He leído que en 2007 los españoles, según las últimas estadísticas, nos situamos como tercera industria editorial de la Unión Europea. A la cabeza está Reino Unido, siguiéndole de cerca Alemania y en el tercer puesto del podium se alza España. Hay que prestar atención a un detalle: es la primera vez que adelantamos a Francia en un dato que pertenece al campo cultural. Uno, que siempre ha querido ser francés, se alegra, por primera vez, de que el hermano de Napoleón huyese de nuestro país resoplando y dándonos como caso perdido de analfabetismo a principios del siglo XIX.
     

"Almería profundis"

 

     Aún así, debemos hacer honor a la verdad y declarar que a El Coloquio de los Perros le importa poco o nada la industria editorial. Esta revista apátrida, gracias al medio en que se publica, es (o puede ser) leída en todo el mundo, de manera que no tiene sentido gritar hurras por unos editores que no saben quién es Kafka o creen que Chuck Palahniuk es el último fichaje africano del Villarreal.
     Tampoco vamos a levantar una queja. Simplemente, seguimos nuestro camino subidos a internet, mirando indiferentes la riqueza y el poderío de las nuevas Troyas. Son bellísimas, pero tarde o temprano caerán todas. Está escrito. Lo hizo Homero, que algo sabía de hombres, dioses y destinos.
     Hay lugares a los que sólo la literatura puede llegar. Nosotros ya hemos preparado el equipaje y tenemos reservado el billete de ida. En el cómodo y amplio vagón de Cipión y Berganza hay sitio para mucha gente. ¿Alguien se anima? ¡Maquinista, más carbón!
     Bienvenidos.

 

Juan de Dios García

 

 

 

 

 

     BERGANZA.- Cipión, hermano, óyote hablar y sé que te hablo y no puedo creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los términos de naturaleza.     

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)