VIRGILIO CARA

 

     (Granada, España, 1964)

     Actualmente es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el instituto Alhendín de Granada. Desde 1999 dirige la revista literaria Los Papeles mojados de Río Seco. Está ampliando sus estudios con los de Teoría de la Literatura y prepara la tesis doctoral. Ha publicado textos poéticos y críticos en algunas revistas especializadas como Letra Clara o El Fingidor, así como los poemarios Los años que pasé fingiendo (Diputación de Granada, 1998) y No he visto lo que he visto. Epistolario apócrifo (Hiperión, 2004).
     En la primavera del 2008 aparecerá su tercer poemario, Región del desengaño, dentro de la colección Cáliz Verde que edita Point de Lunettes.
     Estas tres poéticas son inéditas.

© Virgilio Cara

 

 

Poética
Por un azar en el que nunca,
ni siquiera en los días más amargos,
esperaste creer,
de entre todos los libros del estante
fuiste a abrir el que Blair le dedicara
a la Retórica y al Arte.

(La noche es fría. Nada hay en la casa,
si no es el movimiento de tus manos
sobre el papel, que venga a interferir
en la quietud perfecta).

Página veintitrés, Capítulo Segundo
de la Primera Parte. Basta
—escribe Blair— para alcanzar
el poema sublime
con despojar las cosas de aquellas dimensiones
a las que las somete el mundo,
urdirlas como idea y acercarlas
a la verdad terrible que el silencio,
la oscuridad completa y el vacío
imprimen para siempre sobre el hombre.

 

 

Poética II
En la breve Poética
que precede a los textos que mandaste
para una Antología Consultada
venías a decir lo que repites
en tantas ocasiones: que el poema
no debe ser casual ni fruto del instante,
ni, empujado por fuerzas invisibles,
resultado imprevisto de un chasquido del alma,
sino el útil producto del esfuerzo,
capaz de reunir, en equilibrio,
lo justo, la verdad y la razón.

Sin embargo, no ha sido ahora la razón,
sino algo diferente, más liviano,
lo que, sin brusquedad, ha interrumpido
las tareas que ocupan tus horas de la tarde;
entre ellas, la reseña
del libro de un amigo, (todavía),
la corrección de exámenes,
la lectura de un lúcido capítulo
de la Historia de Wellek
y el poema al que llevas un mes dándole vueltas
y has resuelto acabar, de una vez para siempre,
aunque sea a impulsos del instinto.

 

 

Poética III
Nunca antes viste florecer así
la primavera, ni una luz tan clara
y transparente. Nunca como aquella
que, sobre la terraza del hotel,
en la plaza ducal del Santo Espíritu,
se abriera de improviso ante vosotros.
La misma primavera, el color mismo,
la misma abigarrada luz ilesa,
que, horas antes, pudisteis contemplar
sobre el célebre lienzo, en el museo.

(29 de abril.
Apuntes para un diario de Florencia:
“De la dificultad
para encontrar los límites
que separan el Arte
de la Naturaleza”).