L@s chic@s fe@s
también quieren bailar


Pedro Molina

 

     Prólogo

El libro de relatos "L@s chic@s fe@s también quieren bailar" (Lagarto Editores, 2008)     En mi larga experiencia editorial ningún otro autor ha logrado suscitar una polémica tan enriquecedora como la desatada a raíz de la publicación de la opera prima de Juan Conejo (1), L@s chic@s fe@s también quieren bailar. Se ha dicho, acertadamente, que esta breve historia abrió una brecha irreparable en el dique intelectual que constreñía las letras hispanas. Esa es también mi opinión. Pese al reducido número de sus relatos, a los que cabe añadir sus artículos publicados en la prensa local y nacional, su legado artístico y su pensamiento han influido de manera decisiva en las corrientes literarias de nuestro país. El efecto más inmediato fue un extraordinario afloramiento de escritores cuyos trabajos adoptaron, en buena medida, la ideología y la estética postulados por él. Bastaría este hecho para concederle los máximos honores. Sin embargo, un significativo grupo de intelectuales, particularmente el sector más conservador de la Real Academia, no escatimaron diatribas ni ahorraron un solo vituperio en contra de su obra e, incluso, hacia su persona. Esta reacción, calificada por muchos de desmedida, se comprenderá mejor si delimitamos convenientemente el verdadero motivo de la disputa. Juan Conejo, que durante toda su vida trató de ocultar su identidad, puso su mayor empeño en animar a sus amigos poetas y escritores a salir a la luz y a escribir sin miedo y sin complejos. Su lema es de sobra conocido: Ni una sola historia sin ser leída, ni un solo poema más escondido en un cajón. Paralelamente a esta labor de aliento a los artistas noveles, el escritor no desaprovechó ocasión para desautorizar a quienes, según su opinión, presumían de hallarse en un plano más elevado del saber: académicos de la lengua, novelistas famosos, periodistas, editores o profesores de lengua y literatura. Ello ocasionó una cadena de réplicas y contrarréplicas, a cuál más acalorada, que enmarcaron el punto central de la controversia. Lo que estaba en juego era la supervivencia del tradicional concepto de literatura, en su acepción más clásica, frente a la invasión de la llamada Literatura Total, que preconizaba una radical ruptura con el pasado así como una absoluta libertad de formas en la escritura. Para entender, en sus exactos términos, el significado del novedoso ideario es necesario referirse al artículo titulado Manifiesto del Conejo, publicado en el suplemento dominical de La Voz de El Ejido. Cito textualmente: Nuestros jóvenes escritores han alzado su voz y han dicho ¡basta! En los albores del siglo XXI no son suficientes unas cuantas frases hilvanadas en el secular modelo planteamiento, nudo y desenlace para poder hablar de una nueva obra. Ni este modelo ni ningún otro son realmente necesarios. El periclitado canon literario es un contaminante de la creatividad y los relapsos deben ser perseguidos, arrestados y conducidos a la pira purificadora. No pueden existir imposiciones ni límites si lo que se pretende es agotar la matriz intelectual que genera una idea innovadora. Lo auténtico, lo genuino, lo verdaderamente nuevo no tiene precedente, ni padre ni madre, es un desconocido hasta el momento de su presentación y no se avergüenza de ser diferente. (…) Cualquiera que desee escribir debe hacerlo sin temor a ser censurado ni sometido a reglas invalidantes. Todo cauce es adecuado si se advierte que el único objetivo de la literatura es encontrar un intérprete que desentrañe el elemento espiritual que subyace en cada oración. Ni la belleza formal, ni la coherencia estructural, ni las reglas ortográficas deben impedir este ideal.
     El análisis del autor y de la obra que estamos prologando estaría incompleto si no hiciera mención a los episodios más destacados que siguieron a la publicación de L@s chic@s fe@s también quieren bailar. El origen de la polémica es mérito del gran novelista y miembro de la Real Academia de las Letras, D. Hilarión Gutiérrez. Su artículo no fue la primera crítica desfavorable, pero sí una de las más significativas. Cito palabras textuales: Este infame escritorcillo ha debido de creerse que ser original consiste en reducir el glorioso legado de las letras españolas a la categoría de chascarrillo. Tamaña insensatez sería excusable si por lo menos hubiera conseguido hacer reír a alguien. No nos consta que esa reacción se haya producido ni siquiera en aquellos lectores más propensos a la hilaridad, a menos, claro está, que consideremos risa la mueca de espanto que inevitablemente provoca el luctuoso contenido de su pretendida historia. Si este señor ha venido a contarnos un chiste, con la misma poca gracia y escasa oportunidad de una sonora flatulencia en un velatorio, más nos vale vender los dientes que mostrárselos a él. Cualquier gesto de compasión, por humanamente comprensible que sea, nos haría responsables de alentar a esa banda de zarrapastrosos que se autodenominan salvadores de la narrativa nacional e inventores de la nueva literatura. (…) El peligro de Juan Conejo es haberse constituido en embajador de estos modernos pensadores, hueros de imaginación y nula preparación, que aspiran a ocupar las poltronas de Posiblemente, retrato de la última vez que se vio a Juan Conejo © Ángel Gómez Espadala Real Academia presentando, como carta credencial, una grasienta cartulina en donde se acredita su fracaso escolar. Menos mal que esta broma pesada y de mal gusto tiene la virtud de resaltar la auténtica elegancia y que, afortunadamente, las modas pasan. Tal vez haya más suerte la próxima vez. Por más que a mi juicio resulte incomprensible la visión tremendista del mencionado académico de la lengua, hemos de agradecerle que su artículo (publicado en la revista Babelia, del periódico El País) popularizó en toda España el trabajo de Juan Conejo, que hasta ese momento sólo había tenido una escasa difusión a nivel local (2). La virulenta réplica a dicho escrito (3) inició una contienda dialéctica que tuvo un eco inmediato en la mayoría de los diarios de tirada nacional y en la práctica totalidad de las revistas culturales. Aún hoy resulta sorprendente que un tema tan poco atractivo para el común de la ciudadanía, tal ha sido siempre la consideración de la literatura, despertara, no obstante, un interés tan inusitado. Prueba de ello fue la extensión del debate a programas radiofónicos y televisivos que registraron picos de audiencia similares a los grandes acontecimientos deportivos. Pese a la insistencia de seguidores y detractores, Juan Conejo nunca aceptó participar en estos espectáculos mediáticos porque, según su opinión, la palabra escrita, a pesar de todos sus defectos, es la única forma posible de que seres racionales puedan comunicarse entre sí. Fiel a esta máxima el escritor continuó dando forma al ideario de la Literatura Total a través de escritos remitidos, siempre de forma anónima, a las más diversas publicaciones. Especialmente llamativa fue la elección de la revista Play Boy (conocida publicación erótica dirigida a un público esencialmente masculino), para dar a conocer uno de sus artículos más célebres. Este era su demoledor comienzo: Prefiero el discurso de un borracho a toda la narrativa española conocida. Hay mucha más sinceridad en cada una de sus palabras, mucho más interés en cada frase interrumpida por sus jipidos, mucha más filosofía en cada baba que se derrama de su boca, mucha más inteligencia en su mirada turbia, mucha más humanidad en el esperpento que representa su figura inclinada sobre la barra. En ese vaso de vino, que apenas acierta a coger, se hallan escondidas las pesadillas más hermosas que jamás pudieran concebirse (…).
     Con afirmaciones como la que precede era difícil hallar un lugar de encuentro ni siquiera con los sectores más moderados de la Real Academia. Uno de los escasos intentos de aproximación es el que cabe atribuir a la poeta y ensayista Dª Irene Velázquez de Castro. Su interpretación de la Literatura Total fue la más favorable de cuantas partieron del ámbito académico. Según sus palabras: El sometimiento a criterios comerciales ha adormecido la imaginación de nuestros escritores. Para remediarlo Juan Conejo ha decidido provocar un sonoro estruendo negando valor a la fabulosa herencia de las letras hispanas y tratando de invalidar las reglas necesarias para su adecuada expresión escrita. Este aparente absurdo cobra sentido si descubrimos su verdadera intención. El repentino aldabonazo quiere hacer reaccionar a nuestros artistas frente a la anomia intelectual de una sociedad mercantilizada. Este intento merece todas las alabanzas y, en su justa medida, el método utilizado puede dar buenos resultados. El resto son sólo palabras. Su autor no puede creer en serio que las mismas creaciones literarias que han dado cuerpo y prestigio al idioma español puedan ser defenestradas con tanta irresponsabilidad. Al margen de su valor intrínseco, suponen también modelos de expresión que han ido evolucionando hasta nuestros días. Olvidarlos haría necesario reemprender el aprendizaje desde sus inicios. Tampoco puede haber un código escrito sin reglas. La destrucción de la gramática, llevada a su extremo, supondría la encriptación de la escritura en infinitos códigos personales que harían imposible la comunicación. No es esto, a buen seguro, lo que pretende Juan Conejo. Por más que le duela, él no representa una ruptura con el pasado sino su más clamorosa reivindicación. Su utopía sencillamente no es posible, pero la enorme energía empleada en su defensa ha repercutido enteramente en un renovado interés por la literatura. No tengo reparos en reconocer que ese mérito le es enteramente atribuible. A veces el fin justifica los medios. Si bien es cierto que compartimos parte de la argumentación de la poetisa, no lo es menos que su explicación es claramente insuficiente. Al centrarse en el propósito y consecuencias del fenómeno Conejo olvida pronunciarse sobre el elemento clave de su ideario. La Literatura Total no puede considerarse un nuevo modelo de expresión Miembros de la Literatura Total en Francia © Ángel Gómez Espadasino un escenario distinto donde la creatividad no está constreñida por límite alguno. Es equivocado pensar que existe un deseo expreso de abolir la gramática. La intención es, más bien, de hacerla prescindible. Su vulneración no resta valor al texto, todo lo contrario, le añade un efecto disonante que acentúa su expresividad. Sirva como ejemplo la reciente traducción a lenguaje SMS de la conocidísima obra de Cervantes: Lugar mancha nombre no acordarme :) famoso hidalgo flaco (…). Es innegable que las aventuras del universalmente conocido caballero andante adquieren, en este formato, una lectura mucho más compleja de lo que aparenta a simple vista. Lo evidente es que el autor de Don Kijote SMS (4) no respeta la ortografía y la sintaxis. Sin embargo, no se puede dudar que el objetivo de la comunicación se ha logrado. Su obra no es sólo reflejo de un modo de transmitir emociones y sentimientos masivamente practicado en nuestros días, también lo es de la forma de vida que subyace en esa forma de interrelación social.
     Dos sucesos consecutivos marcaron el punto más álgido del enfrentamiento entre los defensores de la Literatura Total y el sector más conservador de nuestras letras. El primer hecho, como todos recordaremos, fue el arresto de Laura Muñoz, la poetisa del pintalabios, por actos repetidos de vandalismo. Su magro crimen consistió en plasmar sus poemas, mediante el uso de una barra de labios, en los escaparates comerciales de la ciudad de Almería. Son hechos probados que su incontenible creatividad sólo la obligó a declarar en comisaría y a indemnizar a los establecimientos afectados con los costes de la limpieza. En la versión no oficial este episodio administrativo se transformó en un encarcelamiento de varios días en los que la acusada fue sometida a diversas vejaciones (5). Esta falsedad unida a la errónea creencia de que la joven era, en realidad, el propio Juan Conejo, dio lugar a una masiva concentración en la capital almeriense para llevar a cabo un singular acto de protesta y solidaridad. Ante la impotencia de las autoridades y fuerzas de seguridad, miles de personas venidas de toda España aprovecharon la noche para plasmar sus obras en cualquier superficie apta para ello. A la mañana siguiente no hubo un rincón de la ciudad en donde no apareciera un poema, un relato o el comienzo de una novela. Los edificios, los monumentos, las fuentes de las plazas, las estatuas de los jardines, los kioscos de prensa, los árboles, las aceras, los escaparates, los contenedores de residuos urbanos, las señales de tráfico…, todo ello apareció tapizado con incontables cuartillas impresas o directamente escritos con sprays, ceras, tizas o rotuladores. El encuentro concluyó con una multitudinaria y festiva manifestación. Los cuerpos semidesnudos de muchos de los asistentes mostraban poesías o historias escritas sobre su propia piel. Cuando Juan Conejo expresó su deseo de que la literatura abandonara sus dorados anaqueles y volviera a la calle, a la palabra viva, a donde los sentimientos afloran sin normas ni reglas que los censuren, nunca pudo imaginar que su sueño fuera a cristalizar en un suceso tan extraordinario.
     El acoso de los medios de comunicación, que finalmente lograron desvelar su verdadera identidad, y su ruptura sentimental marcaron el inicio de una profunda crisis personal que terminó arrastrando al artista hacia el abismo. Sus primeras apariciones televisivas mostraron a un joven de apariencia vulgar, parco en palabras y extremadamente tímido. Nada tenía que ver esta imagen con la que la fantasía colectiva había ido creando. Sus seguidores se dividieron entre aquellos que se negaban a creer en él y aquellos otros que lo aceptaban sin disimular su desencanto. El personaje real no interesaba, sus admiradores preferían al quimérico héroe anónimo cuyos discursos brillantes y demoledores habían sugestionado tanto a la opinión pública. En este período, los escritos de Juan Conejo perdieron fuerza y originalidad. Parecía que por su parte ya estaba todo dicho. Esto dinamitó su liderazgo en el movimiento de la Literatura Total que no obstante, aunque descabezada, ha continuado avanzando hasta nuestros días gracias al impulso de sus más Prefiero el discurso de un borracho a toda la narrativa española conocida © Victoriano Izquierdofieles partidarios. Sin nada nuevo que decir, su vida personal acabó siendo material periodístico de programas y revistas sensacionalistas. Las declaraciones de su ex mujer en el programa televisivo El ventilador (6) dio pasó a una humanización tan grosera que acabó por convertir al escritor e ideólogo en una caricatura de sí mismo. La inicial controversia literaria se transformó en un monólogo metaliterario centrado, fundamentalmente, en los aspectos más íntimos de su vida privada. Sirva como botón de muestra las declaraciones de la sexóloga Ana Ochoa, en el programa radiofónico Libros para compartir. Después de afirmar que La génesis de la creación artística es la sublimación de un deseo sexual insatisfecho, se explayó a su gusto en el examen más increíble de cuantos hayan merecido la obra del autor. Éstas fueron sus declaraciones: El Sr. Conejo es, sin duda, un hombre profundamente insatisfecho en su vida sexual. Las causas de esta insatisfacción podemos deducirlas de un análisis pormenorizado de sus artículos y de sus relatos. En un experimento en el que han intervenido una centena de escritores, de todas las edades, se descubrió un notorio paralelismo, de origen subconsciente, entre la longitud de sus enunciados y el tamaño del miembro viril. El 90% de los escritores que utilizaban una estructura oracional más extensa tenían una longitud media de pene de más de 20 centímetros. Por el contrario, aquellos escritores de estructuras sintácticas más simples y frases más concisas poseían penes de menos de 12 centímetros. Si medimos la longitud de sus oraciones y realizamos el correspondiente promedio comparativo, la operación daría como resultado unos escasos 10 centímetros. Este exiguo metraje explicaría, en parte, su insatisfacción sexual. Si profundizamos un poco más en este estudio, podemos extraer otras conclusiones importantes. Haciendo una valoración global de sus relatos, en los que el planteamiento, nudo y desenlace se comprimen en unas pocas frases, nos lleva a pensar que el autor padece una disfunción eréctil (probablemente eyaculación precoz) que lo imposibilita para mantener relaciones sexuales con normalidad. Un tercer elemento a tener en cuenta lo constituye la caracterización de sus personajes. La mayoría de ellos son jóvenes con problemas de adaptación, atormentados por fantasías eróticas irrealizables y extremadamente introvertidos. Esto refleja en buena parte la propia personalidad del escritor. Este perfil psicológico coincide, invariablemente, con varones homosexuales que no han sabido aceptar su condición.
     Convertido en un hombre de papel, donde cualquiera podía escribir el comentario más absurdo que se le ocurriera, Juan Conejo decidió alimentar su leyenda negra entregándose, enteramente, a una vida singularmente identificada por las extravagancias y los excesos. En palabras de Santiago Girón, su amigo y editor: Estaba mal, cada día peor. Recuerdo la noche que fuimos a buscarlo al Pepe Litros. Se había caído al suelo, pero cuando me acerqué, se me enroscó en la pierna y comenzó a decirnos que le dejáramos pensar, que tenía una idea. Decía que iba a escribir su mejor relato, la historia de su vida. Tuvimos que agarrarle entre Emilio Picón, Antonio Guerrero y yo para llevarlo a su casa a que durmiera la mona. Poco después, como nadie ignora, Juan Conejo ingresó en una clínica de desintoxicación. Su última chispa de lucidez quedó reflejada en un rollo de papel higiénico. Decía así: Imagina a un hombre saliendo de la ducha y situándose enfrente de un enorme cristal empañado. Imagina su dedo deslizándose por su superficie. En ese momento de inspiración cree ser un gran poeta. Después de grandes divagaciones escribe la frase final y entonces, ¡zas!, el vapor desaparece. ¿Qué es lo que ves? Pues a un tío en pelotas haciendo el gilipollas delante de un espejo. Ese Don Nadie eres tú (7). Desgraciadamente, en los meses siguientes su estado mental sufrió un grave deterioro. El agravamiento de su enfermedad obligó a su familia a internarlo en San Juan de Dios, (conocido centro psiquiátrico malagueño), donde aún continúa.
     Quienes han acusado a Juan Conejo de farsante ignoran la verdadera dimensión de su obra. Antes de su llegada, la narrativa española contemporánea estaba reservada a unos pocos. Después de él, cientos de escritores y poetas (que ya no temen ni los laberintos gramaticales ni las tintas acusadoras de los profesionales de las letras) han dado testimonio de toda esa creatividad desaprovechada. Este es, a mi modo de ver, su gran mérito.
     Para finalizar no encuentro palabras más adecuadas que las del propio escritor. Son dos breves citas que para mí tuvieron una especial significación. Tras ellas les invito a redescubrir la obra que lo dio a conocer.

 

Nadie tiene derecho a detener nuestra mano cuando es movida por el don más valioso que poseemos: el ideal de la belleza

 

Existe un mundo donde no hay ni maestros ni entendidos. Un lugar donde se dibuja con letras todo aquello que sentimos. Allí estará siempre, esperando, vuestro amigo, Juan Conejo.

 

    
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     L@s chic@s fe@s también quieren bailar


Juan Conejo

 

     Capítulo ÚNICO


     —Eh, chic@, ¿quieres bailar?
     —¡Sí hombre! Con lo fe@ que eres.


FIN

 


     (1) La adopción de este singular pseudónimo no fue una maniobra de marketing sino que tuvo su origen en el propósito del autor de permanecer en el más estricto anonimato. Desvelada su verdadera identidad por la prensa rosa y difundida masivamente su imagen en los medios audiovisuales, esta precaución carece de sentido. No obstante el artista siempre quiso ser identificado con este nombre. Como no podía ser de otra forma, me es grato complacerle.
     (2) L@s chic@s fe@s también quieren bailar, fue publicado por primera vez por Ediciones Lagarto en el número 27 de la revista Letras Plásticas. Esta publicación consiguió reunir en la ciudad de El Ejido a un brillante grupo de jóvenes escritores y poetas locales cuya trayectoria artística ha ejercido una notable influencia en el ámbito cultural almeriense.
     (3) Véase el email que Juan Conejo remitió a la misma publicación (Revista Babelia), publicado posteriormente con el título Mahoma el intocable.
     (4) Al igual que Juan Conejo, también el creador de esta obra ha preferido ocultar su identidad.
     (5) Aún se discute si hubo verdadera intencionalidad en este asunto o si tuvo su origen en una mala información.
     (6) Su ex mujer afirmó, entre otras cosas, que no podía decir si a su ex marido se le empinaba o no porque desde hacía años lo único que le excitaba era su literatura, pasión que ella no compartía, y que era un ser egoísta, cruel y sin sentimientos; un auténtico zombi que lo único que le importaba eran sus relatos.
     (7) La acusadora frase final ha sido objeto de discusión. Sus detractores, que reprochan a Juan Conejo no ser más que un vulgar demagogo, sostienen que el autor se estaría riendo de todos aquellos que creyeron sus palabras. Sus incondicionales afirman que ese texto, escrito en segunda persona, está dirigido a sí mismo —de ahí la utilización del —. El escritor se estaría viendo reflejado en ese relato y, a la vez, asumiendo como propio el desencanto de todos los escritores menospreciados cuyas obras jamás serán conocidas.

 

 

Este cuento pertenece al libro de relatos recién editado
L@s chic@s fe@s también quieren bailar (Lagarto Editores, 2008)