LOS PREMIOS


Óscar Portela

 


A Maurice Blanchot

 

     «Ocurre que, para los amos de la cultura, escribir es siempre escribir bien, aunque sea en el mal, armonizar con el mundo de los valores. Hay un momento en que el escritor, si es de gran renombre, no puede ya casi nada contra ello, se convierte en un institución, y el régimen lo anexiona sin tener en cuenta su oposición misma, seguro de que su gloria le servirá, más de lo que podría dañarle su poderosa hostilidad... Un escritor no puede aceptar distinción alguna, no puede ser distinguido; y acoger esa elección, hubiera sido aceptar no sólo una cierta forma de cultura y un conformismo social, sino más: cierta concepción de la libertad: en consecuencia, hacer una elección política; castigarle: es decir, recompensarle, haciéndole admitir la idea de una élite con la cual se pierde la verdad de la escritura, que tiende a un anonimato esencial». (Maurice Blanchot y su referencia a Sartre en La risa de los dioses)


La aceptación de un premio     Otras cuestiones

     Sin embargo, existen poderosos motivos para que un escritor encuentre tranquilizadoras razones que justifiquen la aceptación de un premio. De lo contrario nosotros mismos iríamos en su ayuda.
     En circunstancias de tanta precariedad nos tranquiliza que obras refractarias y revulsivas pasen a engrosar el catálogo de los bienes de la cultura, tempranamente inventariados. Al fin y al cabo los administradores culturales y los catálogos de mercado se verán beneficiados siempre con estas apropiaciones y reducciones y esto constituye un signo de progreso.


     Un signo de los tiempos

     El mal puede trivializarse, o la trivialidad es el mal mismo. Aunque los males parezca que duran ahora menos tiempo. Los antídotos son descubiertos más fácilmente y las grandes obras contestatarias duran lo que convienen al “mal” que combaten.
     De las heridas infligidas por las pasadas inquisiciones nos restañamos con los paraísos artificiales de los humanismos del presente. La ética se ofrece sin embargo, aún, como el más sólido refugio contra los imperativos del más fuerte.
     Cuando se siente la necesidad de “restituir” a la poesía los laureles que ostentara en el pasado, Neruda “debe” aceptar el Nobel porque así, incluso, se lo exige el régimen político al que consagró su vida y entonces peligra.
     Camus consiente de que ninguna “moral” pueda ya obligar ni sancionar, acepta el Nobel en ofrenda a los «humillados y ofendidos del mundo» contra los vicarios del poder, poniendo su vida —y su escritura— al servicio «no de los que hacen la historia, sino de los que la sufren».
     Gide, el iconoclasta, el heterodoxo de todas las dogmáticas, acepta el Nobel para dedicárselo, paradójicamente, a los espíritus libres que ayudaran a desterrar de este mundo los últimos vestigios de la caduca y farisea moral “cristiana” de Occidente hoy en plena vigencia.
     Existe un punto en que las obras deben tranquilizarnos, cedernos el poder de hablar libremente dentro del marco del habla comunitaria, apuntando siempre más allá. Sobre todo en el mundo de la imagen y la pura velocidad de lo virtual donde todo se recicla y metamorfosea. Es entonces cuando el arte verdadero, que es siempre la simplicidad de un origen, está listo para alimentar las bolsas de residuos de la cultura: el inmenso osario de lo que nunca fue creído.
El Nobel Pablo Neruda      ¿Cómo podríamos, cómo sabríamos vivir en un mundo donde las almas nobles de que dan testimonios de verdaderas obras se apartan de los códigos de la comunicación, para mirar impávidos el horroroso carnaval de la historia sin conmoverse apenas ante nuestras desgracias?
     Un artista retraído, silenciado por los olvidos no manifiestos, sería para nosotros imposible. Exigiríamos de él, aunque más no fuese su odio, su desprecio a quienes hacemos y al mismo tiempo padecemos la historia.
     Ante todo queremos ser visibles y el gran arte es el último recurso del cual disponemos para no “desaparecer” allí donde la historia se ha realizado y también positivamente el hombre y Dios.
     Una obra sin centro, una obra que hable el habla del desastre, sin credos, sin dogmas estéticos o religiosos perdería fuerzas, adversarios y acabaría en el diálogo de los espectros. En verdad estamos rodeados de espectros.
     El Estado moderno ha hecho de este viejo acierto un complicado y sutil juego en el cual la escritura debe tornar visible imágenes. La cultura está subordinada a imágenes e iconografías de nuevas utopías.
     De ahí que no se trate ya de esclavizar a un escritor —un escritor adicto no es ya un aliado útil, más que cuando es utilizado permaneciendo como adversario—, sino el utilizar su libertad y hacerlo «calladamente cómplice al poder de infinita contestación que es la literatura» (Blanchot).


     Brebajes que matan

     Pues a pesar de la sofística toda moral se ejerce sólo a base de “autoridad” y a veces alcanza como consuelo frente a las pistolas de los Goebels de la cultura. Así, de este modo nos tranquiliza un “premio” cuando viene a decirnos que no estamos solos, que los miedos, los padecimientos, los exilios, las humillaciones, hallarán finalmente el confortador refugio de los nombres, en los cuales una firma, un Nombre, hará visible nuestra anonimia, dentro de los maravillosos avances del “humanismo moderno”.
     En ello sigue confiando Blanchot cuando escribe: «La cultura, no es poca cosa. La cultura, por el contrario, lo es todo. Y si la poesía no está en juego más que allí, donde se designa, en el límite de todo límite, un poder de excluir y excluirse, la cultura, que es el trabajo de inclusión, le es necesaria en la misma medida en que le es fatal».
     Curándonos con los brebajes que nos matan aparece como necesario el regocijo cuando estos actos a los que Blanchot denomina de inclusión —y nosotros de apropiación, de dominio, anexión— contribuyen a asegurar un orden perdido.
     El viejo poder contestatario de la literatura (aún el del libelo o el del panfleto). Viviendo en esta zona ambigua, entre lo lícito y lo ilícito, lo designable por el poder de inclusión de los modelos culturales del mercado y el poder de silenciarse o borrarse a sí misma, la “poesía” y la vidriera, la inclusión y la exclusión, no nos aparecen ya, después de haber escrito esta nota, como términos antagónicos, sino como falsos operadores que tienden a neutralizar el viejo y engañoso poder de la escritura.
     Tal vez quede abierta la cuestión de continuar pensando contra las falsas opciones del humanismo —en términos de un rigor en el cual no quepa la compasión humanitaria— ni los viejos ídolos y ritos de los humanismos clásicos, ámbitos de una deconstrucción arrasadora, pero también de una construcción sin límites otorgada al poder de una palabra, hoy excluida del poder de verdad de los grandes Las proféticas frases de Klossowskycuestionamientos, silenciada por la propaganda y las grandes anexiones de los regímenes comunitarios de la comunicación y el intercambio de los falsos “valores”.
     Conocemos la “voluntad de exclusión” de los verdaderos creadores, pero esto no basta. Nosotros les exigiríamos, a pesar nuestro, voluntad de sumisión e inclusión, aunque liberásemos de ello a quienes como Artaud, Bataille u otro más fuesen inadmisibles para el lenguaje sagrado.
     Pero recordemos aquí las proféticas frases de Klossowsky: «Hoy un poeta sabe de antemano que si se le ocurre volverse loco, su consagración será cierta. Lo sabe de antemano (aún unos millares de años más en la vía del signo, y en todo cuanto haga el hombre, la suprema inteligencia será manifiesta, pero precisamente de este modo la inteligencia habrá perdido toda su dignidad».
     La palabra dignidad tiene todavía para nosotros resonancias clásicas que hablan en el lugar vacante de Dios, del hombre y el superhombre —lugar de espera y de silencio— y solo queda ya frente al triunfo del espíritu absoluto, en la estructura monolítica de una globalización que habla del dominio (el cálculo) del ente en dimensión planetaria, de lo oscuro y fragmentario del Caos, la repetición sin engendramiento de los simulacros elevados hoy a realidades virtuales. El principio sin principio de una nueva Edad Media.
     La literatura auténtica no habla pues —no dice— ni desde la exclusión de una huella que se borra a sí misma ni desde las pantallas de visores que todo lo computan y hacen visible.
     Tal vez deberíamos repetir por el momento a Blanchot en El espacio literario: «Cuando más se afirma el mundo como porvenir y la plena luz de la verdad en que todo se realizará bajo el dominio del hombre y para su uso, más parece que el arte debe descender hacia ese punto en que todavía nada tiene sentido, más importa que mantenga el movimiento, la inseguridad y la desgracia de lo que escapa a toda captación y a todo fin».

 

 

 

 

 

 

NIKOLAI BERDIAEV
El último místico

 

Alejandro Hermosilla Sánchez

 


Nikolai Berdiaev (Kiev, 11874 — Clamart, París, 1948)     Si algún pensador dentro del siglo XX nos ha permitido comprender de manera pedagógica, clara y sencilla, sin por ello bajar un mínimo listón de calidad literaria y filosófica, los procesos políticos, artísticos y sociales que han llevado al hombre del siglo XXI y al arte al aparente callejón sin salida sobre el que tantos ríos de tinta se han vertido en nuestros días, éste es, sin duda alguna, Nikolai Berdiaev (Kiev, 19 de marzo de 1874 — Clamart, París, 24 de marzo de 1948). Y, desde luego, si resulta inobjetable que estamos viviendo una época artística y humana confusa, ambigua y desordenada hasta tal punto que resulta imposible hoy en día realizar un diagnóstico global con un mínimo de precisión o rigor sobre la naturaleza, el porqué, el devenir y el sentido último de los sucesos y acontecimientos humanos y artísticos que se suceden actualmente, buena parte de la responsabilidad de esta cuestión podría radicar, por ejemplo, en el anonimato en que late la obra de este insigne y sensacional pensador. Asunto este que aún resulta mucho más angustiante y sorprendente cuando se observa la sobreexposición que se le ha concedido a determinadas obras y pensadores de esta postmodernidad tardía que estamos viviendo. Pensadores y obras que, si bien en muchos casos se hacen eco y diagnostican los porqués de los fenómenos sociales o artísticos actuales, en la mayoría de las ocasiones nos dejan fríos debido al punto de vista o el método crítico utilizado —muy cercano al sociológico— que no llega a trazar las líneas esenciales ni a dar respuestas concretas a los porqués fenomenológicos o los hechos y procesos del pensamiento catalizadores que han llevado al ser humano, al arte y a la sociedad a una situación tan caótica y desesperanzadora —por más que siempre se pueden encontrar razones para el optimismo y basta repasar la obra de Berdiaev para responder afirmativamente a esta cuestión— como la que estamos viviendo.
     En efecto —y en esto supongo que no seré yo el único que opina así— muchas de las obras filosóficas, políticas, sociológicas o ensayísticas que intentan adentrarse en los procesos que viven actualmente nuestras sociedades y el mundo globalizado en general, adolecen de una falta de perspectiva humanista a la hora de afrontar la cuestión tratada —sea ésta artística, religiosa, política o social— o profundizan en exceso en su propio punto de vista hasta el punto de establecer una especie de diálogo solipsista con su propio lenguaje y código normativo que, en demasiadas ocasiones, no puede hacer más que dejar al lector aún más perplejo y confundido tras haber buceado en ellos sin llegar a observar con más claridad y precisión la cuestión que se estudiaba que, supongo, era de lo que se trataba.
     Seguramente, este hecho que acabamos de denunciar, venga prefigurado por el hecho de que hoy en día, gran parte por no decir la casi inmensa totalidad de la cultura postmoderna producida desde los ámbitos intelectuales que poseen el poder —universidades, periódicos o revistas— ha perdido de vista y ha huido como la peste de un punto de vista que englobe la perspectiva personal, la crítica filosófica y el análisis de los fenómenos políticos, artísticos, sociales o científicos desde una visión humanística "Las palabras y las cosas" de Michel Foucault—denigrantemente, se ha llamado a esta forma de estudio, impresionismo— que, en muchos casos, sería muy recurrente para comprender gran parte del porqué de los sucesos que estamos viviendo hoy en día y en los que nos sentimos retratados como seres humanos.
     Y si nos fijamos, uno de los mayores referentes y adalides de la actual teoría crítica postmoderna, Michel Foucault, lejos de estar de acuerdo con este posicionamiento, lo denunció sin ambages en su célebre Las palabras y las cosas, al referirse diagnosticando el programa científico de las distintas materias de conocimiento —incluidas la crítica de arte, la filosofía o la crítica literaria— que el hombre había desaparecido de ellas y que era el último referente y objeto de estudio en las mismas. Lo que quiere decir que, lejos de detenerse este proceso degenerativo y acumulativo de las distintas ciencias de conocimiento que han desterrado al hombre o el punto de vista humano como último referente o primer punto de partida, el mismo ha ido acelerándose y vertiginosamente prefigurando toda nuestra concepción de la modernidad crítica, científica y social hasta el punto que, al parecer, resulta hoy en día reaccionario hablar de ese magnífico crítico y ensayista llamado Berdiaev: un soberbio escritor que, desde un punto de vista humanista, cristiano, gnóstico y filosófico místico e intuitivo predijo, analizó y diagnosticó como casi ninguno de muchos de los reputados pensadores actuales, el estado del hombre en el siglo XX, el oscuro callejón de salida hacia el que se dirigía como asimismo el renacer eterno e imperecedero que latía en su seno por ser, precisamente, y ante todo, hijo de Dios.
     Pues este es —entre muchas otras ideas, concepciones y puntos de vista pre-claros y hoy en día totalmente desvirtuados por la crítica actual— el punto de partida sin retorno de la obra de Berdiaev y el que explica tanto su mágica y afortunada concepción como su posterior descrédito: haber considerado frente a las concepciones imperantes y totalizantes de su tiempo como el comunismo, la modernidad laica o el cientificismo más radical que es el hombre la figura central de este y de todos los tiempos y si lo es, no lo es por su capacidad racional, su talante utilitario como arma de trabajo o su fuerza expansiva para descubrir nuevos conocimientos gracias a la ciencia sino sobre todo, por su índole artística, su capacidad de amar y crear y su libre y jamás forzosa forma y manera de responsabilizarse ante sus semejantes —perspectiva esta en la que, desde luego, se encontraba sumamente cercano a Andrei Tarkovsky que, bajo mi punto de vista, es el artista con el que más concomitancias tiene y el que mejor y más sabiamente ha rescatado su mensaje a través de su obra cinematográfica—.
     Y es en esta capacidad creativa del hombre inmejorablemente explicada en ese libro de referencia que es su El sentido de la creación (1916) —un libro que debería ser revisado por lo menos una vez al año y que puede leerse como una plegaria, un increíble ensayo filosófico, un tratado místico-religioso sobre el arte o como una obra de creación que reflexiona sobre el porqué mismo de su existencia al tiempo que dialoga con la filosofía nietzscheana, la teosofía, la teología mística, las distintas tradiciones religiosas y artísticas, "El sentido de la creación" de Nikolai Berdiaevla tradición greco-romana o, mismamente, el paneslavismo —donde Berdiaev encontraba la máxima prueba de que el hombre era un digno hijo de Dios y su existencia tenía sentido a la manera del Cristo del Nuevo Testamento que había roto con las cadenas de esclavitud y las fuerzas salvajes y míticas sin atisbo de trascendencia que unían todavía a la tierra al hombre en el Antiguo Testamento y no le permitían levantarse en la búsqueda del cielo y, ante todo, la rosa y promesa espiritual —prefigurada por Dante— escondida en él.
     Sí. Berdiaev, como los grandes gnósticos y su amado Dostoievsky —a quien dedicó el libro más sencillo, breve y, al mismo tiempo, más completo de los que se han escrito sobre el genial creador de Crimen y castigo y que me perdonen Lukacks, Joseph Frank o George Steiner— supo entender perfectamente el trazado y recorrido que había desde el Adán al Cristo, desde Eva a María y del recorrido asumido, vivido y trascendido por el hombre del Antiguo Testamento al Nuevo que abría un auténtico renacer ontológico y una nueva dimensión a un ser humano que debía asumir responsable, lúcida y conscientemente esta libertad si no quería autodestruirse para siempre —véase el ejemplo de las dos guerras mundiales—. Por ello, el sentido que manejaba Berdiaev —por más que haya muchos que lo conciban totalmente obsoleto— sobre la misión del hombre y el arte, en realidad, era totalmente revolucionario, libérrimo y ausente de todo prejuicio y ya en su época —tan afín a los diversos movimientos colectivos que ahogaban la libre voluntad de los individuos— tuvo que enfrentarse a todo tipo de rechazos e incomprensiones a pesar de que diagnosticó y profetizó como muy pocos tanto el destino y futuro de su amada Rusia como el del Occidente moderno.
     Desde luego, vistas estas circunstancias, no resulta extraño que Berdiaev conectase con Bulgákov, pues si repasamos la obra y enseñanzas del primero con un libro como El maestro y Margarita convendremos en que ambas se retroalimentan así como podremos discernir que su mutua creencia en las dimensiones ocultas de la existencia y la asunción del hombre como hijo de Dios a partir de la venida de Cristo en camino de adquirir una libertad responsable supo traspasar las fronteras y trampas en las que el existencialismo terminó por disgregarse —y basta para comprobar esto repasar la trayectoria última o tardía de Jean Paul Sartre—.
     En suma, Berdiaev supo evitar como pocos a partir de su denostada espiritualidad y su lúcida mirada a la hora de acercarse a los diversos fenómenos de la existencia, el infeliz sinsentido sobre la propia vida en que habían caído progresivamente tanto el arte como el ser humano de este siglo y sólo por esto ya merecería la pena tenerlo en cuenta. Porque en un mundo plagado de mensajes confusos, ambiguos, derrotistas y escépticos, él fue uno de los pocos que fue capaz de, indagando en su persona para adentrarse en la "El maestro y Margarita" de Mijaíl Bulgákovrealidad, concedernos una visión sentida, sufrida, razonada y equilibrada del sentido de la vida del hombre aún y a pesar de estar sometido y rodeado por una hosca realidad, haber tenido que vivir gran parte de su vida en el exilio y ser testigo de algunas de las mayores atrocidades que el hombre haya podido concebir.
     Además, la prosa de Berdiaev, lejos de perderse en un laberinto terminológico que pudiera confundirnos o dejarse mecer en las vías del preciosismo, el barroquismo más obtuso o el más irreverente cultismo, rehuye todo adorno suplementario y se muestra simple y escueta sin dejar de ser elaborada y meditada y fluye con una solidez como la de muy pocos de los filósofos contemporáneos. Pues —y esta es otra de las claves para comprender la esencia filosófica de su obra— Berdiaev se acerca a los fenómenos estudiados con la rigurosidad propia del más avezado crítico pero con espíritu de poeta de tal manera que toda su prosa emociona, divierte, conmociona y provoca y mueve a su lector las emociones intensas que debería concitar en él la gran filosofía a la hora de acercarse a comprender la naturaleza de los hechos, la realidad y el arte por fuerza de verse implicado en ellos de manera ineludible. Sí. Exactamente, toda la prosa de Berdiaev es sencilla y destila y se perfila por toda su obra con tal sabiduría crítica que termina por hacernos partícipes del misterio de la existencia, de ese mismo material profundamente espiritual y místico que late entre los colores de los frescos de Andrei Rublev o en las pre-claras dimensiones de las enigmáticos rostros dibujados por El Greco. Y es que, leyendo a Berdiaev uno siente hablar al arte, siente que es el mismo arte o las obras de tantos autores que hasta entonces permanecían silenciosas y ocultas a nuestra mirada, las que se vuelven hacia nosotros para sugerirnos sin dudar el secreto de su aparente misterio y comienza a vislumbrar cuál fue realmente el motivo y el por qué determinadas obras fueron construidas y por qué y de qué manera nos sentimos fascinados por ellas.
     En fin, bastan estas palabras, creo, para que quienes no lo conozcan puedan hacerse la idea de quién era este filósofo, quien ya advirtiera, por ejemplo, en su hermoso y esencial Una nueva Edad Media, con más de medio siglo de anticipación, el cómo la perdida del poder jurídico de las monarquías y las respectivas democracias en el siglo XX y el avance hacia un mundo globalizado, iría concitando una exacerbación de las nacionalidades regionales y los individuos que incapaces de reunirse ya en torno a las grandes ideas que había alumbrado la modernidad, volverían a agruparse sobre centros de poder no fijos y mutables respecto a los cuales intentarían forjar una idea social y vital de la existencia sin dueño ni amo alguno muy cercana a la de la primera Edad Media.
     Finalizando, decir que toda la obra de Berdiaev —y basta asomarse de nuevo a leer su explícita y más que recomendable Autobiografía espiritual— está escrita como un susurro o mensaje que nadie quisiera o pudiera escuchar pero bajo cuya sombra habita la verdadera rosa profunda que dota de espíritu, cuerpo y alma a los individuos y los pueblos: la fe. Pues en esto radica el acercamiento o el alejamiento que se produzca sobre la obra de este escritor: en la fe. Una fe en el ser humano y su dimensión espiritual, muy a pesar de las circunstancias que tantas veces nos manejan, que como al Domenico que camina taciturno por "Crimen y castigo" de Fiodor DostoievskiNostalgia de Tarkovsky o al Alexander de Sacrificio, nos llevaría a encontrar y saber distinguir lo accesorio de lo fundamental en una época como esta y entender el último sentido de la vida del hombre, el significado final de nuestros pleitos y ruegos, sufrimientos y pesares que, para Berdiaev, se encuentra perfectamente explicitado en la plurívoca simbología crística y en el porqué de la vocación artística humana.
     Exactamente, Berdiaev —como todo filósofo intuitivo o todo místico irracional— es uno de los escasos pensadores que nos han permitido dialogar en tiempos de crisis con nuestro pasado y nuestro posible futuro y si esto es así es por la innegable dimensión espiritual de su obra que supo entender como pocas la esencia contradictoria del pueblo ruso tan bien retratada por Dostoievsky, los tránsitos de ideas y flujos comunicativos que unirían a Occidente y Oriente y que era necesario que fusionaran para no autodestruirse como, asimismo, las trampas a los que el feminismo dejaría abocado a hombres y mujeres incapaces de definirse ahora por sus diferencias y sumidos en la trampa del igualitarismo. Por ello, puede parecer recurrente o tópico pero no por ello menos necesario decir que siempre hay que volver a Berdiaev como se vuelve a un escuchar una melodía de J. S. Bach, un pasaje de Nietzsche (al que el filósofo ruso amó, comprendió y supo rebatir como pocos) o una película de Tarkovsky. Porque Berdiaev es un pensador tan puro y exacto que incita a volverlo a releer una y otra vez, a bucear entre sus páginas insistentemente conforme van pasando los años si se quiere encontrar una mirada y un atisbo de luz que nos devuelva con dignidad el reflejo, el porqué, el sentido y la existencia de lo humano en un mundo cada vez menos interesado en meditar, asumir la responsabilidad individual y el don de la libertad personal y creativa que —más allá de todo radical escepticismo, pesimismo o apocaliptismo prematuro o justificado— puede demostrar el porqué nuestra vida tiene un sentido y debemos vivirla pese a quien pese y asumiendo las consecuencias de este hecho.
     Y si es cierto que algunos de sus detractores podrían sugerir que la filosofía de Berdiaev no dio soluciones a los hechos que denunciaba o prefiguraba con su escritura, lo cierto es que la misión y sentido de su escritura como él mismo entendiera en la vida de Cristo y la existencia misma del arte, desde luego, no era esta. Pues si algo sabía Berdiaev, como su amado Dostoievsky, el mismo Andrei Tarkovsky o puede que muy a su pesar Tolstoi —como demuestra su hermosa Resurrección— es que no es tarea del hombre encontrar soluciones a la vida del espíritu o a los conflictos individuales y colectivos del ser humano sino más bien mostrar e iluminar los caminos, los senderos y las vías a través de los cuales el alma de los hombres puede seguir construyéndose en libertad responsable hacia los demás llamada amor y abolir todo falso apotegma que "Sensul istoriei" de Nikolai Berdiaevintente esclavizarle y aferrarle aún más a los pasadizos sin fin de esta vida terrenal donde tantas veces vive desterrado como un prisionero de sí mismo y de donde no puede escapar si no es abriéndose responsablemente a una responsabilidad ética y compartida que es necesario vivir y sentir a través de la fe. Aunque esta fe sea fe en la capacidad del hombre por seguir investigándose a sí mismo y su espíritu por medio de la creación de obras de arte gracias a las cuales pone de manifiesto el ineludible misterio y sentido de su existencia y esencia.
     Si el mundo puede ser pensado también puede ser cambiado en la medida en que cada hombre asuma su responsabilidad personal e investigue su propia naturaleza a partir de un punto de vista ontológico en el que se integren fe, creatividad, espiritualidad, libertad y sacrificio: esta podría ser la última lección donada a todos nosotros por un hombre como Berdiaev ajeno a todos los dogmas, estilos y clasificaciones que supo nadar a contracorriente en tiempos difíciles siempre persiguiendo la llama sagrada que late detrás de la creación y de ese desconocido creado a través del amor que es el hombre.

 

 

 

 

 

 

LA FICCIÓN ILIMITADA

 

Álvaro Giménez García

 

 

     Lo real:

     Hace unos dos años, un historiador cuyo trabajo se centra en los terribles campos de concentración nazi, Benito Bermejo, destapaba una noticia increíble: el presidente de la asociación Amical Mauthausen, Enric Marco, nunca perteneció a la Resistencia francesa ni jamás estuvo internado en el campo de concentración nazi de Flossenburg. Al poco de tal acusación, Enric Marco, confirma tal hecho, reconociendo que desde 1978 se ha inventado su biografía. Esta se basa en impartir multitud de conferencias sobre su experiencia en el campo de concentración, y se ve jalonada con multitud de premios y homenajes hacia su labor, llegando, incluso, a publicar un libro autobiográfico, Memorias del Marco: «la gente me escuchaba más y mi trabajo divulgativo era más eficaz»infierno, en el que narra los detalles de su amarga experiencia. Marco, abrumado por las repercusiones que las indagaciones de Bermejo tienen y por la crítica feroz e indignada de mucha de la gente que anteriormente lo elogiaba vehementemente, se defiende arguyendo que mentía porque «la gente me escuchaba más y mi trabajo divulgativo era más eficaz».


     El personaje:

     «Marco ha fabulado todos estos años y se ha creído sus propias mentiras» (1). Esta es la opinión de los amigos de Enric Marco dentro de la propia asociación. Para ellos, el ex-presidente de la Amical es una especie de enajenado, que comenzó sin maldad una mentira, que, con el paso del tiempo, y, a medida que iba alcanzando más notoriedad, tuvo que asumir, hasta el punto de sustituir sus verdaderas vivencias y hacerse cargo de otras elaboradas a lo largo de los treinta años de presidente de dicha asociación. Es decir, Marco tuvo que crearse un personaje. Éste, poco a poco, desde que se propusiese contar la terrible verdad que supusieron los campos de concentración nazi, fue anulando al Enric Marco real y procurándole una vida enmarcada plenamente dentro de la ficción literaria más pura y más genuina. Ese personaje, como le pasa a cualquier creador de entes literarios, seguramente se le escapó de las manos desde el principio y lo único que pudo hacer fue seguir el camino (tan ficticio, pero a la vez tan verdadero) que le marcaba cada vez que daba una conferencia, recibía un homenaje o escribía un libro.


     La ficción:

     Ese camino, mentira vergonzosa para muchos, ha sido lo que en teoría literaria y cinematográfica se ha llamado pacto ficcional.
     Son numerosos los casos parecidos a los de Marco en el cine. Películas como Simone o Good bye Lenin nos presentan a personajes que, con distintos objetivos, crean una realidad y unos personajes cuya existencia empieza a condicionar, desde el momento en el que nacen, la vida de sus creadores. Hasta tal punto que, como en el caso de Al Pacino en Simone, los acaban anulando y convirtiéndolos en presas de los que habían sido sus creaciones.
     En literatura, fundamental y origen de todos los juegos ficcionales de la novela moderna es el caso de Don Quijote. El personaje del hidalgo da un giro de 360º a la placentera vida de Alonso de Quijano, hasta el punto de lanzarlo por las áridas tierras de La Mancha a reproducir el comportamiento de los personajes que leía en sus libros de caballerías. Lo mismo, trasplantado a nuestras circunstancias contemporáneas, ocurre con Faroni en Juegos de la edad tardía de Landero. El culmen de tal malabarismo literario lo firmaría En el caso de Marco, todos hemos sido parte de ese pactoUnamuno en Niebla, cuando su protagonista no sólo adquiere vida propia, sino que incluso se permite el lujo de pedir a su autor que no acabe con ella, siendo el primer personaje de ficción existencialista.
     En el caso de Marco, todos hemos sido parte de ese pacto y hemos participado, como buenos lectores, de lo que Coleridge (2) llamaba la suspensión de la incredulidad, durante casi treinta años. Es más, ese pacto llegó a ser tan perfecto, que Marco ha acabado sucumbiendo al personaje que él mismo creó declarándose, tras el descubrimiento de su mentira, muerto, y defendiéndose diciendo que era «un falsario, un impostor, sí, pero que decía grandes verdades». Estos argumentos coinciden, en gran parte, con la definición que teóricos de la literatura como Umberto Eco han dado del pacto ficcional: es un artificio por el que «el lector tiene que saber que lo que se le cuenta es una historia imaginaria, sin por ello pensar que el autor está diciendo una mentira» (3). Sólo en la primera parte de la definición falla la historia de Marco, pero ahí también radica lo increíble de la misma.


     La duda:

     La mezcla de ficción y realidad siempre nos sitúa en el inestable alambre de la duda, de si lo que estamos viendo o leyendo existe o no. En lo que se refiere a la mezcla hecha por Marco, además, se nos une otra duda: ¿era preferible como representante de la Amical Mauthausen alguien que no se hubiese inventado su biografía, alguien que realmente hubiese estado en un campo de concentración sufriendo la barbarie nazi y que no hubiese tenido la capacidad de imaginación, creación y oratoria demostrada por Enric Marco?
La ficción ilimitada     Para ayudar a contestar la pregunta vayámonos al campo de la literatura: ¿sería lógico rechazar versos tan profundos como los del poema ‘Amor constante más allá de la muerte’, simplemente porque los creó un personaje misógino y malediciente del género femenino como era Quevedo?
     Quizá el atrevimiento de Marco pueda reprobarse, pero, dentro de sus falsedades, lo que decía tenía todos los atributos de la verdad, al igual que los citados versos de Quevedo llevan el sentimiento amoroso más puro que podamos imaginar. Esa verdad convenció y emocionó a multitud de gente que aplaudió al Enric Marco personaje, aquél que le hizo traspasar al Enric Marco real, el dudoso límite, la delgada frontera que separa ficción y realidad, sin llegar nunca a saber en qué territorio se encontraba.


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     (1) El ex-presidente de Amical de Mauttahusen dice que mintió porque «así la gente escuchaba más», El País, 11-05-2005.
     (2) En Imaginaria, Revista literaria digital, 16 de Mayo 2001.
     (3) Seis paseos por los bosques narrativos, Madrid, Lumen.

 

 

 

 

 

 

EL TENDENCIALISMO
ES MÁS QUE UN HUMANISMO

 

Carlos Rodríguez

 

 

«¿Qué es lo que insufla el fuego en las ecuaciones y hace que describan un Universo?... ¿Por qué se molesta el Universo en existir?»

(Hawking, 1988)

 

 

 

 

Neigungswissenschaft     La intención de estas palabras no es la de profundizar en una aparentemente nueva corriente de pensamiento, sino tan sólo la de exponer lo más básico de ella y relatar cómo llegué a conocerla. Estaba pasando una temporada en Berlín y unos amigos me invitaron al recital de un poeta argentino en una librería berlinesa especializada en literatura hispanoamericana. Tras la lectura de la obra dadaísta más reciente de este poeta, cuyo nombre he olvidado, las dueñas del local sacaron unas botellas de vino, magnífico acicate para cualquier conversación que se precie. Mientras bebía prosecco y hacía gala de uno de mis mayores defectos, esto es, escuchar las conversaciones ajenas, llegó a mis oídos por primera vez el término Neigungswissenschaft. Por aquel entonces creía que había leído lo suficiente para dar la talla en cualquier clase de conversación que pudiera presentarse en estos círculos, por lo que me acerqué a conversar con el grupo de escritores berlineses que aquella noche había asistido a la lectura. Fue en ese mismo instante cuando mi concentración se dispersó hacia la conversación del grupo de la izquierda, atraída quizá por el influjo de una palabra que ya nunca he podido olvidar: Zuneigunswissenschaft. En un primer momento creí no entender este término a causa de mi limitado dominio de la lengua alemana. Pregunté inquieta a una amiga, pero ella tampoco conocía el término, y mucho menos la corriente de pensamiento de la que se trataba. De vuelta a casa, mientras sopesaba la idea de que posiblemente fuera cierto que Berlín se estaba convirtiendo en la capital cultural europea, comencé a pensar en ese término aún desconocido para mí. En realidad la ciencia tendencialista (esta sería la traducción más cercana al español) ha estado obsesionándome desde el primer momento que escuché su nombre. Aquella misma noche, al llegar a casa, comencé a indagar en internet (ese instrumento a veces maldito en el que cualquiera puede editar algo). Descubrí que el término Neigungswissenschaft fue desarrollado por un grupo de psicólogos de la Gestalt pertenecientes a la escuela berlinesa, los cuales, descontentos con las teorías con las que habían comulgado, intentaron encontrar una nueva teoría que les permitiera ir más a allá del movimiento aparente y del principio de que el todo es más que la suma de sus partes. Lo cierto es que no consiguieron gran cosa, tan sólo la invención del término tal y como hoy lo utilizamos en esta isoforma del lenguaje de la que nos servimos para comunicarnos con los demás. Años más tarde estos psicólogos conocieron a algunos matemáticos del Gödel, acólito del Círculo de VienaCírculo de Viena en un congreso científico europeo, aunque, al parecer, en aquella reunión no hicieron más que distraerse (muy común en la época) divagando acerca de las características que podría tener esa hipotética corriente de pensamiento.
     Será el año 1940 cuando empiecen a forjarse las teorías fundacionales del tendencialismo. Aquel año Gödel, acólito del Círculo de Viena, marcha a Pricetown, donde conocerá a Einstein y con el cual trabajará algunos presupuestos filosóficos relativos a la Teoría General de la Relatividad. Huelga decir aquí que por aquel entonces ya se tenía asumido el corrimiento al rojo de la expansión de las estrellas y por lo tanto la expansión del universo.
     El desarrollo de la teoría quedó sin embargo restringido durante muchos años a un círculo determinado de matemáticos y físicos hasta el descubrimiento del “teorema de Bell” en la década de los sesenta. Este teorema se encarga de comprobar la paradoja de “Einstein Podolsky Rosen” inaugurando el debate acerca de la posibilidad del entrelazamiento cuántico (transmisión de información del estado cuántico entre partículas entrelazadas), lo que más tarde pudo ser utilizado por algunos pensadores para atribuir cualidades de lo microscópico a lo macroscópico (pensado en nuestra escala).
     Sin embargo no será hasta principios del siglo XXI cuando el autor polaco Blachiewicz establezca definitivamente las bases filosóficas del tendencialismo, el cual, sirviéndose de los últimos descubrimientos científicos así como de las corrientes filosóficas más actuales, sienta las bases de esta teoría, bautizándola finalmente con el nombre de “Tendencialismo Universal”. Me resulta imposible describir en estas líneas los avances que este filósofo ha hecho en beneficio de esta teoría (precisaría más bien de un estudio monográfico o la dedicación de un número especial en alguna revista virtual). No obstante intentaré hacer un esbozo de los principios del tendencialismo universal promulgados por Blachiewicz. Algunos de esos pilares serían la fractalidad, la teoría del caos y el “efecto mariposa” de Lorenz. Utiliza la fractalidad, esto es, una cierta repetición perceptible e inacabable, para aplicarla al comportamiento humano en una cultura determinada, para lo cual se sirve de un algoritmo matemático desarrollado por él mismo. De la Teoría del Caos, la segunda fuente de la que se nutre, utilizará los conceptos abstractos aplicados a sociología, la denominación popular de la rama de las matemáticas y la física que trata ciertos tipos de comportamientos impredecibles de los sistemas dinámicos. Así mismo recurrirá al “efecto mariposa” para promulgar que, dadas unas condiciones iniciales de un determinado sistema natural, la más mínima variación en estas condiciones puede provocar que dicho sistema evolucione hacia formas totalmente divergentes. Las invariantes dinámicas de cambio y movimiento y la esencia real que pueden tener estas para ser estudiadas también colaborarán en el desarrollo del tendencialismo.
¿No podría la ciencia del tendencialismo universal ser considerada como la primera teoría ultrahipermoderna?     En realidad podríamos mencionar un interminable número de corrientes científicas y filosóficas (la Gravedad cuántica de bucles, la teoría de cuerdas, Dawkins —y sus memes—) que han influido al desarrollo de esta teoría, pero, como ya he comentado, no es éste el lugar para emprender esta tarea.
     A modo de conclusión y con el fin de aclarar algunas dudas que hayan podido surgirle al lector, quiero hacer las siguientes aclaraciones: en primer lugar, el tendencialismo universal no sólo ha de ser entendido como el compendio científico y filosófico de toda una época, sino, principalmente, como una teoría no determinista: nada existe en sí mismo; todo, incluso las entidades, tiene tendencia a existir, se rechaza la autonomía individual para pasar a una autonomía global; todo está interrelacionado y se repite a lo largo de un tiempo de estudio determinado (el tiempo es una variable inventada por el hombre desde que se puso a medirlo), hasta que se produce un cambio en alguna de las condiciones iniciales, de lo que se deduce la imposibilidad de encontrar absolutos. Las escalas de las mediciones, la autosimilitud del todo, e incluso, de los comportamientos y de los pensamientos también podrán ser estudiados haciendo un reduccionismo. Queremos de este modo confirmar uno de los postulados más innovadores de la ciencia tendencialista, a saber, que la realidad posee una inseguridad aparente y contradictoria.
     Por todos estos motivos arriba mencionados, ¿no podría la ciencia del tendencialismo universal ser considerada como la primera teoría ultrahipermoderna?
     Para aquellos lectores que quieran profundizar en el tendencialismo universal les remito a la obra de este doctor en física y filosofía residente en Poznan (Polonia). El título de la única obra publicada de este autor al castellano es Del Multiuniverso al Átomo pasando por el hombre: Tendencia a existir (Aljorra, 2006). Es una de esas obras que pueden considerarse preeminentes, sin ser demasiado vehementes, como alguno podría llegar a pensar. En fin, una lectura muy apropiada para esta época en la cual se considera que la incertidumbre del futuro es lo que se está imponiendo en este mundo global donde los términos se usan cada vez de una manera más ambigua y desacertada. Al menos aún podemos recurrir a teorías tan bellas como esta. Lo hace que encierre en sí misma la capacidad de llegar a más gente (no solamente los poetas buscan la belleza). Hay ecuaciones bonitas y teorías bonitas, y algo bello no puede ser falso.

 

 

 

 

 

 

PRISMA DE NIVELACIÓN
Locura y Renacimiento en Gérard de Nerval

 

Salomón Valderrama Cruz

 

 

Je pense à toi, Myrtho, divine enchanteresse,
Au Pausilippe altier, de mille feux brillant,
À ton front inondé des clartés d'Orient,
Aux raisins noirs mêlés avec l'or de ta tresse.
(1)

Gérard de Nerval

 

 

 

 

 

 

Locura y Renacimiento en Gérard de Nerval     Líquido de descansar crepúsculos. Perfección faltar para ¡entren! existir; purpúreo ligazón negar sé escudo. Perla, del morir, concierto inerte. Cuando un poeta ha perdido toda conexión con su nacimiento físico recién se inicia su propio reconocimiento y lenguaje para ya nunca más moverse. Para escribir muerto. Todo poeta puro siempre canta ciegamente en su propio nacimiento y prisión. Su música, tornado de realidad sin tiempo, es indefinible y es lo más propincuo a un concierto inerte. Es un concierto inerte. Escuchamos, leemos la poesía de un muerto, aunque físicamente no lo esté. Porque qué es la muerte sino un infinito extraviarse. Así como la vida es el retorno de una espera infinita. Es en donde nacer, él que nació, llegar del infinito. Soñado. Un elevarse en el abismo pero en el vacío. Todos, lo que no he amado. Para el poeta. Siempre se ha dicho que la música no puede expresar nada (lo dijo Stravinski) (2) y es lo que se sucede en la poesía. Ella, siendo naturaleza perdida, es el Todo, sin explicación. Como Narciso contemplándose en el infinito de su propio ser, hasta morir. Pero morir para vivir más allá de la pureza y de la función ejecutoria de estar en el mundo. Recordemos que Narciso forma parte de una mitología que es su universo de ser, así también el poeta recupera su infinito y se transforma en él. Como su propio mito. Como Dios, ausente, invisible, que destruye y crea cuando quiere. Y nosotros, majestuosos elementos pasivos que solamente acatamos la función regular en la que ya estamos atrapados, no podemos sino navegar en su propio recuerdo, perdición o concierto de ser y ya jamás preguntarse. Entre juventud de descubrirse; Perfección de Jorge Guillén: Y tanto se da el presente / que el pie caminante siente / la integridad del planeta. (3) Quien vive no recuerda. Quien escribe pierde el tiempo para vivir en el centro o el límite mismo de poder elegir. Y el poeta dirá: Yo no quiero vender flores para comprar armas. Yo quiero vender armas para comprar todas las flores. Pero este poeta muerto usa a las flores como armas. De insurrección o de cambio así sea invisible, sin embargo, real y peligroso. Y en su jardín, su memoria, se da la otra guerra mundial. Y él vive un día más.
     Dicho esto, se debe entender que el poeta lo único que busca es la vida, recuperar su vida y así su libertad. Inconveniente, no es cualquier vida. La vida que desea es por la que se ahogó en el inicio para hacer su poesía que, en el mayor, mejor dicho, en todos los casos, es el amor. El poeta aparece diciéndole en el tiempo, Ven, desconocida: sólo en ti lo he sabido: / tu perfección aumenta / con la ocasión de verte. (4) Y todo aquel que está tratando de realizar una biografía de algún poeta debe preguntarse primero y de quién o de qué se enamoró ese poeta. Y puede ser que ya no escriba por amor pero miente el que dice que no irrumpió en él puesto que es el principio de lo que hace. Y muchos desearían volver a encontrar ese mismo amor. O su equivalente, si es posible tal cosa. Desde luego esta abra es el combustible suficiente e “interminable” para despertar toda clase de temas y variaciones en su poética. Gérard de Nerval no es la excepción y hasta diría que hace la regla. 'Myrtho':


C'est dans ta coupe aussi que j'avais bu l'ivresse,
Et dans l'éclair furtif de ton oeil souriant,
Quand aux pieds d'Iacchus on me voyait priant,
Car la Muse m'a fait l'un des fils de la Grèce.

Je sais pourquoi, là-bas, le volcan s'est rouvert...
C'est qu'hier tu l'avais touché d'un pied agile,
Et de cendres soudain l'horizon s'est couvert.

Depuis qu'un duc normand brisa tes dieux d'argile,
Toujours, sous les rameaux du laurier de Virgile,
Le pâle hortensia s'unit au myrte vert!

 

"Les plus belles poésies" de Gérard de Nerval     Su amor se hizo ausencia, ya que en todo lo perdía y así todo lo demás no tenía ningún valor. Se cristalizó con respecto a todo lo restante, por eso avoca toda su herencia, la despilfarra, con el único propósito de encumbrar su amor divinizado, su amor Dios, omnipresente, pero no encarnado. (5) Uno ama lo que pudo ser. En el infierno o en el paraíso. No los dos. Y es que un ser vivo no puede amar a uno muerto, al menos no de manera considerada normal. Y me refiero a la consagración del amor en el coito. (6) A la participación mutua en ese acto. En este sentido una violación puede considerarse la realización parcial de un amor; enfermizo, claro está. Pero un nivel de amor al fin y al cabo. La posesión conexión en otro cuerpo. No así en la necrofilia, donde el acto es pasivo de una de las partes, pues está muerta. En ese caso la zoofilia es algo más cercano a ser correspondido. Por el calor corporal en ambos elementos vivos. Al cuanto si analizamos correctamente la acción de pertundear esto es algo mental más que físico y por ello la necrofilia y otras variaciones con receptor pasivo se manifiestan como herencia. E invariablemente con un coqueteo sadomasoquista. Porque con el tiempo toda realización sexual avanza delicadamente en perversión. En relieve esto no es evidente en la poesía y menos si hablamos de un poeta que ya escogió su sello. Mas que tres o cuatro lo verán. 'Artémis':


La Treizième revient... C'est encor la première;
Et c'est toujours la Seule, —ou c'est le seul moment;
Car es-tu reine, ô Toi! la première ou dernière?
Es-tu Roi, toi le Seul ou le dernier amant?…

Aimez qui vous aima du berceau dans la bière;
Celle que j'aimai seul m'aime encor tendrement:
C'est la Mort -ou la Morte... Ô délice! ô tourment!
La rose qu'elle tient, c'est la Rose trémière.

Sainte napolitaine aux mains pleines de feux,
Rose au coeur violet, fleur de sainte Gudule:
As-tu trouvé ta Croix dans le désert des Cieux?

Roses blanches, tombez! vous insultez nos Dieux,
Tombez, fantômes blancs, de votre ciel qui brûle:
—La Sainte de l'Abîme est plus sainte à mes yeux!

 

"Llamado Nerval" de Florence Delay     Cuando una mente poderosa está a punto de explotar por la fragilidad de sus recuerdos negativos puede ser tal su concentración y rima irreal por su agotamiento y desaparición que puede concentrar en un verso la totalidad de su existencia y entendimiento, algo semejante sólo se puede dar en aquel que logra abstraerse tan medularmente que alcanza a ver lo verdadero, lo que es. Lo que ocurrió con el primer hombre que volvió los ojos en la carta genética. Donde puede ser que cada uno de esos códigos sea lo más adyacente a una idea de belleza ilimitada. Sin forma, sino sentido puro. Idea de ideas. Debido a su valor mental es que la poesía ha hecho nacer diversas formas de amar y todo lo contrario, aun desprovistos de toda conexión en el espacio y el tiempo. Ejemplos son: que tu forma fantástica ceñía, / poco importa burlar brazos y pecho / si te labra prisión mi fantasía. De sor Juana Inés de la Cruz. ¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso? / En dónde estás triste noctámbula / Dadora de infinito / Que pasea en el bosque de los sueños. De Vicente Huidobro. Apareces / La vida es cierta / El olor de la lluvia es cierto / La lluvia te hace nacer / Y golpear a mi puerta. De César Moro. Pues ninguno venía, la hermosa / Se dispuso a esperar a lo divino; / Que no cura de tiempo ni camino, / Sino que está esperando y es la rosa. De Martín Adán. Heredad de variación. Gérard de Nerval es un complot de serse amor deshecho. Últimamente y para no llorar escribir desmundo. (7) 'Anteros':


Tu demandes pourquoi j'ai tant de rage au coeur
Et sur un col flexible une tête indomptée;
C'est que je suis issu de la race d'Antée,
Je retourne les dards contre le dieu vainqueur.

Oui, je suis de ceux-là qu'inspire le Vengeur,
Il m'a marqué le front de sa lèvre irritée,
Sous la pâleur d'Abel, hélas! ensanglantée,
J'ai parfois de Caïn l'implacable rougeur!

Jéhovah! le dernier, vaincu par ton génie,
Qui, du fond des enfers, criait: "Ô tyrannie!"
C'est mon aïeul Bélus ou mon père Dagon…

Ils m'ont plongé trois fois dans les eaux du Cocyte,
Et, protégeant tout seul ma mère Amalécyte,
Je ressème à ses pieds les dents du vieux dragon.

 

     ¿Y por qué nos reconocemos en el poeta? ¿Por qué nos gustan determinados versos y poemas? Sino porque todos buscamos nuestra vida, la de los otros que parece mejor o sinceramente es que todos hemos perdido algo hermoso. Lo que nos hace partícipes de ella. Lo que nos vuelve a entenderla como nuestra fatalidad. Pero el mundo cambia y la valoración instantánea puede ser un remedo de una antigua belleza. Existirán infinitas cosas bellas, pero es la tragedia de ver y la tragedia que soporta esa mirada la verdadera poesía. La que es vista en la madriguera de cada uno y allí se despierta la hermosura de contemplar algo secreto y posible. Aun después de mucho tiempo. E inclusive cuando ya esté todo acabado. Porque el poeta, a pesar de todo, augura constante renacer.
     En honor a esa consternación inicié este manuscrito con unos versos y voy en pronto de cerrar con todos ellos en homenaje a la poesía y a Nerval. 'Prisma de nivelación':


Soñares admiratio son ciudades
Fantasmas que comieron de ciertos
Selva descarnar en amante muerto
Infinito de cerrar
Puertas belleza al vacío

Líquido de descansar crepúsculos
Perfección faltar para ¡entren! existir
Purpúreo ligazón negar sé escudo
Perla, del morir,
Concierto inerte.

Revivir en horrendas alas para ver.
Después peligros agotar y no morir
Fiera y parques por salir de la palabra…
Huyendo acaso de unos ojos
Alguno de cielo.

Estrépito rezagar fruta de plata
Pulsar rectitud en derruir olvido
Primero de escapar aun por más que vivo…
Deseo de nivelación
Morir fuego.

 

El poema 'Myrtho'     Terminaré con dos poemas en delación opuesta. Son primordiales para cualquier poética en construcción, ya que superestructuran la filosofía del poeta. La contradicción. El primero es una confesión de elegido, unigénito, y el segundo una revelación de paz y entendimiento absoluto. Sin embargo parece que no fue suficiente para él, ya que se mató. Directamente, o tal vez no, el poeta se sentía como Cristo. Al perder a su madre a los dos años ella pasó a ser una cuestión de fe. Ella era su Dios, sagrado pero también perdido. Hasta olvidado u borrado. Porque no es posible creer en aquello que ya es vago en el tiempo. (8) Uno cree en lo que siempre recuerda. Uno recuerda lo que entiende. Por eso su maestría al hablar de Dios en 'Le Christ aux oliviers' (Quand le Seigneur, levant au ciel ses maigres bras, / Sous les arbres sacrés, comme font les poètes, / Se fut longtemps perdu dans ses douleurs muettes, / Et se jugea trahi par des amis ingrats; // Il se tourna vers ceux qui l'attendaient en bas / Rêvant d'être des rois, des sages, des prophètes... / Mais engourdis, perdus dans le sommeil des bêtes, / Et se prit à crier: "Non, Dieu n'existe pas!"). (9) Porque el poeta tenía pánico al ver a su madre totalmente olvidada en él. Sólo es posible escribir o disertar ejemplarmente sobre algo siempre y cuando se domine a todos los elementos partícipes. Nadie va a novelar un asesinato creíble con la psicología que implica si no es de probabilidad un buen asesino. Tiene la maquinaria mental. Pues, un hombre no perturbado, para un caso feliz, no alcanzaría ni siquiera a ver belleza en semejante accionamiento y vitalidad criminal. Ni siquiera para evidenciar que algo tan brutal no se debe cometer. O sí, yo, nunca sé el grado de locura del que me lee. Pero es una belleza hablar de arte. Van los poemas.

 


EL DESDICHADO


Je suis le Ténébreux, -le Veuf, -l'Inconsolé,
Le Prince d'Aquitaine à la Tour abolie:
Ma seule Étoile est morte -et mon luth constellé
Porte le Soleil noir de la Mélancolie.

Dans la nuit du Tombeau, toi qui m'as consolé,
Rends-moi le Pausilippe et la mer d'Italie,
La fleur qui plaisait tant à mon coeur désolé,
Et la treille où le Pampre à la rose s'allie.

Suis-je Amour ou Phoebus?... Lusignan ou Biron?
Mon front est rouge encor du baiser de la Reine;
J'ai rêvé dans la grotte où nage la Syrène...

Et j'ai deux fois vainqueur traversé l'Achéron:
Modulant tour à tour sur la lyre d'Orphée
Les soupirs de la sainte et les cris de la Fée. (10)

 

 

 

VERS DORÉS


Eh quoi! tout est sensible!
Pythagore


Homme, libre penseur! te crois-tu seul pensant
Dans ce monde où la vie éclate en toute chose?
Des forces que tu tiens ta liberté dispose,
Mais de tous tes conseils l'Univers est absent.

Respecte dans la bête un esprit agissant:
Chaque fleur est une âme à la Nature éclose;
Un mystère d'amour dans le métal repose;
"Tout est sensible!" Et tout sur ton être est puissant.

Crains, dans le mur aveugle, un regard qui t'épie:
À la matière même un verbe est attaché...
Ne la fais pas servir à quelque usage impie!

Souvent dans l'être obscur habite un Dieu caché;
Et comme un oeil naissant couvert par ses paupières,
Un pur esprit s'accroît sous l'écorce des pierres! (11)

 

     ————

     (1) En Les chimères (Las quimeras), 1854. Del poema Myrtho. Todos los demás poemas que se citen en adelante pertenecen a este mítico libro.
     (2) Aunque otros no menos poetas dijeran que la música habla de nosotros mismos (Charles Baudelaire) o que es un arte que expresa lo eterno y lo ideal (Richard Wagner).
     (3) Este poema aparecido en Cántico (1928 y ampliado en sucesivas ediciones) reposa su estructura en que la belleza es el punto máximo, la plenitud, de ser. Luego todo será una caída. Además fija su apreciación en el gusto por nosotros mismos, en la belleza corporal que se acera en el redondamiento de ciertas partes del cuerpo. Y la rosa, la rosa sin querer central, es definitivamente nuestros sexos.
     (4) José Pancorvo en Profeta el Cielo, 1997.
     (5) Hay que anotar aquí que el miedo es el que hace que no se concreticen nuestros más sensibles deseos. Como el animal que nos embiste porque ha traducido nuestro interno temblar. La impotencia de no poder decir o no saber decir, lo que provoca odiar. A la larga odiarse. Reconocido en el poema de Wáshington Delgado, Te estoy perdiendo: Ser una materia leve, / una corriente extensa / que te persiga siempre. / No ser esto que soy / y que te está perdiendo. En Formas de la ausencia, 1955.
     (6) Esto me hace recordar al Éxtasis de Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini. Donde la levitación, el acto de encontrar a Dios, es la sublimación del erotismo puro. Creo que a esto es a lo que se le teme cuando se ensexan los amantes. A la iluminación de ser parte de otro cuerpo. Vacío de Vacío. Conexión con el principio. Y es tan corto que puede abarcarlo todo. Semejante a lo que creemos ven los que van a morir. El retorno.
     (7) Aut prodesse volunt, aut delectare poetae, / aut simul, et jucunda et idonea dicere vitae. Horacio.
     (8) Hay que considerar acá que la cuestión de Dios en el hombre fue y es desde el principio sujeto de control. De miedo para dejar de hacer. Erie esto no iba a durar para siempre y menos con algo como el hombre que va más allá de sí mismo en la Duda. La única capacidad de existir. Dios hoy a pesar de que aún es temido ya no infunde ningún tipo de aspereza más allá de sentirse ligeramente dubitativo: seré malo o bueno. Hoy este efecto de control lo toma la ley jurídica dentro de cada contexto político de influencia. Exceptuando ciertos grupos humanos donde Dios todavía es dogma de ser. Y donde la vida no vale nada sino es por verse o merecerse con Dios.
     (9) Es imposible dejar de citar aquí a César Vallejo. Un poeta en cuya afección también se da a lo largo de toda su obra. Erie solo me interesa el poema Espergesia: Todos saben que vivo, / que mastico… Y no saben / por qué en mi verso chirrían, / oscuro sinsabor de féretro, / luyidos vientos / desenroscados de la Esfinge / preguntona del Desierto.
     (10) Es interesante plantearse después de este poema que el suicidio para el poeta fue un asunto de fusión para con su arte. Pero es imposible saber el momento de revelación y por eso el poeta Théophile Gautier escribió: «Oh, Gérard, ¿qué has hecho? ¿Por qué no viniste a abrazarme?». Traducción de Ricardo Silva Santisteban en Aurelia o el sueño y la vida (Universidad Católica del Perú, Lima, 2004.)
     (11) También puede consultarse la traducción en internet de los profesores Antonio Pamies Bertrán (Universidad de Granada) y Pedro José Vizoso (New Mexico State University). Aunque las dos son muy disímiles. Es lo que se dice una Mona Lisa desvestida o con bigotes. Y desde luego grande arte. Yo, lo único que he intentado hacer es cuasiahogarme en la extraña naturaleza de esta poesía.

 

 

 

 

 

 

     LA LLAMA BAJO LOS ESCOMBROS
Consecuencias del uso de la poesía

 

Julio Monteverde

 

 

"Situación de la poesía (por otros medios) a la luz del surrealismo" del Grupo Surrealista de Madrid     Se sabe que uno de los peligros frecuentes del trabajo de desescombro, por ejemplo el de un edificio en ruinas tras un terremoto, suelen ser los incendios que, en forma de meros rescoldos, duermen bajo las ruinas y que, al ser éstas removidas, pueden elevarse de improviso y violentamente, alimentados por el oxígeno nuevo. Es mi propósito poner de manifiesto el sentido último de la poesía como promotora de un cambio sensible y verificable en la vida. Y sobre todo y por encima de cualquier consideración posterior, que esta culminación debe tener como propósito modificarla en el sentido de la liberación del hombre. Considero este proceso como uno de los baluartes con los que el ser humano continúa contando para sacudirse la dominación, portador de un poder, a mi juicio, perfectamente verificable y mensurable más allá de las bellas palabras.

*

     Pero en primer lugar, y sentando una base imprescindible, debo apresurarme a definir que, para mí, la poesía no es sino una forma de estar en el mundo. Es un modo de comportamiento humano mental, físico y relacional que sólo existe manifestándose. De esta forma, la poesía no está separada en ningún momento de la existencia, no existe nunca más allá de ella. Esta inmanencia absoluta viene a concretarse en sus diferentes manifestaciones, ya sean éstas escritas, pensadas, intuidas o actuadas. Y su concreción, aquello en lo que se desarrolla, es en la búsqueda de la libertad finalizada en el principio del placer. Allí donde el hombre se libera en la libertad alcanzando el placer que desea (placer que se puede concretar en el humor, en la belleza, en el lirismo, en el amor, en el conocimiento, en la revuelta, etc) allí reside, para mí, la poesía. Y el intermediario entre estos dos polos, el camino que lleva de uno a otro, no es sino la imaginación. Por tanto, la poesía es también una lucha, un proceso activo de tránsito hacia un estado ausente pero, de una forma u otra, ya intuido como posible. En todo caso, este placer deseado del que hablo nunca debe ser entendido como un placer tópicamente burgués cuyo único fin sea el deleite, o como un placer espectacular cuya culminación sea el embrutecimiento directo e instantáneo. La comprensión del horror, por ejemplo, y las consecuencias que esta comprensión pueden tener en la vida del que la experimenta, de su aceptación y de la nueva relación con el mundo que de ello se deriva, también entran, a mi juicio, en este principio del placer.
     De esta definición se extrae por tanto que la poesía puede darse en cualquier parte y de mil modos diferentes, ya que su existencia no está restringida a una serie de condicionantes previos, sino que puede utilizar cualquier condición previa, siempre y cuando la subvierta para sus fines.

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     Dicho esto, me parece adecuado empezar a abordar las consecuencias del uso de la poesía entendida como modo de comportamiento señalando que uno de los principales efectos del paso por la poesía, aún de la más convencional, aún de la meramente escrita, es el deslumbramiento al que se somete el individuo. Esa luz violenta frente a la que éste se siente golpeado y desplazado de su centro. El cegamiento puede ser todo lo pasajero que se quiera, pero cuando pasa, el conocimiento y la vida ya no La llama bajo los escombrosson lo mismo. La verdadera poesía nunca pasa en balde, y lo importante de esta conmoción es que parece ponernos siempre en el camino adecuado (o en todo caso en un camino más adecuado); frente a una nueva ruta o pasillo de comunicación hacia un estado ausente pero que se entiende ya a la mano.

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     Esta conmoción, una vez ha sido experimentada, plantea el subsiguiente efecto, secundario pero potentísimo, de crear una verdadera impaciencia con la realidad, una incomodidad con las circunstancias cotidianas sobre las que el individuo intenta crear su vida. Tira de él hacia el futuro en base a una condición que se ha podido vislumbrar como posible. La poesía se ofrece siempre como la siguiente fase, se la tome en cuenta o no. Y aquellos que usan la poesía por todos los medios, conocen bien cómo este uso permite el cuestionamiento del presente y la puesta en futuro de la propia vida. Ya que la poesía es también la comadrona de toda vida antigua embarazada de una nueva.
     Aquí reside el poder utópico de la poesía, que al hacerse patente se hace insalvable. Cosa muy distinta es que se pretenda no haber entendido, no haber escuchado, o más directamente, en el caso de algunos individuos, se pretenda usar ese mismo poder para glorificar un presente mezquino. En esta maniobra lo que se intenta es congelar la multiplicación de la poesía a través de una operación en la que el presente es saturado, congelado y petrificado. Se apela así a la experiencia, pero a la experiencia pasada, no a la futura; a lo vivido, no a lo vivible. Esta es la poesía de aquellos que están contentos con el estado actual de las cosas, de su vida y la de los demás, o que si bien no están contentos tratan de redimir un pasado generalmente mezquino a través de la sublimación literaria. Pero la poesía se vuelve impracticable cuando se muestra incapaz de ofrecer esa invitación al futuro, es el resto, la literatura. La acción poética deja al descubierto la miseria del mundo. Igualmente, demuestra las posibilidades de libertad que el hombre posee. La poesía presiente un estado mejor del ser humano, más alto. Pues es mirando a través del ojo de la cerradura de la poesía que se puede ver un futuro para el hombre.

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     Así la poesía, cuando denuncia al futuro al poner el dedo sobre el problema del presente, modificándolo y ofreciendo un escenario en el horizonte, invita siempre a la repetición de estados análogos a los que se han sentido al practicarla (ya sea escrita o por otros medios, ya sea conscientemente o no). Se trata no sólo de que la poesía se plante en el presente para cambiarlo, facilitando la experiencia Jardines Sabatinimás intensa de lo que se vive, sino que se vuelca siempre en crear más, en multiplicar unos estados que parecen coincidir de forma explícita con una intuición de verdad necesaria. Es así, y no de otra forma, que la poesía debe ser entendida como una fuerza subversiva.

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     Llegados a este punto considero necesario hablar, aunque sea concisamente, de las relaciones entre la poesía escrita y la poesía por otros medios. Si accedo a establecer esta separación es en aras de evitar una posible ambigüedad o falta de concreción que pueda debilitar o dispersar el mensaje final. Como ya he especificado con anterioridad, no considero que exista una verdadera diferencia de principio entre poesía escrita y poesía realizada. Ambas son manifestaciones de un modo de comportamiento que aspira a liberar al ser humano ya sea individual como colectivamente. Sin embargo, la historia de la poesía como tal, hasta nuestros días, presenta una inflación severa entre unas manifestaciones y otras, siempre en beneficio de la poesía escrita, de la que la poesía por otros medios habitualmente se ha considerado, cuando se ha considerado, como dependiente. Lo que quiero decir es que si voy a utilizar esta clasificación, y voy a adentrarme en ella, es únicamente con la idea de, en la medida de mis posibilidades, superarla.

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     Es fácil comprobar que existe una fractura entre la poesía escrita y la poesía realizada, entendida esta última no como en ocasiones se entiende en su sentido de materialización de los poemas en la vida, sino finalmente como realización de ella misma sin ninguna mediación. Los actos poéticos, como tales, tienen un poder mucho mayor que la poesía escrita al basarse en la inmediatez de la experiencia. Igualmente, crean en el individuo una sed mucho mayor de repetición y de ampliación, precisamente por esa inmediatez fulgurante de la que hablo.
     Pero entonces, si lógicamente son preferibles los actos a las palabras, ¿cuál es el papel, si es que tiene alguno, de la poesía escrita? ¿Cuál es su función y lo que me permite no excluirla de las fuerzas disponibles para promover un cambio determinado de la realidad individual y social del ser humano? Sobre esto debo empezar por poner de manifiesto, aún a riesgo de desviarme demasiado, que existe una tragedia de gran envergadura en el lenguaje (es decir, del dominio en el que se centra la poesía escrita), una tragedia que a mi juicio, dadas las condiciones actuales de la vida humana sobre la tierra, no puede eliminarse alegremente de un plumazo.
     Esta tragedia tiene dos vertientes, ambas de capital importancia a mi juicio. La primera es que el lenguaje es uno de los medios de relación, con seguridad el más importante, del que el hombre dispone para relacionarse con lo que existe dentro y fuera de él. Pero, como tal, no tiene como fin último la experiencia directa. Tal y como decían Blanchot y Pizarnik, cada uno a su manera, las palabras crean la ausencia, y es en el reino de la ausencia sobre el que se desarrollan. La palabra árbol sustituye al árbol, haciendo la existencia final del árbol prácticamente incomprensible para el entendimiento. El lenguaje se muestra de esta forma incapaz para captar lo inmediato, pero su necesidad es irreparable para la vida del ser humano, el único animal verdaderamente ausente de sí mismo, no-inmediato, animal no-animal, incapaz de estar en el mundo de la misma forma que lo están los demás animales, ya que vive en las palabras y por mediación de ellas. Por tanto, si el lenguaje es una traición, pero a la vez se ha vuelto indispensable Alejandra Pizarnikpara el ser humano, considero que abandonarlo a su suerte es un lujo que no nos podemos permitir. Mucho más cuando éste se ha convertido, merced a sus mismas cualidades paradójicas, en uno de los mayores instrumentos de la dominación.
     Y aquí aparece la segunda vertiente de esta gran tragedia del lenguaje. La de su uso fraudulento por el poder y los medios que degradan el lenguaje y la capacidad de enunciación del individuo y la colectividad, conflicto de sobra conocido y complejo y que se me permitirá que no me adentre en él, ya que podría apartarme de lo que quiero decir quizá de forma irremediable.
     La poesía escrita como manifestación de un modo de comportamiento tiende a centrar sus consecuencias en la liberación de las formas de conocimiento que el ser humano utiliza para entender el mundo, y de esta forma es como puede llegar a ser promotora de un comportamiento liberador. Podría argüirse aquí que en realidad se trata de un rodeo innecesario que debería ser eliminado para dar paso a una acción más directa, pero en mi opinión, no está nada claro que esta acción sea posible en todos los momentos y para todos los seres humanos sin una apertura previa del conocimiento. En todo caso considero que, a la luz de lo dicho anteriormente, la poesía escrita, nacida con las mismas cualidades que la poesía por otros medios, en el marco de unas exigencias determinadas en las que las diferencias con otras manifestaciones de la poesía son finalmente superadas, continúa teniendo un papel necesario (aunque en ningún momento suficiente) dentro de la lucha por la emancipación del ser humano, junto a todos los demás medios existentes o por existir.

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     Pero habíamos dicho que pretendíamos mostrar cómo la poesía puede manifestarse en la vida cotidiana y provocar unos efectos verificables para el ser humano. A partir de este punto se me permitirá que avance acompañando mi exposición de una serie de ejemplos sacados de mi vida concreta o la de mis amigos, con los que espero, con el límite debido a la intimidad, ejemplificar de forma específica todos los fenómenos, y algunos más, expuestos con anterioridad.

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     Para comenzar con esta tarea se me concederá en primer lugar que plantee un concepto que hasta este momento he estado evitando con el objetivo de situarlo debidamente y en su verdadera significación. Este es el de lo maravilloso como categoría de fenómenos. Creo entender que, por su importancia, proporciona "El campesino de París" de Louis Aragonun excelente punto de partida.
     Decía Louis Aragon, el Aragon surrealista de El campesino de París, «que la realidad es lo aparentemente exento de contradicción», y que «lo maravilloso es la contradicción que aparece en lo real» (1). Así, lo maravilloso es aquello que dentro de la realidad, y sin salirse de ella, cuestiona con su aparición las mismas leyes de la realidad, agrandándola y haciéndola más extensa y profunda por su mera manifestación.

     Hace algunos años me disponía a viajar a Londres. Por aquella época yo acaba de terminar una relación sentimental que una persona que se había mudado poco después a esa ciudad. Yo poseía la dirección de esa persona, pero decidí no llevarla conmigo. No tenía ninguna gana de volver a verla, y el falso olvido de esta dirección me permitiría, en caso de que esta persona u otra me reprochara no haber arreglado un encuentro, tener una excusa más o menos decente con la que salvar la cara. Se comprenderá la hipersensibilidad que yo poseía hacia este hipotético encuentro. Pues bien, el primer día de mi estancia en esa ciudad, cuyas dimensiones y complejidad no escapan a nadie, me encontré de forma azarosa con la persona que compartía casa con aquella otra a la que yo no quería ver.

     El término maravilloso define un tipo concreto de fenómenos que el ser humano experimenta en la realidad, ensanchándola al quebrar sus reglas aparentes, y que se mezclan con su subjetividad cuando éste siente que en ellos se halla algo de verdadera importancia para su vida. El ser humano los recoge y les da sentido, pero lo maravilloso posee siempre un componente indeterminado que escapa a la simple voluntad del hombre, y que por ello mismo le permite poner en cuestión la relación entre lo que le rodea y lo que le habita, desembocando siempre en una más intensa y profunda concepción de la realidad.
     De esta forma lo maravilloso está íntimamente relacionado con la poesía desde el momento en que todo el proceso de liberación, sobre el que se basa el trabajo poético, puede encontrar un término adecuado cuando ésta promueve esos estados en los que la existencia se sirve a sí misma por la simple y directa aparición de los mismos. En este caso, si el encuentro azaroso es lo maravilloso; cuando alguien, por ejemplo, se aventura en la ciudad de forma activa para, por decirlo de forma sencilla, ponerse a tiro de eso que denominamos maravilloso, cuando camina a la deriva con la intención de que “algo pase”, entonces entramos ya en el territorio de la poesía, en la puesta en juego de las cualidades humanas en vistas a una reapropiación del mundo basada en la libertad de darse a sí mismo una vida de acuerdo con sus deseos, sean estos conocidos o por conocer.
     Pues lo maravilloso en su aparición no evita, sino todo lo contrario, que se pueda salir en su busca, y en último término ser encontrado. Además, la apertura que la poesía produce en la realización de estos encuentros permite la creación de una especie de radar para la captación de lo maravilloso, que si no se vuelve frecuente (las condiciones actuales de la sociedad en la que vivimos lo ponen cada vez más difícil) al menos sí permite establecer con él unas relaciones de familiaridad más o menos intensas.
La poesía y lo maravilloso se contagian     Además, la poesía y lo maravilloso, al ser extendidos conjuntamente en la vida, se contagian, logran transmutarse el uno en el otro cuando el hombre renuncia a contentarse con su mera aparición. Es así como lo maravilloso y la poesía se multiplican creando encadenamientos que pueden resultar conmovedores. Entraríamos ya de lleno, pues, en la superación misma de las diferencias con las que he tratado de definirlos inicialmente en su aparición.

     Durante el fin de semana del 20 al 22 de enero de 2005 algunos amigos surrealistas nos reuníamos en Madrid. Muchos de nosotros aún no nos habíamos visto en persona, y nuestro primer encuentro estuvo marcado por una confusión de identidades que permitió a Antonio Ramírez decirme que, por algunos momentos, yo, o al menos la imagen de mi cuerpo, había vivido en su cabeza con la identidad de Javier Gálvez. No le dimos más importancia a este hecho y rápidamente lo olvidamos. Al final de esta reunión, Antonio planteó la posibilidad de crear un juego-deriva que consistiría en realizar un vagabundeo previamente dirigido al convenirse algunas órdenes de obligado cumplimiento para el mismo. Las órdenes deberían ser del tipo: “Si aparece un coche rojo, deberá cambiar el sentido de la marcha”, “si encuentra un edificio en ruinas el grupo se separa”, etc. Esta propuesta despertó en mí el recuerdo de un poema que había escrito tiempo atrás y que incluía una serie de órdenes muy parecidas. Antonio podía haber leído el poema, aunque de hecho me confió no recordarlo. Pero el caso es que no fue hasta varios días más tarde cuando caímos en la cuenta de que el poema parecía decir más de lo que en primer momento ambos pensábamos, acordándonos de la confusión de identidades que había marcado nuestro primer encuentro en persona. El poema era el siguiente:

     «Extraño. Creo que tendré que irme de mi cuerpo para que me abandones. No me refiero a acabar con mi alma, a apagar la pequeña lucecita de la conciencia que se estudia en las escuelas, sino simple y llanamente a cambiar de cuerpo. Este de ahora actúa por defecto ante ti, se conoce demasiado bien el camino: “Cuando salga usted de aquí, encontrará algo que le recordará un triste episodio de su infancia, siga por esa calle y entre en el primer establecimiento que exhiba algo rojo en el escaparate. Allí escuchará usted una canción. Recuérdela. Tres años más tarde volverá a escucharla. La persona que en ese momento esté a su derecha será el amor de su vida. Y usted morirá por él”.»

     De esta forma, este poema, que parecía delimitar en el futuro nuestro primer encuentro, al haberse convertido por sí mismo en una experiencia de lo maravilloso se planteó como la primera piedra sobre la que nos decidíamos a realizar esta acción-deriva que se esbozó en primer momento. Tan sólo la lejanía geográfica y los problemas derivados de la vida laboral y mezquina han pospuesto esta realización. No obstante, lo que está claro es que esta acción, cuando se materialice, tendrá consecuencias en la vida individual y colectiva de cada uno de nosotros.

     Es así como la poesía y lo maravilloso pueden engarzarse, multiplicarse y mezclarse, siempre que la poesía se plantee como fin la liberación de la vida práctica en el futuro. Es así como la poesía se acercaría a cumplir el viejo mandato de Rimbaud cuando afirmaba que: «la poesía ya no marcará el ritmo de la acción, sino que estará por delante».

Yo lo firmaba usando la palabra Berlín*

     No obstante, es posible que sobre este punto se me plantee la objeción relativa a la escasez de este tipo de fenómenos, de su singularidad. Conviene remarcar sobre esto que, si bien es cierta, si este carácter esporádico, agravado por la realidad social del ser humano, representa su gran maldición, esta no debe hacernos desfallecer, ya que el hombre dispone de una reserva de lo maravilloso profunda y perfectamente accesible para todos, por ejemplo, en el mundo de los sueños. Si entendemos los sueños como parte de la realidad, y si superamos las explicaciones excesivamente productivistas de algunos psicoanalistas empeñados en poner a los sueños a trabajar, y los observamos en lo que en sí mismos significan, en su contenido manifiesto, encontramos que en ellos se dan también una serie de invitaciones evidentes si se toma la decisión de proyectarlas, en la medida de nuestras posibilidades, en el futuro.

     Hace aproximadamente año y medio, soñé que, al serme ofrecido un contrato, yo lo firmaba usando la palabra Berlín. El sueño me intrigó verdaderamente, llegando a tomar la decisión de que si algún día me encontraba en la necesidad de usar un pseudónimo escogería sin dudar la palabra Berlín como apellido. Dos días más tarde, deambulando por el rastro madrileño, me encontré de frente con una persona que llevaba una camiseta en la que se podía leer en grandes letras naranjas la palabra Berlín. En ese momento me atravesó la convicción de que algo importante para mi vida estaba a punto de serme revelado. Me abalancé sobre los puestos que flanqueaban las calles y en el primero de ellos, prácticamente al primer vistazo, encontré una foto que me pareció de una belleza manifiesta. En ella aparecía una escena de lo que puede aventurarse como una película muda en la que una sibila rodeada de acólitas observa una bola de cristal, con la intención evidente de ver el futuro (2). Pocas semanas después una persona muy querida para mí, a la cual yo había puesto al tanto de forma exclusiva de mi sueño sobre Berlín, me invitaba a acompañarla a un viaje a Lisboa. Las obligaciones laborales, y sobre todo, mi ruinosa situación financiera hicieron imposible este viaje. No obstante, esta persona sí que viajó a Lisboa, sola. Allí conoció, de forma totalmente imprevista, ya que se trataba de un completo extraño que la abordó en la terraza de un café, a una persona con la que llegaría a tener en el futuro una larga relación sentimental. Esta última persona, aquella que en cierto modo apareció para sustituirme allí donde yo no había hecho acto de presencia, era natural y tenía su residencia en Berlín.

     La realización de los sueños es una de las grandes tareas que los hombres de todas las edades se han propuesto. No es por casualidad que el hombre llame sueños a sus deseos (mi sueño dorado es… nosotros soñamos con un mundo que…). La poesía hace posible que estos sueños, sobre los que nadie duda ya de que poseen una significación evidente para el individuo, puedan ser traspuestos a la vida concreta, volcándolos y obligándoles en cierta manera a descargar sus sentidos manifiestos u ocultos sobre ella.

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     Yendo más lejos en el tema que estamos tratando, aún es posible comprobar que lo maravilloso puede extenderse en el tiempo y el espacio, multiplicado por la poesía, creando zonas de influencia que pueden dilatarse a lo largo de una vida. Son esas complicadas estructuras que representan la conjunción de múltiples factores y encadenamientos que pueden llegar a pasar de ser una aparición más o menos Números 11-12 de la revista "Salamandra"episódica de un hecho determinado a constituirse en un hecho estructural de la vida de una persona. Se me permitirá que no entre aquí a detallar alguno de estos ejemplos por su complejidad y profundidad. Tan sólo apuntaré que quien quiera hacerse una idea clara sobre el particular puede leer el texto titulado H de Eugenio Castro, editado originalmente en el número 11/12 de la revista Salamandra.

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     Por otra parte, resulta más que pertinente señalar cómo este tipo de encadenamientos y sucesiones tienen una especial querencia por manifestarse en relación con todo lo que concierne a la experiencia del amor. Nada debe extrañarnos sobre esto, naturalmente. El amor, sobre todo en las primeras fases, en los deslumbramientos más absolutos, provoca un descentramiento total del individuo. El cerebro deja de funcionar de la forma en que estaba acostumbrado y parece aventurarse por caminos nuevos, abriendo ventanas y derribando puertas a patadas. Esta dislocación de la manera de pensar, esta conmoción, permite el encuentro de toda una serie de dinámicas hasta el momento sepultadas por la vida corriente, por sus ritmos repetidos y su previsible monotonía. El amor, que mezcla como ninguna otra cosa todas las posibilidades más elevadas de acción del ser humano, y que las lleva a su culminación al ser una mezcla perfecta del fenómeno de lo maravilloso y de la poesía, tiene su forma particular de comportamiento poético en el erotismo, que no es, como habitualmente se conoce en nuestros días, un estadio anterior de la pornografía, una pornografía no-realizada, sino que es exactamente lo contrario de la pornografía. Supongo que la importancia efectiva del amor en la vida cotidiana de cada uno de los seres humanos que este planeta no necesita que yo la describa o la objetive en palabras innecesarias. La poesía no es sólo una actividad del espíritu, sino también puede ser una actividad del cuerpo.

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     Otra de las actividades en las que nos es posible encontrar el comportamiento poético y sus consecuencias, esta vez ya completamente volcadas en lo colectivo, es el juego. Es aquí donde la colectividad puede encontrar esa forma de liberarse en el placer directo que la propia experiencia lúdica tiene y que, realizada de manera concreta, puede calificarse como un fin en sí mismo al mostrase capaz de vincular a los individuos en la creación de un espacio de libertad que permite la huida de la miseria habitual del mundo y que por esta sola cualidad, merece ya la pena ser experimentado.

     En el mes de junio de 2005 la lectura de un libro de Raymond Queneau sobre algunos escritores clasificados superficialmente como locos (3), nos permitió crear un juego que se concretó de la siguiente manera: sobre la base de unas palabras determinadas, elegidas de idiomas diferentes al castellano, los jugadores deberían, usando las letras con las que está construida cada palabra en su lengua original, crear una frase que coincidiera, en español, y siempre según el criterio del Raymond Queneaujugador, con su significado explícito en la lengua original. Los resultados de este juego, algunos de ellos bastante sorprendentes, incluían definiciones como las siguientes, entre otras:
     La palabra
larme, que en francés significa lágrima, pudo ser reconstruida como: Lento afluente del río melancolía.
     La palabra
Police, policía en ingles y en francés, fue reconstruida como: Peligrosa organización de ladrones internacionales.