A la revista El Coloquio de los Perros no le gustaría dar paso a la lectura del número 21 sin declarar su eterno agradecimiento a las entidades que la auspician: la Universidad del Vacío, la Concejalía de Ficción y el Ayuntamiento de La Nada.
     Defendemos la tradición literaria y, de vez en cuando, por higiene mental, la insultamos y le escupimos a la cara. Admiramos Las Meninas de Velázquez y La Fuente de Duchamp. En nuestro planeta, La Pasión según San Mateo no es más grande que el Never mind the bollocks. No se va a morir nadie si le echamos coca-cola a ese Chivas Regal de cuatrocientos años. Sabemos que la verdad no tiene forma. Sabemos dónde va el amor cuando se acaba. Sabemos que la vida es esta alegría partida por la mitad.
     Escribimos este verano desde la costa, pero cuando la mayoría de los bañistas desaparezcan con el anuncio del otoño, nosotros seguiremos visitando la playa cada día, tomando el sol en diciembre y viendo amaneceres ebrios en bañador con el frío de febrero, las mejillas encendidas y los pies manchados de arena. Amamos el mar todo el año. En el Mediterráneo nacimos y sería un orgullo poder morir cerca de él, aunque estemos hartos de la canción de Serrat.
     Escribimos sobre desiertos y rascacielos. Escribimos entre las alcantarillas de Kingston y los palacios venecianos. Escribimos porque ganamos seguidores y perdemos salud. La cuenta atrás del mundo no se detiene. Escribimos para salvarnos de nosotros mismos.
     Bienvenidos.



Juan de Dios García

 

 

 

 

     BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.     

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)