TRADUCIENDO A JOAN MARGARIT

 


Anna Crowe

 


     Conocí a Joan Margarit y a su amable esposa, Mariona Ribalta, en marzo de 2005, cuando le invitamos a leer en el Scotland’s Poetry Festival, StAnza, que tiene lugar cada primavera en St. Andrews (Escocia). En realidad, había sido previamente invitado por el doctor Javier Letrán, del Departamento de Español de la Universidad de St. Andrews, para presentar su poemario Los motivos del lobo —que Joan y yo hemos empezado a traducir—, publicado en la colección cordobesa 4 Estaciones, y nosotros, los organizadores de StAnza, aprovechamos la ocasión para invitar a Joan a dar una lectura. La lectura tuvo un efecto tremendo en el público que, visiblemente conmovido por estos poemas tan fuertes y directos, tenía lágrimas en los ojos. Neil Astley, el editor de Bloodaxe Books (editorial inglesa de poesía), nos encargó allí mismo un libro de unos 160 poemas que hemos titulado Tugs in the fog (Remolcadores en la niebla). Fuimos invitados a presentar el libro y a hacer una lectura en el Aldeburgh Poetry Festival, al este de Inglaterra, en noviembre de 2006, con tan gran éxito que nos proporcionó otra invitación para el Cúirt Literary Festival, en Galway (Irlanda), en abril de 2007.
     Actualmente, en la traducción de poesía parece que existen dos escuelas: en una, el traductor permanece siempre lo más cerca posible del original, intentando comprender la manera de pensar del autor y mantenerse fiel a sus ideas, a sus imágenes y a su voz, aunque trabajando para encontrar la Anna Crowe y Joan Margarit en StAnza 2004 (Saint Andrews, Escocia)expresión más natural en su propia lengua. En otra, al traductor le interesa más crear su propio poema, y utiliza el original como trampolín para alcanzar el suyo. Para este tipo de traductor, la forma del original o la voz del autor tienen una importancia secundaria, ya que la intención es crear un poema nuevo, como si fuera concebido y escrito en inglés. Naturalmente, los traductores de los poetas fallecidos se permiten mucha más libertad en el tratamiento, aunque también hay quienes se empeñan en no escuchar la voz de los poetas vivos, insistiendo en imponer su interpretación personal a pesar de que el poeta les diga que en la traducción no reconoce su propia voz.
     Acaso se adivine en qué lado me encuentro. De todas maneras, si hubiese sido seguidora de la segunda escuela, muy pronto me hubiera resultado imposible traducir la poesía de Joan Margarit. Tengo que admitir que, al principio, enfrentada a estos poemas tan severos y ásperos, buscaba suavizarlos, esconder con rodeos la dureza y la intransigencia de su mundo. Pero él se dio cuenta inmediatamente y me reprendió, preguntándome con amabilidad y humildad si podría aceptarle duro, áspero y seco como era, pidiéndolo en un inglés tan malo, tan “comanche” como él suele decir, que me convenció enseguida de hacer todo lo posible para traducirle tal como merecía, es decir, con toda la verdad y exactitud de que dispusiera. Había traducido ya gran parte de El llevant bufa a ponent de Miquel Desclot y de Música i escorbut de Anna Aguilar-Amat (publicado en edición trilingüe catalán-macedonio-inglés), y bastantes poemas para musicar para la editorial Tritó. Por aquel tiempo esta era mi experiencia en la traducción del catalán al inglés. Ahora, acabo de traducir un segundo libro de Joan Margarit —Barcelona amor final—, libro de poemas y fotografías en edición trilingüe (catalán-castellano-inglés) que será publicado por la editorial Proa en octubre de 2007.
     Traducir a Joan Margarit supone empujar el inglés al límite, y muchas veces esto significa llevarlo a lo escueto sin comprometerlo. El poeta también tenía que aprender a confiar en su traductora, cosa nada fácil dada su comprensión imperfecta del inglés, y en numerosas ocasiones me preguntaba si no se podría decir tal o cual cosa, sugiriendo soluciones que estaban lejos de serlo, pero que me hicieron sonreír mucho. Entonces tenía que convencerle de que la solución correcta en inglés era otra. También yo, a medida que iba traduciendo los poemas de Joan, mejoraba mi conocimiento del catalán, aunque no sin naufragar en uno de aquellos arrecifes. Por casualidad, al traducir un poema titulado 'Balada del viejo mercante', encallé en los versos


«les onades i els còdols fan remor
com de formigonera»

(«las olas y las piedras hacían rumor
como de hormigonera»)

 

     Sin pararme a buscar “formigonera” en el diccionario, y pensando que tendría relación con hormiga (“formiga” en catalán), lo traduje por “ant’s nest”, o sea “hormiguero”, lo que provocó la protesta de Joan, preguntándome si le tomaba por un poeta surrealista (un insulto enorme). Nos reímos mucho pero para mí fue una lección y desde entonces siempre, siempre consulto el diccionario cuando encuentro una palabra que no conozco. Quizá esto les haga pensar que en esta tarea de traducción, tanto él como yo éramos ciegos, pero finalmente, y después de más de quinientos correos electrónicos cruzados entre ambos, todo salió muy bien y la Poetry Book Society premió a Tugs in the fog con la Recommendation for Poetry in Translation en invierno de 2006.
Catedral de St. Andrews     A medida que fui conociendo su poesía, descubrí que Joan Margarit era muy aficionado a la poesía inglesa, y que había traducido al castellano un gran número de poemas del gran poeta y novelista inglés del siglo XIX Thomas Hardy, quien, al igual que él, era arquitecto. La poesía de ambos se caracteriza por una melancolía y una franqueza extraordinarias, por una minuciosa observación de las pequeñas cosas cotidianas. Joan Margarit también admira al poeta moderno Philip Larkin, que nos descubre, sin titubear, el lado oscuro y peligroso de la vida humana. Margarit es, además, el traductor de mi poeta norteamericana preferida, Elizabeth Bishop, reconocida también por sus facultades de observación, y a quien la novelista, Mary MacCarthy, describió memorablemente como «un ojo que cuenta hasta cien», refiriéndose al que cuenta hasta cien, normalmente con los ojos cerrados, antes de buscar a los demás, en el juego del escondite. Hay poemas de Joan Margarit, aquellos donde siempre anda buscando la verdad escondida, que me recuerdan a los de Bishop, pues toda poesía es una conversación entre nosotros y los que nos preceden y hablan más claramente, y a quienes nos alegra seguir.
     Las referencias culturales de Joan Margarit son amplias y ricas, y el lector de sus poemas suele encontrarse con escritores como Tolstoi, Baudelaire, Czeslaw Milosz, Jules Verne, Poe, Gerard Manley Hopkins, Ernest Hemingway o Raymond Chandler, y con compositores o músicos como Bach, Tchaikowski, Billie Holiday o Charlie Parker. Consciente de que todos estos espíritus familiares rondan la obra de Joan Margarit, sabía, desde que comencé a traducir sus poemas, que esta poesía, enraizada en el mundo actual con su historia y su dolor, sería muy apreciada por los lectores ingleses. A los británicos les apasionan las historias relacionadas con la Guerra Civil Española, muchos vinieron a España para luchar y morir —la mayoría en el ejército republicano—, y la poesía de Joan Margarit tiene ecos profundos de aquella guerra y posguerra, proporcionándonos la medida de cuán dura era la vida para el pueblo de Cataluña bajo la dictadura de Franco. Los poemas que tratan de la vida y muerte de Joana, la querida hija discapacitada de Joan y Mariona, se atreven a describir el dolor, la pérdida y la pena con los cuales hay que enfrentarse a diario, y fueron los que tanto conmovieron al público de StAnza. Para mí tienen afinidades con Elegies, obra del eminente poeta escocés Douglas Dunn, escrita después de la muerte de su joven esposa, libro que actualmente Joan y yo estamos traduciendo juntos.
     Aunque utilice escasamente la metáfora, una de las características más notables de Joan Margarit es el enorme poder de las imágenes, que resultan exactas, concretas y verdaderas. Por ejemplo, el poema ‘Secretos’ (Cálculo de estructuras), con la imagen de aquel agujero, el único recuerdo que aún queda de la pobre prostituta suicidada, despreciada vecina de los padres del poeta, en su piso, al cual la familia se mudó.


«…ya no quedaba otro rastro de ella
que un agujero despintado debajo del lavabo,
justo donde entraba en el muro el tubo de desagüe.»

 

     Esta imagen más bien brutal y francamente sugestiva de la vida de esta mujer, es también una imagen del pasado escondido que necesitamos sacar a la luz para comprenderlo. La misma exactitud se encuentra en ‘Perdiz joven’, una descripción de los movimientos de una joven perdiz herida por perdigones, o en StAnza Scotland's Poetry Festival‘Oráculo’, descripción de la matanza de una cabra en el matadero donde el poeta solía ir cuando niño para comprar sangre (como el pequeño Jean-Paul Sartre), una exactitud donde ni falta ni sobra una sola palabra. Esta manera de enfrentarse a la dureza de la vida por medio de imágenes difíciles y concretas, casi siempre dentro de marcos temporales o geográficos enraizados en el mundo real, es un recurso estilístico común a gran parte de la poesía británica de la segunda mitad del siglo XX, y por eso muy familiar y apreciada por los lectores británicos.
     Traducir el catalán al inglés es un trabajo sumamente provechoso: a diferencia del castellano, en la lengua catalana las consonantes tienen un peso considerable, y la mezcla de sonidos ásperos y suaves, así como las normas de acentuación yámbicas y monosilábicas, favorecen que, a menudo, se puedan conseguir correspondencias sónicas o rítmicas muy cercanas al inglés, poseedor de una mezcla de componentes anglosajones o latinos. En las manos de Joan Margarit, esta lengua sutil y musculosa que es el catalán adquiere una sencillez que esconde un complejo lirismo: para el traductor no hay donde esconderse. La poesía de Joan Margarit se enfrenta a las preguntas más profundas que nos pueda hacer la vida: no brinda respuestas fáciles, pero sí ofrece al lector el dolor y la alegría del propio poeta, pidiéndole compartirlos. Traducir la poesía de Joan Margarit y trabajar con él ha sido para mí una tarea alegre de la que ha derivado una amistad que aprecio enormemente.

 

(traducción de la autora, revisada por Antonio Lafarque)

 

 

     Anna Crowe. Devonport (Inglaterra), 1945. Poeta y traductora escocesa. Ha publicado los poemarios Skating Out of the House (1997) y Punk with Dulcimer (2006). Editora de dos antologías de Joan Margarit: Tugs in the fog (Remolcadores en la niebla) (2006) y Barcelona amor final (2007). De 1998 a 2005 fue Directora Artística de StAnza, el festival escocés de poesía de St. Andrews. Ha sido traducida al catalán.