© Ángel Gómez Espada     Son tiempos difíciles para los que integramos este Coloquio. Tiempos en los que nuestros pensamientos se encuentran alejados de modas literarias o paraísos de papel. Es el momento exacto de alzar más que nunca la copa bien alta y brindar por las buenas personas que desde el primer día de esta peculiar singladura nos apoyaron y han vivido con nosotros nuestras decepciones y alegrías. Personas buenas que, desde un segundo plano, han colaborado callada y anónimamente en este proyecto, que nos obligan a renovar nuestros votos con esta publicación de la que podríamos decir que está, paradójicamente, de cumpleaños y de enhorabuena.
     Pues 20 siempre es una buena cifra. Los que nos habéis seguido lo saben, intuimos que se han ido sorprendiendo en cada nuevo ejemplar del corpus y la consistencia que este Coloquio ha ido adquiriendo, de los nuevos colores, los nuevos amigos, las nuevas habitaciones. Nos consta que algunos envidiosos, alguna que otra vez, han tenido que tragarse sus emponzoñados comentarios ante nuestra constancia. Pero no es el tiempo de ellos ahora. Es el tiempo del agradecimiento. Y qué mejor momento para hacerlo que éste, en el que los heraldos negros visitan nuestros rincones más queridos. A pesar de todo, de nuestra flaqueza de ánimo, de nuestra endeble espiritualidad para temas que tanto nos apasionan —eso lo sabéis— hemos sacado a flote este número de primavera.
     Por vosotros, por él, este numero 20 llega puntual a su cita, con un esfuerzo que esperamos sepáis apreciar.
     Por vosotros, por él, todo lo que ha de venir, también. Y alzamos la copa, os invitamos a confraternizar con la buena palabra una vez más.
     Por vosotros. Por vosotros. Siempre por vosotros.
     And the rest is silence.

    

Ángel Gómez Espada

 

 

 

 

 

     CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)