Si
el verano y el invierno son los climas extremos que marca el año, la
primavera y el otoño son estaciones de transición; nos movilizamos
porque toca volver a empezar, Begin the beguine, Cole Porter, toca
recoger las maletas que han engordado en nuestros viajes y paradas estivales,
y después, es decir, ahora, toca eso de reencontrarse, de cargar pilas,
de ordenar papeles, sacar y meter ropa, suspirar profundamente ante la
ventana
con un té caliente en la mano mientras miras una vez más caer
las hojas de… Ya sé, tópico, tópico y tópico,
pero, ¿qué debería deciros?, el clásico Autumn
leaves se compuso gracias a esa imagen tan saqueada en el arte, tan natural
en la vida.
Como en cada número, lo sabéis,
recogemos las redes que hemos lanzado a las aguas internacionales de la cultura.
Palpitando entre ellas han venido a hacernos compañía durante
unos meses autores ingleses, hondureños, peruanos, franceses y españoles
de Sevilla, de Almería, de Jaén, de Madrid, de San Sebastián,
de Murcia, de Málaga, de Barcelona, de Cartagena, de Cádiz,
de Tarragona, de Vigo, de Granada, de Elche, de Gijón... Esta lista
topográfica es ya habitual en nuestro índice, de modo que tampoco
hace falta explicaros dónde solemos fijar los horizontes de la revista;
simplemente no existen. A nosotros la palabra ‘límite’
nos dice muy poco, lo justo y necesario.
Aparte de velar por el alma del lisérgico
Syd Barrett (que se nos fue definitivamente al otro lado a principios de julio,
y al que dedicamos un artículo-homenaje en la sección La Música
y las Fieras) creo que pocas cosas más he de deciros. Quizás
que últimamente se nos nota cierta debilidad por los poetas brasileños.
Pero es que Brasil, amigos, es grande, muy grande, y no sólo en el
mapamundi. A ver si sus escritores conquistan Europa algún día
—sus futbolistas y sus músicos ya lo han hecho—. Nosotros
ayudaremos lo que haga falta en esa tarea. Hay vida más allá
de Jorge Amado y Vinicius de Moraes.
Una vez más, bienvenidos.
JUAN DE DIOS GARCÍA
BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.
(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)