El calor es de espanto. Provoca la salida
de sus escondrijos de las cucarachas, que recorren las aceras poseídas
por la locura del estío. Calor y cucarachas. Unos ingredientes
que, tan a bote pronto, podrían ser un decorado de pesadilla
y que, sin embargo, es de lo más literario. ¿Quién
no ha pensado en Kafka o en Bradbury hace un momento?
Todo es literario, lo sabemos desde, más
o menos, Homero, Virgilio o, mucho más nacional, el Marqués
de Santillana, que hizo célebre a una vaquera de Hinojosa, como
años después hizo famosa Cervantes, nuestro santo y seña,
a una moza labradora, y la hizo paradigma de la bienamada.
Todo es literario, ya lo hemos dicho.
Como el verano, del que tantos han hablado. Pienso, por ejemplo, en
Capote, que tuvo la oportunidad de reconocer el calor español.
O en los cursos de verano que ahora se ramifican en todas las universidades
que se precien. Incluso las de verano.
Oh, la universidad. Qué hubiera
sido de nosotros sin ella. Tan imprescindible nos parecía entonces
como innecesaria nos parece ahora. Cuántos sermones, cuántas
mentiras, cuántos madrugones inservibles y cuántas angustias
para luego terminar descreyendo de ella.
Díganos ahora cinco poetas con
los que no entendería la vida y cuántos de ellos le recomendaron
sus doctos profesores. Bueno, pero claro… dirá usted…
La universidad no es para eso, es para… ¿Para qué?
¿Para qué sirve la universidad tal y como lo conocemos
hoy? Para saber cuándo llega el verano, me dirá…
Y ahí tengo que darle la razón, qué bien se sabe
uno el calendario cuando se es universitario. Sabemos cuándo
es festivo, si habrá puente de cuatro o cinco días, si
el 17 es jueves o domingo. Datos inútiles. Tenemos demasiados
datos inútiles.
Así que tendremos que poner nuestra
sabiduría en remojo, ahora que todo se nos derrite como si del
último helado de chocolate se tratara. (Siempre, no se sabe por
qué, el último helado se derrite más rápido,
aunque estés en Islandia frente a Gullfoss). Ahora que Houellebecq
colabora con Carla Bruni y Noam
Chomsky es motivo de camisetas para gafapastas es el momento de hacerlo,
antes de reconocer abiertamente que hemos fracasado, que la cultura
ha fracasado y que sólo nos queda vivir un verano eterno, donde
veremos coca-colas en terrazas de domingo mientras olemos a pocos metros
la mierda del perro del vecino.
Pero es verano, bebo granizado de limón
con matusalén y escucho a The Hold Steady,
que suena a Neil Young, quien abiertamente reconoce la influencia de
los Beatles. The Beatles: ¡ésos sí que eran unas
cucarachas!
Bueno, si lo pensamos bien, todos somos
o hemos sido una cucaracha alguna vez. Sobre todo en verano.
Ángel Gómez
Espada
CIPIÓN.-
Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que
entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día,
y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio
de la habla, será la mía, para contarte mi vida.
(Miguel de Cervantes,
Coloquio de los perros) |
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