Lluvia de Madrid © Ángel Gómez Espada     Lo malo de las simbologías es que siempre van a gusto del consumidor y en estos días el consumidor enfebrece y se da de palos por encontrar la mejor calidad/precio en las nécoras o el cava.
     Empieza un nuevo año. Recién estrenado lo tenemos. Cansados estamos de la tarea coloquial del año pasado. Y felices, por haber superado con creces nuestros guarismos y, sobre todo, los propósitos que nos dimos al comenzar el año recién extinto. Año de locos, como todos los que nos gobiernan, y que ya se ha ido.
     En nuestro pequeño buró, con una cinta de Chivas y un suave tintineo de hielo (ese sonido tan cautivador) empezamos esta nueva andadura, entusiasmados con la idea de superarnos, escuchando un disco que por dos veces perdí y que un buen amigo ha tenido a bien regalarnos. Un disco que, después de la primera relectura, consideramos una verdadera obra de arte. Pero no en el sentido de disco estupendo, hablo en el más puro y duro concepto de obra de arte, de arte sin más. Hablo, por qué no hacerlo aquí, de Omega, de la Omega del maestro Enrique Morente, de una Omega que nació y renació en Granada, una de nuestras ciudades favoritas, cumbre poética desde que en ella se puso la primera piedra, ciudad en la que hemos vivido tanto y hemos gozado tanto de esa dicha de vivir. De un lujo para los sentidos. De ese placer que provoca la llegada del amante. Cuántas tardes te esperé y por fin llegas, vestida como para darme los mejores minutos de nuestra efímera pasión.
     El hecho de que algún lector, cuando se transporta hasta nosotros, piense eso (me conformo con algo similar), es decir, que el tiempo de la espera ya ha terminado, que podrá de nuevo satisfacer su curiosidad con nuestras propuestas es enternecedor. Y nos hace seguir más ilusionados que el primer día.
     Un año empieza. Prometemos ser más buenos, intentaremos ser mejores personas, en un mundo donde nadie te lo permite. Pero, por favor, sigan con nosotros, hagan del Coloquio una fiesta, y de la fiesta una vida (aunque sea a tiempo parcial).
     Muchas gracias.
     Hoy no tengo tiempo para la amargura.

 

ÁNGEL GÓMEZ ESPADA

 

 

 

 

 

     CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)