Ma curiosite est autre part (Place du Hôtel de Ville) © Ángel Gómez Espada     Bueno, ya estamos donde siempre, en ese punto sin retorno que es el comienzo del verano. Como somos conscientes de que todo esto es muy duro, que habrá gente que agitará la bandera blanca y fumará la pipa de la paz antes de acabarlo, que algunos reconocerán que no soportan a sus seres más cercanos porque, en realidad, no son capaces de soportarse a ellos mismos, dejamos aquí un nuevo número, con el fin de que todo sea más llevadero.
     Nosotros nos pasaremos esos días de hastío y despilfarro de energía como mejor sepamos. Arrastrando muebles, es probable. Regresando a casa de vez en cuando, o definitivamente despidiéndonos de la gente que ha hecho grande a esta humilde publicación y a la que siempre irá en nuestro corazón y en nuestros pensamientos.
     Comienza una nueva etapa para estos perros que un día se echaron a andar solos por caminos de los que nada sabían solamente con la brújula de la pasión, la inocencia y la juventud. A los que salimos un día desde el puerto de Cartagena se nos han ido anexionando otros, cada uno con un collar distinto pero con la misma pasión, la misma inocencia y la misma juventud. Hemos ido recorriendo islas, hemos modificado itinerarios según el viento, hemos hecho algo mucho más grande y más duradero que un verano.
     De todo lo que ha salido estamos más que orgullosos. Esto ya lo habremos dicho en infinidad de ocasiones pretéritas. El caso es que no nos cansamos de decirlo. El caso es que siempre estaréis detrás de nosotros, allá dónde vayamos o nos queráis llevar. Así que no dudéis en modificar nuestra ruta, en construirnos nuevos puentes. Nosotros os iremos dejando por aquí motivos para el viaje. A pesar del estío y del hastío.
     Y ahora disculpadnos, porque mientras que vosotros disfrutáis de nuestro fruto, nosotros aprovecharemos para tumbarnos a la bartola con un buen vino en la mesa y cientos de mapas cartográficos.

 

Ángel Gómez Espada

 

 

 

 

 

     CIPIÓN.- Y con esto pongamos fin a esta plática, que la luz que entra por estos resquicios muestra que es muy entrado el día, y esta noche que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, será la mía, para contarte mi vida.

(Miguel de Cervantes, Coloquio de los perros)