Lo
malo de las simbologías es que siempre van a gusto del consumidor
y en estos días el consumidor enfebrece y se da de palos por
encontrar la mejor calidad/precio en las nécoras o el cava.
Empieza un nuevo año. Recién
estrenado lo tenemos. Cansados estamos de la tarea coloquial del año
pasado. Y felices, por haber superado con creces nuestros guarismos
y, sobre todo, los propósitos que nos dimos al comenzar el
año recién extinto. Año de locos, como todos
los que nos gobiernan, y que ya se ha ido.
En nuestro pequeño buró,
con una cinta de Chivas y un suave tintineo de hielo (ese
sonido tan cautivador) empezamos esta nueva andadura, entusiasmados
con la idea de superarnos, escuchando un disco que por dos veces perdí
y que un buen amigo ha tenido a bien regalarnos. Un disco que, después
de la primera relectura, consideramos una verdadera obra de arte.
Pero no en el sentido de disco estupendo, hablo en el más puro
y duro concepto de obra de arte, de arte sin más. Hablo, por
qué no hacerlo aquí, de Omega, de la Omega
del maestro Enrique Morente, de una Omega que nació
y renació en Granada, una de nuestras ciudades favoritas, cumbre
poética desde que en ella se puso la primera piedra, ciudad
en la que hemos vivido tanto y hemos gozado tanto de esa dicha de
vivir. De un lujo para los sentidos. De ese placer que provoca la
llegada del amante. Cuántas tardes te esperé y por fin
llegas, vestida como para darme los mejores minutos de nuestra efímera
pasión.
El hecho de que algún lector,
cuando se transporta hasta nosotros, piense eso (me conformo con algo
similar), es decir, que el tiempo de la espera ya ha terminado, que
podrá de nuevo satisfacer su curiosidad con nuestras propuestas
es enternecedor. Y nos hace seguir más ilusionados que el primer
día.
Un año empieza. Prometemos ser
más buenos, intentaremos ser mejores personas, en un mundo
donde nadie te lo permite. Pero, por favor, sigan con nosotros, hagan
del Coloquio una fiesta, y de la fiesta una vida (aunque
sea a tiempo parcial).
Muchas gracias.
Hoy no tengo tiempo para la amargura.
ÁNGEL GÓMEZ ESPADA
CIPIÓN.-
Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que
entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día,
y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio
de la habla, será la mía, para contarte mi vida.
(Miguel de Cervantes,
Coloquio de los perros)
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