EL RUIDO DEL SILENCIO


por Vicente Luis Mora

 

Slow news, no news
(Noticias lentas no son noticias)

Lema de la cadena CNN


     Hay una industria de mil millones de dólares, la industria de la televisión, que no hace nada más que producir potencialidades en el espacio vacío para que los electrones, si se los inserta allí, realicen algún movimiento. Un vacío tan rico en potencialidades comerciales no puede ser llamado propiamente un vacío; realmente, es un éter.

(Charles Mister)

 

Gran Hermano: el giro al espejo     Siempre he observado con mucha atención la televisión: me ha parecido en todo momento un espejo interesante y exacto de la sociedad de cada momento y un instrumento sociológico de la mayor importancia. Por eso mismo he leído con atención lo que los numerosos exégetas del género (Carlos Boyero, Haro Tecglen, Sergi Pàmies -los mejores-, Carlos Toro, Luis Oz, Víctor de la Serna, Fernando Iwasaki) han dicho en sus páginas sobre ella. Creo que las distintas fases modernas de la “moda” televisiva (culebrones yanquis y sudamericanos, reality shows, programas testimonio) van marcando la pauta que he señalado en otro lugar: el giro al espejo. De emocionarse con las peripecias sexuales, todavía exóticas, lejanas, de Falcon Crest o Dinastía, a emocionarse con las historias cotidianas que tu vecina de al lado cuenta en directo. De la evasión de lo real (que es lo que debería ser) a la invasión de la realidad. Un doble ataque de lo diario (lo cotidiano es mucho y malo, había escrito Quevedo).
     Otra observación: las sociedades modernas son mucho más homogéneas de lo que pensábamos. Las fórmulas televisivas que tienen éxito en las “parrillas” de programación (deben de llamarse así porque ahí fríen los cerebros) se exportan y triunfan, con raras excepciones, en los demás países. La inmensa mayoría surge del caldo de cultivo USA, que para algo inventó el medio, y de ahí se transplanta, sin mayores dificultades, a Europa, Brasil, Argentina, Israel, Turquía, e incluso algunos países asiáticos. Meras adaptaciones socioculturales, presentadores con gancho, mucho dinero en promoción, y a echarse a dormir.
TNT: miradas inversas     Tercera y más importante. El miedo al silencio. He venido observando en los últimos años los programas de mayor audiencia españoles de producción propia no correspondientes a series de ficción: 59 segundos, TNT, Caiga quien caiga, Lo más plus (1), Crónicas marcianas, El informal, La noche por delante, y algún otro. Son todos ellos magníficos programas, es cierto; alguno de ellos estuvieron incluso entre mis preferidos. Pero he advertido en ellos un punto en común: al ser programas de entretenimiento, nos dan un interesante punto de vista sobre lo que sus creadores estiman necesario para que el espectador se entretenga. Son miradas inversas sobre la audiencia: observan para luego emitir imágenes. Y tanto: imágenes sin fin, hasta el agobio: decenas de cámaras, grúas móviles, zooms, movimiento continuo, entradas y salidas. Crean sensación de velocidad, de vértigo (2), para que el espectador sienta que él también se está moviendo deprisa, para que tenga la sensación de que no está perdiendo el tiempo, continuando esa estúpida tendencia que le lleva el resto del día a colgar rápido el teléfono, a saltarse los semáforos en amarillo, a pisar el acelerador, a desesperarse por la lentitud de las puertas del ascensor al cerrase o del enganche a internet. “Atibórralos de datos no combustibles, lánzales encima tantos ‘hechos’ que se sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a información. Entonces, tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin moverse” (3). ¿Y para qué toda esa velocidad? Para llegar antes a casa, sentarse, y... encender la televisión. Una carrera El paroxismo con la CNNdesesperada hacia el vacío. Pero claro: el vacío también es veloz. Los cámaras sudan portando los treinta kilos de la “steady-cam” por el plató, se marean en lo alto de la grúa pasando en contrapicado por el público que grita, que se alboroza, que se mueve. El paroxismo llega con el cambio de modelo de la CNN llevado a cabo en el verano de 2001: la pantalla se divide en tres partes, totalmente saturada de información; la presentadora debe recitar las noticias a toda velocidad, y el tiempo medio dedicado a cada asunto no supera los quince segundos. El responsable del canal, Teya Ryan, muestra sus cartas: “nuestros telediarios están diseñados para guerreros del tiempo (...) el diseño está pensado para captarlo todo de un vistazo” (4). El agudo Kapuscinski sentencia:

 

     «Se salta constantemente de un tema a otro con la velocidad del rayo de una manera que te deja aturdido (...) todo esto, esta mezcolanza galopante y neurótica, esta aglomeración, este caos, esta marea de imágenes, este desorden abigarrado y carnavalesco de signos, palabras y luces, persigue el mismo objetivo que el carnaval: pretende convencer a la gente de que todo no es más que una máscara, que lo que vemos no son más que máscaras, que el mundo es real pero también irreal y en todo caso no supone una amenaza para nosotros».

 

"Estética de la desaparición" de Paul Virilio     Estamos de acuerdo con Paul de Man cuando ironiza sobre la presunción de serenidad que solemos tener ahora sobre los tiempos de nuestros antepasados, idealizándolos como tranquilos y sosegados; pero está claro que hoy en día nos enfrentamos a una situación donde cada uno debe hacer un esfuerzo serio para no dejarse vencer por el desquiciamiento personal; habría que encontrar un término medio, más bien. Los presupuestos de esta tentación de la velocidad no son nuevos, esto sí es cierto, y podemos rastrear los rastros no ya de su existencia, sino de las prefiguraciones sobre sus funestos efectos. Según Ernst Jünger (Sobre la línea), “ya León Bloy estableció una estrecha correspondencia entre el aumento del movimiento y esa especie de temor (se refiere al temor ante la nada). Atribuye la invención de máquinas cada vez más rápidas a la voluntad de evasión, a una especie de instinto con el que el hombre presiente las amenazas de las cuales es necesario ponerse a salvo moviéndose a toda prisa de un lugar de la tierra a otro”. La velocidad como medio de huir de uno mismo y su vacío interior, la auténtica “amenaza” del hombre moderno. Corremos por tanto el peligro de que la velocidad consiga convertirse en un fin en sí misma en lo visual (Paul Virilio, La estética de la desaparición). Parece que lo esencial fuera no detenerse, para evitar la posibilidad de la reflexión. O, si uno ya se ha detenido, por ejemplo frente a la pantalla, lo que cuenta ahí es que sean las imágenes las que no se detengan, en una cadena de colores e impactos visualmente ensordecedores. Y no sólo sea imparable su tráfico, sino también su carga significante, su capacidad de remisión a otra realidad, de modo que la mente esté entretenida (time of entertainment), dispersa, girando incesante de unas a otras alusiones, sin que el espectáculo pueda detenerse: Show must go on, la última canción del grupo Queen y un verso de Eminem.
El símbolo a través de la televisión     Cuando Marc Augé se pregunta por la dialéctica de la antropología actual del dentro / fuera, de si Europa o el resto del mundo, a la hora de establecer campos antropológicos de estudio, se pregunta también si esa misma cuestión se debe a que en Europa existe un “insuficiente poder de simbolización” o es que los etnólogos actuales no han sabido o saben leerla, encontrarla. Me asombra la simple posibilidad que esconde la disyuntiva, porque a mi juicio vivimos una hipersimbolización casi asfixiante. El medio ideal para comprobarlo es, desde luego, el hiperretorizado mundo de los spots publicitarios televisivos. En ellos la carga simbólica se ha recargado de tal forma de diez años a esta parte, que no faltan ejemplos en que a un público común se le llegan a escapar los significados elididos, de puro complejos. Vicente Verdú ha llamado la atención con frecuencia sobre el caso extremo de los anuncios de coches, donde se pasó de la primitiva obsesión por la imagen del producto, a una progresiva acumulación de cargas significativas sobre el mismo (el confort o seguridad que conlleva, la marca sobre el nivel de vida, la envidia ajena) para llegar a un punto en que esos últimos valores han desplazado al automóvil hasta tal punto, que en varios ejemplos muy conocidos el coche ha desaparecido de la pantalla. El símbolo -la marca del coche- se ha llenado de tal poder que el objeto, el producto casual, ya no es necesario. Esa hipersimbolización provoca que ante la pantalla, el espectador deba establecer, una y otra vez, interminables nexos mentales entre imágenes (no entre ideas, por eso no podemos hablar jamás de pensamiento), que saturan su capacidad de visualización y aturden su entendimiento. Las referencias de unos mensajes publicitarios a otros (David Foster Wallace aludía también a las inacabables cadenas de referencias de las series televisivas) provocan una acumulación de ruido interior indigerible.
La velocidad de El Gran Wyoming     Y luego está el ruido físico. Si se conectan programas como 59 segundos, Lo más plus, Hoy no hay siesta, El club de la comedia o Caiga quien caiga, y se quita la imagen, dejando sólo el sonido, se aprecia mejor esto: no hay un sólo resquicio para el silencio. Los locutores hablan velozmente (la facilidad de El Gran Wyoming a este respecto es prodigiosa, sólo comparable a la del artista norteamericano Denis Leary), nada más comenzar la transmisión; antes de que terminen la última sílaba, el público, a una indicación del regidor, ya está aplaudiendo, y los aplausos estruendosos siguen cuando la música en el plató comienza a sonar, a todo volumen y con mucha marcha, “allegro bramante”. No hay un respiro. No se concibe el silencio. Si algún entrevistado duda y balbucea, se forma una angustia en los estómagos de los espectadores, cambia la cara de los entrevistadores, que inmediatamente intentan ayudarle a completar la frase o idea. Un silencio de tres segundos sería un cataclismo cósmico. O sea: pensamiento y televisión son incompatibles. Sólo dentro del silencio, diría Octavio Paz, puede concebirse la palabra necesaria, aquella que justifique el ruido de su pronunciamiento. En TV sólo hay ruido, no palabras (5). Digresión, y no reflexión. Disputa, y no dialéctica. Ruido como un martilleo constante en el cerebro dormido del que escucha. Y dan ganas de decir lo que el Rey Alfonso en La venganza de Don Mendo: “cese ya el atambor, que estoy ahíto / de tanto parchear y tanto pito”.


     Notas:


     (1) Este programa, basado en el concepto de puzzle y caracterizado por no dejar hablar a los entrevistados, reproduce los síntomas de episodeidad, segmentación racional, interrupción de discurso y levedad que asolan la comunicación social: sus guionistas y presentadores, que se piensan muy originarles, ignoran que son sólo la borreguil consecuencia de su tiempo.

     (2) Vértigo y Rápido han sido nombres de programas de TV sobre cine. Sentencia Martínez Sarrión: “en el terreno de la información audiovisual y en este país al menos, lo ágil se ha confundido siempre con lo atropellado, vociferante, zafio, propagandístico o chapucero”; Esquirlas; Alfaguara, Madrid, 2000, p. 33.

     (3) Ray Bradbury, Fahrenheit 451; Plaza y Janés, Barcelona, 1989, p. 73.

     (4) Sigue la crónica: “el efecto es contraproducente. Al cabo de cinco minutos, la confusión y el aturdimiento se apodera del espectador, incapaz de digerir las noticias del día” (El Mundo 14/8/2001). ¿Es ése el objetivo?

     (5) “Vayamos donde vayamos (...) la gente aplaude encima de la última nota. Nada de silencio... Ni un solo segundo de recogimiento. Rápido, aplausos. Rápido, manifestarse, rápido participar, opinar algo, proclamar su tan importante veredicto” (Yasmina Reza, Hammerklavier). Nietzsche demandaba un espacio en la ciudad para estar a salvo del ruido. En el Ciberp@ís 151 pueden verse la panoplia de medidas que se están tomando en muchos edificios públicos, centros comerciales y museos para defenderse del ininterrumpido grito de los teléfonos móviles. Parece que se ha superado el límite máximo de aguante de la sociedad. El problema es que hasta ahí se ha tenido que llegar -a la intervención- ajena, por falta de una voluntad individual de autocontrol. Las personas ya no están dispuestas a tener educación o respeto hacia las demás si no es mediante una prohibición legal (la de fumar en lugares públicos, por ejemplo), o una limitación técnica. La urbanidad ya no es personal. Todo está permitido, incluida la molestia al prójimo, mientras sea posible.

 

 

 

 

 

 

 

LAS NOVELAS DE WALTER SCOTT: ‘THE SCOTTISH NOVELS’

por Enrique García Díaz

 

 

Walter Scott inmortalizado     Las novelas de Walter Scott podrían clasificarse en tres clases diferentes de acuerdo con el sujeto de las mismas. De este modo nos encontramos con sus obras sobre la historia de Inglaterra, centradas en el período Tudor-Estuardo (Kenilworth, Woodstock, Peveril del Pico); novelas sobre la historia medieval bien de Inglaterra, bien de Europa (El Talismán, Ivanhoe, Quentin Durward, Anne de Geirstein, El conde Roberto de París,... ); y finalmente las novelas ambientadas en el pasado y presente cercano al autor de Escocia, o lo que han dado en denominarse ‘The Scottish Novels’ o novelas de tema escocés.
     Dentro de este grupo encontraríamos obras de la talla de Waverley, Old Mortality, Rob Roy, El corazón del Midlothian o Guy Mannering entre otras. Y son precisamente estas últimas las que han otorgado fama y prestigio a Walter Scott, y lo han consagrado como escritor de novelas históricas a lo largo de los años. La superioridad de las ‘Scottish Novels’ con respecto al resto de sus obras es manifiesta, y ha sido aceptada por la crítica desde siempre. Sin embargo, debemos matizar que dentro de esas mismas obras sobre Escocia son las obras producidas entre 1810 y 1820 las que mejor definen su estilo.
     Para encontrar el origen de las ‘Scottish Novels’ debemos remontarnos a la adolescencia de Walter Scott, durante la cual gustaba de escuchar las canciones tradicionales, en especial aquellas asociadas a las rebeliones Jacobitas. Su territorio favorito eran las Highlands o Tierras Altas de Escocia y las Borders. A ello contribuyó en gran manera que Sir Walter Scott fuese enviado a casa de su abuelo en Sandy Knowe, para curarse de una cojera que sufría en su pierna derecha. Pero en lugar de curarse se alimentó de numerosos relatos narrados por su propia abuela e incluso por ex combatientes de las rebeliones Jacobitas. Scott quería aprender la historia y las costumbres de sus antepasados, y por ello escuchaba sin cesar las canciones de las gentes de aquellos parajes. Los relatos que tenían como personajes centrales a héroes de tiempos pasados como Rob Roy, las atrocidades cometidas por los ingleses después de la batalla de Culloden o las ejecuciones llevadas a cabo en Carlisle. Todo ello representaba para Scott una fuente inagotable de información que posteriormente plasmó en sus novelas.
     Pero éstas no fueron las únicas fuentes en las que se basó Scott para sus novelas. Su estancia en Sandy Knowe se completó con un viaje hasta las aguas termales que había en Preston Pans. Allí el pequeño Scott "Vieja mortalidad"entabló amistad con el alférez Dalgerty, quien se mostraba encantado de tener una audiencia tan fiel para sus relatos. Otra de las influencias de Scott fue sin duda su madre, Anne Rutherford, quien disfrutaba con relatar historias y leyendas tradicionales de las Highlands. De hecho, fue su propia madre la que le facilitó el material para su novela La novia de Lamermoor. Scott había escuchado atentamente la historia de Janet Dalrymple en muchas ocasiones de labios de su madre y de su tía abuela, Margaret Swinson, cuya exposición de los hechos cautivó la imaginación del pequeño Scott.
     Por último, tendríamos que resaltar el destacado papel que desempeñó María Edgeworth en la concepción de estas novelas de tema escocés. El éxito obtenido por la escritora gracias a sus novelas sobre las costumbres irlandesas en su obra Castle Rackrent llevó a Scott a creer que sus campesinos podrían ser presentados a los lectores de novelas inglesas. Scott se sintió inspirado por los personajes irlandeses que aparecían en sus novelas y decidió probar su habilidad con los personajes escoceses. No cabe duda de que la escritora irlandesa espoleó la imaginación de Walter Scott por su modo de abordar asuntos tan llamativos y evocadores como la identidad nacional o la forja de una colectividad que se siente partícipe de un proyecto común. Por eso Scott, gran admirador y deudor de María Edgeworth le dedicó unas líneas el capítulo LXXII de Waverley.
     Podríamos resumir el origen de las ‘Scottish novels’ diciendo que Scott siempre se sintió atraído por las historias de frontera, de las Highlands. En definitiva del pasado histórico de su propio país: Escocia convirtiéndolo en un país romántico e idílico para sus lectores.


"Redgauntlet"Características de las ‘Scottish Novels’


     Este grupo de novelas muestran al mismo tiempo la unidad de Escocia, esto es su formación como una nación. En todas ellas la vemos dividida en dos polos opuestos, pero dentro de ellos hayamos una división por motivos geográficos Highlanders y Lowlanders; por motivos religiosos Católico y Protestantes; Episcopalistas y Presbiterianos; o políticos Whigs y Tories; Jacobitas y Hannoverianos. Y es a través de estas luchas internas mediante las cuales, Scott nos muestra la formación de una nación como es la escocesa.
     El hecho de que estas novelas se centren en reflejar el modo de vida del pueblo escocés las convierte en las mejores de Scott. Las ‘Scottish novels’ son su respuesta al destino de su propio país, una constante lucha entre el pasado representado por el sistema patriarcal de los clanes y el futuro representado por el avance de la sociedad. De esta tensión participa el esquema argumental de sus narraciones de tema escocés. Edward Waverley, por ejemplo, ama a dos mujeres, Flora y Rose Bradwardine. La primera es en parte un símbolo de su imaginación desenfrenada; la segunda del razonamiento, del sentido práctico. Edward se une en matrimonio con Rose, lo que supone una reconciliación con el realismo doméstico prefiriéndolo al romanticismo heroico.
     Sin embargo, la actitud de Scott hacia la historia y la situación de Escocia es una mezcla de lamento por los tiempos pasados, pero a la vez una visión positiva ante el futuro. El sujeto de sus novelas es Escocia, pero el tono empleado es vehemente aunque algo pesimista por el futuro de la sociedad escocesa.
     A pesar de ese cierto pesimismo que rodea a las ‘Scottish Novels’ por la situación que atraviesa Escocia, vemos cómo varios de sus personajes de origen inglés marchan a este país, y se sienten tan fascinados por lo que ven que quieren formar parte de ella. En muchas de sus novelas contemplamos cómo el personaje central es un gentleman inglés seducido temporalmente por los reclamos del nacionalismo escocés, aunque al final regrese a su respetable forma de vida. En este sentido nos referimos a personajes como Edward Waverley o Francis Osbaldistone. Por el contrario, en una novela como El corazón del Midlothian es una humilde muchacha escocesa, Jeannie Deans, la que emprende el viaje, pero en sentido contrario, y marcha desde Escocia a Inglaterra. Jeannie es testigo de las diferencias existentes entre ambos países. Inglaterra aparece como un país más civilizado que Escocia. El ejemplo más claro de ello es que Jeannie abandona su hogar descalza y con la manta de tartán sobre su cabeza y al llegar a Inglaterra ha de calzarse, ponerse medias y sustituye el tartán por un sombrero de paja al estilo de las campesinas inglesas.
"Ivanhoe"      Estas novelas son una especie de peregrinaje llevado a cabo por un inglés de clase media que se adentra en un territorio como el de las Highlands. Estos viajes que realizan los protagonistas presentan el mismo patrón de los relatos de héroes de la talla de Ulises. En ese peregrinaje a Escocia o Inglaterra los protagonistas han de salvar numerosos obstáculos hasta llegar con éxito al final del viaje. Tal vez el rasgo más importante a destacar sobre estos personajes es que son meros espectadores del mundo que les rodea. Se ven envueltos en medio de conflictos armados, por lo cuales se dejan arrastrar, y aceptan su desenlace. El personaje de estas novelas simbolizaría la parte más deliberada de la personalidad del propio Scott, el observador desinteresado. Su deber es observar, registrar las respuestas adecuadas y finalmente aceptar la solución que le proponen. No es un héroe, sino un mero observador.
     Una característica más de estas novelas de tema escocés es que son novelas que tratan sobre guerras y batallas. Las rebeliones jacobitas ocupan gran parte de las ‘Scottish Novels’ y sus consecuencias. Por otra parte, no debemos fijarnos sólo en el personaje principal de estas novelas. Scott hace desfilar por ellas una gran variedad de personajes pertenecientes a todos los estratos sociales de la época. Y son estos los que oscurecen al héroe de la novela. Personajes grotescos como Andrew Fairservice; otros son trágicos como Evan Dhu Maccombich; pero la mayoría representan a la sociedad civil del norte como Bailie Nicol Jarvie, Dandie Dimont o Hobbie Elliot, cuyo consentimiento ha sido necesario para alcanzar la modernidad de Escocia.
     Hay otros aspectos acerca de las ‘Scottish Novels’ que merecen mencionarse, como por ejemplo la introducción que el propio Scott hace a sus obras. El prefacio a las mismas es la parte más dificultosa de leer y comprender, pero a la vez representan su mayor logro. Scott se inventa pintores, clérigos, maestros de escuela para justificar la creación de la historia que nos narra, viejos manuscritos transferidos o regalados que contienen excitantes intrigas y amores.


"Rob Roy"Clasificación de las ‘Scottish Novels’


     Dentro de las novelas de tema escocés podríamos diferenciar claramente dos grupos.
     En el primero estarían las novelas con un trasfondo histórico como son las rebeliones jacobitas, y que abarcarían desde el primer intento en 1689 (Vieja mortalidad) pasando por la rebelión de 1715 (Rob Roy), y concluyendo con la rebelión jacobita de 1745 reflejada en obras como (Waverley o Redgaunlet). Una novela como El corazón del Midlothian nos ofrece una imagen de los disturbios acaecidos en la ciudad de Edimburgo en el año 1736 con motivo del linchamiento del capitán Jock Porteous, aunque cabe señalar que Scott se basó en un hecho real para dar forma a esta obra.
     Un segundo conjunto dentro de las novelas de tema escocés serían aquellas que se limitarían a mostrar las costumbres de las clases sociales de la Escocia del siglo XVIII. Así, tendríamos obras como El Anticuario, Guy Mannering o La novia de Lammermoor. El nexo común a ellas sería la Escocia posterior a la Unión de las dos coronas en 1707. Y en el caso de La novia de Lammermoor estaría basada también en hechos reales. Si clasificáramos a las ‘Scottish Novels’ de acuerdo con la propia Historia de Escocia Guy Mannering y El anticuario se excluirían de este grupo; al mismo tiempo otras como The Fortunes of Nigel e incluso La doncella de Perth podrían ser incluidas dentro de las ‘Scottish Novels’. Por último deberíamos mencionar Las crónicas de Canongate (1828) que aglutinan tres novelas cortas o relatos que nos devuelven al Scott de las mejores novelas de tema escocés. De las tres obras que componen Las crónicas sólo las dos primeras nos devuelven al Scott de los primeros años como escritor de novelas históricas. En ellas volvemos a sumergirnos en la Escocia del siglo XVIII, el período que mejor conoce el autor y donde se encuadran sin duda sus mejoras obras, a pesar de lo que manifiesta el público lector.
     Para concluir diremos que Scott divirtió más a los lectores europeos que a sus compatriotas escoceses. En especial cabe destacar el papel desempeñado por tal vez la obra más conocida y difundida del genial escritor escocés: Ivanhoe, de la cual sólo en castellano existen más de ochenta ediciones frente a ninguna de su obra más relevante: Waverley or Tis Sixty Years Since.
"Guy Mannering"      El grupo de novelas que forman las denominadas ‘Scottish Novels’ son:

     -Waverley or Tis Sixty Years Since (1814)
     -Guy Mannering (1815) *
     -The Antiquary (1816) *
     -Tales of my Landlord, First Series (The Black Dwarf y Old Mortality) (1816) *
     -Rob Roy (1817) *
     -Tales of My Landlord, Second Series (The Heart of Midlothian) (1818) *
     -Tales of My Landlord, Third Series, (The Bride of Lammermoor y A Legend of Montrose) (1819) *
     -The Monastery y The Abbot (1820) *
     -The Fortunes of Nigel (1822)
     -Redgaunlet (1824)
     -Cronicles of Canongate (The Highland Widow; The Two Drovers; The Surgeon Daughter). (1827) *
     -Cronicles of Canongate, Second Series (The Fair Maid of Perth) (1828) *

     Las novelas con un asterisco han sido traducidas al castellano: Guy Mannering; El anticuario; El enano negro; Vieja mortalidad; Rob Roy; El corazón del Midlothian; La novia de Lammermoor; El capitán aventurero (Montrose); El monasterio; El abad; De las obras que componen las crónicas de Canongate sólo La viuda las montañas; Los dos arreadores; La doncella de Perth.

 


     BIBLIOGRAFÍA BÁSICA SOBRE WALTER SCOTT:

     -Álvarez Rodríguez, Román, Origen y evolución de la novela histórica inglesa, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 1983.
     -“De la novela gótica a la novela histórica (1760-1840)” en Historia crítica de la novela inglesa, Salamanca, Colegio de España, 1998, pp: 65-106.
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     - “The Heart of Midlothian” en Scott, Edinburgh, Oliver and Boyd, 1965, pp: 87-108.
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     -Rance, Nicholas, The Historical Novel and Popular Politics Nineteenth- Century England, Great Britain, Vision Press, 1975.
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     -Scott, Walter, Diario Buenos Aires, Espasa, 1954.
     -El corazón de Mid-Lothian, Edición de Román Álvarez, Trad. Fernando Toda, Madrid, Cátedra Letras Universales, 1998.
     -Shaw, Harry E, Sir Walter Scott and His Successors, London, Cornell University Press, 1983.
     -Sutherland, John, The Life of Walter Scott. A Critical Biography, Oxford, Blackwell, 1995.
     -Warrack, Alexander, The Scots Dialect Dictionary, Scotland, Waverley Books, 2000.


 

 

 

 

 

 

BLOGOMAQUIA (O LA QUIMERA DE DECIR QUÉ ES UN BLOG)

por Alfonso García-Villalba

 


1.


He intentado escribir un blog     He intentado escribir un blog, hacerlo en directo, depositar poco a poco lo que pienso, mis reflexiones sobre la literatura, mis acercamientos a la ficción. He ensayado. Todo acercamiento a la literatura es un ensayo: un tanteo, laboratorio de pruebas con el material (auto)biográfico y las pastillas de la imaginación, coctelera, agítese al gusto.
     Más que nunca he pensado que el blog era la vía, el género que refleja la contemporaneidad: Narciso que no se refleja en el lago (ni siquiera en un espejo), sino en la pantalla del ordenador, enlace telefónico a redes: Narciso interconectado a una malla de Narcisos.
     El problema de ilustrar al hombre de hoy en día con este ejemplo de la mitología griega es que Narciso tiene mala prensa. Suena mal. El tonto que se queda flipado observándose a sí mismo. Egoísta, a su bola. No quiere saber de nadie. El egoísmo no vende. Tal vez sería más adecuado hablar de egotismo. El caso de Don Juan era más práctico, nos funcionaba bien: viril y echado palante, atento al otro, mirón, ave de presa. Más parecido a un goleador, más épico. La seducción externa pasó, la atención hacia el otro se diluyó. Tal y como proponía Gilles Lipovetski en La era del vacío, el mito de Don Juan es sustituido por el mito de Narciso. No nos interesa el otro, la atención se focaliza hacia nosotros mismos, autogestión, do it yourself, paja.
     ¿Es posible la lectura de los blogs de los demás cuando ya no nos interesan los demás? ¿Es posible seguir leyendo obras ajenas cuando todos podemos convertirnos en escritores (cuando todos somos escritores según Ricardo Piglia) y, además, hacer público nuestro trabajo mediante la autoedición? ¿Alguien está leyendo a alguien?
     Supongo (o espero) que sí. Con la irrupción de los blogs, la lectura no muere, sino que crece aunque cambie sus formas. La lectura se convierte en un ejercicio de enlace, de salto. De conversación (como dice David Sifry, director de Technorati, el mayor buscador de blogs), de hipervinculación a otras bitácoras: Un blog te lleva a otro y así una y otra vez. En cierto modo desaparece el autor, la figura del autor (y desaparece el lector, que se hace mutante e híbrido, hacedor y observador).


"El arte de la novela" de Milan Kundera2.


     Como decía: intenté escribir un blog porque pensé que era la metodología de escritura (incluso para la ficción) que mejor se ajustaba y reflejaba la actualidad y, como un escritor debe dar fe de su tiempo o de los hombres de su tiempo o del tiempo en que vive, recordé las palabras de Milan Kundera (El arte de la novela) en que decía —algo así como— que la lectura más interesante que podría hacerse en el futuro sería la lectura de un texto, un diario (¿un blog?) escrito por una persona que no tuviese intenciones literarias, que sólo tratara de poner por escrito sus inquietudes, su vida, las cosas que le van pasando, lo que ve. El Diario de una persona normal, al fin y al cabo. Un gran número de blogs son eso: crónica personal, exhibición, álbum de fotos. Así que la apreciación del escritor checo se ajusta perfectamente (con aquellos) a la idea de la persona solitaria que se pone a escribir sobre la vida, sobre sí mismo, sobre lo que sea (adopte el lector la figura de Narciso para este caso si lo considera necesario, si piensa lo contrario deséchela, hágase la lectura todo lo fácil que le sea necesaria al lector: llegado a este punto, prescinda de ella si es necesario).
     Pero, obviamente, hay —y debe haber— otros blogs que sueñen con ser diferentes a todo eso, que quieran ser ficción, leyenda. He rastreado la red en busca de esos blogs, en busca de esas personas ahítas de ficción y dispuestas a dispensar al lector su dosis de fábula. Yo, en mi humildad, he querido ser uno de ellos (no por gusto, sino por necesidad).


3.


     Por tanto, alucinado con las posibilidades del blog (la ruptura con el intermediario caprichoso del editor, la autoedición, el contacto directo con el lector, etc.) empecé con pasión. Subí a mi bitácora las cosas que tenía "Yo y tú, objetos de lujo" de Vicente Verdúescritas, los últimos meses de trabajo. Poemas. Microensayos. Algunas ficciones. Empecé fuerte pero me desinflé como un globo. Abandoné las tareas a los pocos días y olvidé la contraseña de mi cuenta. El blog se quedó como un pueblo desierto, como Chernobil o el pueblo de los spaghetti western de Almería en una noche de invierno, viento y frío. A veces visito el blog deshabitado y miro la colección de fantasmas de mí que por allí pululan. A veces el rubor aparece en mis mejillas, a veces estas sombras de narraciones y versos de otro tiempo me persiguen como náufragos. Yo los abandono a su suerte (considero que ése no era su sitio, les pido perdón pero huyo).
     La ilusión, como se ve, se desvaneció. Fue un principio de fotomatón: flash y detención repentina; no subí nada más a mi cuaderno, todo se congeló. Pensé que el blog era una distracción de mis verdaderas tareas como escritor (o comunicador: Vicente Verdú en su libro Yo y tú, objetos de lujo sostiene que ya no hay escritores sino comunicadores —los escritores que quedan son los que proceden de antes de la era de la información, de la segunda revolución de Guttenberg—).
     La rapidez del blog no me seducía. Yo tenía que escribir mis relatos, profundizar en ellos, no dedicarme a ser un bloguero sin más. Heriberto Yépez, buddha del blog allá por la escena de Tijuana, en México, decía un día en su bitácora: «Ser no más que bloguero es una pendejada. Hay frases en mi vida que me han hecho cambiar, que se han quedado flotando en mi imaginario personal. En aquel tiempo (hace algo más de un año) detuve el flujo de comunicación instantánea, la edición on line, la espera del posteado, los dolores de barriga, la subversión del sistema editorial, tiré la revolución por el váter (como otras veces, como todo el mundo). Era preferible merendar magdalenas, mojarlas en la leche, leer a Pitol o a Vila-Matas, descifrar lenguajes ocultos en sus textos, aprender, borrar vanidad del horizonte, ver atardecer, no tener prisa».
     Además: pensaba que un blog debía adscribirse a la cultura literaria que había recibido hasta el momento, la literatura que conocía, la que había disfrutado hasta entonces. Cuando, en realidad, el blog es el terreno La ilusión se desvanecióde algo que nada tiene que ver con la literatura o que, por lo menos, no es solamente literario: si acaso la literatura puede ser parásito de la herramienta tecnológica llamada blog, establecer un protocolo de simbiosis.
     Las características del blog se alejaban de todo lo que conocía. La atracción que me provocaba al mismo tiempo se compensaba con un rechazo. Todo lo que podía tener de innovación se disolvía en las reticencias hacia un artefacto que conformaba otra cosa diferente a lo que tenía entendido por literatura o lo que podía tomarse por literatura, lo que tenía el certificado de calidad, la denominación de origen, el control de los que dicen qué está bien, qué está mal. Las bitácoras daban voz a los sin voz, me daban voz, a ti también, a todos, oh mi porción de la tarta en la repercusión mediática, mi gran hermano literario, por fin la metamorfosis en un ser social y literario cuando y como yo deseara.


4.


     La literatura ha formado parte de esa entelequia que ha convenido en llamarse cultura. Y las entelequias necesitan membresías. Y las membresías necesitan personas que digan si uno es apto o no para entrar en el club. La cultura en mayúsculas (CULTURA), la elitista, aquella cuyos antepasados hablaban en latín, la cultura que segrega y establece castas significa apartheid. Tú eres negro, yo soy blanco, yo soy escritor, tú no eres escritor. Esa literatura es la que sustenta el modelo de dominación, la cultura que decide lo que es excelente, lo que es popular, masivo, insustancial. Es la misma cultura que desdeña a lo largo de los siglos las manifestaciones populares que han tenido su máxima expresión, al menos en la tradición europea, en el carnaval, pero que a ojos de los oligarcas de Narciso, la gloria y el infiernola cultura es analizada como algo inferior, poco profundo, poco serio, que no merece la atención, vulgar, expresión de la superficialidad de los que no son élite.
     El blog nada tiene que ver con eso (y al mismo tiempo tiene que ver: dependerá del punto de vista que se le dé, tanto el enfoque dado por el autor como la perspectiva de lectura que se tome). El blog, jugando en la ambivalencia, tiene más que ver con la cultura de masas que con la cultura oficial y elitista. Porque, sencillamente, el blog —por su accesibilidad, su sentido abierto— puede ser hecho por todos y estar destinado para todos. Es la apertura democrática de la edición de textos, la consolidación de un espacio para la difusión de la información, la fractura dentro del tejido de la comunicación que verticalmente desciende sobre la gran audiencia global. Los blogs suponen la atomización de la comunicación. Cuando todos podemos comunicar, cuando podemos establecer foros de intercambio y de discusión, todos salimos ganando (y fracturamos la hegemonía de los monopolios del mass media). Solamente la flema aristocrática, quien cree tener el privilegio del poder (sea el presidente de un grupo de comunicación, un presentador de telediario, un editor o un premio Nobel) puede rechazar la existencia de este fenómeno que tiende a ocupar la red lenta pero inexorablemente.


5.


     Yo he sido, o he querido ser (más bien) uno de esos estúpidos guardianes del poder, centuriones de la inteligentsia. He pensado que el blog podía esperar. Que primero debía lanzarme al éxito en un concurso literario (6000, 10000, 20000 euros para mí y para mi pandilla, arriba y arriba), conseguir la publicación —en papel— de alguna de las obras que "Mano dibujándose a sí misma" de Escherse esconden en los archivos de mi portátil. Sí, lo confieso: he querido ser parte de ellos, convertirme en colaboracionista.
     Dejé los blogs porque pensaba que necesitaban tiempo, como todo texto, reposo, análisis, relectura, reescritura. Llegados a este punto tengo que decir que el blog no mata a la literatura anterior sino que se une a ella. Cuando empecé con los blogs, no distinguí que estos prefiguraran una nueva literatura, una literatura futura, más acorde con los tiempos de la velocidad y la instantaneidad. Ambos conceptos son rechazados en el mundo de la Literatura con Mayúsculas (No obstante: precaución ante la vacuidad y la posible vomitona del yo-yó de esta descentralización editora). La élite que trabaja para las editoriales se defiende de lo que ellos consideran advenedizos. Es lógico desdeñar a aquel que hasta hace poco no tenía cabida en el mundo de las letras y que, gracias a la cultura de masas, consigue un lugar en este espacio al que, hasta ahora, la llegada a él podía considerarse un viaje al Parnaso, una odisea, el acceso a un club de lujo previo pago de la entrada (cualquiera que sea el pago necesario...) o por invitación...
     Las editoriales hasta hace bien poco —ejerciendo de dominatrices— nos han dicho siempre qué es lo que hay que leer, la crítica nos ha dicho, nos ha explicado (y nos ha aburrido con ello) qué es lo bueno y lo malo. Nosotros caemos en el juego de las dicotomías, del binarismo excluyente. Todo intento de cometer un abordaje sobre el establishment literario es repelido. La crítica es vieja y la nueva literatura es joven. Los ancianos se protegen de los jóvenes, como los leones ancianos temen el crecimiento de los cachorros y la pérdida del monopolio sexual con las hembras. La cultura establecida tiene mucho de monopolio. En literatura el monopolio es respetado y venerado. Hay sacramentos y liturgias. El aspirante a escritor debe pasar las experiencias de iniciación. No se puede ser francotirador solitario. El blog permite serlo. Busquemos a Chacal y que complete el magnicidio.


6.


Elevación de un hombre por un globo     Como fenómeno de la cultura popular, hay que tener en cuenta que el blog es un género (o un medio técnico) cultivado por un gran número de personas. Es la cultura del fanzine elevada a la máxima potencia, la prensa libre, el poemario on line, la crónica instantánea, el escritor como guerrillero solitario.
     Centrándonos si acaso en los blogs con cierta intención estética (literaria), puede afirmarse que la instantaneidad de los blogs es una de las condiciones indiscutibles que tal herramienta ofrece. Pero instantaneidad no sólo significa que haya de ser escrito de forma rápida y editado inmediatamente. La instantaneidad, desde mi punto de vista, debe ser entendida como la forma de publicar el blog. Que se publica automáticamente (sin intermediarios, sin filtros, sin censuras, sin pensar en las condiciones económicas que cualquier publicación puede tener). Redactas el texto, corriges, llegas a su forma final (si es que la tiene) y la subes a la red. El resto de actitudes (escribir directamente y colgarlo en el cuaderno) tiene más que ver con la confesión rápida y fugaz, la grafomanía, la verborragia. Aunque, tal y como propone Piglia, también es literatura (todo es literatura). Porque, queramos o no, el lenguaje de la administración del estado, de los jueces, de los médicos, también es literatura, aunque cada una en su campo.
     Muchas veces los blogs pueden servirnos como revistilla. Igual que hay quienes compran Cosmopolitan, el Vogue, Men´s Health, el Hola o National Geographic, hay quien puede entrar a un blog e interesarse por las cosillas que tal o cual persona va dejando (en forma de sedimentos, curiosidades, tal vez excrementos) en su bitácora.
     Ése es el caso de muchos de los usuarios de los blogs. Nos cuentan su vida, con quién se han acostado, su última lectura, nos recomiendan una película o bien analizan películas de culto, emiten sus análisis de productos culturales que no tienen cabida en los centros mediáticos al uso. O bien nos dicen que quieren ser de otra manera, que son felices. Catalogar todo esto sería una tarea imposible.
     Muchos escritores (escritores que publican en papel) utilizan los blogs para dejar allí sus reflexiones y alimentar su ego. Poco más. Desde ese punto de vista contribuyen a la saturación del canal de la comunicación (terriblemente sobredosificado en estos tiempos que corren). Acercarse a un blog en esos casos (tanto para leerlo como para escribirlo) es acercarse al mismo como si lo hiciéramos a una revista del corazón (aunque los temas puedan variar) o como quien espía en el patio de vecinos. Muchos de los escritores que tienen blogs empiezan un cuaderno para contarnos qué es lo que han leído últimamente, la peli que les ha emocionado o el "Narciso" de Caravaggioúltimo muerto de su Olimpo estético particular. Si bien (hay que decirlo) es semejante a la gran tradición diarística de la literatura occidental, es diferente a ésta.
     Puede decirse, por tanto, que Ernst Jünger, André Gide o Witold Gombrowicz, por poner unos ejemplos paradigmáticos, hacían algo parecido en sus diarios (literatura de carácter fragmentario tan próxima a las bitácoras, o al revés). En algunas partes de sus diarios encontramos textos de naturaleza semejante. Inolvidables son, por ejemplo, los encuentros que Jünger relata en Diario de la guerra y la ocupación (Radiaciones) durante su estancia en el París ocupado por los nazis, donde consigue conocer a Pablo Picasso o a Marcel Proust, a quien retrata como un personaje obsesionado con el polvo (no dejaba a la criada quitarlo) siempre con sus guantes de seda para evitar el contacto directo con los demás o, simplemente, con el mobiliario. Este tipo de entradas (como en un blog) serían las anécdotas que aparecen en cualquier diario; sin embargo, el alemán llega más lejos y nos acerca a la supervivencia en el caos, a la catástrofe, al arte, a la sinrazón. En el mismo sentido están las crónicas de los primeros amores adolescentes de André Gide, sus primeras aproximaciones a la literatura, sus tanteos.
     La potencialidad que albergan los blogs (literarios), como un nuevo y nutriente género de carácter fragmentario, los acerca a una tradición en las letras que, desde clásicos como Marco Aurelio en sus breves textos de las Meditaciones o El arte de la prudencia de Baltasar Gracián en el Barroco, llega al siglo veinte con Minima Moralia de Walter Benjamin o los Diarios de Witold Gombrowicz, por citar algunos ejemplos (y no los únicos). Así, sobre la naturaleza de los blogs nos sirve una anotación de Heriberto Yépez (otra vez el de Tijuana) citando algo que escribió el mexicano Alfonso Reyes décadas antes: «Los libros de notas —pulso febril del tiempo— serán la literatura de mañana y ya casi son la de hoy... Esta tarea de ir apuntando cada uno de nuestros fugaces pensamientos ofrece el riesgo de todos los narcisismos, conduce a la desesperación y a la muerte». Cierto: la propia naturaleza del blog es su gloria y su infierno.


7.


Los "Diarios" de Gombrowicz, híbrido entre ficción y realidad     Pero, no obstante, creo encontrar diferencias entre las páginas de los autores aludidos antes y los blogueros contemporáneos. En primer lugar, unos eran maestros y los otros no (tiempo al tiempo). Además: la impresión general que cualquiera pueda tener al acercarse al blog de un autor que publica es que se está guardando cosas, que nos ofrece las migas de su verdadero trabajo. Tal actitud, en cierta manera, se debe a los tiempos en que vivimos: ¿para qué colocar un relato en un blog si podemos enviarlo a un certamen literario que nos dé 6000, 10000 o 20000 euros, tal vez más? Es lógico, el mercado empuja y no sabemos cómo boicotearlo (nadie lo va a hacer). En cambio, una de las más profundas raíces revolucionarias (¿?) de los cuadernos de bitácora sería la subversión del orden establecido en el mundo de la lectura y la escritura.      El blog es la herramienta ideal para destronar a los editores y erigir nuevos príncipes que sean los nuevos focos de atención de la literatura.


8.


     La cuestión es encarar el blog como género literario y, a la vez, tomar distancias respecto a él, sabotearlo, componer un híbrido de ficción y realidad, tal y como Witold Gombrowicz propone en sus diarios. El ejercicio del narcisismo on line debe avanzar en una dirección similar a la desmitificación: un blog, al fin y al cabo, es una máscara (debe serlo). Ponerse careta, peluca, hacer el travesti o fingir debe convertirse en mandamiento (si se quiere avanzar en este campo). Otra posibilidad de desdoblamiento en el interior del blog es la introducción de ficciones explícitas. El autor del blog se creará un personaje on line y responderá solamente a sus propias expectativas. Teniendo en cuenta siempre que si uno descree de lo que ve, escucha o compra, debe hacer lo mismo con su propio trabajo. Para otorgar al blog un estatuto de interés literario hay que entenderlo (y crearlo) en su dimensión de género (igual que existe el diario, la crónica, etc.). El resto de aproximaciones son anecdóticas. El propósito de este artículo no es decir cómo tiene que escribirse un blog, sino perderse en los laberintos de éste, intentar subirse a los lomos del Minotauro (reírse de él, ¿con él?). El bloguero es libre de hacer lo que quiera: yo solamente apunto formas, posibilidades, las variables que deseo para mi escritura. Todos, al fin y al cabo, somos escritores como dice Ricardo Piglia en Formas breves (sí, ahora es cuando le copio): «Todos son escritores. El escritor no existe, todo el mundo es un escritor, todo el mundo sabe escribir. Cuando se escribe, una carta (ésta, cualquiera), también eso es literatura».
Una lectura adecuada de "El Quijote"...     Una adolescente con acné que espera a su príncipe azul también es una escritora, aunque éste no tenga calidad literaria (o no presente una preocupación por la forma), aunque éste pudiera gustar a un crionizado Milan Kundera dentro de unas cuantas décadas y descubriera, resucitado por la ciencia como Walt Disney, los escritos de esa persona anónima que, desde el presente, reflexiona sobre la vida, nos la cuenta (o se la inventa).
Pero, fundamentalmente, debido a los tiempos que vivimos, sobre lo que trata un blog, sobre lo que es normal que gire, es en torno al propio autor. Uno no hace un blog para hablar de otro (de otros) o para escribir acerca de la madame Bovary del siglo XXI. Ahora el sujeto es el yo: «Madame Bovary soy yo» decía Flaubert. Madame Bovary somos todos, añadiría yo. El yo no está fuera del interés del narrador, del poeta. Nunca lo ha estado. Una lectura adecuada de El Quijote nos revela que el paradigma de la novela moderna también recoge las inquietudes de un ego, el de Cervantes (ídem para el resto). Decirlo me resulta incluso que sobra. Todo acto literario consiste en la exposición, más o menos directa, del yo de un artista. Más bien siempre ha sido el yo el centro a través del cual se escribía.
     Se disimulaba. Simplemente.
     En los tiempos de la egomanía y del cuidado personal, del self service emocional, en los tiempos de la desaparición del otro, cuando el otro ha muerto y nos adentramos en el desierto, lo único acerca de lo que nos resta escribir es sobre nosotros mismos. Ya no interesa cruzar al otro lado del espejo, nos contentamos con observar nuestra imagen reflejada en el espejo. El autor, en su lógica exhibicionista, se acoge a la dialéctica del narcisismo y se observa (no cruza al otro lado del espejo para observar como es allí, en el otro lado de la pantalla).
     Error.


9.


     Desde hace un tiempo fantaseo con la creación de un nuevo género literario al que convendría llamar ensayo de autobioficción (el blog sería el medio ideal para conseguirlo). Compuesto de diversos instrumentos y Los blogs suponen la atomización de la comunicaciónestrategias, y mediante la traducción de la realidad sentida, vivida o inventada, este género pretendería sondear el territorio del ensayo como mera excusa para contar historias que se maquillan entre sus renglones, entre los surcos de la reflexión.
     A la vez narrativo y contranarrativo, y de un marcado carácter interno, abstracto, neuronal, esta autobiografía de ficción tendría como intención contar dos historias, dos direcciones: las aventuras que, en el texto, tienen lugar fuera de nosotros y los episodios mentales en los que, a diario, cada uno de nosotros se embarca y que, irrevocablemente, confluyen con las primeras y que son, finalmente, el filtro que condiciona y decanta lo que somos y lo que nos sucede.


10.


     La gran virtud de la escritura es la mentira, sí, podemos mentir, fabular y concebir la posibilidad de que aparezca el blog que rompa con la dinámica actual de las bitácoras (el realismo del yo-yó-sin-fábula), que nos brinde una blogonovela que se construye día a día, una especie de narración por entregas, de folletín. Ahora sueño con encontrar la forma de dar con esa blogonovela. He vuelto al blog, le busco las formas, las cosquillas. Ahora mis textos —a diferencia de los que pululan por aquel blog deshabitado del que hablé al principio de estas notas— aguardan, rodeados de guirnaldas y mentiras, como niños con sonrisa húmeda y pelo bien peinado a que el próximo lector decida a entrar y comprobar que, aunque fantasmas, mis textos fingen no serlo.
     Fin.

 


     (*) Se recomienda la visita y lectura del blog de Alfonso García-Villalba Diario de una persona normal. Podéis acceder a él a través de La Caseta del Perro.

 

 

 

 

 

 

 

JUAN RAMÓN LACADENA

 

Juan Ramón Lacadena, el sabio de la genética © Andalucía Investiga

     Entrevista: José Antonio Garrido

 


«SABIDURÍA GENÉTICA»


    
 Cuando se escucha hablar a este zaragozano que vio la luz en 1934 se tiene la sensación de que se está ante una de esas personas que nacieron para marcar una etapa. Juan Ramón Lacadena es un hombre de aspecto afable, gesto seguro y tono contundente, que imprime a su dialéctica el saber de toda una vida dedicada a la ciencia. Es miembro de la Sociedad Española de Genética —de la que fue socio fundador y presidente durante cinco años— y en la actualidad ostenta el puesto de profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid, donde ha sido catedrático de genética durante casi treinta y cinco años. Además, es Académico Correspondiente Nacional de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales del Instituto de España y Académico de Número de la Real Academia Nacional de Farmacia del Instituto de España.
     Hoy, con la amabilidad que siempre muestra, ha accedido a concedernos una entrevista para charlar sobre ciencia y literatura, y como siempre, sus palabras se presentan como la lección magistral de un genio que asume su condición con una lúcida sencillez.

 

     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS (ECP): Buenos días, Juan Ramón. Comencemos hablando de ciencia y de esa palabra que la sociedad ha acabado por aceptar, pero a la que costó acostumbrarse: clonación. Cuando en febrero de 1997 se anunció al mundo la existencia de una ovejita clónica llamada Dolly, el titular de un periódico con tintes Hoy la oveja Dolly, mañana el pastorsensacionalistas rezaba: «Hoy la oveja, mañana el pastor». Además, con cierta asiduidad la literatura ha tratado el tema de la clonación humana y de las sociedades futuras con resignado catastrofismo. ¿Cree usted que esto no es más que un recurso literario o considera que existen motivos para ser realmente tan pesimistas en referencia al futuro y al uso de las herramientas que la ciencia pone en las manos del hombre?

     —JUAN RAMÓN LACADENA (JRL): Buenos días, José Antonio. Más que tintes sensacionalistas, yo diría que el titular de aquel artículo quería ser profético. Yo lo he utilizado en numerosas ocasiones porque me parece que fue un acierto de marketing editorial. De hecho, después de la oveja Dolly se han obtenido animales clónicos en más de una docena de especies de mamíferos: ratón, vaca, cabra, conejo, cerdo, caballo, mula, ciervo, gato, perro, etc. Puesto que podemos admitir que los avances en genética de la reproducción y embriología de mamíferos de laboratorio o domésticos son extrapolables a la especie humana, eso significa que lograrlo en la especie humana no es cuestión más que de decisión, dinero… y de ética. No obstante, la realidad, hoy por hoy, es que está siendo muy dificultosa la clonación en humanos. Descartando las fraudulentas investigaciones llevadas a cabo en 2004 y 2005 por el Dr. Hwang en la Universidad de Seúl, que acumulaban más de sesenta embriones humanos obtenidos por la técnica de transferencia de núcleo, la realidad experimental se reduce a dos embriones, uno de los cuales no llegó a pasar del estadio de seis células y el otro apenas alcanzó el estadio de blastocisto. Pero, insisto, si no se ponen barreras éticas y legales al final se podría llegar a la obtención de embriones humanos clónicos.

Ejemplar de la revista "Nature"     —ECP: En febrero de 2001 se publicó la secuencia del genoma humano, mientras que en septiembre de 2005 fue la del Chimpancé la que salió a la luz en la revista Nature. Análisis comparativos de ambas secuencias concluyen que el número de genes codificantes de proteínas en ambos casos ronda los 20.000 —un número considerablemente inferior al que se esperaba, al menos para el hombre—, y que las proteínas ortólogas (equivalentes) a las que estos genes dan lugar son enormemente similares. Ante este hecho cabe plantearse una serie de cuestiones bioéticas como qué nos convierte en humanos y qué a ellos en chimpancés o en qué sentido ha dirigido la evolución esas pequeñas diferencias para convertirnos en lo que somos. ¿Cuál es su opinión al respecto?

     —JRL: Efectivamente, los primeros borradores casi completos de secuenciación del genoma humano se hicieron públicos simultáneamente en 2001 por los dos grupos de investigación privado y público que competían en la carrera y que coordinaban, respectivamente, los doctores J. Craig Venter y Francis Collins. Tres años más tarde, en 2004, el Consorcio Internacional presentó la secuencia prácticamente definitiva de un 99% del genoma humano.
     En relación con la pregunta que me hace, recuerdo que en el Congreso sobre “El Derecho ante el Proyecto Genoma Humano” que, organizado por el Dr. Santiago Grisolía, tuvo lugar en Bilbao en 1993, el Doctor Venter habló del interés de acometer el “Proyecto Genoma Chimpancé” como base para comparar nuestro genoma con el del chimpancé, nuestro pariente evolutivo más cercano entre las especies que han sobrevivido en el proceso de la evolución en la línea filogenética de los Póngidos, puesto que en la línea de los Homínidos solamente ha subsistido la especie humana. Pues bien, efectivamente, como usted dice, en 2005 se presentó un primer borrador —todavía incompleto— del genoma del chimpancé. De la comparación de ambos genomas, el suyo y el nuestro, se deduce que compartimos en torno al 99% de las secuencias de ADN. Sin embargo, ellos son monos y nosotros somos seres humanos. ¿Por qué es esto así? ¿Qué nos diferencia?
"Los derechos de los animales", editado por Juan Ramón Lacadena     Se han escrito miles de páginas tratando de establecer las diferencias entre los seres humanos y el chimpancé o cualquier otra especie de grandes simios como son el gorila y el orangután. A mí me satisface intelectualmente la siguiente contestación: los seres humanos tenemos tres singularidades que no tiene ninguna otra especie animal: 1) Somos sujetos cultos; es decir, estamos genéticamente capacitados para utilizar el lenguaje simbólico. La cultura humana comenzó cuando un primer homínido fue capaz de contarle a un congénere suyo mediante un lenguaje simbólico algo que había hecho. 2) Somos sujetos religiosos; es decir, estamos genéticamente capacitados para preguntarnos por el sentido de la vida, nuestro origen y destino. Somos capaces de trascender de nosotros mismos preguntándonos por la existencia de Dios y aceptar libremente la respuesta afirmativa o negativa. ¿Usted cree que un chimpancé se puede hacer tales planteamientos? 3) Somos sujetos éticos; es decir, estamos genéticamente capacitados para prever la consecuencia de nuestros actos, para hacer juicios de valor, distinguiendo el bien del mal y optar libremente por hacer el bien o hacer el mal.
     En este contexto se podría hacer referencia al Proyecto Gran Simio que trata de extender a los chimpancés, gorilas y orangutanes la comunidad de iguales que constituimos los seres humanos. El Proyecto Gran Simio, que surgió en 1993 liderado por el filósofo Peter Singer, ha sido objeto recientemente de una polémica social en España al haber sido presentada por el Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados una Proposición No de Ley instando al Gobierno a que se adhiriera a dicho Proyecto.

     —ECP: Hace apenas unas semanas se aprobó en el pleno del congreso la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida que legaliza el diagnóstico genético preimplantacional, una técnica que permite detectar determinadas anomalías en el embrión y transferir al útero materno únicamente los embriones genéticamente “normales” para los cromosomas estudiados. Con esta técnica se podrían evitar enfermedades como la distrofia muscular de Duchenne o la anemia de Fanconi. Pero la iglesia católica, como en otros tantos aspectos relacionados con el avance de la ciencia, ha emitido su desaprobación pública. Parece que el desencuentro ciencia-iglesia fuera total. ¿Cree que hay un punto en el que ambos pudieran —o tendríamos que decir “debieran”— confluir? ¿Son realmente inmiscibles la doctrina católica y el devenir de la ciencia?

"Citogenética" de Juan Ramón Lacadena     —JRL: La pregunta que me hace es muy compleja y necesitaría mucho tiempo y espacio para responderla. Empezaré contestando por el final: yo sí creo que la ciencia y la creencia son compatibles y que están obligadas a entenderse. Más aún, le puedo decir que yo soy un científico creyente y no me considero una especie de esquizofrénico intelectual porque sé hasta dónde llega la ciencia y dónde comienza la creencia. Lo que no se puede hacer es mezclar las cosas como ha sucedido, por ejemplo, con la controversia “creacionismo-evolucionismo” en los Estados Unidos. Muchas veces ocurre en estos temas controvertidos que el conocimiento científico es tan grande que el saber “cómo” ocurren las cosas se confunden con el “porqué”. Sobre estos temas he escrito muchos artículos y un pequeño libro que se titula Fe y Biología.
     Respondiendo ahora a la primera parte de su pregunta le diré que, en mi opinión, el tema de la selección de embriones —y cuando de habla de selección debemos ser conscientes de que en la otra cara de la moneda está la eliminación de embriones— no es un problema de religión, sino que es un problema ético que cada cual resuelve en función de sus propios criterios bien fundamentados. Hace ya unos cuantos años decidí abandonar la bancada de laboratorio para dedicar todo mi tiempo a la reflexión y el diálogo interdisciplinar entre la genética —que es mi profesión— y la bioética. Jamás me he arrepentido de esa decisión; hasta tal punto que en 2004, a mis setenta años, obtuve el grado de magíster en bioética.

     —ECP: La literatura y la ciencia son campos de la creación o del conocimiento que, a pesar de tener muchos puntos en común, tradicionalmente suelen presentarse separados y divergentes. No obstante, hay muchos escritores que han tocado con acierto en sus novelas cuestiones científicas, como es el caso de Julio Verne o Aldous Huxley, por citar sólo a los más famosos, y científicos que han desarrollado su labor literaria con reconocido éxito como es el caso de Conan Doyle, Asimov o el doctor Marañón. ¿Cree que el respeto por entrar en un campo que se considera ajeno puede estar haciendo que nos perdamos grandes joyas literarias o a ilustres escritores con formación científica?

"Genética vegetal" de Juan Ramón Lacadena     —JRL: Estoy totalmente a favor de una actividad intelectual que combine los conocimientos científicos y las dotes de escritor. Aquí me gustaría deslindar dos situaciones distintas: una es la del científico que, además, es escritor de gran valor literario —pongamos por ejemplo al Dr. Marañón, al que usted ha citado— y otra la del científico que, además, es un gran divulgador. La divulgación científica es necesaria para educar a la sociedad. Es importante saber transmitir en lenguaje asequible al ciudadano medio las realidades y logros de la investigación. Además, en estos momentos actuales en los que los avances científicos son tan espectaculares, pero a la vez repletos de problemas éticos, es nuestra obligación comunicar a la sociedad los temas más complejos con la mayor claridad posible, contribuyendo a que el ciudadano forme su propio criterio sobre temas en principio difíciles de comprender. Se trata de evitar la “manipulación social” que a veces acompaña a la “manipulación genética” y que no se confunda la “opinión pública” con la “opinión publicada”.

     —ECP: El trabajo del penúltimo Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, el neurólogo portugués Antonio Damasio, ha sido fundamental en la comprensión del funcionamiento de las áreas cerebrales en las que están involucradas la toma de decisiones y la conducta, además de establecer las bases cerebrales del lenguaje y la memoria. ¿Considera que la genética debería tener la última palabra al respecto, debiendo fijarse las bases de la conducta humana en la secuencia génica del individuo?

     —JRL: Desde hace muchos años, en mis libros de genética y en mis clases en la universidad vengo defendiendo que el “comportamiento” es el último componente del desarrollo, que empieza por la proliferación celular, la citodiferenciación, la histogénesis, la organogénesis y la morfogénesis. Haciendo una analogía, en la Genética del Desarrollo se pasa del gen unidimensional y las hojas blastodérmicas bidimensionales a la morfogénesis tridimensional y al comportamiento multidimensional.
¿Cómo definir el comportamiento? Para mí, la mejor definición de comportamiento se la leí al Profesor Pinillos: por comportamiento se puede entender “cualquier reacción a cualquier estímulo”. La virtud de esta definición tan sencilla es que abarca todo tipo de comportamiento, desde los tropismos y las taxias más simples a los comportamientos más complejos como son los reflejos, los instintos, el aprendizaje y la inteligencia.
"El gen egoísta" de Richard Dawkins     El estudio de la Genética del Comportamiento tiene varias dificultades como son: 1) La dificultad de definir y valorar el carácter que se quiere estudiar. 2) La distancia tan grande que hay —hablando en términos genéticos— entre el genotipo y el fenotipo o pauta de comportamiento. Pensemos en los receptores que reciben el estímulo, el sistema intermediario nervioso o endocrino que lo procesan y los efectores que realizan la respuesta y que todos ellos pueden estar genéticamente determinados. 3) En tercer lugar hay que considerar la influencia del ambiente que puede interferir y modificar la acción de los genes. En los estudios de genética del comportamiento humano hay que ser muy prudentes, no podemos decir sin más ni más que todo es debido a los genes —a la secuencia del ADN en los términos de su pregunta— ni que los genes no juegan papel alguno y que todo es debido al ambiente, como a veces se oye decir. En la especie humana hay muchos caracteres de comportamiento en los que no hay duda alguna de que existe una influencia genética y una influencia ambiental; lo importante es tratar de dilucidar en qué medida influyen ambos componentes. En muchas situaciones hay que huir de los determinismos genéticos absolutos, pasando a las “predisposiciones” o “susceptibilidades” en término de probabilidades.

     —ECP: Libros como El mono desnudo de Desmond Morris, El pulgar del panda de Stephen Jay Gould y el archiconocido best-seller de Richard Dawkins El gen egoísta tratan, de modo ameno y entretenido, a la par que con rigor científico, cuestiones como la evolución de las especies, la paleontología o la genética, y tienen una más que aceptable acogida del gran público. ¿No cree que el científico debería poner más a menudo los pies en la tierra para desarrollar una labor divulgativa que contribuiría al acercamiento de la ciencia a la sociedad?

     —JRL: Ya he hecho referencia antes a la divulgación científica. Lo que ocurre es que hay muchos magníficos científicos que ni oralmente ni por escrito saben divulgar su ciencia, lo mismo que siendo buenos científicos son malos profesores.

"El mono desnudo" de Desmond Morris     —ECP: En el libro El gen egoísta la teoría que su autor trata de desarrollar viene a decir algo así como que la gallina es la herramienta que tiene el huevo para dar lugar a otro huevo, famoso aforismo de escritor inglés Samuel Butler, pero llevado a la genética. Es decir, un organismo vivo no es más que lo que estructuralmente su material genético le exige que sea. ¿Considera usted que esta afirmación nos deja indefensos en cuanto al comportamiento humano se refiere? ¿Qué lugar ocuparía la ética y la moral si, al fin y al cabo, no somos nada más que la consecuencia de lo que nuestros genes precisan para perpetuarse?

     —JRL: Su pregunta resulta un tanto reduccionista y frustrante si las cosas fueran al pie de la letra como usted la plantea. Cuando se produce la fecundación de dos gametos se forma un cigoto que, tras un maravilloso proceso de desarrollo genéticamente controlado, dará lugar a un individuo de la especie a la que pertenecen los gametos en cuestión: a un ratón, a un perro o a un ser humano, según el caso. Respondiendo en forma parecida a una cuestión anterior que usted me ha planteado en esta entrevista, la información genética que tiene ese organismo en desarrollo le capacita a ser lo que es y comportarse como tal. El ser la consecuencia, entre comillas, de nuestros genes no nos impide desarrollar nuestros atributos morales.

     —ECP: Han pasado poco más de sesenta años desde que Avery, MacLeod y McCarty demostraran que el “principio transformante” responsable del fenómeno de transformación bacteriana era el ácido desoxirribonucleico, es decir, que el ADN es el material hereditario. Unos pocos años después un jovencísimo Watson (sólo tenía 25 años por entonces) y el científico británico F. Crick publican el modelo estructural de la doble hélice en la revista Nature. Desde entonces la genética ha avanzado a pasos agigantados y a un ritmo vertiginoso. ¿Prevé que el futuro más inmediato sea tan “generoso” en cuanto a grandes descubrimientos o desarrollo de técnicas fundamentales en cuanto a la ingeniería genética se refiere?

ADN     —JRL: Sí. La regla de oro de la investigación tiene tres componentes: 1) Hacer una pregunta importante; 2) elegir la especie biológica idónea para tratar de responderla, y 3) utilizar la metodología conceptual e instrumental más adecuada. En cierta ocasión realicé un estudio sobre la historia de la genética a la luz de los premios Nobel, dándose la casual circunstancia de que la genética empezó con el redescubrimiento de las leyes de Mendel en 1900 y la Fundación Nobel comenzó su vida en 1901, así es que se puede hacer un estudio paralelo de la historia de la genética y los premios Nobel concedidos a científicos de diversos campos de la genética. Hasta el año 2005 se ha concedido el premio Nobel en 31 ocasiones a 66 científicos del ámbito de la genética, bien fuera por sus ideas geniales conceptuales que supusieron hitos importantes en la ciencia genética —como, por ejemplo, contestar a las siguientes preguntas: ¿qué son los genes?, ¿cómo se organizan y transmiten?, ¿cómo y cuándo se expresan?, ¿cómo cambian?— o a científicos que introdujeron nuevas técnicas instrumentales que permitieron avanzar en nuevos campos de investigación como son, por ejemplo, las técnicas de secuenciación y de amplificación del ADN, las moléculas de ADN recombinante, la mutagénesis dirigida, los anticuerpos monoclonales o las endonucleasas de restricción. Todos los años, cuando se acercan las fechas en el mes de octubre en las que se hacen públicos los nuevos galardonados hago mi propia quiniela: yo creo que los científicos pioneros en los campos de la genómica, las células troncales embrionarias o los ratones transgénicos knockout mediante recombinación homóloga, por ejemplo, pueden ser futuros candidatos a ser galardonados con el premio "El pulgar del panda" de Stephen Jay GouldNobel.

     —ECP: Por último, recomiéndenos un libro, de carácter científico o no, que le haya dejado un agradable sabor de boca.

     —JRL: El último libro que he leído ha sido Anatomía del fraude científico de H. F. Judson, traducido este mismo año 2006 por Editorial Crítica. Me ha resultado muy interesante, aunque deja un cierto sabor amargo por lo que supone de falta de comportamiento ético en el mundo de la investigación. Es un libro aconsejable para ser analizado y debatido en seminarios o cursos de doctorado para formar a los jóvenes que inician su carrera científica, alertándoles para que no sucumban ante las muchas presiones con las que se van a encontrar.

     —ECP: Muchas gracias por todo. Es un placer compartir unos minutos con alguien como usted.

     —JRL: Muchas gracias a usted. El placer es compartido.