CARLOS VAQUERIZO

 

     (Sevilla, España, 1978)

     Licenciado en Filología Hispánica. Su primer libro se titula Fiera venganza del tiempo (2006, Rialp), con el ganó el Premio Adonais en 2005.
     Este poema es inédito.

Marilyn en París © Ángel Gómez Espada

 

 

TE HA GUSTADO ESE VERSO QUE NO ES MÍO


Te ha gustado ese verso que no es mío.
No quiero repetirlo. No quiero que lo escribas.
Así lo olvidarás, querrás hallarlo...
                                y de nuevo
podré escribírtelo en los ojos.

 

 

 

 

 

 

 

FULGENCIO MARTÍNEZ

 

     (Murcia, España, 1960)

     Es autor de los libros de poesía Trisagio, La docta ignorancia, La baraja de Andrés Acedo y Nueve para Alfeo. Dirige la revista Ágora y la asociación cultural Taller de Arte Gramático. Fue incluido en la Antología de poesía nueva, seleccionada por Luis Rosales y Hugo Gutiérrez Vega (Madrid, 1981). Es licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid.
     Este poema es inédito.

"El grito" de Edvard Munch

 

 

HAN ROBADO EL GRITO
(Homenaje a Edvard Munch)
Unas manos con forma de astilla puntiaguda
expresan mejor que mis labios
el abismo. Os hablan
con ese aire desprotegido
de las Venus del Paleolítico.

Niñas con pinturas de mujer,
apenas púberes
fecundadas sobre las laderas
en la larga marcha de los hombres
transportando pieles y huesos,
sílex y pedernales
que serán luego una punta de flecha,
un collar o un hacha,
ciudades, muros inútiles contra la muerte,
victorias y derrotas.

Las manos de todas las niñas,
y las voces de los pastores
que han oído toda la noche a los lobos,
no cesarán de proferir un grito
que haga estremecer
a los ladrones de futuro.

 

 

 

 

 

 

 

EDWIN MADRID

 

     (Quito, Ecuador, 1961)

     Es una de las voces más singulares de la poesía hispanoamericana. Recibió en España el Premio Casa de América de Poesía Americana en 2004. Lleva publicados nueve libros de poesía entre los que se cuentan Mordiendo el frío (2004), Puertas abiertas (2000), Tambor sagrado y otros poemas (1996), Tentación del otro (1995), Caballos e iguanas (1993), Celebriedad (1990), ¡Oh! Muerte de pequeños senos de oro (1987). Ha sido traducido al inglés, al árabe y al portugués. Dirige la Colección de poesía Ediciones de la línea imaginaria.
     Este poema es inédito.

© Edwin Madrid

 

 

SE HABLA ESPAÑOL
Mi mujer
es loca,
loquísima, no se anda por las ramas.
Va directo por media vía del árbol;
y nunca se detiene a mirar el bosque
devastado que deja a su paso.
Pero también es una preciosa
que me mata de risa,
cuando se pasea por el dormitorio
hablándome en argentino:
Ché, no seas pelotudo, fíjate en la mina que tenés,
o en mexicano:
órale güey, que no estaré aquí
para acompañarte toda tu pinche vida.
Preciosa, linda, bella mi mujer;
sacando su personaje español para decirme:
Joder tío joder, que no te das cuenta de la moza que tenés alao.
Yo me río de su recorrido por la lengua chilena, brasileña.
Mi mujer: fuckiu condenado Edwin, te sacaste la lotería.
Y es verdad.

 

 

 

 

 

 

 

GUILLERMO OLAGÜE

 

     (Granada, España, 1977)

     Este poema es inédito.

 

 

PARADOJA

 

La impermeabilidad
como un origen,
como un latir y hacer lo propio,
corazón y frontera
de aquello que se afirma y es un pulso.

Toda tierra se empapa,
toda lluvia fragmenta.

Comienzo de la vida
es alejarse, sólo ver
las cosas que suceden,
no sentir cada forma como un hijo,
no acceder a la suerte
de lo extraño ni del otro.

Nubes cubiertas
por harapos de luz,
claridad enhebrada
en el cuerpo de un tallo.

La tierra se recibe
con una mano helada donde el tiempo
acontece de viaje.
Sombras, siluetas, pasan.
Una sola origina lo sensible.


La Tour et Monmartre © Ángel Gómez Espada

 

 

 

 

 

 

 

ANTONIO AGUILAR RODRÍGUEZ

 

     (Murcia, España, 1973)

     Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia. Actualmente es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el instituto Ricardo Ortega de Fuente Álamo (Murcia). Ha publicado tres libros de poemas: El amor y los días (Universidad de Granada, 1998), El otoño encarnado de Ives de la Roca (Editora Regional de Murcia, 1998) y Allí donde no estuve (Rialp, 2004). Han aparecido sus poemas en los periódicos La Verdad y La Opinión de Murcia y en las revistas Litoral, Hélice, Isla desnuda, El Coloquio de los Perros, Némesis, Müsu… Ha sido antologado en Yo es otro. (Autorretratos de la nueva poesía) de Josep Maria Rodríguez (DVD, 2001), y en Periféricos. Quince poetas de Ignacio Elguero (San Sebastián de los Reyes, 2004). Actualmente edita y dirige la colección de poesía Los Cuadernos Portátiles.
     Este poema es inédito.

© Antonio Aguilar Rodríguez

 

 

REDENCIÓN
La cabeza que pende hacia la barra,
la luz hecha de pan,
el pelo rubio, largo,
que casi alcanza la madera.

De entre todas las cosas la mañana
la ha elegido a ella, Dulce nombre de María,
también cabe el dolor
como un cáliz abierto de cristal
entre sus labios,
como un hilillo de saliva
entre las comisuras,
igual que una canción
puesta al aire...

Ella no es de este mundo. Lee
arrobada las últimas noticias,
las crónicas, el obituario,

y con una mirada dulce nos bendice
desde fuera del tiempo,
más allá del café,
de las mesas vacías, más allá
de la luz refractada en los cristales,
de la retama y de los hilos telegráficos.
Ella no es de este mundo. Ella cierra,
desde fuera del tiempo,
los ojos, más allá.
Ella que nos envuelve con su luz no violentada
a modo de esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

ÁLVARO VALVERDE

 

     (Plasencia, España, 1959)

     Dirige en la actualidad la Editora Regional de Extremadura. Es autor de libros de poesía como Territorio, Las aguas detenidas, Una oculta razón -premio Loewe-, A debida distancia -premio Ciudad de Córdoba-, Ensayando círculos y Mecánica terrestre. Está incluido en algunas antologías de la nueva poesía española y sus poemas están traducidos a varios idiomas. También ha publicado las novelas Las murallas del mundo y Alguien que no existe, el libro de artículos El lector invisible y el de viajes Lejos de aquí.
     Estos dos poemas son inéditos.

Álvaro Valverde © Ismael Rozalén

 

 

BAÑO
Ayer, en el molino,
me bañé otra vez solo
en el estanque.

Como siempre, al entrar,
aquél me pareció mi primer baño.

Como siempre, al salir,
tuve la sensación
de que era el último.

 

 

TOTO DIXIT
Yo soy como el ladrón
que visita a diario
una casa vacía
sabiendo, de antemano,
que no hay nada.
Y vuelve, sin embargo.
Si es preciso, también
mañana y tarde.

Así, me digo a ratos,
es mi alma:
sin nada en su interior
-doy fe de ello-,
pero donde me pierdo
confiado
en busca de un tesoro
cada día.

 

 

 

 

 

 

 

JACINTO CASTILLO

 

     (Almería, España, 1990)

     Ha publicado sus poemas en revistas como Huella Indeleble y es uno de los directores del fanzine Espejos y Espejismos. Actualmente, aparte de sus estudios de secundaria en un instituto de Almería, da clases de guitarra y chelo, siendo así guitarrista del grupo Seem of Doom. Desde abril de 2006 asiste al taller de poesía impartido por el poeta Juan Manuel Gil.
     Estos dos poemas son inéditos.

Jacinto Castillo © Luna Miguel

 

 

Arden párpados
          entre mis manos
y las cenizas sedimentan
          nuestro corazón

 

 

HIEROFANTE
Pálidas figuras sostienen tu cuerpo.

Carcasa en desuso,
privada de su pájaro azul.

 

 

 

 

 

 

 

ANTONIO CABRERA

 

     (Medina Sidonia, Cádiz, España, 1958)

     Ha publicado los libros de poemas: En la estación perpetua, que fue galardonado con el Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe de 2000 y el Premio Nacional de la Crítica del año siguiente, Tierra en el cielo, una colección de haikus de tema ornitológico, y Con el aire. Es responsable, asimismo, de las versiones castellanas de los volúmenes Poesía y ontología de Gianni Vattino y Los pájaros amigos de Josep Maria de Sagarra.
     Este poema es inédito.

Antonio Cabrera © Adelina Navarro

 

 

VIENTO
A ras de suelo el viento ha sacudido
de repente, con una espesa ráfaga,
la hierba adormecida, los arbustos,
las hojas duras de los alcornoques.

Lo que sucede así, sin más violencia
que esta violencia luminosa y fiel
precipitándose sobre lo dado,
sobre la íntima corteza muda
que recubre el paisaje, está trayendo
a la fronda real más realidad,
a la flor más vigilia de flor blanca,
insistencia al talud, aura al collado,
voz urgente, desvelo, orgullo, nombre
sobre su nombre a cuanto se me muestra.

Pero fíjate bien en lo que ocurre:

encima de las cosas echa el viento
un lastre claro, un alarmado ser
que es luz que estaba, sólo luz que estaba.

 

 

 

 

 

 

 

En Rumanía © Care SantosCARE SANTOS

 

     (Mataró, Barcelona, España, 1970)

     Es de esas personas que entran a la primera por todos lados. Nosotros llegamos a ella como otros muchos habrán llegado a nuestra revista, el boca a boca, que en estos tiempos es pantagruélico, gracias a internet. Pronto se dio cuenta de que no estaba hecha para la carrera que había estudiado y se dedicó a colaborar en todos los periódicos y suplementos culturales del mundo. Afirma que los talleres que ha impartido le han servido más para aprender que para enseñar. Tiene una extensa bibliografía a pesar de su juventud, lo que creemos que la convierte en una de las columnas más sólidas de la denigrada en nuestro país literatura juvenil. Por destacar, Matar al padre (Algaida, 2004), que consiguió el Alfonso Cossío de relatos; Intemperie (reedición en Páginas de espuma, 2003), premio ciudad de Alcalá entre sus colecciones de cuentos. La novela Trigal con cuervos (Algaida, 1999) se adjudicó el Ateneo de Sevilla. Y ha sobresalido con la novela La muerte de Kurt Cobain (Alba, 1997) y Los ojos del lobo (SM, 2004), con el que obtuvo el premio Gran Angular de literatura juvenil.
     Los dos poemas que aquí nos ha regalado son inéditos, pues hasta la fecha no ha publicado poemario.

 

 

DESPIECE
Busco el hoyo que se hunde en mi garganta
un poco más abajo de la nuez
formando línea con el esternón.
Es blando, delicado, indefenso
(intersticio sutil por donde
se hace vulnerable la coraza)
y aquí hiendo el acero afilado del cuchillo
con la fuerza que da este rictus rabioso,
vengativo, cruel. Mi coraje
es el que siempre avanza junto a los desahuciados.
Ya hecho lo difícil,
sólo queda rasgar, rasgar, rasgar
en vertical, de arriba abajo,
el tajo limpio de la hoja afilada, afiladísima.
Me parto en dos mitades.
Me abro como un armario,
como un ropero grande repleto de tesoros
si no de desperdicios.
Sobre la piel brillante del hule de la mesa
(la mesa del salón para diez comensales
que juntos adquirimos en Ikea)
iré depositando, con mimo, los pedazos
de esta maquinaria inefable del cuerpo
que nunca me falló:
el corazón, los ojos, los riñones.
el estómago, el bazo,
la inmensa longitud del intestino,
la solidez negra de la sangre,
el trofeo triunfal de la vagina,
el páncreas, los pulmones, la vesícula,
los huesos aún pegados a la carne,
la frontera final de la epidermis...
Lo dejaré todo dispuesto y ordenado
como en el mostrador de una carnicería,
expuesto a los ojos de cualquiera que pase,
indecente, sangrante e inhumano
y me sentaré a ver
qué efectos causo entre los transeúntes
una vez cuarteada
(que es como decir:
me sentaré a observar
la naturaleza de la especie humana.)

Ya todo está dispuesto
y yo ardo en deseos de empezar.
Aquí tengo el barreño, las tenazas,
tijeras, alicates, serrucho, bisturí…
Compruebo que esté todo preparado,
y apruebo el inventario.
Antes de comenzar sólo me falta
invitarte a esta fiesta
a este ritual del despiece y la ofrenda
en que desde hace tanto tomas parte
en silencio, de incógnito.
Toma asiento, amor mío,
vas a ver lo que nunca pensé
que pudiera enseñarte.
Te prometí un estriptis:
pues éste es el estriptis absoluto.

 

 

FUNCIÓN SOCIAL DE LA PROPIEDAD
Existe un lugar de los Estados Unidos,
—Princeton, Chicago, Minneapolis, no sé—
en que se conservan las 240 láminas
en que Tomas Harvey, patólogo humanista,
dividió con esmero el cerebro de Einstein.
Me resulta curioso
que siempre exista alguien dispuesto a investigarlo,
a volver a pesar, medir, y comparar
los macabros fragmentos,
buscando rarezas y excepciones,
a la compleja norma de la vida.
Como si no supieran que excepción
somos todos nosotros
cada uno en su piel
y a su manera.

Algunas eminencias de la ciencia
estudian los pedazos del cerebro de Einstein
y extraen portentosas conclusiones:
el cerebro de un genio pesa 100 gramos menos
que el de un hombre maduro de su tiempo;
el cerebro de un genio genera menos células
o carece de ciertas estructuras.
En verdad, tal vez el dato no sea relevante,
pero es. Y los sabios se sienten orgullosos
de haber dado con él y de esgrimirlo.
Por motivos idénticos, hoy día
he pensado donar mi corazón a la ciencia.
No me importa que alguien lo divida en trocitos
(sólo pido que sea alguien con méritos
y tacto: que en vida confiara
mi víscera a cualquiera
justifica, aunque tarde,
cualquier propósito de enmienda),
Y tampoco me importa
saber que alguien lo mete entre cristales
o lo envasa al vacío
como se hace con la mortadela.
Puede que hasta me guste
saber que las rodajas
despiertan entusiasmo, ni que sea científico,
entre gente solvente y con futuro.
Y mucho más aún
si alguno se pregunta
si en algo es diferente mi corazón al resto,
si pesa más o menos, si le falta una válvula
si sopla o si resuella.
Puede que os preguntéis
qué me mueve a tamaña maniobra.
Pues bien, y con esto termino:
Siento que es estudiablemi corazón (perdonad el orgullo)
por el mismo motivo
que el cerebro de Einstein interesa a los sabios.
Por eso no me importa compartirlo con todos
ni que el mundo lo guarde en un archivo
o en un laboratorio,
ni que se clasifiquen sus 200 fragmentos
con máximo rigor bibliotecario
incluso estoy dispuesta a autorizar
que una parte del órgano en cuestión
se incluya en el servicio de préstamo
(por supuesto, abierto a todos los usuarios
con carné; sin excepciones).
Después de todo,
yo ya no voy a usarlo
pero sigo creyendo
en la función social de la propiedad.

 

 

 

 

 

 

 

JOSÉ LUIS GÓMEZ TORÉ

 

     (Madrid, España, 1973)

     Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. Premio Blas de Otero de Poesía por el libro Contra los espejos (Madrid, 1999). II Premio de Investigación Literaria Gerardo Diego por el libro La mirada elegíaca. El espacio y la memoria en la poesía de Francisco Brines. Participante como dramaturgo en la obra colectiva sobre el exilio republicano español Guardo la llave, representada en el IV Festival Internacional de Madrid Sur. Autor de la obra teatral infantil Lluvia pregunta por el Sol, estrenada en el 2001 por la compañía El Tinglao. Miembro de la redacción de Ophelia, revista de teatro y otras artes.
     Este poema es inédito.

En Udaipur © José Luis Gómez Toré

 

 

flores amarillas

 

A R. R. in memoriam

 

La vejez
es escarcha amarilla
y flores amarillas
y este quedarte aquí
porque te marchas lejos.

No sé si te sostengo o me sostienes
cuando cojo tus manos
más transparentes cada vez,
cada vez más del color del mundo.

Hasta ahora no supe que eras de agua.

 

 

 

 

 

 

 

ÁNGELES LÓPEZ

 

     (Madrid, España, 1969)

     Es de esas personas que se han pasado toda su vida trabajando en lo que le gusta, porque suponemos que eso de escribir en periódicos y revistas le gusta. Su obra narrativa se basa en Trastorno afectivo bipolar, del que se han hecho siete ediciones. Le acompañan Ve a la alcoba a ver si estoy (Roger, 1998) y Apoikía (Ekoty, 2000). Como novedad, ha aparecido su último libro en prosa en Seix Barral, Martina, la rosa número trece.
     En poesía está a punto de presentarnos su tercer poemario, Seppuku, del que adelantamos aquí un poema extenso, en el que se aprecia las características de su poesía, definida como erótica, del desamor y femenina. A pesar de ello, ha sabido crear su propia mitología poética. Aparecerá Seppuku en Huerga y Fierro, donde ya ha publicado (2002 y 2005, respectivamente) Iscariote y Congrios y cormoranes.

© Ángeles López

 

 

“Y el hombre entró en el mundo... sin hacer ruido”
Teillard de Chardin

 


Déjame decirte con obscena reserva que el silencio existe; no sé lo demás.

Promedia la mañana en maltratados segunderos machihembrados. Sin gana
y sin desgana. Mientras fuera de la ecuación, se percibe un siete mal
sumado, con los dedos de asediar terrabozos
(es tu voz la que me trae la contorsión del ónice;
es su voz la que me trae ónices y contorsiones).

Que no es verdad lo de tu decapitación, carnero-león vestido de dril
sólo porque el notario de venas lo haya dictaminado.
Están confundidas sus miradas porque vienen la una sin interrupción de la
otra
... aunque nunca se ha dicho que fuera mirada, la palabra.

(si el ojo deprava el cuerpo, ordeñaré de encurtidos otra clase de ceguera)

Niño azul apersonado, llagado por la fotofobia de los desencuentros,
¿acaso nadie vio del color que eras?
Si venden tu inevitable sangre en las tabernas, yo la compro.
Que me expliquen dónde
por mejor encaminarme hacia la lonja donde obtienen cárnica recompensa
los cordados.

Tampoco yo hubiera caído en la cuenta de que existen las veces
que se vuelve sin nada de la batalla
y ocasiones en donde la ruta de las cávilas nos sitia en sotabancos
hechos para parecer estrechos... Ya se sabe de la amura linfática.

Por descontado, debes ser él; él debe ser tú...
(aunque seamos tan sólo crioesfinges lisiadas)
Lo mismo que un combro en la noche, lleno de dientes ectópicos, eres.

Índigo alcatraz, nadie debe irse siendo tan azul y con tantos asuntos
pendientes,
con las manos tan llenas de respuestas. Por deferencia, cuando menos,
hacia el caballo de respeto.

Público contorsionista, notorio macho roto y fracturado
que un día estricto día serás lo distinto que no fuiste.

Hasta los poetas saben que saben.
Que no hay una sola palabra para decir que te has muerto por culpa de ti
mismo, avanzando hacia lo de siempre. Tarifando en incógnitas el cadáver
cosmético que has provocado.

Buscaremos sin descanso pabellones de oro donde arrojar pedazos de tu
carne
de eventrada germanía,
hacia la vecindad de tu sensato paladar de parvo mohín.
Bien sé que perdí al hombre pero gané toda aquella espalda derramada.