ALFONSO GARCÍA-VILLALBA
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(Murcia,
España, 1975)
Ha
escrito artículos sobre urbanismo y reflexionado sobre modalidades
anómalas del arte contemporáneo en revistas especializadas.
Ha recibido algunos premios por su creación poética y narrativa.
Ha redactado el texto de dos espectáculos dramáticos: Dolls
Cabaret (2005) y Pendiente de un hilo (2003). Ha trabajado
como profesor de español para extranjeros en España y el
Reino Unido. También ha sido pintor, estucador, camarero, pinchadiscos
y comercial en una compañía de seguros… Después
decidió perderse una temporada por Centroamérica y el Caribe.
A su vuelta, desarrolló su labor profesional en una agencia de
comunicación. Su último trabajo estable fue el de gestor
de eventos culturales en la FNAC de Murcia, trabajo que abandonó
para dedicarse a la enseñanza y poder disfrutar de una vida más
relajada. |
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Ping-pong oberture, opus.
16:40 (Una aproximación a las industrias del arte en el siglo XXI) |
Arte es estar en el sitio adecuado.
Pelotear como un chino campeón del mundo en tenis de mesa. Arte
es estar en el catálogo, en el dossier, foto carnet, proyecto vital
y estético sin antecedentes. Arte es adivinar qué decir,
cuándo, dónde y cómo estar, censura previa. Es saber
sonreír cuando la mirada del fotógrafo de prensa hace latir
el falo del teleobjetivo. El arte es pasarela, cat walk, feria de arte,
de ganado, trueque de vacas locas en gran superficie, carnaval. El arte
(contemporáneo) es industria y callar aquello que no se quiere
oír, estética de tapones para los oídos. Arte es
pasar por caja. Oh, el mercado bendice a sus hijos, oh Señor. Porque el arte no quiere hijos pródigos sino muñequitos de Pigmalión. La industria de la cultura es muda, tonta y ciega. Su sonoridad es silencio: maquillado de movimiento y fuego artificial, viento en bosque sintético. Su coeficiente intelectual es bajo cero en Celsius: Antártida, focas, glaciares que se derriten. Su visión es virtual: decorado 3D, fotocopia, papel calco. Oh queridos niños: El arte es la exposición pública del pene. Ergo: exposición púbica. Con pelo o sin él, sexo aftershave y profilaxis de David de Miguel Ángel disfrazado de látex, reina de la noche. Aprended, por favor. Arte es dinero público y fiestas. El arte es subvención, vacaciones pagadas, un sueldo para toda la vida. El arte de la subvención es como la revolución soviética: caramelos en manos del lobo a la puerta del colegio. Igual que la revolución cristiana: el cuerpo de Cristo ha sido administrado al hombre como las zapatillas Nike, la cocacola o el viagra. El uso desgasta, y el trabajo en serie, amigos, es la abdicación del alma: la revolución siempre se sueña fascismo y la subvención despierta, por las mañanas, racista. Por eso: Subvencionemos ranas que duerman bajo nuestras almohadas, quememos el dinero y destruyamos las ciudades. La felicidad es aquello que muchos llaman temeridad. Temeridad es oscuridad. Oscuridad es barroco. El barroco está muerto y el pop-art aprovecha la coyuntura para sodomizar cadáveres mientras en los campos de fútbol programan subastas de Sotheby´s. Pollocks, Bacons y Rothkos son comprados por Ronaldos, Raúles y Makelelés. El realismo pictórico afterpop sueña infancias y veranos en la playa. Oh miopía del artista adolescente que no ve el fantasma en la boca propia y se masturba con cine de terror en la sala de cine ajena. El renacimiento kitsch ofrece sus saldos de escapismo a precio de Christian Dior. Yves Saint Laurent y Galliano son los popes del estructuralismo art nouveau: Ciénaga del ser: Conductismo pop bendecido por Skinner. Alabaré a Skinner, alabaré a mi Señor. Hijos del chic capitalista a la nipón, adquirimos tamagotchis de uso sexual como si fueran oráculos del bien y del mal, explicación del ayer, tarot del futuro. La tribu come pájaros y exclama performance y el punto de vista es como los colores. Para gustos, los colores. Dentro de la tribu, el artista es un disminuido psíquico que garabatea en el váter y espera su loción de aplausos. Alabaré a Skinner, alabaré a mi Señor. El arte de la estupidez es caminar sonámbulo por el Louvre o la Tate Modern. El arte lleva escote, se desnuda y pide atención o páginas en periódicos, revistas, diccionarios. El arte quiere ser televisión y, concretamente, telediario, menú del día. La felicidad de las masas —a ritmo de conga— celebra y acelera la basura brindando con pepsilight y comiendo arte en avecrén. La mentira es el sabor favorito en la estética del sucedáneo. Este nuevo arte desconoce que la prostitución fue el primer movimiento filosófico que adoptó estos tics para ser visible, deseable, penetrable. La visión contemporánea del arte es anal. Fase anal de acuerdo con Freud. El hombre contemporáneo siente un placer infantil en controlar sus intestinos, nirvana del esfínter del artista. Alabaré a Skinner, alabaré a mi Señor. Asistimos a la nueva era: la nouvelle vague de la nueva revolución industrial del arte con pase vip más consumición. O sea: salchicha delicatessen op-art que confunde y engaña al país de los ciegos, donde el tuerto es el rey y la suerte de los inútiles el estribillo del himno nacional en que los súbditos del emperador proclaman como dice a continuación: Queremos un arte de papel, color pastel: un arte de unir puntos como pasatiempo de tebeo: arte compresa que quite el hipo o el dolor de cabeza: arte subnormal comestible apto para ovejas: arte sin medusas ni electroshock: arte chicle blandiblub gominola: paisajismo y decoración: arte viva la vida loca y teoría de lo micro: microcosmos del arte: micropoéticas, microestéticas, microsiervos, micropensamiento. Oh Señor: Yo prefiero el microbio, lo siento. Sueño un arte microbio que contamine el alma del artista oficial (enlatado, envasado en tupperware, al vacío). Sueño la redención ovni: Abandono toda esperanza en el hombre. Sueño empezar desde cero la rumba atómica, el rayo gamma. Oh tristeza de la felicidad de las masas que busca arte de quita-y-pon, rápido como el ping-pong (y que no descubre su equivocación). El arte es el opio del pueblo, dijo Carlitos Marx. El discurso monovalente del arte vertical y oficial es dialéctica de la exclusión, exilio del pensamiento, destierro del gordo y del sudor. Alabaré a Skinner, alabaré a mi Señor. Confucio dijo: la realidad es como un cerdo, de la realidad se aprovecha todo. El artista oficial no come cerdos: degusta canapés de caviar falso y bebe champán. El arte oficial sabe beber gratis y guarda las formas: Nunca se emborracha y su prima Heidi le escribe cartas de amor (La prima alpina no recuerda las siestas de verano teñidas de incesto). El KGB cultural quema las pruebas, anestesia la memoria y Lobotomía y felicidad es la serie de éxito en la televisión. Lleva más de tres temporadas y se rueda en Hawai, paraíso del surf desde el hombre de neandertal. Alabaré a Skinner, alabaré a mi Señor. Oh, niños del mundo, busquemos un arte que diga en pocas palabras lo tonto que soy y que sea yo, sólo yo, metáfora de la humanidad, morcilla fatal. Salgamos al tatami. Gordos y sudorosos. Así sea. |