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CLAUDIA APABLAZA
Elena Méndez
—CLAUDIA APABLAZA: Bueno, más que un objetivo es una forma de mirar las cosas. La cercanía que siento hacia el mundo es esa. Un mundo ficcionable (sic) y ensayable (sic) a la vez; y muchos otros verbos a la vez que no se separan en subdivisiones observables. En Diario de las especies el personaje se acerca al mundo desde ambos polos; y son, seguro, dos polos desde los cuales me suelo acercar en lo cotidiano. —ECP:
¿Qué género se le dificulta más: el cuento
o la novela? —ECP: En su ya citada novela y en el cuento ‘Pobre niño poeta’ los protagonistas consideran incurrir en el plagio literario. ¿Usted ha pasado por una vivencia similar? —CA: En general ese cuento se ríe de los escritores que no escriben. O de esos que se dicen escritores. De un tipo anonadado frente a la página en blanco y que está esperando que le llegue la inspiración. No sé por qué se le da tanto valor a un tipo frente a un PC (o cuaderno) sin poder escribir. Es un cliché. Una figura romántica. Me molesta cuando un escritor además lo dice en voz alta. El trabajo de la escritura no es ‘no escribir’, sino que es ‘escribir’ [...] Bueno, yendo al tema del plagio, el año pasado fui a una conferencia que dio Piglia, dijo que él no creía en el plagio, que el único plagio que existe es cuando un escritor le intenta copiar a otro su estilo. Si es así, creo que de seguro plagié cuando comenzaba a escribir. Cuando niña. Después creo y espero que no. —ECP:
¿Por qué la tendencia a presentar personajes de escritores
dentro de su obra? —CA: En general trabajo con los simulacros de los seres humanos. Las ilusiones. Es parte de la experiencia básica. Simular ser. La simulación de lo otro. El fracaso es uno de los temas que representa muy bien esa experiencia básica. Que tiene su contraparte en aquello que algunos llaman éxito. Es decir, nadie es realmente un fracasado o un exitoso; son ilusiones que lamentablemente algunos se creen y hacen apologías de ellas y se comportan como si existieran. Es decir, aquello que alguna vez se llamó realidad. (Además, sospecho mucho de los tipos tan exitosos. No como escritores, sino como seres humanos). Y bien, el ‘simulacro de’ es lo que vivencio (sic). Personajes de personajes. Supongo que tú también y que todos. Cómo no. —ECP: ¿Considera usted que la industria editorial se encuentra seriamente amenazada por el internet? —CA: No, para nada. Creo que es una herramienta más para la difusión y el conocimiento de autores lejos de su metro cuadrado. Siempre han existido factores para que la gente no lea, llámese TV, paseos, fiestas, lo que sea; o para que la gente lea resúmenes o fragmentos de textos, que es lo que está en la web. —ECP: ¿Vendría a ser una plaga que los autores jóvenes se antologuen entre sí, como se plantea en su cuento ‘Sor Juana y Pierre Bourdieu’? —CA: Sí, pero creo que está bien. Es una buena plaga. Mientras más libros existan, creo que es mejor para los lectores. Ya sean buenos o malos. Ahora, que eso suponga una amenaza para algunos autores que quieren estar en algunas antologías y no están, es otro tema. Y seguro que no es tu problema ni el mío. —ECP: ¿Qué perspectiva sobre la literatura chilena contemporánea le otorga el radicar en el extranjero? —CA:
Creo que la que he tenido siempre. No es muy distinta a la que tenía
allá. Podemos hablar de libros por una parte y por otra de sistema:
editoriales, autores, grupillos [...] Pensar que hay buenos libros publicándose,
como por ejemplo los libros de Carlos Labbé, de Lina Meruane, de
Alejandro Zambra, de Gonzalo León (narrativa). En poesía,
se me viene a la cabeza Héctor Hernández, Germán
Carrasco, Gladys González, Malú Urriola, Paula Ilabaca,
Roberto Contreras. Ahora, es lamentable que a algunos buenos autores no
les baste con ser buenos autores y generen grupillos de defensa. No me
explico para qué, si un autor debería preocuparse de sus
textos y además de intentar generar espacios de colaboración
plurales tanto en su país como en el extranjero. Que su literatura
se alimente de algo más que de hostilidad y de rabia y de premios
de trasnacionales [...] En general el sistema es muy hostil. Esa hostilidad
dificulta la complejidad. Hay poco respeto hacia la diferencia y el arribo
al poder que todo eso conlleva. Todavía se mueven desde el paradigma
del éxito, que es vergonzoso y limitante desde donde se lo mire.
Esa es la forma en que se confunde la literatura con otras cosas. Y no
es que sea purista ni nada de eso. Pero en esas confusiones que generan
los autores se suben al carro tipos que nunca han escrito un libro en
su vida (sobre todo periodistas o escribientes de suplementos culturales),
que leen muy poco, —ECP: ¿Barcelona es “la Gran Biblioteca” [aludimos aquí a un pasaje de Diario de las especies]? —CA: Puede ser. Creo que sí. Aunque también cuando hablo de la Gran Biblioteca, me refiero a esa biblioteca interna. A todos los libros que me he leído, a todos los libros que han pasado por mis manos. —ECP: Háblenos acerca de Dado Roto. —CA: Dado Roto es una revista virtual que ha comenzado este año 2008. Con Iván Humanes, escritor, coeditor de la revista y gran amigo además, decidimos fundar esta revista de narrativa como una alternativa más a las que ya hay. He insisto en este tema de las alternativas. No es para ganarle a nadie ni para ser menos que nadie. Iván, que es catalán, vio que había pocas revistas españolas en que se rescatara a autores latinoamericanos contemporáneos de calidad que están fuera del circuito comercial y yo lo vi desde el lado opuesto. Es decir, qué poco sé de escritores españoles contemporáneos que andan fuera del circuito comercial aquél (ese simulacro); por lo tanto decidimos realizar esta publicación; él aportando lo que sabe de estos lados y yo lo que sé y que puedo investigar del otro. Se publicará cada dos meses. Narrativa, poesía y ensayo.
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