¿Cuántas veces han matado a la literatura? Unas cuantas desde hace décadas. Tantas como al rock and roll. ¿Pero se ha muerto? Evidentemente no. Y eso que ha tenido asesinos de altura. El último ni más ni menos que Philip Roth, aunque ni siquiera él haya logrado perpetrar ese crimen con éxito. Las que sí tienen éxito son sus novelas, fenómenos mediáticos cada vez que se publica una.
     —Vale, entonces a la literatura no, pero matemos al libro.
     —Reza un dicho en latín que los libros tienen su destino. Pero no lo conoce nadie, podríamos añadir.

 

© Tete García Gómez


     El número veinte es redondo, par, rojo y negro. Y como dirían unos colegas argentinos, cirujanos ellos, El Coloquio de los Perros es una revista negra, drogadicta, judía y homosexual. Somos tripulantes privilegiados de una nave que ha surcado mares tempestuosos e imposibles. Hemos superado la prueba de las sirenas, la del cíclope y la de la diosa Calypso. Siendo un acto de indudable vanidad, me atrevo a declarar que nos estamos convirtiendo en lobos de mar. No muy viejos por ahora, pero lobos sí. Los argonautas de esta singladura tienen, como debe ser, pasaporte universal, aunque hayan sido recogidos desde el Golfo de México al río Urumea, desde Playa Girón a la Costa Brava, desde Cape Cod a Cabo de Gata.
     Hoy, 25 de marzo de 2008, hemos atracado en el mar de Mandarache, un refugio primaveral del sureste español, un mar que ya no existe, es historia, leyenda, ficción. E la nave va.
     Desengáñate, lector. Si quieres, danos la vuelta o ponnos del revés y sacúdenos los bolsillos. Verás que no hay truco. Lo que miras en la pantalla es lo que somos: gente de letras con interés e intención, gente con deseo de crecer y mucho que compartir, gente ¿civilizada?
     Bienvenidos.


Juan de Dios García

 

 

 

 

     BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.     

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)