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LOS PREMIOS
«Ocurre que, para los amos de la cultura, escribir es siempre escribir bien, aunque sea en el mal, armonizar con el mundo de los valores. Hay un momento en que el escritor, si es de gran renombre, no puede ya casi nada contra ello, se convierte en un institución, y el régimen lo anexiona sin tener en cuenta su oposición misma, seguro de que su gloria le servirá, más de lo que podría dañarle su poderosa hostilidad... Un escritor no puede aceptar distinción alguna, no puede ser distinguido; y acoger esa elección, hubiera sido aceptar no sólo una cierta forma de cultura y un conformismo social, sino más: cierta concepción de la libertad: en consecuencia, hacer una elección política; castigarle: es decir, recompensarle, haciéndole admitir la idea de una élite con la cual se pierde la verdad de la escritura, que tiende a un anonimato esencial». (Maurice Blanchot y su referencia a Sartre en La risa de los dioses)
Sin
embargo, existen poderosos motivos para que un escritor encuentre tranquilizadoras
razones que justifiquen la aceptación de un premio. De lo contrario
nosotros mismos iríamos en su ayuda.
El
mal puede trivializarse, o la trivialidad es el mal mismo. Aunque los
males parezca que duran ahora menos tiempo. Los antídotos son descubiertos
más fácilmente y las grandes obras contestatarias duran
lo que convienen al “mal” que combaten.
Pues
a pesar de la sofística toda moral se ejerce sólo a base
de “autoridad” y a veces alcanza como consuelo frente a las
pistolas de los Goebels de la cultura. Así, de este modo nos tranquiliza
un “premio” cuando viene a decirnos que no estamos solos,
que los miedos, los padecimientos, los exilios, las humillaciones, hallarán
finalmente el confortador refugio de los nombres, en los cuales una firma,
un Nombre, hará visible nuestra anonimia, dentro de los maravillosos
avances del “humanismo moderno”. |
NIKOLAI BERDIAEV
Alejandro Hermosilla Sánchez
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LA FICCIÓN ILIMITADA
Álvaro Giménez García
Lo real: Hace
unos dos años, un historiador cuyo trabajo se centra en los terribles
campos de concentración nazi, Benito Bermejo, destapaba una noticia
increíble: el presidente de la asociación Amical Mauthausen,
Enric Marco, nunca perteneció a la Resistencia francesa ni jamás
estuvo internado en el campo de concentración nazi de Flossenburg.
Al poco de tal acusación, Enric Marco, confirma tal hecho, reconociendo
que desde 1978 se ha inventado su biografía. Esta se basa
en impartir multitud de conferencias sobre su experiencia en el campo
de concentración, y se ve jalonada con multitud de premios y homenajes
hacia su labor, llegando, incluso, a publicar un libro autobiográfico,
Memorias del
«Marco ha fabulado todos estos años y se ha creído sus propias mentiras» (1). Esta es la opinión de los amigos de Enric Marco dentro de la propia asociación. Para ellos, el ex-presidente de la Amical es una especie de enajenado, que comenzó sin maldad una mentira, que, con el paso del tiempo, y, a medida que iba alcanzando más notoriedad, tuvo que asumir, hasta el punto de sustituir sus verdaderas vivencias y hacerse cargo de otras elaboradas a lo largo de los treinta años de presidente de dicha asociación. Es decir, Marco tuvo que crearse un personaje. Éste, poco a poco, desde que se propusiese contar la terrible verdad que supusieron los campos de concentración nazi, fue anulando al Enric Marco real y procurándole una vida enmarcada plenamente dentro de la ficción literaria más pura y más genuina. Ese personaje, como le pasa a cualquier creador de entes literarios, seguramente se le escapó de las manos desde el principio y lo único que pudo hacer fue seguir el camino (tan ficticio, pero a la vez tan verdadero) que le marcaba cada vez que daba una conferencia, recibía un homenaje o escribía un libro.
Ese
camino, mentira vergonzosa para muchos, ha sido lo que en teoría
literaria y cinematográfica se ha llamado pacto ficcional.
La
mezcla de ficción y realidad siempre nos sitúa en el inestable
alambre de la duda, de si lo que estamos viendo o leyendo existe o no.
En lo que se refiere a la mezcla hecha por Marco, además, se nos
une otra duda: ¿era preferible como representante de la Amical
Mauthausen alguien que no se hubiese inventado su biografía, alguien
que realmente hubiese estado en un campo de concentración
sufriendo la barbarie nazi y que no hubiese tenido la capacidad de imaginación,
creación y oratoria demostrada por Enric Marco?
(1)
El ex-presidente de Amical de Mauttahusen dice que mintió porque
«así la gente escuchaba más», El País,
11-05-2005. |
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EL TENDENCIALISMO
Carlos Rodríguez
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PRISMA DE NIVELACIÓN
Salomón Valderrama Cruz
¿Y
por qué nos reconocemos en el poeta? ¿Por qué nos
gustan determinados versos y poemas? Sino porque todos buscamos nuestra
vida, la de los otros que parece mejor o sinceramente es que todos hemos
perdido algo hermoso. Lo que nos hace partícipes de ella. Lo que
nos vuelve a entenderla como nuestra fatalidad. Pero el mundo cambia y
la valoración instantánea puede ser un remedo de una antigua
belleza. Existirán infinitas cosas bellas, pero es la tragedia
de ver y la tragedia que soporta esa mirada la verdadera poesía.
La que es vista en la madriguera de cada uno y allí se despierta
la hermosura de contemplar algo secreto y posible. Aun después
de mucho tiempo. E inclusive cuando ya esté todo acabado. Porque
el poeta, a pesar de todo, augura constante renacer.
———— (1)
En Les chimères (Las quimeras), 1854. Del poema
Myrtho. Todos los demás poemas que se citen en adelante
pertenecen a este mítico libro. |
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LA
LLAMA BAJO LOS ESCOMBROS
Julio Monteverde
* Pero
en primer lugar, y sentando una base imprescindible, debo apresurarme
a definir que, para mí, la poesía no es sino una forma de
estar en el mundo. Es un modo de comportamiento humano mental,
físico y relacional que sólo existe manifestándose.
De esta forma, la poesía no está separada en ningún
momento de la existencia, no existe nunca más allá de ella.
Esta inmanencia absoluta viene a concretarse en sus diferentes manifestaciones,
ya sean éstas escritas, pensadas, intuidas o actuadas. Y su concreción,
aquello en lo que se desarrolla, es en la búsqueda de la libertad
finalizada en el principio del placer. Allí donde el hombre se
libera en la libertad alcanzando el placer que desea (placer que
se puede concretar en el humor, en la belleza, en el lirismo, en el amor,
en el conocimiento, en la revuelta, etc) allí reside, para mí,
la poesía. Y el intermediario entre estos dos polos, el camino
que lleva de uno a otro, no es sino la imaginación. Por tanto,
la poesía es también una lucha, un proceso activo de tránsito
hacia un estado ausente pero, de una forma u otra, ya intuido como posible.
En todo caso, este placer deseado del que hablo nunca debe ser entendido
como un placer tópicamente burgués cuyo único fin
sea el deleite, o como un placer espectacular cuya culminación
sea el embrutecimiento directo e instantáneo. La comprensión
del horror, por ejemplo, y las consecuencias que esta comprensión
pueden tener en la vida del que la experimenta, de su aceptación
y de la nueva relación con el mundo que de ello se deriva, también
entran, a mi juicio, en este principio del placer. * Dicho
esto, me parece adecuado empezar a abordar las consecuencias del uso de
la poesía entendida como modo de comportamiento señalando
que uno de los principales efectos del paso por la poesía, aún
de la más convencional, aún de la meramente escrita, es
el deslumbramiento al que se somete el individuo. Esa luz violenta frente
a la que éste se siente golpeado y desplazado de su centro. El
cegamiento puede ser todo lo pasajero que se quiera, pero cuando pasa,
el conocimiento y la vida ya no * Esta
conmoción, una vez ha sido experimentada, plantea el subsiguiente
efecto, secundario pero potentísimo, de crear una verdadera impaciencia
con la realidad, una incomodidad con las circunstancias cotidianas
sobre las que el individuo intenta crear su vida. Tira de él hacia
el futuro en base a una condición que se ha podido vislumbrar como
posible. La poesía se ofrece siempre como la siguiente fase, se
la tome en cuenta o no. Y aquellos que usan la poesía por todos
los medios, conocen bien cómo este uso permite el cuestionamiento
del presente y la puesta en futuro de la propia vida. Ya que
la poesía es también la comadrona de toda vida antigua embarazada
de una nueva. * Así
la poesía, cuando denuncia al futuro al poner el dedo sobre el
problema del presente, modificándolo y ofreciendo un escenario
en el horizonte, invita siempre a la repetición de estados análogos
a los que se han sentido al practicarla (ya sea escrita o por otros medios,
ya sea conscientemente o no). Se trata no sólo de que la poesía
se plante en el presente para cambiarlo, facilitando la experiencia * Llegados a este punto considero necesario hablar, aunque sea concisamente, de las relaciones entre la poesía escrita y la poesía por otros medios. Si accedo a establecer esta separación es en aras de evitar una posible ambigüedad o falta de concreción que pueda debilitar o dispersar el mensaje final. Como ya he especificado con anterioridad, no considero que exista una verdadera diferencia de principio entre poesía escrita y poesía realizada. Ambas son manifestaciones de un modo de comportamiento que aspira a liberar al ser humano ya sea individual como colectivamente. Sin embargo, la historia de la poesía como tal, hasta nuestros días, presenta una inflación severa entre unas manifestaciones y otras, siempre en beneficio de la poesía escrita, de la que la poesía por otros medios habitualmente se ha considerado, cuando se ha considerado, como dependiente. Lo que quiero decir es que si voy a utilizar esta clasificación, y voy a adentrarme en ella, es únicamente con la idea de, en la medida de mis posibilidades, superarla. * Es
fácil comprobar que existe una fractura entre la poesía
escrita y la poesía realizada, entendida esta última no
como en ocasiones se entiende en su sentido de materialización
de los poemas en la vida, sino finalmente como realización de ella
misma sin ninguna mediación. Los actos poéticos, como tales,
tienen un poder mucho mayor que la poesía escrita al basarse en
la inmediatez de la experiencia. Igualmente, crean en el individuo una
sed mucho mayor de repetición y de ampliación, precisamente
por esa inmediatez fulgurante de la que hablo. * Pero habíamos dicho que pretendíamos mostrar cómo la poesía puede manifestarse en la vida cotidiana y provocar unos efectos verificables para el ser humano. A partir de este punto se me permitirá que avance acompañando mi exposición de una serie de ejemplos sacados de mi vida concreta o la de mis amigos, con los que espero, con el límite debido a la intimidad, ejemplificar de forma específica todos los fenómenos, y algunos más, expuestos con anterioridad. * Para
comenzar con esta tarea se me concederá en primer lugar que plantee
un concepto que hasta este momento he estado evitando con el objetivo
de situarlo debidamente y en su verdadera significación. Este es
el de lo maravilloso como categoría de fenómenos. Creo entender
que, por su importancia, proporciona Hace algunos años me disponía a viajar a Londres. Por aquella época yo acaba de terminar una relación sentimental que una persona que se había mudado poco después a esa ciudad. Yo poseía la dirección de esa persona, pero decidí no llevarla conmigo. No tenía ninguna gana de volver a verla, y el falso olvido de esta dirección me permitiría, en caso de que esta persona u otra me reprochara no haber arreglado un encuentro, tener una excusa más o menos decente con la que salvar la cara. Se comprenderá la hipersensibilidad que yo poseía hacia este hipotético encuentro. Pues bien, el primer día de mi estancia en esa ciudad, cuyas dimensiones y complejidad no escapan a nadie, me encontré de forma azarosa con la persona que compartía casa con aquella otra a la que yo no quería ver. El
término maravilloso define un tipo concreto de fenómenos
que el ser humano experimenta en la realidad, ensanchándola al
quebrar sus reglas aparentes, y que se mezclan con su subjetividad cuando
éste siente que en ellos se halla algo de verdadera importancia
para su vida. El ser humano los recoge y les da sentido, pero lo maravilloso
posee siempre un componente indeterminado que escapa a la simple voluntad
del hombre, y que por ello mismo le permite poner en cuestión la
relación entre lo que le rodea y lo que le habita, desembocando
siempre en una más intensa y profunda concepción de la realidad. Durante el fin de semana del 20 al 22 de enero de 2005 algunos amigos surrealistas nos reuníamos en Madrid. Muchos de nosotros aún no nos habíamos visto en persona, y nuestro primer encuentro estuvo marcado por una confusión de identidades que permitió a Antonio Ramírez decirme que, por algunos momentos, yo, o al menos la imagen de mi cuerpo, había vivido en su cabeza con la identidad de Javier Gálvez. No le dimos más importancia a este hecho y rápidamente lo olvidamos. Al final de esta reunión, Antonio planteó la posibilidad de crear un juego-deriva que consistiría en realizar un vagabundeo previamente dirigido al convenirse algunas órdenes de obligado cumplimiento para el mismo. Las órdenes deberían ser del tipo: “Si aparece un coche rojo, deberá cambiar el sentido de la marcha”, “si encuentra un edificio en ruinas el grupo se separa”, etc. Esta propuesta despertó en mí el recuerdo de un poema que había escrito tiempo atrás y que incluía una serie de órdenes muy parecidas. Antonio podía haber leído el poema, aunque de hecho me confió no recordarlo. Pero el caso es que no fue hasta varios días más tarde cuando caímos en la cuenta de que el poema parecía decir más de lo que en primer momento ambos pensábamos, acordándonos de la confusión de identidades que había marcado nuestro primer encuentro en persona. El poema era el siguiente: «Extraño. Creo que tendré que irme de mi cuerpo para que me abandones. No me refiero a acabar con mi alma, a apagar la pequeña lucecita de la conciencia que se estudia en las escuelas, sino simple y llanamente a cambiar de cuerpo. Este de ahora actúa por defecto ante ti, se conoce demasiado bien el camino: “Cuando salga usted de aquí, encontrará algo que le recordará un triste episodio de su infancia, siga por esa calle y entre en el primer establecimiento que exhiba algo rojo en el escaparate. Allí escuchará usted una canción. Recuérdela. Tres años más tarde volverá a escucharla. La persona que en ese momento esté a su derecha será el amor de su vida. Y usted morirá por él”.» De esta forma, este poema, que parecía delimitar en el futuro nuestro primer encuentro, al haberse convertido por sí mismo en una experiencia de lo maravilloso se planteó como la primera piedra sobre la que nos decidíamos a realizar esta acción-deriva que se esbozó en primer momento. Tan sólo la lejanía geográfica y los problemas derivados de la vida laboral y mezquina han pospuesto esta realización. No obstante, lo que está claro es que esta acción, cuando se materialice, tendrá consecuencias en la vida individual y colectiva de cada uno de nosotros. Es así como la poesía y lo maravilloso pueden engarzarse, multiplicarse y mezclarse, siempre que la poesía se plantee como fin la liberación de la vida práctica en el futuro. Es así como la poesía se acercaría a cumplir el viejo mandato de Rimbaud cuando afirmaba que: «la poesía ya no marcará el ritmo de la acción, sino que estará por delante».
No obstante, es posible que sobre este punto se me plantee la objeción relativa a la escasez de este tipo de fenómenos, de su singularidad. Conviene remarcar sobre esto que, si bien es cierta, si este carácter esporádico, agravado por la realidad social del ser humano, representa su gran maldición, esta no debe hacernos desfallecer, ya que el hombre dispone de una reserva de lo maravilloso profunda y perfectamente accesible para todos, por ejemplo, en el mundo de los sueños. Si entendemos los sueños como parte de la realidad, y si superamos las explicaciones excesivamente productivistas de algunos psicoanalistas empeñados en poner a los sueños a trabajar, y los observamos en lo que en sí mismos significan, en su contenido manifiesto, encontramos que en ellos se dan también una serie de invitaciones evidentes si se toma la decisión de proyectarlas, en la medida de nuestras posibilidades, en el futuro. Hace aproximadamente año y medio, soñé que, al serme ofrecido un contrato, yo lo firmaba usando la palabra Berlín. El sueño me intrigó verdaderamente, llegando a tomar la decisión de que si algún día me encontraba en la necesidad de usar un pseudónimo escogería sin dudar la palabra Berlín como apellido. Dos días más tarde, deambulando por el rastro madrileño, me encontré de frente con una persona que llevaba una camiseta en la que se podía leer en grandes letras naranjas la palabra Berlín. En ese momento me atravesó la convicción de que algo importante para mi vida estaba a punto de serme revelado. Me abalancé sobre los puestos que flanqueaban las calles y en el primero de ellos, prácticamente al primer vistazo, encontré una foto que me pareció de una belleza manifiesta. En ella aparecía una escena de lo que puede aventurarse como una película muda en la que una sibila rodeada de acólitas observa una bola de cristal, con la intención evidente de ver el futuro (2). Pocas semanas después una persona muy querida para mí, a la cual yo había puesto al tanto de forma exclusiva de mi sueño sobre Berlín, me invitaba a acompañarla a un viaje a Lisboa. Las obligaciones laborales, y sobre todo, mi ruinosa situación financiera hicieron imposible este viaje. No obstante, esta persona sí que viajó a Lisboa, sola. Allí conoció, de forma totalmente imprevista, ya que se trataba de un completo extraño que la abordó en la terraza de un café, a una persona con la que llegaría a tener en el futuro una larga relación sentimental. Esta última persona, aquella que en cierto modo apareció para sustituirme allí donde yo no había hecho acto de presencia, era natural y tenía su residencia en Berlín. La realización de los sueños es una de las grandes tareas que los hombres de todas las edades se han propuesto. No es por casualidad que el hombre llame sueños a sus deseos (mi sueño dorado es… nosotros soñamos con un mundo que…). La poesía hace posible que estos sueños, sobre los que nadie duda ya de que poseen una significación evidente para el individuo, puedan ser traspuestos a la vida concreta, volcándolos y obligándoles en cierta manera a descargar sus sentidos manifiestos u ocultos sobre ella. * Yendo
más lejos en el tema que estamos tratando, aún es posible
comprobar que lo maravilloso puede extenderse en el tiempo y el espacio,
multiplicado por la poesía, creando zonas de influencia que pueden
dilatarse a lo largo de una vida. Son esas complicadas estructuras que
representan la conjunción de múltiples factores y encadenamientos
que pueden llegar a pasar de ser una aparición más o menos
* Por otra parte, resulta más que pertinente señalar cómo este tipo de encadenamientos y sucesiones tienen una especial querencia por manifestarse en relación con todo lo que concierne a la experiencia del amor. Nada debe extrañarnos sobre esto, naturalmente. El amor, sobre todo en las primeras fases, en los deslumbramientos más absolutos, provoca un descentramiento total del individuo. El cerebro deja de funcionar de la forma en que estaba acostumbrado y parece aventurarse por caminos nuevos, abriendo ventanas y derribando puertas a patadas. Esta dislocación de la manera de pensar, esta conmoción, permite el encuentro de toda una serie de dinámicas hasta el momento sepultadas por la vida corriente, por sus ritmos repetidos y su previsible monotonía. El amor, que mezcla como ninguna otra cosa todas las posibilidades más elevadas de acción del ser humano, y que las lleva a su culminación al ser una mezcla perfecta del fenómeno de lo maravilloso y de la poesía, tiene su forma particular de comportamiento poético en el erotismo, que no es, como habitualmente se conoce en nuestros días, un estadio anterior de la pornografía, una pornografía no-realizada, sino que es exactamente lo contrario de la pornografía. Supongo que la importancia efectiva del amor en la vida cotidiana de cada uno de los seres humanos que este planeta no necesita que yo la describa o la objetive en palabras innecesarias. La poesía no es sólo una actividad del espíritu, sino también puede ser una actividad del cuerpo. * Otra de las actividades en las que nos es posible encontrar el comportamiento poético y sus consecuencias, esta vez ya completamente volcadas en lo colectivo, es el juego. Es aquí donde la colectividad puede encontrar esa forma de liberarse en el placer directo que la propia experiencia lúdica tiene y que, realizada de manera concreta, puede calificarse como un fin en sí mismo al mostrase capaz de vincular a los individuos en la creación de un espacio de libertad que permite la huida de la miseria habitual del mundo y que por esta sola cualidad, merece ya la pena ser experimentado. En
el mes de junio de 2005 la lectura de un libro de Raymond Queneau sobre
algunos escritores clasificados superficialmente como locos (3),
nos permitió crear un juego que se concretó de la siguiente
manera: sobre la base de unas palabras determinadas, elegidas de idiomas
diferentes al castellano, los jugadores deberían, usando las letras
con las que está construida cada palabra en su lengua original,
crear una frase que coincidiera, en español, y siempre según
el criterio del |