Pombal Uno © Ángel Gómez Espada     El verano no cambia. Mantiene sus tradiciones. Alcanza su punto mágico con las ferias y las romerías de los pueblos. Agradecidamente, termina justo cuando empieza el ajetreo. Y no tenemos que hacernos esclavos de su ritmo anodino durante mucho tiempo. Prácticamente, un año.
     Termina ya. Vacaciones hemos tenido. Donde las ilusiones han fermentado y las ideas han ido dejando paso a las realidades.
     Han muerto unos cuantos. Ilustres o no, pero casi nada se ha dicho de ellos porque en verano la gente quiere fotos de playa y noticias estúpidas. No quiero pensar en la agonía de Castro ni preguntarse qué estará tramando el entramado de Bush para hacerse de nuevo con la isla. En qué democrática dictadura volverán a someterlos. Y, sobre todo, si todo ese baile ceremonial lo pagará la ONU o los Stefan.
     Aquí, en la Península, escuchamos a Yann Tiersen y brindamos por un nuevo número coloquial. Traemos tantas novedades que dan vértigo, como ya habrán podido comprobar. Creo que dejamos el pabellón tal y como nos gusta. Ahora que la realidad de los distintos mundiales ha desaparecido (con disparidad de resultados) regresaremos, con renovado ahínco, a los mundos de ficción y a los valores de la palabra escrita (que eso nunca nos defrauda ni nos decepciona).
     Estoy sudando como un perro (cada uno suda como lo que es, que decía un amigo mío y excelente músico: lo tienen en Venue Connection, se lo recomiendo) en estos primeros de septiembre, lo que me dice que aún es temprano para caminar por la ciudad escuchando el desperezarse de las persianas metálicas en los pequeños almacenes, madres jóvenes, primerizas, resucitando los últimos destellos de sus bronceados y comprando los libros de texto que reservaron hace siglos.
Geografía de los parques © Ángel Gómez Espada     La ciudad se reincorpora a su tarea monolítica de hacernos daño y de creernos invencibles cuando somos tan vulnerables que ya no sabemos vivir sin ella. Las playas quedarán paulatinamente desiertas. Cada día los servicios de limpieza recogerán menos colillas y rastrearán menos cristales. Nos iremos con una melancólica sonrisa, dando una última vuelta por donde la churrería del Señor Ignacio o la heladería de la Señora Isidra. Asomaremos la mirada hacia las nasas de los pescadores y pasaremos revista por última vez a los habituales en nuestro cotidiano atasco de salida de la costa.
     No falta nadie, diremos. Ya todos van regresando. ¿Cómo habrá crecido ese pequeño abedul en la plaza durante todo este tiempo? ¿Seguirán las palomas en su fachada de siempre? Sí, continúan. Y respiraremos en paz con nosotros mismos.
     CONSEJO FINAL HASTA EL SIGUIENTE NÚMERO: en las sucesivas visitas a nuestro Coloquio, recomendamos que se lea al tiempo que en los auriculares suena la última obra maestra del último de los maestros vivos de eso que algunos llamaron Rock. Se llama el disco Modern times. Y su autor, Bob Dylan. Quién si no.

 

 

ÁNGEL GÓMEZ ESPADA

 

 

 

 

 

 

     CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)