DIANA WASHINGTON
Cosecha de mujeres
Amelia Castilla
—DIANA WASHINGTON: Todo lo que se cuenta en este libro parece una película, ¿verdad? De hecho, Jennifer López protagonizó Ciudad del silencio, basada en esta realidad de Ciudad Juárez. Ojalá Cosecha de mujeres fuese un libro de ficción, pero no lo es. —ECP: Es curioso que esta ciudad mexicana tenga casi la exclusiva del feminicidio latinoamericano. —DW: Tuve un encuentro hace poco con profesionales de salud de Nicaragua, de Honduras y de El Salvador. Ellos acordaron que el tráfico de drogas está detrás de los asesinatos sistemáticos e impunes en algunas de esas regiones. Y el cartel de Juárez es el más activo en Centroamérica. Por mientras, parece que Juárez es, y seguirá siendo, el epicentro de este tema, siempre va a simbolizar crímenes impunes contra mujeres, sí¬mbolo merecido por la incapacidad de sus gobernantes de intervenir de manera contundente. —ECP: Explica por encima este horror para los lectores que aún no conocen el caso. —DW:
En 1993 se empieza a documentar crímenes de mujeres, todas relativamente
jóvenes, todas de familias humildes. Primero se declaran desaparecidas
y luego se las encuentra arrojadas, al principio en las afueras de la
ciudad, en las zonas desérticas. Lo que tienen en común
estas muertes es que son muertes brutales: muchas mujeres son secuestradas,
torturadas y violadas. En algunos casos han sido arrojadas intencionalmente
en terrenos públicos, zonas que han sido disputadas por poderes,
por diferentes intereses. En 1995 se descubrió el caso de Lote
Bravo, donde aparecen nueve cadáveres de mujeres. En 1996 ocho
cuerpos son descubiertos en la zona que llaman Lomas de Poleo, al norte
poniente de la ciudad. En 2001 aparecen ocho cadáveres en un campo
algodonero en medio de la ciudad. Entre 2003 y 2004 se descubren seis
cadáveres de mujeres en un lugar llamado Cristo Negro, al norte
de la ciudad, y se sospecha que hubo dos o tres más cadáveres
ahí que fueron relocalizados. Estos crímenes de alto impacto
siguen impunes hasta la fecha, todos. Ha habido algunos casos en los que
se ha visto in presentia al asesino y se le ha podido arrestar,
o a un marido que ha matado a su esposa y él mismo se ha declarado
—ECP: Pero de vez en cuando se castigará a alguien. —DW: A través de los años, las autoridades, respondiendo a la presión de grupos como Amnistía Internacional, familias de víctimas y otros, han presentado culpables “prefabricados”. Uno de los más famosos, Abdel Latif Sharif Sharif, el egipcio, murió en la cárcel hace un año bajo circunstancias extrañas. Uno de los chóferes del caso del campo algodonero de 2001 también murió en la cárcel después de una operación menor, en circunstancias sospechosas. Su abogado fue asesinado hace un año en el centro de la ciudad a plena luz del día, justo la misma semana que un grupo español liderado por la artista Cristina del Valle, con interés por saber de los crímenes de Juárez, fuera a entrevistarlo. Es impresionante porque muchas de las víctimas desaparecidas, antes de que apareciesen sus cuerpos arrojados en algún sitio, fueron vistas por última vez con vida en el centro de Juárez. —ECP: ¿Por qué en el centro de la ciudad? —DW: El centro de Juárez está muy poblado, está en seguida de El Paso (Texas), hay muchos turistas ahí y hay muchos policías para vigilarlos siempre, sin embargo desaparecen víctimas a plena luz del día y nadie vio nada y nadie supo nada. Todo esto me llevó a una investigación que lleva más de siete años. Los puntos principales de la investigación ya están tratados. —ECP: ¿Quién mató a esas mujeres y por qué? —DW: Los asesinos son varios, no es una sola persona. Principalmente son los que te voy a decir: dos asesinos en serie que siguen sueltos, no necesitan móvil para el asesinato, estos matan por matar y nadie lo puede impedir hasta que los paren; seguidamente están los narcotraficantes, que matan a mujeres sin que nadie les haga nada (esto desde 1993, año en que el cartel de Juárez, capitaneado por Amado Carrillo Fuentes, incrementó la violencia y las muertes brutales en la ciudad); por otro lado hay dos pandillas callejeras enfrentadas que han asesinado mujeres como manera de iniciar a sus miembros, para demostrar que están dispuestos y capaces a hacer lo que una pandilla requiere.
—DW:
Sin decir que estos grupos son los culpables, porque las autoridades han
documentado alrededor de 500 pandillas, los más temibles y poderosos
son los Aztecas y los Mexicles. Han llevado una lucha violenta, incluso
dentro de la cárcel de Ciudad Juárez, una competencia y
rivalidad intensas. —DW: Un grupo de hombres poderosos implicados en varias de las muertes en diferentes etapas y por diferentes razones. Estos casos también siguen impunes. Y, por último, los copycat, los imitadores, que se aprovechan de todo esto para mantener ese ambiente criminal. Un marido le puede decir a su mujer «te voy a matar» y luego confundirse con una muerte más de los crímenes propios de Juárez. —ECP: Y ahora mismo, ¿sigue habiendo crímenes de estas características? —DW: Ha habido algunos efectos positivos gracias a la presión constante sobre el gobierno mexicano de las familias locales y a la presión internacional. Al menos parece que ya han pasado los crímenes de mayor impacto, como los del campo algodonero, Cristo Negro, Lote Bravo y Lomas de Poleo. También han localizado a algunas mujeres con reportes de desaparecidas, y con el apoyo del equipo forense de Argentina (liderado por Mercedes Doretti) han identificado correctamente a algunos de los cadáveres que antes anunciaron que pertenecían a personas que no eran. No quiere decir que mañana no vaya a suceder algo parecido, pero... —ECP: Los del campo algodonero han sido los que más repercusión mediática han tenido. —DW: Fíjate. Antes de lo del campo algodonero, unos compañeros de Ciudad Juárez me comentaron, al saber que yo estaba investigando para este libro, «tienes que admitir que no ha habido más crímenes, que ya paró la cosa». Les dije «tal vez tengáis razón, hace tiempo que no hemos visto nada». Y al mes siguiente ocurrió el caso del campo algodonero. Y me dije «mi trabajo no ha terminado». —ECP: ¿Qué se ha conseguido de positivo, Diana? —DW:
Los esfuerzos que han dado algunos logros no han sido por las autoridades.
Sirve para algo el trabajo de las movilizaciones, de los activistas, de
los periodistas que han ayudado a difundir la situación. Hay periodistas
de todo el mundo que han llegado a Ciudad Juárez para enterarse
de lo que estaba pasando. Hablando de esto, tuve una experiencia con unos
periodistas ingleses que pidieron hablar —ECP: ¿Y el gobierno de México, qué dice, qué hace? —DW:
Este tema para mí fue sólo un síntoma de lo que ocurre
en general en México y en otras partes del mundo —no sólo
vamos a criticar a México—, pero ahorita hablamos de México
y no podemos platicar de los asesinatos de Juárez como de una cosa
aislada de lo que está sucediendo en el ámbito político,
en el del crimen organizado, el policíaco... Todo eso está
integrado y relacionado. —ECP: Pero al prescribir esos delitos, llevarlos a un tribunal internacional va a ser aún más complicado, ¿no? —DW: No, porque nadie hubiese imaginado que a Augusto Pinochet le ocurriera algo así. Tampoco se imaginó que Luis Echeverría, un ex-presidente de México, fuese detenido y acusado abiertamente y formalmente de genocidio. —ECP:
En el caso de Pinochet ayudó que hubiera entre sus atrocidades
víctimas de nacionalidad española. ¿Hay algún
caso de víctimas, por ejemplo, norteamericanas en Ciudad —DW: Sí, hay varios, hay como seis o siete ciudadanas norteamericanas que han sido asesinadas por diferentes causas. Y sus asesinos siguen impunes. También tenemos el caso, por ejemplo, de una ciudadana holandesa, Hester Van Nierop, fuente de controversia en el Parlamento Europeo. Fue asesinada en 1998, y su cuerpo fue hallado bajo la cama de un hotel. —ECP: Puede suceder, Diana, que lejos de que se frenen los crímenes en Ciudad Juárez se extiendan a otras zonas o países. —DW: Esto ya sucedió. El cartel de Juárez opera en México y Guatemala y en un total de 37 países. En Madrid detuvieron hace dos años a dos miembros de ese cartel de Juárez, y eran de Juárez y El Paso. También visitó España un grupo de poderosos implicado en los asesinatos de Juárez y aviso esto para advertir que estén atentos. En Chile, una periodista me escribió advirtiéndome de que en cierta región del país se estaban cometiendo asesinatos en serie. Le pregunté si en esa región chilena había tráfico de drogas y me respondió que sí, que estaba operando el cartel de los Carrillo Fuentes. —ECP: ¿Es que no muere ningún hombre? —DW: Claro que sí. Es más, mueren igual que las mujeres, torturados. Cientos y cientos de hombres han sido desaparecidos y asesinados, y diría que el 90% de los casos son impunes. Y, esto es nada más en Juárez. Son condiciones similares a los de una guerra sucia de algún estado. —ECP: ¿Y esas mujeres son todas inocentes o están metidas en el negocio de la droga y la corrupción? —DW: Claro, hay mujeres acompañantes de narcotraficantes e incluso mujeres narcotraficantes que llegan a ser víctimas de un ajuste de cuentas, pero es un porcentaje muy chico. La mayoría son mujeres normales, de origen humilde, sin recursos, brutalmente asesinadas por extraños, es decir, no hay relación entre la asesinada y sus asesinos.
—DW: Bueno, el machismo es universal. México no tiene la patente, tampoco España, pero no ha sido la causa primordial de esos asesinatos. El machismo tiene siglos y siglos y esto es una cosa que hay que cambiar. Por ejemplo, el título en inglés de mi libro lo cambiaron, porque me dijeron «Cosecha de mujeres no tiene impacto, tal vez en español sí, pero en inglés no, porque ¿quién va a leer un libro que se trata de mujeres?, hay que llamarlo Los campos sangrientos (The Killing Fields), que es más atractivo para hombres». A mí me molesta mucho que de este caso de Ciudad Juárez se diga sólo que es sobre mujeres, porque es un crimen de lesa humanidad, no sólo de mujeres. —ECP: ¿Los políticos en sus campañas electorales no aprovechan en México este tema sólo por tratarse de mujeres? —DW: No sé si la culpa la tenemos nosotros, por intentar difundir con la mayor contundencia este tema, o porque le entra a la gente por su propio filtro cultural. Hasta ahora los políticos mexicanos han tratado este asunto con extrema delicadeza, probablemente no se han querido meter. Tú no sabes el miedo que puede provocar una maquinaria de poder como la del cartel. A un detective de Juárez que nos ayudó fuimos a interrogarle... Cuando le criticamos o acusamos de no hacer nada nos respondió «saben dónde vive mi familia». Y yo le dije «te entiendo». —ECP: ¿Y cómo reaccionan los habitantes inocentes de Ciudad Juárez? —DW: Es muy complicado. Algunos de los líderes de las marchas han sido amenazados. Y no puedes tampoco movilizarte demasiado cuando las autoridades no responden, y no responden porque el grado de corrupción es tan alto que llega a esferas muy altas del gobierno y entonces es imposible destapar nada.
—DW: Eso es muy importante. Poetas, novelistas, etc, han reconocido que hay ahí una impunidad y una impotencia tremenda. Este tema ha inspirado muchas obras plásticas y literarias de denuncia. Hasta Hollywood ha tenido que tratar el tema. Pero esto es algo que no ha acabado. Yo no sabía cómo me iba a sentir cuando empezase el libro. Es muy duro estar delante de una computadora e ir escribiendo datos de muertos, de gente torturada. Además, me afectó a la salud: por un tiempo empecé a beber, a fumar. ¡Yo no fumo ni bebo! Pero dejé esto porque no era bueno estar así de nerviosa, tenía que estar alerta, con los cinco sentidos bien despiertos, por las amenazas, por recopilar bien todos los datos, por grabar bien todas las entrevistas... —ECP: ¿Con qué situaciones te has encontrado cuando iniciaste tu investigación que no te esperabas encontrar? —DW: Con el encubrimiento de las autoridades tan poco disimulado del crimen organizado, el poder impresionante de ciertos implicados. Yo sabía o intuía que habría encubrimiento y protección, pero no hasta esos límites. —ECP: ¿Cuándo cerrarás el libro? Porque lo vas aumentando y corrigiendo a medida que los casos de Juárez van sucediéndose. —DW: Me dije que había que poner el punto y final cuando descubrí la capa última de protección detrás de todas las capas protectoras que había destapado. Me dije «puede que haya más asesinatos, pero ya tengo todas las piezas del rompecabezas».
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