que
ha sido aplicada con éxito al ámbito de la comunicación
presentándola como una interacción transformadora constante,
coordinada y simultánea sustentada en el intercambio de información,
se basa en el concepto de sistema (conjunto de elementos relacionados
que cumple una o varias funciones, tiene una historia de variaciones de
estado, mantiene una relación complementaria con un entorno y se
define por su organización, esto es, la relación específica
entre su estructura y su función). El entorno, por su parte, engloba
al sistema y es el ámbito de interacción entre distintos
sistemas. Es la relación entre un sistema y su entorno la que produce
su evolución y su propia historia de variaciones de estados.
El
paralelismo entre esta teoría y la trilogía cinematográfica
es claro: en un entorno común (el planeta Tierra) las máquinas,
creadas por los seres humanos, evolucionan gracias a la integración
de la Inteligencia Artificial, lo que conlleva un aumento de su complejidad
y un cambio de su relación con su entorno y con los seres humanos.
De este modo las máquinas acaban rebelándose contra sus
creadores y estalla una guerra que conlleva una serie de modificaciones
en el entorno de ambos: el planeta Tierra acaba desolado y los humanos
destruyen el Sol para tratar de acabar con el principal suministro de
energía de las máquinas, la energía solar. No obstante,
las máquinas logran adaptarse a estos cambios en el entorno de
una forma más eficiente que los seres humanos y consiguen una fuente
de energía alternativa: los propios humanos. Así, las máquinas
esclavizan a los humanos y las relaciones entre estos dos sistemas cambian
hasta el punto de que las primeras se constituyen entorno de los segundos
al integrarlos en un sistema informático virtual denominado Matrix
que, por medio del envío de información en forma de estímulos
eléctricos a los principales centros nerviosos, es interpretado
por el cerebro humano como real y se constituye su nuevo entorno. El cuerpo
físico de los seres humanos sigue en el entorno que constituye
el planeta Tierra pero, en la medida en que permanecen completamente aislados
de él y los estímulos que su cerebro recibe e interpreta
proceden de Matrix, es este programa informático de realidad virtual
el que se constituye su nuevo entorno. El argumento de la trilogía
girará en torno a la lucha de los protagonistas por la liberación
de la raza humana, por romper ese “entorno virtual” impuesto
y recuperar la libertad propia de nuestra especie.
Existe
un momento clave en la trilogía Matrix en el que se profundiza
sobre aspectos pertenecientes a la Teoría General de Sistemas y
otras teorías vinculadas a ella hasta el punto en que parece una
disertación teórica a modo de declaración de principios
de los hermanos Wachowski. Se trata de la conversación entre Neo
y el Arquitecto al final de Matrix Reloaded, momento decisivo
del film en el que el Arquitecto desvela un giro sorprendente: en contra
de lo que todos pensaban, el papel de Neo como Elegido no es un error
de Matrix que abre una posibilidad para liberar a los seres humanos de
la esclavitud, sino que es algo previsto por el sistema que constituye
Matrix y necesario para la organización del mismo.
«Tu
vida sólo es la suma del resto de una ecuación no balanceada
connatural a la programación de Matrix. Eres el producto eventual
de una anomalía que, a pesar de mis denodados esfuerzos, no he
sido capaz de suprimir de esta armonía de precisión matemática.
Aunque sigues siendo una incomodidad que evito con frecuencia es previsible,
y no escapa de unas medidas de control que te han conducido hasta aquí».
La
única forma de que los seres humanos acepten Matrix es ofrecerles
un entorno virtual similar al suyo y una esperanza, una capacidad de elección
aunque sea mínima. Esta posibilidad plantea una serie de anomalías
en forma de seres humanos que se pueden rebelar, pero el sistema ya ha
contemplado esta posibilidad y para ello ha creado el papel del Elegido.
El Elegido es un humano seleccionado por su especial carisma y empatía,
lo que favorece que sus semejantes depositen en él sus esperanzas.
De este modo, su vínculo con ellos hace que se vea obligado a cumplir
con su misión y llevar a Matrix a la siguiente versión por
temor a que el sistema se colapse y con él mueran todos los seres
humanos conectados a él. Se trata, por tanto, de un círculo
maldito previsto por el sistema Matrix y que configura la organización
del mismo, y que está condenado a repetirse para garantizar la
supervivencia de ambos bandos: los seres humanos, ya que si Matrix es
destruida cuando estén conectados morirán; y las máquinas,
ya que si los seres humanos se desconectan o mueren perderán la
fuente de energía que les hace subsistir.
«Tu
función como Elegido es volver a la Fuente para hacer una diseminación
temporal del código que transportas y reintroducirlo en el programa
principal. Después se te pedirá que elijas en Matrix a los
veintitrés individuos que reconstruirán Sión. Si
no se completara este proceso se produciría un error catastrófico
en el sistema que aniquilaría a los que están conectados
a Matrix».
Esta
revelación argumental manifiesta, además, el hecho de que
el planteamiento de Matrix como sistema se encuentra directamente ligado
no sólo a la Teoría General de Sistemas, sino también
a una teoría que surge a raíz de ésta y que es conocida
como la Cibernética. La Cibernética se interesa por aquellos
sistemas que poseen una causalidad circular, esto es, que son capaces
de integrar en su funcionamiento los efectos que producen en el entorno.
Se trata, por tanto, de un elevado nivel de autocontrol y autoorganización
por parte del sistema que requiere de una constante transmisión
de información entre las distintas partes del sistema. Este flujo
circular de información entre el sistema y su entorno es conocido
como retroalimentación o feedback, y es lo que mantiene al sistema
en una continua dialéctica entre equilibrio y desequilibrio.
Matrix
sería un sistema de causalidad circular, ya que permite integrar
en su funcionamiento los efectos que produce en el entorno, es decir,
permite integrar como parte del funcionamiento del sistema la posibilidad
de que los humanos se liberen de Matrix, estableciendo dos mecanismos
de autocontrol para establecer la organización del sistema: el
papel del Elegido y la destrucción periódica de Sión.
Mientras que la posibilidad de elección de los seres humanos en
Matrix actúa como feedback positivo (mecanismo de desviación
que aleja al sistema del equilibrio), la destrucción periódica
de Sión y el papel del Elegido son un mecanismo de corrección
(feedback negativo), ya que se encargan de aproximar al sistema
al equilibrio. Matrix se mantiene en esta dialéctica entre equilibrio
y desequilibrio hasta que los cambios introducidos por Neo y, sobre todo,
por el agente Smith rompen tal equilibrio y acaban por tanto con la organización
de Matrix.
Matrix:
la televisión del siglo XXII
Vivimos
en una sociedad tremendamente influenciada por los medios de comunicación.
Los medios nos imponen su criterio de relevancia informativa, nos muestran
lo que sucede en el mundo desde su perspectiva, contribuyen a la formación
de opinión y su papel en cambios de tipo social, político,
económico o cultural es innegable. Nos damos cuenta del verdadero
poder de los medios cuando pensamos que algo sucede porque “lo vemos
por la televisión”, cuando percibimos algunas experiencias
como el sexo y la muerte antes por una mediación tecnológica
que por una experiencia individual y directa, cuando surgen nuevas conductas
sociales como la interconexión entre individuos de todo el mundo
que posibilita internet o cuando preferimos la comodidad del simulacro
virtual que nos ofrecen los medios a la realidad con toda su crudeza e
incomodidad.
En
estas circunstancias no resulta nada descabellado pensar en Matrix como
una evolución de una situación que ya vivimos hoy. Es cierto
que hay algunas diferencias: no suministramos energía a los medios,
pero somos su fuente de ingresos. También se puede alegar que los
límites entre la realidad y la visión mediada de la misma
aún están claros, ya que percibimos unos límites
físicos, un soporte: la pantalla, el papel… Pero cada vez
es más difícil aislarse de los medios. Los mensajes publicitarios
invaden todos los ámbitos de nuestra vida y el discurso mediático
ya forma parte de nuestra cultura y de nuestra forma de relacionarnos
con la sociedad. Es posible que dentro de no mucho ya no seamos conscientes
de la presencia de los medios.
Si
en nuestra sociedad de masas hay algún medio capaz de ejercer una
influencia plena sobre el ciudadano y crear una cultura propia es, sin
duda, la televisión. Y más concretamente la denominada neotelevisión,
opuesta al modelo de televisión como servicio público (paleotelevisión)
y que, como consecuencia de la liberalización del sector, debe
financiarse por sí misma mediante los ingresos publicitarios, lo
que da lugar a la competencia y la lucha por las audiencias. Para ello
se sirve de un discurso mediático característico y de una
serie de recursos semióticos y persuasivos cuya única finalidad
es la de halagar al espectador y llamar su atención. En este sentido,
no es exagerado pensar que Matrix podría ser una evolución
lógica de esta neotelevisión: no sería más
que un programa virtual construido en torno a las necesidades de los humanos
para persuadirles y alejarles de una realidad en la que ellos ya no son
audiencia, sino energía para las máquinas.
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Los
actuales rituales comunicativos de la televisión establecen una
representación teatral y a menudo dramatizada de la realidad, mediante
una tendencia a la espectacularidad, proyectando al espectador en el corazón
mismo del dispositivo comunicativo. Esta tendencia se plasma en la neotelevisión
en ritos participativos en los que el espectador es un “actuante”
más del juego televisivo. El rito se transforma en ceremonia colectiva,
en un compartir el mismo código, como en Matrix, que no es más
que la teatralización virtual de una sociedad que se representa
en las mentes de la colectividad de forma simultánea, y de cuyo
mantenimiento depende la supervivencia de las máquinas.
La
neotelevisión tiende a exaltar los contextos que rigen las estructuras
sociales y a mezclarlos con objetivos de persuasión y entretenimiento.
De esta manera cada vez se abusa más de la autorreferencia del
propio medio televisivo, que no es más que una nueva estrategia
para legitimar como realidad algo es una creación ficticia. Las
referencias constantes de la televisión a su propio universo —ya
sea mediante grandes platós llenos de monitores con imágenes
del propio ente, las autopromociones constantes y sumergidas dentro de
la programación, la aparición de personajes mediáticos
generados por el propio medio...— sirven para que logre su propia
identidad y legitimación en la medida en que se exhibe a sí
misma y fundamenta la singularidad de su discurso en el atractivo que
se le supone a su propio mundo. La intencionalidad de Matrix se sitúa
al mismo nivel que las funciones reforzadoras que en la neotelevisión
se le da al espectador con el fin de fidelizar las audiencias: convertir
al espectador en cliente. Hasta tal nivel llegan estas funciones reforzadoras
en Matrix que se logra, gracias a los avances tecnológicos, integrar
a los seres humanos en esa realidad virtual hasta tal punto que pueden
interaccionar físicamente con ella como si fuera real. La gran
diferencia entre la neotelevisión y Matrix es que la autorreferencia
queda velada, al no ser necesario incidir en la realidad de un universo
propio que el espectador ya concibe directamente como real. Como consecuencia,
los seres humanos desconocen su existencia y, por tanto, ven anulada su
capacidad de elección (que aún se mantiene en el medio televisivo).
En
nuestra televisión la hipervisibilidad juega un papel crucial a
la hora de acercar una realidad que en un principio se plantea dudosa
como tal. De esta manera no se deja margen alguno para “lo que no
se ve” pues a mayor exposición mayor verdad. La televisión
ha entrado en una dinámica de “saturación de la mostración
de la realidad” que no tiene marcha atrás, hasta el punto
en que las barreras entre los límites comienzan a difuminarse:
no se distingue la información del entretenimiento, lo que es real
de lo que es una ficción o una reconstrucción. Esto, unido
a otras tendencias como la de la espectacularización trae como
consecuencia la creación de una hiperrealidad fruto de esa hipervisibilidad,
una realidad sui generis propia del medio televisivo, mezcla de realidad
y artificio, que ya no es ni una realidad objetiva ni una ficción
pura, sino una realidad creada por los medios. El espectáculo como
forma dominante de interacción comunicativa, antes que sobre la
información o el conocimiento, impone un componente sensorial y
emocional que menosprecia el raciocinio, de modo que los espectadores
se ven sumidos en una cultura de la imagen en la que se atrofian los conceptos
frente a mecanismos semióticos más fácilmente asimilables.
En cierto modo esto está relacionado con la forma en que Matrix
modifica los patrones cognitivos de los individuos, que se hacen en ocasiones
tan independientes de Matrix que les es imposible abandonar el mundo virtual.
No están preparados para ser desconectados, como decía Morfeo.
En esta cultura de la imagen el “ver” es igual a “ser”,
las cosas suceden “porque las veo en la televisión”.
Es el tipo de comportamiento que Matrix consigue en los seres humanos,
para así lograr velar la realidad y evitar una posible liberación.
Esa pasividad ante los medios y esa creencia firme en la imagen son algunas
de las características esenciales que definen al sujeto dentro
de la sociedad de masas actual. Como observamos, lo único que diferencia
a la neotelevisión de Matrix en este punto es la falta de una tecnología
tan avanzada que permita integrar al espectador de una forma tan eficiente
e invisible.
Podemos
encontrar aún dos conexiones más entre Matrix y la neotelevisión.
Por un lado las figuras mediáticas llenas de carisma y poder de
atracción para la audiencia que están tan en boga hoy en
día en el medio televisivo pueden vincularse con la figura del
Elegido que, recordemos la conversación con el Arquitecto, es escogido
de entre sus congéneres su especial carisma y capacidad para que
los hombres se sientan identificados con él. Por otra parte, podemos
relacionar aunque sea de forma secundaria el fenómeno de los reality
shows con algunos momentos de la película. Este nuevo género
televisivo, nacido de esa tendencia a la hipervisivilidad y a la creación
de una hiperrealidad que supone la máxima expresión de ese
voyeurismo y ese “querer ver sin límites” guarda conexión
con algunas situaciones del film, como la
figura del Arquitecto sentado en su sillón y rodeado de cientos
de pantallas que le permiten ver, como si encarnara la figura del Gran
Hermano, todo lo que sucede en Matrix. Personajes como Cifra también
adoptan actitudes voyeuristas cercanas a la del espectador del reality
cuando desde los monitores de la nave observa todo lo que sucede en Matrix,
aunque se halle cifrado en el código del programa.
Por
último debemos referirnos a lo que el sociólogo británico
Anthony Giddens señala como uno de los rasgos definitorios de las
sociedades modernas, el secuestro de la experiencia, que consiste en desvincular
la experiencia individual de las condiciones espacio-temporales en que
ésta tiene lugar. Factores como el anonimato, la formalización
y las interacciones mediadas por la tecnología logran que los medios
de comunicación sustraigan experiencias traumáticas (sexualidad,
muerte, dolor…) pero necesarias para la configuración de
la experiencia individual y, por extensión, de las identidades
sociales y las representen o simulen a partir de la mediación tecnológica.
Por esto se da la paradoja de que, en ocasiones, vivimos una experiencia
(nuestro primero contacto con el sexo, la observación de la primera
muerte…) antes a través de una mediación tecnológica
ofrecida por la televisión que en nuestra propia experiencia individual
con el mundo real. Las consecuencias de este secuestro y comercialización
de la experiencia, vinculado con aspectos ya tratados de la neotelevisión
como el hiperrealismo, la tendencia espectacularizante y la teatralización
o simulacro, tiene como consecuencias la pérdida de la socialización,
la pérdida de la individualidad, la claustrofilia y el aislamiento.
En
este sentido, podemos decir que Matrix es una dantesca neotelevisión
futurista que llena de experiencias a un ser humano carente de las mismas.
Sería ese medio de comunicación ultraevolucionado capaz,
ya no de secuestrar experiencias para ofrecerlas mediadas tecnológicamente,
sino de convertirse en la única experiencia a vivir a lo largo
de la vida de una persona. Pensándolo analíticamente, Matrix
se crea a partir de la toma de experiencias humanas, pero una vez uniformado
el entorno la vida virtual que se inocula a cada ser humano desde que
nace se convierte en la única y gran experiencia que proyecta Matrix.
Tan real puede llegar a ser esta experiencia mediada que ofrece Matrix
que algunos individuos, a pesar de conocer el carácter falaz de
la misma, se apegan a ella a toda costa, prefiriendo vivir en la ignorancia
de una experiencia mediada que se sabe ficticia que enfrentarse a vivir
las crueles experiencias que ofrece el «desierto de lo real».
El momento cumbre de este secuestro de la experiencia y de esta lógica
del simulacro es la escena es la que Cifra está pactando el trato
con el agente Smith en un entorno de Matrix que representa un lujoso restaurante
y, disfrutando de una comida que sabe que no es real, afirma que la ignorancia
es la felicidad, manifestando abiertamente que prefiere las bondades de
una experiencia ficticia aunque sepa que no es real, por lo que habría
preferido seguir viviendo en la ignorancia y no haber despertado nunca
de Matrix:
«¿Sabes?
Sé que este filete no existe… Sé que cuando me lo
meto en la boca es Matrix la que le está diciendo a mi cerebro
“es bueno y jugoso”. Después de nueve años,
¿sabes de lo que me doy cuenta?... La ignorancia es la felicidad».
A
modo de conclusión, podemos afirmar que la trilogía Matrix
bebe de un gran número de fuentes y teorías de diversa índole
para crear un universo que, por encima de su espectacularidad cinematográfica,
ofrece un denso contenido y una profunda reflexión para aquél
espectador que sepa profundizar. Desde teorías matemático-científicas
hasta influencias religiosas, pasando por profundas y extensas reflexiones
ético-filosóficas que pueden extrapolarse a los medios de
comunicación actuales. Todas estas teorías se funden en
una compleja trama que trata muchos de los grandes temas que han obsesionado
al ser humano desde el principio de los tiempos (la confusión entre
realidad y ficción, la búsqueda de la verdad y el conocimiento,
la dialéctica entre libertad y destino…) y que se intensifican
en una sociedad actual anclada en el nihilismo, la cultura de la imagen
y el consumismo. El papel informativo de los medios de comunicación
se desplaza cada vez hacia una lucha por las audiencias que, vinculada
a la sociedad consumista y al poder de la publicidad, amenazan con alienar
una sociedad que ya comienza a dar algunos síntomas de involución
con el retroceso que nuestros estudiantes muestran en su capacidad lectora
y reflexiva, pérdida de la identidad personal, aislamiento, facilidad
para ser manipulados… Es por ello que resulta tan necesario formar
individuos con una personalidad propia, una actitud crítica y capacidad
para reflexionar y plantar cara al bombardeo de imágenes y a la
manipulación mediática. Ahora es tu turno. Debes elegir
entre seguir viviendo en la cómoda Matrix o buscar tu libertad
y enfrentarte a la realidad, con todo lo que eso conlleva. ¿Qué
pastilla eliges, la roja o la azul?
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