Traducción
poética:
errores e indicios
David Lagmanovich
En
un interesante volumen, titulado Borges on Writing (1),
se transcriben las tres conversaciones en mesa redonda mantenidas por
Jorge Luis Borges en la Universidad de Columbia, en Nueva York, en 1971.
Además del escritor argentino, participaron su traductor de entonces,
Norman Thomas di Giovanni; el editor de una revista literaria, Daniel
Halpern, y Frank MacShane, director del programa de escritura creativa
de la universidad mencionada. El libro apareció dos años
más tarde. El tercero de los coloquios interesa particularmente,
por referirse precisamente a la traducción.
Borges comienza por exponer sus puntos de
vista —bastante tradicionales— sobre el proceso de la traducción
literaria. Traza una distinción entre lo que llama «traducción
literal» y lo que para él es «intentar una recreación».
Para lo primero, da como ejemplos ciertos casos en los cuales la mejor
traducción no reproduce el original palabra por palabra; así,
el adagio latino Ars longa, vita brevis, dice, no se debería
traducir palabra por palabra —«arte larga, vida breve»—
sino que, en inglés, es muy preferible la versión de Chaucer:
«The life so short, the craft so long to learn». Al introducir
la noción de “aprender”, dice Borges, el antiguo poeta
inglés le dio a su verso «una especie de melancólica
música que no se encuentra en el original» (p. 104).
Sin negar la belleza del ejemplo, quisiera
decir que el enfrentamiento entre “traducción literal”
y “traducción recreada” es en gran medida artificial.
Desde el punto de vista lingüístico, especialmente desde la
perspectiva de una lingüística contrastiva, traducir es expresar,
en una lengua B, lo que alguien ha codificado inicialmente en la lengua
A. En ambos casos, desde luego, observando las características
de las dos lenguas relacionadas (2). Quiere ello
decir que, si en una situación conversacional normal, el hablante
de inglés saluda al comienzo del día diciendo «Good
morning», entonces «Buenos días» (que es plural
versus singular, y que en lugar de mentar la mañana se refiere
a la jornada íntegra) es la traducción justa y adecuada
de la expresión inglesa, sin que valga la pena aducir ni literalidad
ni creatividad.
Claro que, cuando se trata de la traducción
de textos literarios, a esa noción básica que es la identidad
situacional debemos agregar otros elementos. No estamos ahora trasladando
palabras que nos den acceso a los conceptos, sino también sensibilidades,
así como una manera determinada de ver el mundo, y los rasgos culturales
que permiten realizar esta tarea. Salvo el mensaje inicial —el núcleo
del significado— que permanece como intocado, todo lo demás
son variables: relaciones sintácticas, niveles de comprensión
por parte del traductor y, en definitiva, el efecto del mensaje resultante.
Esta última palabra, efecto,
es decisivamente importante y se relaciona íntimamente con la noción
de contexto. En otras palabras, y ya como indicación práctica:
si no se conoce el contexto de producción de una composición
literaria, su traducción (por laboriosa que sea) no suscitará
en el lector un efecto similar al que experimenta quien lee el texto en
su lengua original. No es disparatado decir taxativamente que la traducción
literaria no consiste en acumular palabras, sino en evocar contextos.
Por último, y para terminar con los
prolegómenos. Cuando un texto es suficientemente importante como
para recibir varias traducciones (el caso de los sonetos de Shakespeare
es un ejemplo ideal), las notorias discrepancias entre ellas producen
una especial sensación. Esas discrepancias se constituyen con frecuencia
en nudosidades significativas, en entorpecimientos del proceso mismo de
la traducción. De ahí la razón del título
elegido para estas palabras: tales nudos pueden ser considerados como
indicios que remiten a un número, por lo general limitado, de situaciones
de dificultad. Son señales de alerta, luces rojas de advertencia,
que nos servirán para traducir mejor. De esta manera iremos del
simple análisis de problemas a la praxis de una nueva y presumiblemente
más adecuada traducción.
Como ejemplo, tomaremos el caso de una traducción
del inglés al español. Se trata de un bien conocido texto
del poeta galés Dylan Thomas. Es un poema “arte poética”,
conocido por su primera línea, que oficia de título: ‘In
my Craft or Sullen Art’. He aquí el texto original (3):
In
my Craft or Sullen Art
In my craft or sullen
art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
Bur for the common wages
Of their most secret heart.
Not for the proud
man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Nor for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art.
|
Al
solo efecto de disponer de una suerte de glosa para quienes no manejen
la lengua inglesa, ofrezco a continuación una traducción
“de trabajo”, que nos ayudará a comprender algunos
de los problemas que aquí se presentan:
En
mi oficio u hosco arte (4)
En mi oficio u hosco arte
ejercido en la noche en calma
cuando sólo rabia la luna
y los amantes descansan
con todas sus penas en los brazos,
trabajo a la luz cantora
no por la ambición ni el pan
ni por la ostentación y el tráfico de chucherías
en los escenarios de marfil
sino por el común salario
de su más recóndito corazón.
No para los soberbios
apartados
de la rabiosa luna escribo
en estas páginas rociadas
por efímeras espumas
ni para los encumbrados muertos
con sus ruiseñores y sus salmos
sino para los amantes, cuyos brazos
estrechan las penas de los siglos,
que no pagan con elogios ni salarios
ni hacen caso de mi oficio o arte.
|
Esto
que se acaba de leer no se encuentra en ninguna de las traducciones al
español que tengo a mano. Me refiero a las siguientes, que enumero
por orden cronológico: una versión de Miguel Brascó
(1957) (5); una sin firma, en la revista Poesía
Buenos Aires, dirigida por Raúl Gustavo Aguirre (1960) (6);
una de Juan van Deurs, traductor no profesional, incluida por César
Fernández Moreno en su libro Introducción a la poesía
(1972) (7); otra del traductor y poeta español
Esteban Pujals (1976) (8) y, la última que
conozco, de la poeta argentina Elizabeth Azcona Cranwell (1979) (9).
Cinco versiones, cinco aproximaciones a un texto que sin duda presenta
—a pesar de su brevedad— considerables dificultades.
Comencemos por el título o, si se
quiere, por el primer verso. «En mi oficio o torvo arte» es
la solución más común, pero hay dos excepciones notables.
Una está dada por Brascó, quien, por «In my craft
or sullen art», ofrece nada menos que «En mi oficio o arte
insatisfecho» (¿desconocimiento del significado de “sullen”?).
Otra curiosidad es la que nos da Juan van Deurs, con su fijación
en la palabra “craft”, que lo lleva a iniciar el poema con
«en mi artesanía o torvo arte»: pero una relectura
imparcial del original nos confirmará en la opinión de que
Thomas refleja, sin resolverla, una antigua dicotomía entre la
poesía considerada como “oficio” o como “arte”.
Por último: tampoco se salva de la oscilación el adjetivo
“sullen”, al que ya me he referido: «arte insatisfecho»
(Brascó), «torvo arte» (Poesía Buenos Aires
y también van Deurs), «hosco arte» (Pujals) y «arte
sombrío» (Azcona Cranwell). Demasiadas opciones, como se
ve, para una línea de verso compuesta solamente por seis palabras.
Sin analizar todos los puntos conflictivos
en las traducciones de este hermoso poema, ya vemos que hay algunos que
no podemos pasar por alto. Van Deurs, frente a «I labour by singing
light», nos da «yo trabajo canturreando», lo cual es
simplemente un disparate. ¡Respetemos la sintaxis! Si nos encontráramos,
por ejemplo, con expresiones como «he worked by gaslight»
o «by sunlight» traduciríamos sin dudar que lo hacía
«a la luz (o bajo la luz) de gas» o «bajo la luz del
sol». Es que, entre los muchos usos de la preposición inglesa
by, que a veces inducen a ambigüedad, está la que Harold E.
Palmer describe como la indicación de «instrumento, instrumentalidad,
medio, etc.», para lo cual da una serie de ejemplos entre los cuales
están «Are these streets lighted by electricity?» y
«read by electric light» (10). De aquí
a la expresión de Thomas, «I labour by singing light»,
hay poca distancia.
Frente a este problema, los demás
traductores nos dan equivalencias aproximadas, frecuentemente imperfectas:
«trabajo junto a la luz que canta» (Brascó: pero “by”
no siempre implica contigüidad, como en «he lived by the lake»);
«trabajo en la luz que canta» (mejor: Poesía Buenos
Aires); «trabajo a la luz cantora» (Pujals) y «junto
a la luz que canta yo trabajo» (Azcona Cranwell, otra traducción
despistada por una improbable contigüidad). Lección: también
hay que respetar la sintaxis de la lengua segunda, es decir, de la lengua
a la cual queremos enviar el mensaje del original.
Otro
punto en el que se equivocan, con rara unanimidad, todas las traducciones
examinadas, tiene que ver —como el anterior— con un adecuado
conocimiento del léxico. Me refiero a que Dylan Thomas abomina
de quienes se dedican al «strut and trade of charms / on the ivory
stages». No es necesario elaborar una suerte de tabla de equivocaciones
con respecto a estos versos. Baste decir que nadie parece haber reparado
en el significado de “charms”, que nada tiene que ver con
‘encanto’ ni con derivaciones tales como los adjetivos “charming”
en inglés o “charmant, charmante” en francés.
Quien haya leído en inglés relatos sobre el descubrimiento
y colonización de territorios exóticos recordará
tal vez que los conquistadores europeos repartían a los aborígenes
chucherías que se suponían atractivas para esos cándidos
pueblos. En la modernidad, solemos hablar de “vidrios (o espejitos)
de colores”; en inglés, estos objetos atractivos pero nada
valiosos se llaman “charms”. Es decir, se denominan con la
misma palabra que los ‘dijes’ que suelen adornar las pulseras
femeninas, que también suelen ser pequeños objetos vistosos
pero de poco valor intrínseco. En una poderosa metáfora,
Thomas está diciendo que su trabajo de poeta no tiene por objeto
satisfacer su ambición ni acumular ganancias materiales —«not
for ambition or bread», recordemos—, pero tampoco incurrir
en «el despliegue y tráfico de chucherías / sobre
los escenarios de marfil». El esteticismo banal recibe así
el repudio del poeta, que ya ha negado toda posibilidad de enriquecimiento
personal a quien cultive honestamente su “oficio” o “arte”.
Podríamos seguir estudiando las traducciones
al español de este poema, pero no parece necesario agotar el análisis.
Los lugares problemáticos de la traducción, los “nudos”
de que hemos hablado antes, son claramente de dos tipos.
Uno de esos tipos de deslizamiento consiste
en ignorar que una equivalencia de palabras —una por vez—
de la lengua A no dará necesariamente, en la lengua B, una construcción
sintáctica equivalente. Podemos llamar a esto la falacia sintáctica.
Si en español los hablantes nativos de la lengua no acostumbramos
a decir «junto a la luz que canta yo trabajo» (Azcona Cranwell),
¿por qué hemos de usar esta extraña expresión
como supuesto equivalente de «I labour by singing light»?
La segunda falacia es la que hace que algunos
—¿por ignorancia?— pasen por alto alegremente las exigencias
del léxico. Porque éste, en realidad, tiene un considerable
grado de rigidez o, si se prefiere, de estabilidad. «Sullen art»
puede ser un arte hosco o un arte torvo, pero carece de la elasticidad
necesaria para convertirse en un «arte insatisfecho». Un problema
relacionado: ¿interpretaremos «common wages» como el
«salario común» o bien, con un desplazamiento conceptual
un tanto más arriesgado, lo identificaremos con el «salario
mínimo» al que se refiere la legislación laboral?
Creo que ambas soluciones son posibles, pero la estructura del sistema
léxico nos impide ejercer una libertad mayor y apartarnos de estos
significados dándoles una equivalencia caprichosa.
En definitiva, el examen de las traducciones
de ‘In my Craft or Sullen Art’ rinde, sobre todo, dos criterios,
que pueden enunciarse en forma de recomendaciones para todo traductor
de textos literarios. Esas recomendaciones son: en el campo léxico,
estudiar con cuidado las valencias de los vocablos, que tanto pueden apuntar
al uso más común de los mismos como a usos especializados;
en el campo sintáctico, verter cada sintagma de la lengua A en
un sintagma equivalente de la lengua B, sin traducir las palabras
per se, sino el significado global de la expresión. El primer
principio está ejemplificado, en las traducciones de Dylan Thomas,
por la aparición del vocablo “charms”; el segundo,
por el hecho de que «by singing light» no equivale a «junto
a la luz» cantarina, sino a «en la luz» o «gracias
a la luz» cantarina.
Los
problemas de traducción que encontramos en este somero análisis
de un caso paradigmático —un poema de Dylan Thomas varias
veces traducido al español— nos permite aproximarnos a esas
zonas problemáticas, esas nudosidades en la madera de la traducción,
a que me he referido antes. Lugares conflictivos a los que no queremos
llegar con el afán de criticar esfuerzos ajenos, sino para extraer
algunas conclusiones útiles. Nuestras recomendaciones —evitar
la falacia sintáctica, cuidarse de caer en la falacia léxica—
se pueden combinar con una tercera: estar atentos al contexto de la obra.
Son observaciones modestas, pero quieren ser el comienzo de un trabajo
serio en el campo de la traducción poética. No hay fórmulas
mágicas, pero por algo se empieza.
—————
(1)
Norman Thomas di Giovanni, Daniel Halpern, Frank MacShane (eds.), Borges
on Writing. New York: E. P. Dutton, 1973.
(2) Este concepto ya fue expuesto por Robert
Lado, Linguistics Across Cultures; Applied Linguistics for Language
Teachers. Ann Arbor: University of Michigan Press, 1957.
(3) Fuente: Dylan Thomas, Collected
Poems, New York: New Directions, 1957, pág. 142.
(4) Fuente: Dylan Thomas, Poemas 1934-1952.
Selección, traducción y prólogo de Esteban Pujals.
Madrid: Visor, 1976, pág. 81. (La traducción ha sido retocada
por D.L., teniendo en cuenta también la de Elizabeth Azcona Cranwell,
a la que se hace referencia más adelante).
(5) Fuente: Miguel Brascó, Antología
de la poesía universal, Santa Fe: Castellví, 1957,
págs 107-08.
(6) Fuente: Poesía Buenos Aires,
año XI, núm. 30, 1960. (Sin mención de traductor
ni paginación.) Va seguida de un comentario firmado R. G. A. [Raúl
Gustavo Aguirre].
(7) Fuente: César Fernández
Moreno, Introducción a la poesía. México-Buenos
Aires, Fondo de Cultura Económica, 1962, págs. 140-41. (Colección
Popular, 30.)
(8) Fuente: Dylan Thomas, Poemas 1934-1952.
Selección traducción y prólogo de Esteban Pujals.
Madrid: Visor, 1976, pág. 81. (Colección Visor de Poesía,
vol. IX).
(9) Fuente: Héctor Yánover,
La mejor poesía. 6ª edición. Buenos Aires:
Abril, 1985, pág. 291.
(10) Cf. Harold E. Palmer, A Grammar
of English Words. London, etc.: Longmans, Green, 1938, pág.
26 (cito por la reimpresión de 1954).
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