ROSA MONTERO
Con
motivo de la presentación de su hasta ahora última novela
Historia del rey transparente y su participación en el
Premio Mandarache, Rosa Montero estuvo en Cartagena. Aprovechamos para
entrevistar a esta famosa escritora, quien gracias a su carácter
agradable, simpatía y cordialidad se ganó el respeto y el
aplauso de quienes pudimos conocerla.
ROSA MONTERO: Bueno, esta experiencia fue genial. Fue en los años finales del franquismo. En esta época, los grupos que más se movían, realizaban todo tipo de actividades y estaban abiertos a cualquier experimentación, eran los grupos teatrales. Estos grupos se caracterizaban por tener una sensibilidad moderna muy abierta. Por todo esto, comencé a hacer teatro con el grupo Tábano, que era muy underground. Yo entré en este grupo no porque quisiera ser actriz, sino porque estaba compuesto por gente moderna, divertida y graciosa. Para mí era una verdadera experiencia estar allí. Yo no era una buena actriz, sino todo lo contrario, pero como había muy pocas mujeres implicadas en el mundo artístico teatral, Juan Margallo me vino a ver actuar en la época en que yo estaba en el Grupo de Teatro de la Facultad Filosofía y Letras y me propuso participar en una obra que estaba montando. Te vuelvo a decir que yo era una actriz muy mala, muy mala, te diría que horrible, pero como había tan pocas mujeres por aquella época implicadas en el teatro pues pude introducirme en el grupo Tábano sin muchos problemas. Lo mejor de todo es que la obra en la que participé era la Castañuela 70, que con el tiempo se acabaría convirtiendo en una obra mítica y de referencia y con mucho éxito. Castañuela 70 parece que no se pasa nunca de moda. Ahora mismo está en un proceso de revival y es que fue una obra muy divertida, rompedora, iconoclasta y graciosa que se ha vuelto a interpretar en muchas otras ocasiones, de la que se ha escrito un libro o sobre la que se ha realizado un documental, precisamente, por la hija de Margallo, que ha llegado a ganar un Goya. Para mí, desde luego, fue un honor trabajar en ella. Fue una época muy bonita. El problema es que cuando Tábano comenzó a girar por toda España, tuve que abandonar la compañía porque con 19 años mis prácticas periodísticas me imponían quedarme en Madrid. De todas maneras, no abandoné el teatro independiente, porque esta experiencia me gustó mucho. Por ejemplo, estuve con Canon, que era otro grupo rompedor y muy gracioso que hacía un tipo de teatro minimalista con sopranos y todo tipo de experimentaciones. Fueron casi cinco años en total los que estuve involucrada en el teatro y lo hice, como te digo, porque era una actividad muy divertida y contracultural y donde podía relacionarme con todo un conglomerado de personas sin prejuicios. Para mí, era como una bocanada de aire fresco hacer teatro. ECP: ¿Y tu sólo interpretabas? RM: Sí. Pero era una actriz horrible, horrible aunque, eso sí, muy entusiasta. ECP: ¿Cómo fue tu relación con Paco Umbral en Boccacio y cuál es tu opinión sobre él? RM:
Bueno, yo he colaborado con Paco Umbral en un montón de sitios,
de revistas distintas. Cuando yo estudiaba en la facultad, a mi clase
iba Pilar Cernuda, que era muy amiga mía y a través de ella
y la revista Cover conocí, entre otros, a Manu Leguineche
y también a Umbral. Umbral sí que era ya bastante famoso
y le ofrecían tantos trabajos que había veces que no podía
ocuparse de todos y gracias a su cordialidad y generosidad, se me ofrecieron
una serie de reportajes en los que pude realizarme como ECP: Por cierto, cuando escribías en Fotogramas, ¿conociste a Terenci Moix? ¿Qué me puedes decir de él? RM: Claro. Por supuesto. Terenci Moix era un encanto de persona. Una de las cosas fantásticas de Terenci es que todo el mundo le quería. Si te das cuenta, realmente, hay muy poca gente a la que todo el mundo quiera. Era una persona muy cariñosa, estupenda y muy buena persona que, por desgracia, de alguna manera, eligió matarse porque no fue capaz o no quiso dejar el tabaco. ECP: Tal vez te lo habrán preguntado muchas veces, pero ¿en quién te basaste para el retrato de Félix en La hija del caníbal? Creo que tu padre era torero y algo tendrá que ver. Pero la trama anarquista, ¿de dónde procede? Noté algún punto de contacto de esta novela tuya con El embrujo de Shangay de Juan Marsé. ¿Estas de acuerdo? RM: Sí. Mi padre fue torero y el pasado taurino que cuenta Félix en la novela es el de mi padre. Todas las historias de toros que cuenta Félix como aquella en la que el personaje va de aprendiz de torero por diversas plazas de España, matan a un torero, él debe salir a matar al toro y las mujeres le agarraban para que no salieran porque era un niño, son historias reales que le sucedieron a mi padre. Esto, por ejemplo, le ocurrió cuando tenía 14 años. Sin embargo, el resto del personaje no tiene nada que ver con mi padre. Incrusté la trama anarquista porque me pareció muy interesante y porque yo, puede que románticamente, siempre me he sentido mucho más cerca de la conciencia anarquista que de cualquier otra ideología. La crítica al poder realizada por el anarquismo me parece que sigue siendo muy válida, así como el énfasis en la educación o el criterio individualista, la necesidad de que cada uno deba convertirse en dueño, señor y juez de sus propios valores. Esta mezcla entre el compromiso social y el criterio individual me parece muy moderna, me interesa mucho y me parece mucho más acertada que la del comunismo socialista (…) En cuanto a lo que dices sobre El embrujo de Shangay esto no es exactamente así, porque mi novela es anterior a la de Marsé. Lo que sucede es que yo, como varias generaciones de novelistas españoles, somos hijos de la maestría narrativa de Juan Marsé. O sea que si me dices que encuentras rastros marsianos en mi novela, esto no sólo es un halago, sino que no me extraña nada porque, sin duda, él ha sido el gran maestro de la narrativa contemporánea en España.
RM: Bueno, yo creo que no tengo nada que ver con ella. Me siento mucho más cerca temperamentalmente de Félix que de Lucía. A las personas se las puede dividir de muchas maneras y una de ellas es entre aquellas que eligen equivocarse por acción y aquellas que eligen hacerlo por omisión. Yo he sido siempre de las que eligen equivocarse por acción como Félix y, sin embargo, Lucía es una personalidad pasiva, que apenas tiene amigos ni vida social y este es uno de los puntos esenciales de la vida para mí. No sé. Lucía es lejana, muy lejana en muchos sentidos a mí. ECP: Por cierto, en este libro hablas de un libro de Koestler, El abrazo del sapo, que trata sobre un biólogo vienés, Paul Kammerer, quien dijo que las coincidencias no existían, sino que se debían a una ley del Universo aún no descubierta. Según él, los hechos tienden a ordenarse por tandas de semejanza, por series homogéneas, dado que en el Universo hay pulsión ciega hacia la armonía y la unidad. ¿Qué opinas de esto? ¿Y su suicidio? ¿Sabes por qué lo hizo? RM:
Él era un filósofo lamarquista. Estaba a favor de las leyes
de Lamarque cuando todavía la sociedad científica creía
en ellas en contra de las de Darwin. En los años 20, sin embargo,
todavía se creía en Lamarque y Kammerer intentaba demostrar
estas teorías. Para Lamarque, los organismos vivos se adaptan al
medio y además pueden transmitir esas adaptaciones genéticamente
a sus hijos. Pero para Darwin los organismos no se adaptan, sino que hay
mutaciones fijas absurdas y que si una de esas mutaciones resulta favorable
al medio, son los hijos producidos por la misma los que sobreviven. Para
Darwin estas mutaciones eran totalmente fruto del azar y además
no se podían transmitir genéticamente. (…) Kammerer
hizo unos experimentos con unos sapos que demostraban supuestamente las
tesis de Lamarque, pero luego se descubrió que había alterado
el experimento. No se sabía si lo había alterado él
o no, pero se dijo que había sido un fraude, que había puesto
tinta china a los sapos, etc. Y cuando esta noticia se divulgó
se suicidó dejando una nota en la que decía que era inocente
(…) Por cierto, Koetstler se suicidó también matando
antes a su mujer. Koetsler era un escritor magnífico y que tiene
una biografía sensacional cuyo primer volumen es maravilloso. Él
llegó a vivir hasta los 80 años y estaba casado con una
mujer mucho más joven que él —debía tener 50
o 60 años— y organizó un suicidio conjunto de ECP: Sí. Una casualidad más, si es que estas existen, que revierte sobre las tesis de Kammerer. Realmente, muy curioso. RM: La verdad es que las casualidades a los seres humanos nos turban mucho y queremos y necesitamos creer que hay un sentido detrás de las mismas, porque es muy amargo pensar que vivimos en un mundo que no tiene ningún sentido. ECP: Precisamente, hablando de la unión casual o no de la que hablaba Kammerer, me llama la atención que en tus libros todos los personajes están cargados de una amplia ambigüedad que no les libra de su necesidad de buscar la unificación que, en muchos casos, sólo la consiguen gracias al amor. RM: El amor es una de las vías de comunicación y de trascendencia más importantes que hay en el ser humano, pero de todas maneras no es el tema que más me interesa. Me interesan mucho más, por ejemplo, el tema de la identidad, la memoria o el poder. Me fascina investigar cómo el poder es capaz de doblegar a los individuos y tengo varios libros como Temblor sobre este tema o, mismamente, este último, Historia del rey trasparente. El amor es un tema que me interesa, pero entre los seis o siete grandes temas que existen, a lo mejor está el cuarto o el quinto. ECP: No, claro. Si yo te lo decía por el tema de las casualidades, porque es como si el amor fuera la casualidad máxima. RM: Bueno, yo no creo que el amor sea la casualidad máxima. Yo creo que el amor también te lo inventas. Te pongo un ejemplo: imagina el pueblo más pequeño y perdido en el mundo, un pueblo que estuviera situado en un extremo de Australia y donde en 400 kilómetros a la redonda no hay más seres humanos que un chico y una chica de 18 a 20 años… Pues está claro que estos dos chicos seguramente se van a enamorar porque no tienen más remedio. No hay otras personas. Por eso, pienso que aunque creemos que el amor es casualidad, en realidad, es todo lo contrario a la casualidad. Es el deseo de enamorarte lo que te lleva a enamorarte y, además, del primero o la primera que aparece. ECP: La verdad es que es muy interesante todo lo que apuntas. Creo que me has convencido. Sin dejar este tema, ¿continúas pensando, como Platón, que amar es dar lo que no se tiene a quien no es? RM: Sí, claro. Es una frase increíble y que además es verdad. Uno se convierte en otra persona, hace todo lo posible cuando se enamora por parecer diferente y convertirte en “otro” y luego además le das toda esa especie de baile o cortejo de pavo real a alguien que no es la persona que tú crees, porque como acabamos de decir, te la inventas. O sea, que das lo que no tienes a quien no es.
RM: Bueno, no recuerdo ya, porque hace mucho tiempo que escribí el libro sobre las pasiones amorosas. Lo contaba en el final del ensayo que le dedicaba a Larra. Pero fíjate que luego me he enterado también de otros asuntos. Hace poco me han referido algo muy estrambótico sobre la hija de Larra. No te puedo decir ahora mismo, porque no recuerdo bien, pero lo tengo en mis apuntes y pronto lo contaré. Ella también vivió una historia muy traumática. ECP: Pasando a otro tema. En tu libro Estampas bostonianas apuntabas detalles verdaderamente incisivos sobre Norteamérica ¿Cuál es tu opinión actual sobre este país y en qué medida se ha modificado respecto al libro? RM: La verdad es que creo que cada vez nos parecemos más a Estados Unidos. Estados Unidos es la actual Roma, es la capital del imperio mundial y, desde ese punto de vista, es muy interesante. Tiene aspectos buenos y otros muy malos. Entre los aspectos malos, te diría que es una sociedad muy vengativa. Por esto, se explica la persistencia de la pena de muerte. Nosotros, sin embargo, somos mucho más orientales y católicos en ese sentido, teniendo en cuenta que somos copartícipes de la idea de la posibilidad de la regeneración y podemos ser perdonados en el último momento, lo que configura y construye una sociedad mucho más humana, en mi opinión. Al contrario, los norteamericanos son muy, muy vengativos y no si cometes un paso en falso o te equivocas en una cuestión grave, te crucifican. Esto es lo que menos me gusta de esta sociedad. Sin embargo, las partes buenas de este país son enormes. Ojalá tuviéramos la meritocracia que tienen ellos. Allí todo el sistema ayuda a una persona cuando tiene una idea y, desde luego, no tienen ni el amiguismo ni el nepotismo que tenemos nosotros. Han conseguido logros sociales muy importantes. ECP: Siguiendo con los viajes, ¿cuál es el país que más te ha marcado? RM: Depende de para qué, pero si me dices para vivir te respondería que Canadá. Canadá me parece un país maravilloso y no dudaría en vivir en el Oeste, en Vancouver. Es un lugar con una vegetación preciosa y donde se combinan de una manera maravillosa Nuevo Mundo y tradición europea (…) Te diría también que yo soy muy anglófila y que viviría en Londres si no fuera tan caro. Me gusta muchísimo el norte de Escocia. Adoro el norte. Me gustan las montañas, la bruma, el frío…
RM: Sí, sí, en ese sentido, se puede decir que sí. Soy muy romántica. Por ejemplo, el norte de Irlanda también me gusta mucho. Me gustan el frío, los bosques y las montañas. ECP: En el libro que hiciste sobre historias de mujeres, me interesó mucho la visión que dabas de Agatha Christie, a la cual, por cierto, cada vez se lee menos. RM: Sí. Sus libros cada vez se leen menos y con razón además, porque yo creo que es una escritora muy menor. Es una de las primeras escritoras que entiende el best-seller como un género literario. Todos los escritores de best-sellers siguen unas pautas y en esto consiste este género: escribir siempre la misma historia. Todos los escritores de best-sellers escriben siempre la misma historia y esto es lo que busca su lector. Cuando alguien compra un best-seller quiere saber exactamente lo que le están contando y no quiere sorpresas de ningún tipo. Ella era muy habilidosa, pero también muy superficial. ECP: Y además, en sus novelas intentaba huir del caos que era su vida. Todo ese raciocinio tan cuidado y meditado de sus libros responde a su necesidad de huir de lo caótico. RM: Sí. Es algo habitual. Suele suceder. ECP: Y toda la historia que contabas de Laura Riding con el ocultismo era también impresionante, ¿no crees? RM: Ah, bueno, esa sí que es fascinante. ¡Menudo personaje! Su historia es tremenda. Yo creo que era mujer mala, mala, mala y cada vez que repaso su vida se me ponen los pelos de punta. ECP: ¿Cuál de todas estas historias de mujeres te llegó más al alma o con cuál te llegaste a sentir más identificada? RM: Realmente, me llegaron todas al alma, porque, por ejemplo, aunque Laura Riding me pareciera una mujer tremendamente perversa, su historia era fascinante y me conmovió sólo de imaginar que pudiera existir una persona así. De todas maneras, de la mujer de la que me sentí más cercana y cuya vida me pareció más interesante fue George Sand.
RM: Bufff… Otra historia en la que se te ponían los pelos de punta. Está bien que me apuntes el tema de esta historia, porque el año pasado El País me pidió para la serie Malos de la historia una relectura de esta infernal relación. Así, escribí por completo de nuevo la historia, porque ha aparecido nuevo material sobre ella y, desde luego, es espeluznante, es mucho peor todavía de lo que ya había escrito en el libro Mujeres. ECP: Decías en una entrevista que tu libro más conseguido era, tal vez, La loca de la casa y yo estoy de acuerdo. Este libro me gustó bastante. En él hablabas, por ejemplo, de la locura de ponerse a escribir. ¿Cuál crees que es el misterio que lleva a una persona a escribir? RM: Es una necesidad. Siempre he dicho que soy una escritora orgánica, pues llevo escribiendo desde los cinco años, lo que, por otra parte, es habitual en muchos escritores que hemos empezado a escribir de niños. Para mí, escribir es como respirar, comer o beber agua. He llegado a la conclusión de que uno se dedica a escribir porque no puede vivir sin escribir. Es una necesidad básica: la sensación de que si no escribes no puedes llegar a soportar la vida. ECP: Además, tú en el libro lo expresas muy bien. La sensación de vacío y el misterio que produce escribir unos signos que acaso no lleguen a ninguna parte y que se queden en un rincón vacío, la búsqueda de otra persona que no sabes si leerá lo escrito. RM: Sí. El problema es cuando estos signos no llegan al receptor. Entonces sí que puedes llegar a pasarlo mal, muy mal. Puedes llegar a ir al psiquiátrico directamente. ECP: En este libro hablabas también del episodio de tu hermana desaparecida como una historia ejemplar de lo que puede llegar a hacer que una persona escriba. RM: Bueno, yo no tengo ninguna hermana. Esa historia era ficción. ECP: Anda, pues fíjate que yo me creí esta historia. RM: No. La loca de la casa es un libro de ficción y que está lleno de trucos y de trampas.
RM: Ninguna de ellas. Estas eran claves para que el lector se diera cuenta de que estaba leyendo un libro de ficción. Con los amantes cambiaba todos sus ragos. A veces eran altos y yo los transformaba en bajos, otras tenían los ojos verdes y yo les ponía los ojos azules, otras habían tenido un gran éxito y yo los retrataba como fracasados, etc. Todas estas historias formaban parte del juego de la imaginación, que es de lo que trata La loca de la casa. ECP: En este libro también hablabas de los escritores fracasados, muy en la línea de lo que hizo Vila-Matas en Baterbly y compañía. Háblame un poco de Robert Walser, al que le dedicas unas páginas. RM: Bueno, veo que tenemos aficiones comunes. Este libro es cercano al de Vila-Matas en cuanto es un libro raro e inclasificable, pero fíjate que siempre se nombra últimamente a Vila-Matas y antes de este libro hay algunos otros como El cuento de nunca acabar de Carmen Martín Gaite que transitan esta misma dirección. Hay muchos y hasta se puede decir que hay toda una tradición de libros híbridos. (…) Respecto a Robert Walser se ha visto beneficiado por el rescate que el editor Unsfeld hizo de sus libros. Él los sacó a la luz una vez que Walser había pasado por el psiquiátrico y había muerto. A partir de ahí, hubo un cierto revival de Walser, pero ahora es más bien una referencia académica. De hecho, no creo que haya en la actualidad libros suyos que se puedan comprar. Era un escritor muy interesante. Sobre todo destacaría la novela Los hermanos Tanner. De todas maneras, no es un escritor maravilloso. Era muy frío y muy desencajado y se veía que tenía muchos problemas con la realidad. Pero, en cualquier caso, era un escritor muy interesante. ECP: Y en este libro no hablas en ningún momento de Fitzgerald, que también fue un escritor que tuvo problemas con la recepción de sus libros, el éxito, etc. RM: No. No hablo de él. Lo cierto es que podía haber hecho —y creo que esto falta en el libro— un capítulo sobre los escritores devorados por su relación con el alcohol, que hay muchos: Faulkner, Lowry, Hemingway, etc. ECP: Últimamente recomendabas La chica de seda artificial de Irmgard Keun. Háblame un poco de este libro y de otros libros que hayas leído últimamente del ámbito de la literatura hispanoamericana. ¿Estás interesada en algún autor o libro en concreto? RM: Keun escribió este libro cuando tenía 21 años y es absoluta dinamita. Cuenta de una manera espeluznante, espectacular y conmovedora lo que era la República de Weimar y el período de entreguerras alemán con una crudeza e ironía increíbles (…) Y en cuanto a los autores hispanoamericanos, hay muchos que me gustan. Te recomendaría ahora mismo a la cubana Maira Montero, que no tiene mucho que ver conmigo, pero que es estupenda. Me interesan también mucho Jorge Volpi, aunque no he tenido la oportunidad de leer su último libro, y Guillermo Martínez. ECP: ¿Cómo te resultó entrevistar a Lou Reed o Prince? RM: Bueno. Fue un delirio. Son gente con mucho talento, pero que están como maracas. Se podría decir que están en el otro lado de la realidad.
RM: A mí me gusta mucho la historia y esta novela nació en parte porque durante una temporada sentí una pasión lectora muy grande por libros de historia medievalistas. Lo que ocurre es que cito estos libros en concreto, como otros, porque tengo una deuda con ellos. De hecho, muchos pequeños detalles de los mismos se los debo a ellos. Por ejemplo, la historia de las dos familias de nobles que estuvieron luchando durante más de cien años está basada en la realidad y está recogido en el libro de Le Goff, que es maravilloso y altamente recomendable (…) Y el libro de Tuchman es un libro fabuloso. Es un libro del siglo XIV que fue el de la gran peste bubónica. Es un libro ensayístico, pero en él, la escritora sigue todo el recorrido de un personaje de la nobleza francesa. El planteamiento de Tuchman es muy original, porque siguiendo los rastros biográficos de este caballero, finalmente, llega a contar y darnos una perspectiva rigurosa de todo el siglo XIV. Además, aprovecha para contar cómo fue el siglo XIII, lo que ha cambiado con el tiempo, lo que fue innovación de este siglo, lo que procedía de la antigüedad, etc. ECP: ¿Y te influyó alguna película a la hora de realizar el libro? ¿Lancelot du lac, Excalibur? RM: No, no. Para nada. ECP: Como tampoco ningún cómic, ¿verdad? RM: No. La verdad es que no. No soy especialmente fan de ningún tipo de cómic. ECP: ¿Y Blade Runner? RM: Bueno, es que Blade Runner es una película sensacional y además, en el comienzo de este libro, hay un homenaje abierto a la película, al replicante. Los primeros versos son un refrito de la más famosa frase de la película de Scott. ECP: ¿Y cómo surgió la idea de este último libro? RM:
Fue un proceso realmente mágico, como la mayoría de novelas
que he escrito. Las novelas son como los sueños de la humanidad,
son historias que aparecen y se encienden dentro de tu cabeza de la misma
manera que se encienden los sueños por la noche. Uno no puede escoger
los sueños que sueña, como tampoco puede elegir las novelas
que escribe. Uno es elegido por ellos. Te diría que yo jamás
decidí realizar una novela sobre el siglo XII. No fue una decisión
meditada y consciente. Apareció en mí una imagen que fue
el origen de esta novela. Fue una imagen en la que, de repente, observé
a unos campesinos labrando sin ayuda de animales una tierra muy seca y
difícil de labrar en un día asfixiante de calor y en el
campo de al lado vi a una serie de hombres con armas de hierros sin cesar
de herirse y ECP: ¿Me puedes contar alguna anécdota curiosa que te sucediera mientras estabas escribiendo el libro? RM: Sí. Mira. No sé si recuerdas, pero hay una escena en que la protagonista entra por la noche en el campo de batalla y le roba la armadura a un personaje. Bueno, pues yo llevaba ya un año y medio tomando notas cuando me puse a escribir la novela. Estaba escribiendo ese capítulo y estaba bastante emocionada con el proceso de la escritura. Así, estaba describiendo todas y cada una de las partes que la protagonista quitaba de la armadura del guerrero cuando, de repente, a la hora de tener que narrar cómo le sustraía esa especie de verdugo que llevaban los guerreros en el siglo XII, que era un verdugo de malla con el que se protegían la cabeza, me quedé totalmente parada, porque me di cuenta que no sabía exactamente cómo se llamaba esa pieza. Es cierto que podía haber dejado en blanco esta palabra y haber continuado escribiendo, pero como cuando uno escribe se encuentra tan inmerso en el proceso de ficción, se identifica tanto con el personaje, pues me quedé paralizada, no podía seguir escribiendo. Yo siempre digo que escribir es la autorización de la esquizofrenia y este es un caso ejemplar: si la protagonista no conocía esa palabra exacta yo no podía tampoco continuar escribiendo el libro. Desesperadamente me pregunté cómo podía escribir el nombre de esta pieza de la armadura. Así, comencé a caminar una y otra vez desesperada por mi casa, porque no era igual una armadura en el siglo XII o en el siglo XIII y me encontraba paralizada (…) Como me gusta mucho la historia, llevo años suscrita a dos revistas de historia, La aventura de la historia e Historia 16 y tenía la vaga idea de que en algún número pasado había leído un reportaje sobre las armaduras, pero como soy muy caótica y un auténtico desastre tengo mi casa muy desordenada y las revistas están debajo de la cama, en la cama, en el cuarto de baño, en cualquier sitio, por lo que encontrarlo iba a ser muy difícil, además de que tenía que tener la suerte de que en ese número se hablara de esa armadura en concreto. Bueno, pues yo seguía dando vueltas por la casa desesperada y mis pasos me llevaron a mi habitación, donde tenía el último número de La aventura de la historia que había puesto allí para echarle un vistazo en otro momento y, de repente, en mi desesperación, lo abrí e imagina cuál sería mi sorpresa cuando encontré que justo en la que abrí había un reportaje sobre las armaduras del siglo XII y un gráfico de dibujos explicativos sobre las piezas de la cabeza. Desde luego, me sentí conmovida. Es un ejemplo de la magia de la escritura. ECP: Y otro ejemplo de que, tal vez, Kammerer no estuviera tan equivocado. RM: Sí. Ja, ja. Puede ser. |
VICENTE MOLINA FOIX
VICENTE MOLINA FOIX: La idea me vino a la cabeza hace tres años, a raíz de un texto que inventé, dándole forma epistolar, sobre el trasfondo de dos emigrantes españoles a Suiza en los años 1960. A partir de ahí se me ocurrió la novela, en la que empleé dos años de escritura. ECP: Hablemos de los personajes de la novela. ¿Se puede cambiar la vida individual, marcada por una realidad histórica, superando esta realidad histórica con una vida poética que se consigue a través de la literatura, como sucede en cierto modo a muchos de los personajes de El abrecartas, que practican o aspiran a vivir la vida desde la literatura? VMF: Cualquier vida puede cambiarse en cualquier momento y por cualquier accidente o intervención ajena. Más que la literatura, los factores que mueven y transforman a muchos de los personajes de El abrecartas son las presencias fantasmales (benévolas) que actúan a modo de inspiración, sueño o fantasía.
VMF: Banal, como casi todo lo que escribe este autor. ECP: Tú también desmitificas las utopías del movimiento hippie en este capítulo y en los que le siguen, ¿no? VMF: Más que desmitificación es auto-exposición, puesto que yo mismo podría ser —y quizá fui— cualquiera de esos muchachos (chicos y chicas) de los años 60 que leían a Reich y Marcuse, querían hacer cine de vanguardia y abortaban en Londres. ECP: Hablemos del capítulo titulado ‘Angelico’, la imagen de una Europa democrática, a la que escapan los inmigrantes españoles y los refugiados políticos, frente a una España franquista sin trabajo y sin libertades. Este mito de Europa contrasta con la realidad, una estampa en que el personaje Angelico es explotado en condiciones de esclavitud y marginalidad, una universidad en que el exiliado Ramón sigue sus estudios, etc. ¿Has querido desmitificar el sueño europeo por el que tantos españoles de los 60 entendían “la salida” a Europa como una tabla de salvación de sus problemas vitales: salir para abortar, por ideas políticas o por huir del hambre y de la miseria, como les sucede a Paqui, a Ramón o a Angelico? VMF: Insisto: El abrecartas no es un libro desmitificador, concepto del que normalmente desconfío. Todas las acciones emprendidas por esos personajes que se mencionan en la pregunta surgen de la necesidad, del coraje personal, del rechazo a una España asfixiante y pacata. ECP: En el capítulo titulado ‘A. J. Maenza’ hablas del cine político independiente de finales de los 60. ¿Es cierto cuanto dices del cineasta Maenza, por ejemplo, que se negó a salir en la antología Los nueve novísimos de Castellet o las increíbles relaciones en el mundo del cine con nuestros escritores Vila-Matas o Félix de Azúa?
ECP: ¿Es Maenza un maldito del cine español? VMF: Sí. El más puro. Nunca estrenó, no llegó a montar su película final Hortensia, murió trágicamente en el olvido y la semi-pobreza, y varios de los que le trataron le consideran hoy, cuando ha renacido en mi libro, como un farsante. Para mí no lo era. Tenía genio, un genio loco, desaseado, ladrón y maloliente, que, de haber vivido, le habría llevado a ser el Debord español. Fue el situacionista más auténtico que ha habido en España. ECP: Siguiendo con el capítulo de ‘Maenza’, ¿qué fue en los años 60 el Oulipo, y qué repercusión, si la hubo, tuvo en vosotros, los jóvenes escritores españoles? VMF: Los que queríamos ser modernos cultivamos, naturalmente, como otros ismos, el oulipismo, aunque más en privado que en letra impresa. Noches enteras en Madrid y Barcelona haciendo retruécanos, apropiaciones lingüísticas y “cadáveres exquisitos” surrealistas. Algunos los conservo. ECP: Volvamos a ‘Reich’. ¿Las teorías del psiquiatra Reich —discípulo de Freud— sobre la sexualidad marcaron a las generaciones españolas progresistas de los 60 tanto como se puede suponer de las historias que reflejas en este capítulo? VMF: No soy sociólogo, pero en mi entorno amistoso sí fue marcante, sobre todo entre las chicas, lo cual es lógico, pues pocos han tratado el orgasmo femenino con la agudeza política de Reich. ECP: Los personajes de la novela están permanentemente viajando, sin rumbo, sin meta (España, Europa, Marruecos, América...), viajando por un escenario político cambiante, viajando por una memoria histórica que se convierte en realidad recordada con un tono hierático y decadente. ¿Es esa la sustancia que alimenta las vidas de los personajes, y por eso es una novela formada por una suma de cartas, organizada en capítulos que se suceden linealmente desde los años 20 hasta hoy? Es decir, ¿la carta es la estructura que mantiene a la novela, con unos personajes que no hablan sino que se escriben? ¿Es la carta un símbolo de la soledad vital de los personajes, de la vida prisionera? ¿Es la carta en esta novela el vehículo ideal, expresión máxima de lo íntimo, de lo que no se puede decir pero sí escribir? VMF: Me temo que la única respuesta a pregunta tan extensa y comprehensiva es ‘sí’.
VMF: No todo lo que revela es verdad. Fonseca es un siniestro ‘malo’ algo artista, y eso le redime en parte. También ama, aunque hasta en ese campo pasional se muestre como un falsificador y un canalla. Yo no le condeno, aunque dejo expuestas sus bajezas (algunas dotadas de cierta nobleza) ante el lector. ECP: Por un lado están las vidas de Alfonso, Rafael Sinahua, Manuel Riera, etc, personajes más o menos de izquierdas de los años 20-30. Por otro lado, Begoña, Ramón, Paqui…, personajes de la izquierda clandestina que nace en los 60 a la sombra de mayo del 68. Los primeros son más o menos maltratados por la vida, nunca tuvieron un reconocimiento por el que se sintieron satisfechos; los segundos terminan en el poder, con cierto reconocimiento y prestigio. ¿Qué lectura crítica pretendes trazar con esta distinción que podría traducirse de la lectura de la novela? VMF: No me gusta la literatura maniquea, y espero no haberla hecho con El abrecartas, al contrario de lo que hacen otros novelistas —una de ellas de mucho éxito— en sus novelas recientes de fondo histórico contemporáneo. ECP: La complejidad de El abrecartas presenta otras muchas posibilidades de lectura. ¿El destino de estos personajes anclados en el tiempo de la historia de España no puede ser controlado por el autor? VMF:
El autor literario que a mí me gusta —y por tanto trato de
ser— es aquel que no controla el destino de sus personajes, sino
que se deja llevar por la justicia poética del texto que escribe.
Aun cuando a ratos le queda injusta. |
ALFONSO LEGAZ
Carmen Botello
ALFONSO LEGAZ: En principio la idea nace como ejercicio de estilo, un entrenamiento. A finales de 2001 concluyo una novela en la que había trabajado en una de sus partes, una fotografía, utilizando el método crítico-paranoico de Dalí. Mi siguiente proyecto iba a centrarse sobre todo en las posibilidades de la fotografía como campo abierto y sin restricciones a la literatura. El proyecto, formalmente, resultaba muy ambicioso, por lo que decido, antes de afrontarlo, desarrollarme literariamente en relación a la fotografía. Lo que comienza así, con el paso de los meses se impone en forma de relato, lo cual me obliga a continuar hasta el final. Sólo una premisa: no se trata de avecinar foto y texto, o dedicar un texto a cada fotografía. Es más avanzar por la línea abierta y no continuada de la Nadja de André Breton, es decir, la fotografía parte activa del argumento, estructura narrativa. ECP: ¿Cuándo empezó a sentir que se fraguaba un personaje? ¿En qué momento de su indagación personal surge Andaluz? AL: El interés por crear un personaje como Andaluz, surge de la necesidad de hacer coincidir en un personaje varias cuestiones: primero, el fracaso que subyace, respecto de las conclusiones, de toda observación biográfica; segundo, lo clandestino de la vivencia emocional; y tercero, verificar la mirada que sobre el rastro vital propio se tiene, y esto último en ambas direcciones. Es decir, lo interesante es revisar esa osmosis, de un lado el impacto que supone la peripecia individual en el discurso histórico, del otro el impacto que ese discurso histórico colectivo tiene en el individuo que lo vive. Y rastrear una sospecha: el dominio que ejerce el principio de incertidumbre sobre toda observación. El personaje surge a finales de 2002, justo tras decidir que el texto va a desarrollarse en segunda persona. ECP: ¿Por qué cree que se despertó ese interés de aunar historia y ficción? AL: España vive asustada frente a su historia moderna, por tanto, la huye. Todo se inicia y concluye en un documental televisivo en horas de baja audiencia. Suena a frase hecha, pero España no va a encontrar un punto de partida como sociedad mientras no sepa quién. Así se ha convertido en una sociedad infantil, sin trayectoria, que ha decidido seguir siendo conducida por los tránsfugas del franquismo. La necesidad de dar testimonio en la tercera generación tras la guerra, de la que yo formo parte, es el cliché al que se conoce hoy como Boom de la Memoria, y personalmente creo que es la respuesta social-individual frente al silenciamiento de las instituciones, es decir, ante el silencio la historia es contada por cada uno. No queda otra cosa. Elegí primero a Capa, pero descubrí que el Partido Popular prologaba sus colecciones fotográficas. Me pareció repulsivo. Recordé a su novia, fotógrafa con él, muriendo aquí en España durante la guerra. Capa resulta hoy inevitable para los continuadores de Franco, es ya un patrimonio internacional, editar sus fotografías rellena expediente, resulta políticamente correcto, pero en España ha perdido mensaje. Sin embargo, los fotógrafos españoles están silenciados por lo que queda del régimen franquista y por cierto colaboracionismo razonado. Renuncié. Descubrí a Centelles, perseguido, juzgado, castigado por defender la democracia, y de una calidad insuperable. Odiseos, quise hacerlos míticos a los dos, al Andaluz porque quizá lo llevaba dentro desde siempre.
AL: Hispanistas como Gabriel Jackson o Paul Preston han señalado recientemente que España aún no puede incluir libros de texto en los institutos que muestren el periodo comprendido entre 1931 y 1975. Somos un fenómeno internacional. Unos freakies. Existen declaraciones de Franco en las que dice haber realizado una limpieza en España para más de cien años. Tal vez no exageraba. La memoria histórica es hoy una bestia de dos cabezas: la institucional y la otra. Lo que queda de la izquierda, asustada de actuar, agarrotada por su supervivencia representativa, no ha desarrollado acciones más allá de quitar unas estatuas, o redactar una temerosa ley sobre la memoria histórica que ya ha denunciado Amnistía Internacional. Los continuadores de Franco campan por sus fueros, falangistas como Aznar dirigen España, ministros franquistas continúan en el poder, controlan canales de televisión públicos, o engorda entre los jueces esa sospechosa voluntad por castigar dictadores de otras latitudes, de exigir responsabilidades por crímenes contra la humanidad perpetrados en Chile, cuando aquí se silencia en un gran cohecho institucional que sólo entre 1939 y 1953 el genocidio en las cárceles españolas alcanza los 200.000 muertos. ¿Se puede estudiar esta verdad en un aula? Si no hay memoria institucional, será particular, individual, pero debe ser. Esto es Andaluz. ECP: ¿Qué papel juega lo onírico en el relato? AL: Lo onírico juega a ser funcionario del relato. Se pierde el sueño, si no por causas orgánicas, por motivos inasibles. Es difícil imaginar un relato de fantasmas a pleno día. Y el personaje de el Andaluz no va a ser una excepción. Por otro lado, lo que tenemos no es mucho, como en la vida de cada uno, para analizar, autoanalizar, lo que nos ocurre: una falta de sueño, un puñado de recuerdos, tal vez un par de neurosis que nos apandillan, el juicio que los demás hacen de nosotros, y sobre todo fotos, muchas fotos. El insomnio es una característica de los adultos humanos, y en el agotamiento nocturno del estar despierto, la vigilia a veces adopta formas en arabesco. Se cultiva una percepción de realidad que finaliza al alba. Andaluz reclama para sí lo mismo que reclaman muchas fotografías de Centelles, la condición humana y lo alucinatorio. ECP: ¿Existe un orden simbólico de fotos y texto? AL:
La secuencia de las fotografías no busca el símbolo, es
más bien el resultado de una provocación hacia mí.
Ya he señalado anteriormente que he aplicado el método crítico-paranoico,
más o menos, como lo utilizaba Dalí para pintar. Durante
la selección las ordené en cuatro escenas: Civiles, Lucha
y guerra, Destrucción y miserias, Milicianos y algaradas. Y así
quedaron. Las dividí en grupos porque encontré que el objeto
retratado, los encuadres seleccionados por Centelles, siempre inducían
una dramaturgia, y ésta variaba según el tema. Quise iniciar
con retratos de seres humanos y acabar con ellos. La mirada de estos últimos
se enriquecía respecto de los primeros. Igual iba cambiar su tratamiento
en Andaluz con el discurso de la obra. Existen variaciones cronológicas
de las fotografías en alguno de los bloques sólo por introducir
algo de caos. Eliminé cualquier control individual sobre las fotografías.
Mi idea era tratar de conseguir algo de “aquello”, y que quedase
en la obra. Resultaba así más que un orden un desorden.
Cuando llevaba una cuarta parte escritas, me di cuenta que el orden azaroso
estaba provocando una lógica de sucesos en el relato, en la progresión
del libro ya actuaba un azar interno y no mío. Esto me pareció
ECP: ¿Qué función tienen las partes del libro? AL: El libro tiene tres partes. En la primera sólo existe la subjetividad del monólogo del hombre que se dirige al Andaluz. Es la más extensa, la memoria individual se muestra en paquetes, de ahí el espacio en blanco entre fotos, algo definitivo. No es una memoria que busca nada que no sea el mero recuerdo. En la segunda parte se introduce un narrador deficiente, que soporta los apagones de luz a oscuras indagando, elucubrando una hipótesis de lo que ya no puede ver. Siempre en la habitación o cámara donde se desarrolla la historia. El narrador queda reducido, por voluntad ajena, al sonido de la voz, está ciego. Es el intento de la historia. La tercera ya ha recuperado la primacía de la subjetividad, quizá estigmatizada, eso sí, por la derrota de la historia, es ya una voz que se sabe sin cronista. El iniciámbulo, una trampa formal en la que aún conviven como en un génesis la voz del hombre y la pugna objetiva, sirve como ritual de inicio a la estructura de misterio de cámara, en el que unos seres se inician en ciertos ritos practicados en presencia de personas preparadas y de forma gradual, quedando por preparados todos los seres que aparecen en la obra menos la niña, y por determinar quién son los que se inician, quizá el lector si consigue penetrar el misterio. En realidad, lo que conmueve en la fotos de Centelles, es el retrato del misterio. ECP: ¿Por qué ese estilo de subordinadas sin apenas punto y aparte? AL:
La segunda persona siempre muta, deriva tanto hacia la primera como hacia
la tercera. Es noche de insomnio, es intrascendente descubrir si verdaderamente
el hombre ha recibido la visita de un fantasma o recuerda, monologa interiormente,
tal vez con una oralidad tan poco pertrechada de ruido que no
podemos asegurar que no nos la ofrezca él mismo al adivinarnos.
En cualquier caso, la búsqueda de memoria, siempre, sobre todo
desde Proust, resulta un fraseo que busca en sí. La coma siempre
se hermana más con la respiración del que ignora, que el
punto. Ocurrencia de autor. |
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ÉLMER MENDOZA
Elena Méndez
ÉLMER MENDOZA: No tengo un interés especial. Está allí, la mitad de la gente lo admira, ¿por qué? La otra mitad, ¿por qué lo detesta? Me importa el claroscuro que significa en la sociedad. Creo que es un valuador de la conciencia. Rechazar o aceptar da una pauta, porque la sociedad también se determina por los crímenes que se cometen en su seno.
ÉM: Por el alto contenido épico del género. Creo que es un género en que encaja muy bien un espía irónico, juguetón y con alto sentido de la lealtad. Y porque me dio un excelente pretexto para viajar por varios países donde la novela transcurrió o debía transcurrir. ECP: ¿Quiénes le parecen los mejores exponentes contemporáneos de novela negra? ÉM: Rubem Fonseca, Henning Mankell, Batya Gur, Paco Taibo II, Michael Connelly, John Connolly, James Elroy, Jean Echenoz, Marco Vichi. ECP: ¿En que radicaría la enorme influencia de Juan Rulfo (8) en los narradores norteños, empezando por usted, quien le rinde homenaje en Cóbraselo caro? ÉM: Primero en que se casó con una mujer bellísima, segundo en que no temió innovar, sin importarle el mercado, los criterios de algunos en su contra y la mezquindad típica, y tercero su gusto por el silencio. ECP: ¿Se considera parte de la llamada 'Narrativa del Norte' (9)? En tal caso, ¿qué tendría en común su obra con la del resto de autores incluidos en ella? ÉM: Claro, somos del norte. ¿En común? Que tras ellas hay un gran esfuerzo y una apuesta rigurosa por la calidad. ECP: Notamos cierta relación tanto temática como formal entre su literatura y la de César López Cuadras (10). ¿Qué podría decirnos al respecto? ÉM: Ah, es que fue mi maestro en sexto de primaria, me daba Educación Física y algo se me pegó.
ÉM: ¿En serio? Bueno, el humor nos hará libres y pretendo poner mi parte. ECP: ¿Por qué otorga tanta importancia a la oralidad en sus textos? ÉM: Es la base de la narrativa y como tal exige perfección. Espero que no se refiera a otra cosa. ECP: ¿Qué se necesitaría en México para una efectiva difusión de la lectura? ÉM: Dinero. Un plan con sentido educativo por un lado, y lúdico por el otro. Participación de los que creen en la lectura en un programa de trabajo comunitario de fin de semana. ECP: ¿Qué perspectiva tiene acerca de la literatura sinaloense actual? ÉM: De momento está contribuyendo con cierta calidad a fijar el tipo de sociedad que somos, el lenguaje, la cultura y nuestros sueños de futuro. Espero que tenga más apoyo de los lectores.
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El resto de autores incluidos son: Carlos Monsiváis, Jesús
Blancornelas, Vicente Leñero, Sergio González Rodríguez,
Marco Lara Klahr, Juan José Rodríguez, Héctor de
Mauleón, David Aponte y Mónica Lavín. |
AGUSTÍN FERNÁNDEZ
MALLO
Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) ha provocado uno de los ríos de tinta más singulares de los últimos años en nuestro país. Con un poemario, además, que suele ser algo más que complicado. Su Joan Fontaine Odisea (mi deconstrucción), aparecido en 2005, ha hecho que más de uno se dé cuenta de una vez por todas de que esto es el siglo XXI y que la poesía está en todas partes, si tenemos la fuerza suficiente de mirar las cosas con la óptica y las dioptrías adecuadas. Es licenciado en ciencias Físicas y eso se le nota. Además ha publicado los poemarios Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001) y Crema lateral Travelling (2004). Pero el motivo de esta charla es su novela Nocilla Dream, que ha sido catalogada como la mejor novela española del 2006 por los lectores de una famosa revista literaria. De ella se han dicho muchas cosas, como que mantiene la estética del blog aunque de manera muy inteligente. Lo cierto es que es un libro que no dejará indiferente a nadie, preñado de imágenes tan poéticas como sorprendentes. De todo ello, hemos querido hablar con él. Y éste es el resultado.
AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO: Eso el público lo dirá. En cualquier caso, yo la escribí pensado únicamente en mis impulsos artísticos, no en el mercado. ECP: Estéticamente, ¿qué concomitancias ve entre esta novela y su poemario Joan Fontaine Odisea? AFM: Muchas. De hecho, en el fondo, para mí son la misma cosa. En ambos libros hay una búsqueda de nuevos significados articulados en discursos rotos, apropiacionismos, la cultura pop y las ciencias. ECP: Muerto el sueño americano tal y como un día de posguerra lo inventaron los promotores inmobiliarios de sueños, ¿el único reducto que les queda a los estadounidenses es el ficticio sueño americano de Las Vegas? AFM:
No creo que el sueño americano haya muerto, sólo hay que
verlos y vernos. Los mitos nunca mueren, sólo se transforman. Es
más, cada día aumenta su territorio. Lo bueno de las Vegas
es que representa, paradójicamente, aquello que no se parece a
nada salvo a sí mismo. Eso es importante. Un salto evolutivo. AFM: Bueno, las mafias es de lo que viven, de los universos de ficción que los “buenos ciudadanos” hemos creado acerca de ellas. Todos somos tan mafiosos como el mafioso más declarado, sólo nos hacemos a la fantasía de que no. ECP: ¿Habla más en ésta de la imposibilidad física del amor en la sociedad actual o de la presión psicológica que la propia sociedad conlleva para que esa capacidad de amar no llegue a darse? AFM: Joan Fontaine Odisea son los versos enunciados desde el yo poético, desde una perspectiva casi solipsista. La imposibilidad del amor, entendido como el arquetipo al que intentamos acercarnos, está tan dicho ahí como en Nocilla Dream. Lo que hay en ambas es la idea de que la vida son pequeñas anestesias, treguas, que llenamos con la ilusión de un amor perfecto. En cualquier caso, ninguna habla de la sociedad. El cómo influye la sociedad en nosotros a esos niveles tan básicos es algo que no me interesa. A mí, por lo menos, no me influye en nada. Y creo que quien sienta esa imposibilidad de amar por motivos emanados de la sociedad es que no merece amar.
AFM: No, a mí se me apareció como un símbolo de las redes y de lo complejo. Del triunfo de la verticalidad en un páramo horizontal. También del triunfo del absurdo, única cosa capaz ya hoy de generar arte medianamente inteligente. ECP: En un mundo desértico, mas, al mismo tiempo, babélico, parece que internet es la vía invisible que nos sostiene, que es lo único que nos queda para no morirnos de asco. AFM: Eso es un discurso muy extendido que yo comparto sólo parcialmente. A veces me muero de asco también en la red. Es más, ha llegado un momento en que no diferencio la vida en la red de la vida supuestamente “real”. Es una constatación de que la supuesta realidad es tan ficción como la supuesta ficción. Un aviso a los defensores del “realismo ingenuo”. ECP: Permítanos la comparación: por momentos, Nocilla Dream recuerda a la idea que subyace en la hermosa Babel. La conexión entre personas que viven a miles de kilómetros, que apenas o nada se conocen, no sólo es posible, sino que además es palpable, está viva. ¿Eso es lo hermoso del ente humano actual o lo verdaderamente aterrador, esos pequeños filamentos que nos atan? AFM: Yo creo que esos “pequeños filamentos que nos atan”, como usted les llama, han estado presentes desde que el ser humano está en la tierra. No veo por qué sería más débil una unión a través de YouTube que a través del patio de vecinos. Todas las relaciones, cuando son verdaderamente importantes, son frágiles porque son bellas; un débil hilo siempre a punto de romperse. Las que son difíciles de romper son relaciones más prosaicas como la que te une a un banco a través de una hipoteca. ECP: ¿Cómo surgió Fernando Alfaro como personaje? AFM: Bueno, en primer lugar no es Fernando Alfaro, sino un personaje que se parece en ciertos rasgos a él. Para Fernando Alfaro ya está Fernando Alfaro; él sólo se basta. Tenía una vaga idea de que había trabajado o trabajaba en una gasolinera, cosa que me pareció absolutamente literaria, y de ahí el personaje salió solo. Pensar en un tipo que hace canciones magníficas en una gasolinera de un páramo poco transitado, era perfecto para crear la extrañeza o el desenfoque de un personaje.
AFM:
En mi adolescencia, ninguno. Estaba demasiado ocupado en escuchar a Joy
Divison y en leer a Cioran. Con el tiempo, sin duda me ha obsesionado
mucho más la creación del Borges cuentista, aunque me interesa
más Cortazar como personaje. ECP: ¿Todos los escritores han querido ser Borges alguna vez o Borges ha sido todos los escritores a la vez? Razone su respuesta. AFM: Pues yo creo que las dos cosas. No se puede leer a Borges sin entender que su carácter sublime es inimitable y sin darte cuenta de que quisieras imitarlo toda la vida. Por su parte, Borges, sin escribirla explícitamente, reescribió toda la literatura universal. ECP: Usted es el autor de la fotografía de la portada. En ella hay una referencia a Belle and Sebastian explícita y una posible a las TV Series que en 1978 realizara el fotógrafo Harry Gruyaert ¿Por qué pensó precisamente en ésta? AFM: No reconozco esa influencia implícita en la portada, a Gruyaert lo asocio más a fotografías de paisajes. Lo que sí hay es una estética setentera que vista desde hoy me produce mucha melancolía. En este caso una mujer en ropa interior, quizá una prostituta, mirándose en un espejo de un motel, y dos monitores de TV al fondo, es una imagen que para mí representaba un estado de completa soledad aceptada por esa mujer. Tan aceptada que sigue con su vida como si nada. Y así son los personajes de Nocilla Dream. ECP: Entendida la docuficción como usted la explica en su novela, ¿podría tomarse a Cervantes en su segunda parte del Quijote como un docuficcionador? AFM:
No creo. Más bien el docuficcionador nato sería Avellaneda. AFM: Sí y no. La poesía clásica no puede morir en tanto es clásica; debe de actuar como referente. Dicho esto, también es bastante obvio que la poesía clásica (que habría que definirla) debe actuar también como contrafigura. Lo que no se puede es seguir escribiendo igual que nuestros abuelos, ya que entonces caemos en el manierismo más ridículo, en la imitación por la imitación. Probemos caminos nuevos. Para escribir como ellos siempre estaremos a tiempo. |
JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ
(Lorca,
España, 1973)
Licenciado
en Filología Hispánica. Como narrador es autor de varios
cuentos, algunos merecedores de distintos premios (accésit Francisco
Sánchez Bautista 1995, accésit Murcia Joven 1999 y 2003)
y otros publicados en distintas revistas (Gaudeamus, Universidad
de México) y fanzines (Casa Subterránea, Thader,
Argonauta). Mantiene la bitácora Un mundo flotante. |
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VENTAJAS DE LAS NOVELAS DE AUTOAYUDA
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