BEN CLARK
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(Ibiza,
España, 1984)
Asegura
que es fácil ser difícil, que lo complicado es ser sencillo.
Este narrador frustrado se adjudicó el último Premio Hiperión
con Los hijos de los hijos de la ira, título que gusta
con sólo mirarlo y reconocido por la crítica como uno de
los mejores poemarios del 2006. |
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LA HORA DEL PASEO |
Un hombre que ha salido con su perro,
un hombre que ha salido muy temprano, que pasa por delante de la mar sintiéndose distinto a la mañana anterior, repitiendo sin embargo cada paso de ayer, como una máquina. Se ignora si es la bestia quien lo lleva, o si en cambio conduce el ser humano; o si se necesitan mutuamente como se necesitan con urgencia los amantes los sábados. Amanece despacio y alguien grita sin que nadie pregunte ni responda. Y es que sólo hay un hombre paseando,
Aquí solo hay un hombre que ha
sacado |
| LA TORMENTA DE NIEVE |
Dejar de amarte
tanto todo el tiempo,
extrapolar la vida de la tinta y salir a la calle a ser un hombre más, un hombre feliz, a poder ser. Y si no, simplemente un
ser humano. |
YANINA MAGRINI
(Río
Cuarto, Argentina, 1972)
Es autora
del libro miralo bien (CIEN, 2002), con el que se adjudicó
el premio internacional Pablo Neruda. Después llegaría
cromosoma en jeans, al que pertenecen los dos poemas que publicamos.
Este libro recibe el premio Juninpais 2003, de la Editorial de las Tres
Lagunas. Recientemente, ha sido galardonada con el Leonor de Córdoba
por su libro ternura menos, menos vuelo. Sus poemas fueron
traducidos al inglés, portugués e italiano. |
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| dejando caer |
| Repartir hormigas como perdiendo hijos o monedas de un bolsillo roto. Así,
el espacio dejando caer |
| noticia |
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De último momento: Otra vez un poeta Quiere morir. Matarse Cree que puede irse afuera. |
CARLOS ERNESTO SÁNCHEZ
(Chol-Chol,
Chile, 1955)
Tiene
estudios en Filosofía y Teología. Ha ejercido el periodismo
en radios y medios escritos, y la docencia en diferentes colegios. |
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Murió Bernardo
Chandía
era poeta huevón creyó que verbo, cuando no da vida, mata se consagró a la palabra. Murió. Murió un poeta Pero murió como él se fueron Murió Bernardo
Chandía |
TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
(Zamora,
España, 1957)
Ha
publicado los poemarios Amenaza en la fiesta (1979), La secreta
labor de cinco inviernos (1985), Vida del topo (1992), En
familia (1992), Ciudadanía (1997), Detrás
de los lápices (2001) y El que desordena (2006),
al que pertenece este poema. |
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| Baja allí a convocarlo música de omisiones y así lo encuentra, previsto y a la escucha, azotado por el aire amarillento A su alcance, los seres de la sombra manchas de decepción… unos alrededores desvelados… …y no otra cosa se agrega Ni llegan luces útiles de factoría allí, donde se paran los climas y los precios allí Pierden allí la pista tallas y obligaciones,
Y allí, El que corrige a su propio aliento. El que enciende la lengua y desordena. |
SARA MESA
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(Madrid,
España, 1976)
Licenciada
en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Trabaja
en el Consejo Audiovisual de Andalucía. |
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| [Se esconde el sol brillante] |
Se esconde el sol brillante
en esta bruma inmóvil.
Sientes que ahí palpita y espera su momento. Sientes su resplandor, su calidez oculta. Sientes que te acaricia tu piel huérfana y triste. En su refugio el sol dora
tus añoranzas |
| [Despacio cae el abismo] |
Despacio cae el abismo sobre
tus ojos calmos;
despacio la tormenta, el sopor, la calima; despacio ante tu vista, como nieve cansada, se desprende en cascada un polvo silencioso. Vuelan pájaros grises y
su gorjeo lejano |
SEBASTIÁN MONDÉJAR
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(Murcia,
España, 1956)
Esencialmente
es músico (percusionista), pero desempeña otros oficios:
redactor, ilustrador, fotógrafo, creativo de publicidad... |
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| CHARLES MINGUS’S SOUND OF LOVE |
Corría
emocionado por la arena.
El sol resplandecía en los bañistas que gritaban, jugaban con pelotas o hacían ejercicios en la playa. Y, como por encanto, Llevaba un bañador
color naranja Se miraron sonrientes; Se rodearon despacio,
como aves Pasó una eternidad. Nadie se percataba del milagro. Cada segundo estaba
consagrado Si este instante de
amor durara siempre, |
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CONTRAPUNTO A Juan Carlos Verástegui |
Salgo de la ciudad por la autovía (voy con tiempo al concierto) y pongo música. El cielo está nublado, el aire es húmedo; me adentro, de repente, en la tormenta. Subo las ventanillas, doy las luces, conecto el limpiaparabrisas... Las nubes vuelan bajas y compactas y descargan a ráfagas una lluvia vibrante y vaporosa; una lluvia que bulle suspendida en el aire e impregna la calzada de reflejos difusos, movedizos. Parece, por momentos, que llueve en espiral. El agua emana viva, como a impulsos que insuflan a la noche movimiento y a mi espíritu el clima más propicio mientras conduzco oyendo Changes One y Changes Two, de Mingus, que es la banda sonora de mi vida. |
RERY MALDONADO
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(Tarija,
Bolivia, 1976)
Inicia
sus estudios en Literatura Comparada en La Paz, donde trabaja para el
periódico satírico El Caraspas. En 1997 interrumpe
sus estudios y marcha a Berlín, donde vive. Ha colaborado con el
periódico boliviano La Razón y con revistas alemanas
como Kulturaustausch. Sus poemas han sido publicados en antologías
bolivianas. Ha sido miembro fundadora de la librería universal
hispana en Berlín La Rayuela y participado desde sus inicios en
la organización del festival literario Literaturnacht en Potsdam.
Actualmente trabaja en su libro de poemas Costumbres de andar por
casa. |
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la moral
del tamaño de un dedo pulgar es lo más afín a la filosofía popular de los enanos de jardín cualquier día de
estos —porque se anuncian— los colores pastel |
JORGE VALDÉS DÍAZ-VÉLEZ
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(Torreón,
México, 1955)
Ha
publicado Voz temporal (FCBC, 1985), Aguas territoriales
(Universidad Autónoma Metropolitana, 1989), Cuerpo cierto
(El Tucán de Virginia, 1995), La puerta giratoria (Mortiz-Planeta,
1998 / Verdehalago, 2006), Jardines sumergidos (Colibrí,
2003), Nostrum (Arte y Naturaleza, 2005), Cámara negra
(Solar Editores, 2005) y Tiempo fuera. Poesía reunida. 1998-2005
(Universidad Nacional Autónoma de México, 2007) y Los
Alebrijes (Hiperión, 2007). |
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| CABO DE GATA |
| Por la luz opulenta del oleaje va emergiendo a la luz de su hermosura. Prende su cabellera entre las manos y la curva del aire le arrebuja el eclipse lunar de sus axilas. Doble celebración de la resaca |
CARLOS PARDO
(Madrid,
España, 1975)
Ha
publicado los libros de poesía El invernadero (Hiperión,
1995), Desvelo sin paisaje (Pre-Textos, 2002) y Echado a
perder (Visor, 2007). Coeditó Hace falta estar ciego.
Poéticas del compromiso para el s. XXI (2004) junto a José
Manuel Mariscal y preparó en 2006 una edición de Tratado
de urbanismo de Ángel González. Dirige la revista anónima
de la editorial Pre-Textos. |
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OJALÁ ESTAS
parodias,
que inversamente memorizo al desmontarme, ayuden a recomponerte. Las escribí como brazadas de la lógica en la secuencia del azar: si alguna vez viví el instante a él debiera volver la vida ya prescrita. Y aunque las comenzara al sesgo emborronando, a la orilla del alba brillarían hechas literatura como huesos de choco. |
JUVENAL SOTO
(Málaga,
España, 1954)
Ha
publicado los libros de poesía Ovidia (Rialp, 1976), Ephímera
(Litoral, 1983), El hermoso corsario (Antología poética
1972-1986) (Puerta del Mar, 1986), Fama de la ceniza (Libertarias/Prodhufi,
1997), Paseo marítimo (Hiperión, 2002) y Las
horas perdidas (Endymion, 2002). |
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| RÍA DE LIMPIAS |
Los juncos, las lobinas
y las aves,
el oro de la tarde y la sirena, la luna de la noche roja y llena, las olas por el agua de las naves, el bosque que verdea entre
las suaves estancias del castillo
de los años, |
DOMINGO LÓPEZ
(San
Lúcar de Barrameda, España, 1967)
Ha
publicado los libros de poesía Aquellos trocitos, estas manos
(Andinas, 1995), Blues (Lodosa, 2006) y Suburbia (Point
de lunettes, 2007), con el que ha ganado el V Premio Internacional de
Poesía Ciudad de Morón y al que pertenece este poema. |
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| SÍ, QUIERO |
—Lo siento pero me largo adiós estoy harto no puedo más ¿te enteras? cojo el primer tren avión a cualquier parte al fin del mundo—, conminó a la acacia apuntándola con un dedo amenazante y el perro lo miró con una interrogación de tebeo sobre la cabeza e ignorándolo de nuevo siguió minuciosamente oliendo, ponderando el viejo tronco y al fin meó con alivio y otra noche dejaron atrás el parque y volvieron a casa en silencio a buen paso y con gran domesticidad |