| La Poética
en ‘Axolotl’
de Julio Cortázar
Osvaldo Ulloa
Este artículo tiene en gran medida
como base el análisis que realiza A. Julien Greimas sobre el cuento
‘La Pesca’ de Mauppasant y esto implica segmentar el texto
en secuencias (llevar el análisis al nivel sintagmático)
para proceder a dar cuenta de “algunos” de los posibles sentidos
del texto que definiremos en La Estructura Semántica Simple. La
labor que nos ocupará estará enmarcada dentro de un análisis
de teoría literaria que busca encontrar elementos de la Poética
(Todorov) y llevarlos al nivel semántico.
En los primeros dos párrafos del
cuento se destaca la función referencial que entrega antecedentes
sobre lo que puede entenderse como una obsesión: «yo pensaba
mucho en los axolotl». Esta acción aparece precedida por
una frase que es una fórmula estereotipada a la manera del “Había
una vez...” de los cuentos infantiles, en este caso el pretérito
indefinido sugiere un tiempo fijo de naturaleza casi mítica: “Hubo
un tiempo”. Los informantes que a continuación nos entrega
el hablante sitúan el lugar de los acontecimientos en uno de los
acuarios de París. El sujeto de la enunciación aparece en
forma explícita y esto
pone sobre el texto la situación donde nos obliga a asumir las
categorías yo (el sujeto de la enunciación — emisor
— narrador y un contexto situado en el presente desde el cual evoca
el pasado que es el material diegético).
Ese tiempo mítico es el tiempo de
la contemplación: «me quedaba horas mirándolos».
Contemplación aquí deviene como meditación, es decir,
estado a través del cual se busca la trascendencia. Se puede decir
en Greimas que ese es el objeto que mueve a través del deseo al
sujeto. Bruscamente, el narrador, utilizando la función referencial,
nos dice que ahora es un axolotl. Las transgresiones que operan en este
pasaje tienen que ver con la naturaleza animal (en oposición a
la naturaleza humana) del narrador. El que sea un sujeto que no tiene
“habla” el que nos cuenta a través del lenguaje humano
una historia, tiene tan antiguos antecedentes como el famoso Coloquio
de los perros de Cervantes. Salvo que aquí hay una dicotomía
donde el hombre convertido en axolotl dice al final del cuento que él
imaginará todo esto y escribirá un cuento. El recurso es
el de una narración circular. Lo importante en este cuento es la
contigüidad de las frases, que por su falta de nudos o funciones
cardinales deja planteado el problema de cómo un sujeto humano
deviene en pez. Este va a ser el contenido de la historia: contar la metamorfosis
que de una forma u otra nos remite a un universo que sería kafkiano
si no fuera porque aquí sí hay sentido en el concepto más
tradicional de trascendencia.
El segundo párrafo da cuenta del
momento en que se ponen en contacto por primera vez el “yo”
con los “ellos” en los cuales ha de transformarse. La causa
o razón de ese encuentro es “el azar”. Aquí
hay que sumergirse en el mundo de Cortázar, donde las casualidades
no son tales ni el azar es lo fortuito, es decir, detrás de lo
que parece inmotivado se esconde un sentido oculto y la actividad de decodificación
es decisiva para el que está viviendo la experiencia. De ese momento,
el narrador nos entrega una gran cantidad de informantes que pueden subsumirse
en dos paradigmas: zoológico y París. La prosopopeya «París
abría su cola de pavoreal después de una lenta invernada»
pone de manifiesto el aspecto literal del enunciado y nos dice que ese
“yo” es capaz de jugar con el lenguaje y hacer patente la
función poética; esto es vital porque el sujeto de la enunciación
aparece como escritor consciente de la literalidad del lenguaje. Lo
cual se resuelve a nivel de la historia al final del cuento cuando el
axolotl nos dice que el que fue escribirá tal vez un cuento.
De ese París que aparece como «pavoreal»
desciende al zoológico donde él «era amigo de leones
y panteras» pero nunca había visitado el acuario. El acuario
se nos muestra así como lo desconocido, “lo otro”.
Ha llegado hasta ahí al no sentirse motivado por la rutina de visitante
que solía hacer. En el acuario no se detiene en los peces vulgares
hasta que sorpresivamente se encuentra con los axolotl. Se queda una hora
mirándolos y sale después de haber sido el protagonista
de una epifanía. El narrador ha sido conmovido por su contemplación
y en el esquema actancial tenemos el enfrentamiento a través de
la mirada entre el sujeto y el objeto. ¿Qué es lo que encuentra
el narrador en esa hora de contemplación cuasi mística?
No nos es contado, como si la experiencia fuese “intransferible”,
“inefable” y el lenguaje fuera un instrumento no válido
para dar cuenta de la vivencia.
Todo lo que nos ha contado se ha realizado
usando las tres clases de habla: aquella que hace hincapié en el
aspecto referencial del enunciado (la serie de acciones); la que privilegia
el aspecto literal del enunciado (los tropos y figuras retóricas)
y la que es manifestación de su proceso de enunciación (todo
lo que dice relación con el acto de contar y donde se nos muestra
el narrador). A nivel de la historia ya se nos han entregado tres nudos
o funciones cardinales:
a)
El narrador recuerda.
b) El descenso hacia el zoológico
y encuentro con los axolotl.
c) La contemplación.
El
cuento avanza a través de un narrador homodiegético que
motivado por su experiencia busca datos en la biblioteca y toda la información
que encuentra se puede distribuir sobre oposiciones tales como:
a)
Panteras-leones (mamíferos degradados) — africanos en Francia
Axolotl (anfibios) mexicanos
— africanos en Francia.
b)
París — Tierra — Europeo
México —
Tierra-Agua — Azteca
La
información que encuentra el hablante en la biblioteca es suficiente
y ella parece construir un saber básico pero suficiente como para
dejar satisfecha su curiosidad intelectual. De ahí en adelante
lo que importará será la práctica de la contemplación
(¿se puede hablar de meditación?) llevada a cabo sistemáticamente
durante todas las mañanas. En esta parte del cuento es indispensable
hacer referencia al zen y al budismo. Para estas prácticas espirituales
cualquier elemento puede ser objeto de meditación, el signo de
Om, la luz de una vela, una flor, un koan, etc. Todas ellas pueden llevar
a la experiencia del bodishavata o iluminación.
El narrador ha sido convocado por los axolotl
y señala que su meditación no tiene nada de extraño,
pues desde el primer momento comprendió que algo los unía
desde siempre. Es como en meditación cuando se descubren los nexos
que están ocultos para la racionalidad kantiana, pero no para la
espiritualidad que puede ver la unidad que hay entre lo observado-contemplado
y el observador que medita.
En este párrafo es palpable la intertextualidad
que hay con ‘La casa de Asterión’ de Borges, cuando
el minotauro habla sobre su casa (laberinto) señalando sus características.
En el cuento de Cortázar, esto está manifestado a través
del sintagma siguiente: («sólo yo puedo saber cuán
angosto y mezquino»)... es el acuario.
A medida que el cuento avanza el lenguaje
se hace más transparente y todo parece resumirse en el nudo “la
contemplación”. Las catálisis e indicios se apoderan
de la narración y lo que se destaca es la simbiosis que parece
ser el axolotl, mezcla de pez-estatuilla china y pequeño lagarto
y dedos humanos. El monema «obsesionó» se reserva para
describir los menudos dedos terminados en uñas minuciosamente humanas.
La descripción del rostro parece ser la de un monje zen en meditación
que siente la unidad entre las experiencias binaria sinvida-vida y humano-animal.
El rostro es «inexpresivo», y es parte de los indicios que
dan cuenta de toda la descripción y donde parecen conectarse más
directamente con la experiencia de la meditación es cuando el axolotl
respira a través de sus branquias «lo único vivo en
él, cada diez o quince segundos...» se movían. «El
tiempo se siente menos si estamos quietos». La preeminencia que
adquiere el hemisferio cerebral derecho en la meditación es la
que da cuenta de la vivencia
atemporal donde desaparece la dualidad pasado-futuro y sólo queda
un presente, el instante que se eterniza en el “estar despierto”.
Lo que fascina al hablante es la actitud
de los axolotl: «Oscuramente me pareció comprender su voluntad
secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente».
La descripción se puede proyectar fácilmente hacia alguien
que practica la meditación: quietud y abolición del espacio-tiempo.
En estos pasajes se plantean las siguientes oposiciones.
Quietud
— Desaparición del espacio-tiempo — Libertad
Movimiento — Fluir del espacio y tiempo
— Encerramiento
En
estos indicios sobre el ser de los axololt destacan los ojos «sus
ojos sobre todo, me obsesionaban». Es sabida la relación
de los budistas con la mirada de las imágenes de Buda, la que es
no-vista ni siquiera cuando la están pintando y lo hacen a través
de un espejo. El narrador acerca de la mirada ha dicho unos párrafos
antes: «y entonces descubrí sus ojos, su cara. Un rostro
inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabezas de
alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero
mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar
a través del punto áureo y perderse en un diáfano
misterio. Los ojos de los axolotl me decían de una vida diferente,
de otra manera de mirar». Esa otra manera de ver está vinculada
directamente con la experiencia zen que puede sintetizarse así.
Cuando una persona mira la montaña
el bosque, el río son eso y nada más.
Cuando el principiante del zen mira la montaña
el bosque y el río encuentra otras cosas, pero al
sobrevenir la iluminación el bosque el río
y la montaña vuelven a ser bosque río y montaña. |
A
pesar de la insondable mirada de los axolotl, el hablante los siente cercanos.
Para él es descubrir en la mirada la respuesta a un koan que no
se resuelve con fáciles analogías. Termina la descripción
con una afirmación rotunda: «no eran animales». La
proyección de las ideas y emociones del hablante sobre los axolotl
lo va a llevar del pensamiento obsesivo a la búsqueda de «el
alivio del sufrimiento que a él le parece que sufren». La
descripción de los axolotl se desvía de la visión
de animales y aparece el rasgo azteca. Es imposible dejar de mencionar
aquí la intertextualidad con ‘La noche boca arriba’
y la descripción de los aztecas. Aquí repetirá la
visión diciendo de los axolotl «Detrás de esas caras
aztecas, inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿qué
imagen esperaba su hora?».
La
mirada entre los axolotl y el narrador es antropófaga, así
al menos la siente este último en lo que se parece a un proceso
de sugestión hipnótica. La “empatía”
entre los protagonistas del cuento es cada vez mayor; el narrador dice:
«Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento
amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo,
un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que
el mundo había sido de los axolotl». Aquí el texto
deviene en alegoría del imperio de los aztecas y eso es lo que
encuentra el hablante, un hablante lúcido que sabe que lo que está
viviendo no es una proyección de su mente, sino acontecimientos
reales.
“La metamorfosis” del hablante
se produce en forma sencilla, sin mayores indicadores de un acontecimiento
tal. Ya convertido en axolotl ve a través del vidrio y se ve alejarse
al que había sido él. «Entonces mi cara se apartó
y yo comprendí». El verbo “comprender” es el
de la iluminación, el del saber algo de pronto más intuitivamente
que racionalmente.
Desde que se convierte en axolotl pasa a
otro nivel de conciencia, a pesar de que continua “pensando”
como humano. Pero del otro yo va indicando como éste va discontinuando
sus visitas. La comunicación con los otros axolotl es instantánea
y sin que medien las palabras. La relación con su “yo humano
anterior” es graficada cuando dice «...los puentes están
cortados entre él y yo, porque lo que era su obsesión es
ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre». Esta forma esquizo
de vivir la experiencia y que nos hable desde el ser axolotl se hace verosímil
al decir que todo axolotl «piensa como hombre dentro de su imagen
de piedra rosa». La separación es reparada por la escritura
al plantear que él va a escribir un cuento sobre los axolotl creyendo
imaginar toda la experiencia.
De la forma circular como termina la narración
se desprende que se borran las fronteras entre realidad-imaginación,
así como las existentes entre lo humano y lo animal, Esta sería
tal vez la Estructura Semántica Simple: “Todos somos uno
y no hay fronteras en la existencia”.
Los recursos del habla
El
discurso emotivo o expresivo que Charles Bally describe en su tratado
de Estilística tiene una gran presencia en el narrador desdoblado
en ser humano (lo fue en el pasado) y en axolotl (lo es como narrador
homodiegético). En expresiones como las siguientes encontramos
el discurso expresivo que equivale a la función emotiva del lenguaje
en Jakobson:
«No
quise...» — Contentamiento
«Comprendí...» —
Entendimiento a veces, y en otras oportunidades
«Turbado casi avergonzado...»
— Emociones provocadas por la contemplación de los axolotl
«Me obsesionó...» —
Toma conciencia del carácter de idea fija
«Me hizo inclinarme fascinado»
— Atracción que experimenta por los axolotl
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El
discurso modalizante se deja apreciar a través de los verbos y
adverbios modales (poder, quizá, ciertamente, etc) en él.
El sujeto de la enunciación se muestra y con él el proceso
de la enunciación.
En el cuento tal vez la parte más
importante donde aparece este discurso es cuando hace su augurio sobre
el futuro y lo lleva a cabo desde su voz de axolotl teniendo como contenido
del enunciado su parecer y lo que hace su otro yo.
«Me parece que todo esto alcancé
a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía
él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me
consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar
un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl».
El discurso valorativo tiene una fuerte
presencia en este cuento debido a que el material mimético mantiene
una estrecha relación con las experiencias dobles del personaje-protagonista
en su calidad de humano-observador y axolotl-observador. Desde esos dos
polos se emiten juicios de valoración del contenido diegético.
Esto queda de manifiesto en muchos pasajes, solamente señalaremos
algunos, a modo de ejemplo:
«El azar me llevó hasta ellos...».
La valoración de los sucesos aquí adquiere el carácter
de definición de una causa: «El azar».
«Los leones estaban feos y tristes
y mi pantera dormía... soslayé los peces vulgares hasta
dar inesperadamente con los axolotl».
Las palabras subrayadas (adjetivos y adverbios)
son transparentes a la hora de mostrar cómo el narrador percibe
elementos que están siendo vehiculizados por medio de una subjetividad
que marca (valora) el material de su propio discurso.
En el nivel de la enunciación se
estructura un narrador homodiegético que muestra, a través
de deísticos y del pronombre en primera persona, el proceso a través
del cual se propone el discurso. Es interesante que el que el narrador
sea un axolotl que no aparece como tal en un simulacro donde el narrador
parece ser la persona que fue antes de la metamorfosis: «Hubo un
tiempo en que “yo” pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos
al acuario...». Todos los indicios apuntan en dirección de
un personaje- narrador
tradicional que se sitúa desde uno de los ángulos de la
diegénesis. Luego dice «Y sin embargo estaban cerca. Lo supe
antes de esto, antes de ser un axolotl». El narrador aparece dividiendo
el tiempo en un antes y un después que se justifica literalmente
a través de la anacronía que se introduce al inicio del
relato y cuyo salto explica la mutación. El narrador trabaja la
historia desde dos lados, el lado de acá (el de los axolotl que
«espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo
de libertad en el que el mundo había sido de los axolotl»).
Y el lado de allá, que es donde sitúa al que él fue
algún día: «Él volvió muchas veces,
pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse... pero los puentes
están cortados entre él y yo». Al final del cuento
el axolotl dice «...pensar que acaso va a escribir sobre nosotros,
creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl».
Esta narración se conecta a través de la intertextualidad
con ‘Continuidad de los parques’, donde, en un modo muy semejante,
la narración se cierra sobre una realidad que queda abierta al
lector, sumergiéndolo en la ambigüedad de “realidad”
y “ficción”.
En el mismo nivel de los registros del habla
el discurso es altamente connotativo, polivalente al poner el acento en
el signo, no obstante conserva simultáneamente el valor referencial.
La significación deriva al mismo tiempo del aspecto referencial
y de una relación que vincula el aspecto literal con otro texto.
En este caso el otro texto es la historia de la cultura azteca, donde
la figura de los axolotl surge como una metáfora de la raza sometida
y diezmada. Al referirse a la fisonomía de los axolotl, dice: «No
era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer
la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje
de dolor, la prueba de esa condena eterna...». Estas palabras remiten
en dos direcciones, si se priva de una es mutilarlo. Parte importante
del cuento está en las reminiscencias a la cultura azteca. El efecto
de evocación de este texto plantea la dicotomía entre dos
culturas: una que nace de la tradición mítica y enraizada
en lo aborigen de América; la otra la europea cristiano-occidental.
Una, la primera, regida por la intuición y la tradición,
en oposición a la basada en la racionalidad positivista que se
deja fascinar por un instante por lo otro sin llegar a asumirlo.
Una interpretación literaria que
dé cuenta de un sentido que atraviesa todo el cuento puede ser
el del yo escindido de Cortázar en un afuera, europeo, exiliado
y el otro americano, metafísico y trascendente. Creemos que esta
interpretación sale como corolario de un análisis de la
poética del cuento y es capaz de iluminar la zona oscura donde
se confunde lo consciente con lo inconsciente, la realidad y la ficción,
lo de este lado y lo del otro lado.
Es indispensable señalar que entre
los intereses temáticos de Cortázar estaba la vampirologia
y también el zen.
Bibliografía
—La
Poética Estructural. Zvetan, Todorov.
—Introducción al Análisis
Estructural del Relato. Barthes, Roland.
—Lingüística y Poética.
Jakobson, Roman.
—Semiología del Discurso
Literario. Hendricks, William O.
—Dinámica de la Poesía.
Ferraté, Juan.
—Semántica Estructural.
Greimas, A. Julien.
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