LORAND GASPAR

 

Lorand Gaspar © Gallimard     Nacido en 1925 en Marosvásárhely en la Transilvania oriental (actual Rumanía), Lorand Gaspar estudió en la Escuela Politécnica de Budapest hasta 1943, fecha en la que fue movilizado y más tarde deportado a un campo de trabajo por el gobierno nazi en Hungría. Tras este episodio estudió medicina en París y ha trabajado como cirujano en los hospitales franceses de Jerusalén y Belén, así como en el hospital Charles Nicolle de Túnez.
     Alemán, húngaro y rumanoparlante desde niño, añade a sus conocimientos un cuarto idioma, el francés, que se convertirá —sobre todo tras obtener la ciudadanía francesa— en su lengua cotidiana, familiar y profesional. Sus obras estarán escritas en francés en original. «No puedo concebir vivir en una lengua y expresar mi experiencia vivida en otra», comenta el propio autor.
     Entre sus obras caben destacar poemarios como Le désert vivant, Sol absolu et autres textes (Poesie/Gallimard, 1982) o Patmos et autres poemes (Poesie/Gallimard, 2001). Obras en prosa como Feuilles d’observation (Gallimard, Paris, 1986), Apprentissage (Deyrolle/Verdier, 1994) o Arabi e Heureuse (Deyrolle/Verdier, 1997).
     Su labor de traductor le ha llevado a traducir a autores como Rilke, Joachim Sartorius (alemán), Georges Seferis, Sàndor Weöres, Jànos Pilinszky, Georges Somlyo o Bela Marko (húngaros) o Paolo Cristofolini (italiano).
     Estos poemas pertenecen a Patmos et autres poèmes.

 

 

Traducción y notas: José Manuel Gallardo Parga

 

 

 

LA MAISON PRÈS DE LA MER – I LA MAISON PRÈS DE LA MER – I
8.
le silence des murs la pudeur du mot rose
chuchotements d’odeurs au fond des années
et la mer pieds nus dans les chambers désertes —

mes yeux sont pris encore dans la nuit
mais j’entends déjà le jour que pétrit
dans sa gorge la fauvette orphée —

8.
el silencio de los muros el pudor de la palabra rosa
murmullos de olor al fondo de los años
y la mar desnuda en las habitaciones desiertas —

mis ojos quedaron de nuevo atrapados en la noche
pero ahora escucho el día que modela
el petirrojo en su garganta —

 

 

LA MAISON PRÈS DE LA MER – II LA MAISON PRÈS DE LA MER – II
2.
les cailloux tremblent
les cailloux rient
se serrent dans le ressac
s’usent et se resserrent

tintent dans ma poche
se déchiffrent à mes doigts
idée que je peux
entendre et toucher —

2.
los guijarros tiemblan
los guijarros ríen
se acercan con la resaca
entrechocan y se vuelven a acercar

tintinean en mi bolsillo
hacen comprender a mis dedos
la idea de que puedo
escuchar y tocar —

 

 

il se tient debout
face à la mer
les yeux fermés
on dirait depuis toujours
comme s’il attendait
que telle une sève
la lumiere monte
d’on ne sait quels fonds —
comme s’il avait compris
que ni les mots
ni les rayons
ne suffisaient
pour voir vraiment —
de pie
frente a la mar
los ojos cerrados
se diría que desde siempre
como si esperase
que como la savia
la luz ascendiera
de no se sabe qué profundidades —
como si hubiese comprendido
que ni las palabras
ni las luces
bastaran
para ver realmente —

 

 

NUITS NOCHES
J’accueille la nuit
même si l’épaisseur
de sa fourrure aujourd’hui
me cache le scintillement
d’une profondeur sans fond —

au large du sommeil perdu
j’ecoute les purs propos de la mer
et la brûlure des battements
d’ailes décousues du coeur
— chuintement étrange
de la chouette effraie —

acojo la noche
sin importar si la grandeza
de su techado hoy
me esconde el centelleo
de una profundidad sin fondo —

en las noches de insomnio
escucho puros los propósitos de la mar
y la quemadura del batir
de alas descosidas del corazón
— silbido extraño
del mochuelo —

 

 

MER ROUGE MAR ROJO
Maîtresse lumière, corrosif amour,
nudité accomplie par la flamme
battements immobiles dans la pierre —
dureté des fonds sous l’eau translucide
enchantement d’ecailles et de chairs
dans la mécanique des dents voraces.

Pieds nus en sang nous marchons au Jardin.

Que nous puissions voir et souvent être aveugles,
toucher un mouvement si simple dans nos corps
porter certains jours au plus clair de la pensée
un caillot de nuit trop lourd à nos coeurs
(comme on creuse un puits à sa soif au desert —)

Que nous soyons ces corps opaques, mais pénétrables
tels les flancs érodés des massifs calcaires
où fermente une clarté le soir —
il arrive pourtant que cernés de ténèbres
nous tournions nos visages du côté du néant —

Et celui qui depuis longtemps nage
dans la tendre enflure matinale
voit dans l’eau qu’il rompt l’abîme
qui tient toute étendue embrassée —

Luz enérgica, corrosivo amor,
desnudez a la que la llama no se compara
palpitaciones inmóviles en la piedra —
dureza del fondo bajo el agua traslúcida
encantamiento de colores y formas
destello de escamas y de cuerpos
en la mecánica de los dientes voraces.

Descalzos ensangrentados caminamos hacia Jardin

Poder ver y a veces ser ciegos
aceptar un movimiento tan simple del cuerpo
llevar en lo más claro del pensamiento ciertos días
una costra pesada de noche en el corazón
(como se vacía un pozo con la sed del desierto —)

Ser cuerpos opacos, pero penetrables
como los huecos de los macizos calcáreos
en los que por la noche fermenta la claridad —
sucede entonces que ,cercados de tinieblas,
volvemos el rostro hacia la nada —

Y todo esto que nada desde hace tiempo
en la tierna hinchazón matinal
vista en el agua que rompe en el abismo
que ocupa toda la superficie abrazada —

 

 

 

 

 

 

 

AHMED HACHEM ERAISSOUNI

 

     (Arcila, Marruecos, 1960)

     Licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Tetuán, donde ejerce como profesor de Literatura Moderna.
     En 1980 publicó sus primeros poemas en el periódico Al-Muharrir y en suplementos culturales y revistas tanto de Marruecos como de otros países árabes. Ha publicado los poemarios La montaña verde (1998), Poemas de Martil (1999) y La luz (2000).
     Este poema pertenece al cuaderno Sobre el tiempo caminan los árboles (Fundación Luis Ortega Brú, 2006) publicado a su paso por el Aula de Literatura José Cadalso.


Traducción: Khalid Raissouni

© Ahmed Hachem Eraissouni

 

 

CANCIÓN PARA LA VÍA LÁCTEA
La nombré relámpago,
me senté delante de las cuerdas
que el horizonte tocaba.
La noche avanzaba
y la soñolienta luna se hundía.
Me perdí en sus extensiones,
y llorando, le dije: ¿cuántos cuerpos necesitas
para vaciar la herida de tu pasión?
Y todavía aquí,
trenzo la savia de los árboles
para alabar un ojo que ascienda
hacia la Vía Láctea
(La siento como vía de pasión aunque no lo es)
Contestó: giré alrededor de una fuente
siete veces tras otras siete
hasta que vi mis pensamientos
tocando las melodías de la luna.
Tomé el néctar del cuerpo anhelado,
me senté en el rincón de Sócrates,
la luz tenía el hechizo de los besos
cuando acaricia la lengua del fuego.

¿Fuiste entonces el vino que excitaba el destino
o un viento que soplaba en la morada de la esfinge?
No creía que los tiempos eran jardines
que cambiaron los colores en el límite de silencio.
Y se fueron…

Ahora extraen la tiza del patriotismo
de la somnolencia de los párpados.
Les dije:
Sócrates me enseñó
cómo apasionarme con el paraíso y el infierno,
cómo eludir la abundancia del cuerpo
y disolver la miel del desierto.
Cómo buscar en mis pies
la sangre de los senderos.
Cómo morir
junto al arroyo del alba.
Sé cómo las cosas se convierten en olas,
o en desfiladero,
que al alcance del ojo transmutan en astro.
Sócrates me enseñó el amor eterno,
sin almohadas,
sin oraciones de rabinos.
Me enseñó cómo contemplar la blancura de una rosa,
cómo abrir una morada dentro de mi morada,
cómo buscarme un rincón rojo
para que sea frontera entre mí y mis límites.
Sócrates me enseñó la pasión del rechazo.
¡Oh, mujer!,
todavía yo en la exhuberancia de estas esposas.
¿Cuántos cuerpos necesito
para salir del mío?
Dijo: ¡Aquí estás!
¡Qué bien!
Este cuerpo es una manzana,
entre vosotros no hay más ojos que los de la pasión.
¡Tómalo!
Mastica el silencio de las palabras,
no mires hacia la muerte,
no mires hacia la voz,
no mires
y ven.
En tu camino elige
un bastón de lluvia.
Mira hacia el poniente del cuerpo
y entra…
Yo entraba,
las ventanas apresuradas precedían a las cortinas,
como si mantuvieran en sus manos una leve nube,
o un jardín luminoso
que giraba alrededor del cuerpo.
Le dije: ahí está el relámpago. ¡Oh, amor mío!
Y el amor escuchaba el himno
de esta oración.
Una polvareda se apoderaba del sofá
y del muro
sin notarse su relincho en el aire.
El silencio dominaba el cuerpo
y la imagen del rocío, como siempre,
muriendo en cada instante.
Nosotros declarábamos que nuestra Vía Láctea
es la del amor.
¿No fue así la visión de Sócrates?
Dijo: la nombré mi camino.
He aquí el cuerpo amado
cuyas esencias fueron esparcidas
y cuya luz he prendido
en las melodías
de la luna.

 

 

 

 

 

 

 

SANDRA MOUSSEMPÈS

 

© Sandra Moussempès    (París, Francia, 1965)

     Sus poemas han aparecido en distintas recopilaciones y publicaciones (If, Action Poétique, Le nouveau recueil, La nouvelle revue française, Sites, The germ, Doublechange, etc...) y en varias antologías de poesía contemporánea en Francia como 49 poètes, un collectif (Flammarion, 2004), 29 femmes, une anthologie (Stock, 1995) y Une anthologie immédiate (Fourbis, 1995).
     Ha participado como cantante en distintas producciones de música electrónica en Londres (The Wolfgang Press). Ha editado un disco con Dj Kinki Roland, Mimicry (1997), con letras en francés e inglés; y realiza actualmente un trabajo músico-vocal inspirado en sus poemas. Traduce poesía americana y anima desde 1995 talleres de escritura poética en centros escolares de Marsella, donde ahora reside.
     Entre sus obras cabe destacar Captures (Flammarion, 2004), Vestiges de fillette (Flammarion, 1997), y Exercices d'incendie (Fourbis, 1994).
     Ofrecemos algunos fragmentos del libro Captures.

 

 

Traducción: José Manuel Gallardo Parga

 

 

Elle se déshabillait devant lui
l’air frais devenait suffisamment déroutant
pour qu’un geste soit mal interprété
(la lumière dont je parle est aveuglante, sans la moindre trace de désir)

ses yeux objectaient ma propre resístanse
d’être entière cela ne le concernait plus mais il se tenait debout

 

Se desnudaba ante él
el aire fresco pasaba a ser suficientemente desconcertante
para que un gesto fuese malinterpretado
(la luz de la que hablo es cegadora, sin el menor rastro de deseo)

sus ojos se oponían a mi propia resistencia de mantenerme entera
eso ya no le importaba pero permanecía en pie

 

*

 

Je la vois filmée sur l'écran de surveillance habillée en Pom Pom girl se diriger vers la prisonnière qui retient l'écureuil

Elle lui conseille de redéfinir une stratégie pour vivre plus intensément, d’apprendre à investir les aéroports sans prendre les avions (sa métaphore préférée), de construire son identité dans un lieu transitoire (préférable au silence des agnelles) en traçant des lignes sur les visages avoisinants, de se perdre avec l’écureuil dans une forêt tachetée.

 

La veo en la grabación en la pantalla de vigilancia vestida de Pom Pom girl dirigirse hacia la prisionera que retiene a la ardilla

Ella le aconseja redefinir una estrategia para vivir más intensamente, aprender a tomar los aeropuertos sin tomar los aviones (su metáfora preferida), construir su identidad en un lugar transitorio (preferible al silencio de los corderos) trazando líneas sobre las caras cercanas, perderse con la ardilla en un bosque manchado.

 

*

 

j’occupais l’espace & le monde existant
(sans me trouver à l’intérieur de ce monde)

déjà la fuite des corps réels
se résorbait, les champs d’attractions (vieux de plusieurs désastres)
rendaient à ma mémoire sa fonction d’objet coupant

 

Yo ocupaba el espacio & el mundo existente
(sin encontrarme en el interior de ese mundo)

ya la fuga de los cuerpos reales
se reabsorbía, los parques de atracciones (viejos de tantos desastres)
volvían a mi memoria su función de objeto cortante

 

*

 

il frôla ma nuque et dit : “je t’accompagne”
(ce n’était ni mirage ni sombre nécessité)

les filaments de son visage recouvraient mes tempes
j’inspirai par sa bouche en oubliant de dompter mes pensées

 

Rozó mi nuca y dijo: “te acompaño”
(no era ni espejismo ni oscura necesidad)

los filamentos de su cara cubrían mis sienes
respiraba por su boca olvidando reprimir mis pensamientos

 

 

 

 

 

 

 

MEHDI AKHRIF

 

     (Arcila, Marruecos, 1953)

     Es profesor de literatura árabe y director del Festival Internacional de Poesía de Casablanca. Ha traducido obras de Fernando Pessoa, Octavio Paz, Justo Jorge Padrón y otros autores españoles, hipanoamericanos y portugueses.
     Ha publicado los poemarios La puerta del mar (1983), Cielo bajo (1989), Cantares para la diversión del mar (1992), Primer sol (1995), La tumba de Helena (1998), El alboroto de una exhumación en los bordes del alba (1998) y Más allá de la blancura (2002).
     Estos dos poemas pertenecen al cuaderno Entre dos blancuras (Fundación Luis Ortega Brú, 2005) publicado a su paso por el Aula de Literatura José Cadalso.

 

Traducción: Khalid Raissouni

© Mehdi Akhrif

 

 

DENTRO DE POCO
Dentro de poco
el espacio se ocultará del ritmo
y el ritmo huirá
de mi custodia
y sólo quedará
una viscosa transparencia azul
bajo mi lengua, concentrada
en la agonía del texto.

 

 

PERO
Pero
cuando despierte, guardaré mis plumas,
cerraré el verso,
no volveré a aparecer en ningún sueño,
no le abriré la puerta a la página,
aunque sea de fuego.
El látigo de la pluma está en la mano.
No permitiré que se avente la paja amontonada
al borde de la vigilia.
No dejaré que una voz indolente
guíe mi mano libre.

 

 

 

 

 

 

 

SAM HAMILL

 

     (Utah, EEUU, 1943)

     Poeta, ensayista y traductor. Es autor de trece libros de poesía y de diversas traducciones desde el antiguo griego, latín, estonio, japonés y chino. Es editor de Founding Editor of Copper Canyon Press. En 2003 fundó Poets Against the War (Poetas contra la Guerra). Su obra ha sido traducida a más de una docena de lenguas.
     Estos dos poemas pertenecen a Ojos bien abiertos y otros poemas (Colección El Cuervo, Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela, 2006).

 

Traducción y notas: Esteban Moore

© Sam Hamill

 

 

LAS REDES
En algún sitio alguien
a la orilla del mar
al calor de una pequeña hoguera
está desenredando
las pesadas redes del deseo.

Trabaja despacio, sus dedos sangran,
su mente a un tiempo y a medias,
piensa… escucha…
sabiendo que sólo el mar alimentará su sed.

 

 

EL GANADO DE DRESDEN
Ah, las ruinas del corazón humano.
un granero envuelto en llamas,
una catedral bombardeada,

las sombras de formas casi humanas
caen, se levantan, se deslizan,
silenciosamente se turnan
para entrar alternativamente
en la oscuridad o en la luz? Napoleón
o los eslavos que murieron
a lo largo del agonizante Elba.

Las viejas manos azules de mármol
del albañil colocaron piedra sobre piedra,
y las manos sangrientas de los amargos

las hicieron añicos.
Nos condujeron por las calles
como ganado. Lloramos

pero nadie acudió. Una cosa
es amar a otro ser humano,
otra saber

y recordar
cómo murió lo bello.


 

 

 

 

 

 

 

MENNA ELFYN

 

     (Swansea, Reino Unido, 1951)

     Creció en una familia galesa durante una época en que la lengua inglesa dominaba el ámbito social y educativo del país. Tiene publicados los poemarios Eucalyptus (1995) y Cusan Dyn Dall (2001), obras de teatro y libretos de ópera.
     Estos dos poemas pertenecen a su libro El ángel de la celda (Bassarai, 2006).

 


Traducción: Eli Tolaretxipi

"El ángel de la celda" de Menna Elfyn

 

 

RHIF 257863 H.M.P. PRESO NÚMERO 257863
Na chydymdeimlwch â mi,
nid Pasternak mohonof
na Madelstam ychwaith,
gallwn dalu fy ffordd o'r ddalfa,
teirawr a byddwn yn y ty.

Gwesty rhad ac am ddim yw hwn,
ond lle cyfoethog,
ymysg holl ddyfrliwiau teimlad,
barrau yw bara a chaws bardd.

Diolch frenhines, am y stamp ar sebon,
am uwd, yn ei bryd. Am dywelion anhreuliedig,
'rwyf yma dros achos
ond des o hyd i achosion newydd.

No te apiades de mí,
no soy Pasternak
ni Madelstam,
podría comprar mi salida de aquí,
en tres horas estaría en casa.

Es un hotel barato,
pero un lugar rico
en acuarelas de sentimientos,
los barrotes son el pan y el queso de un poeta.

Gracias, Reina, por el sello en el jabón,
por las gachas a tiempo. Por las toallas raídas,
estoy aquí por una causa
pero he encontrado causas nuevas.

 

 

BRON A BODDI CASI ME AHOGO
Yn blentyn, ofnwn y dyfnfor,
dylyfu gên y don fel pe´n disgwyl
cyffro rhyw ddigwyddiad
matru'r heli o dan fwa´r haul.

Fe awn,
fel aelod o´r Gobeithlu,
dynesu ato'n dyner wisgi
'Arglwydd Iesu dysg im nofio
yn y byd fel yn y bae.'

Ond llaw mam oedd y lluman,
ym mein gefn y traeth, yn fy nwrdio
rhag mynd mas o ´nyfnder,
yr hanner salitwt dros ael
a wnai imi wybod nad oedd gofod
rhag gorofalwch ei chariad.

Cofio ´nhad hefyd yn ei dysgu
sut oedd marchogaeth y don,
ei law o dan ei gên yn ei harwain,
nes diflannu’n sydyn,
a´i gadael i fwldagu,
rihyrsal boddi ar y traeth yng Ngwyr,
ninnau´n hael ein chwerthin am nad oedd y môr
yn ddigon cryf i’w chadw i fyny.

Ond hwyr brynhawn ydoedd
a minnau ymhell o gannwyll llygad cartre —
mewn môr a enwyd yn Dawel for,
ymlacio ar war y tonnau
gyda´i weniaith yn pellebru uwch y glas,
wrth im arnofio mor eofn,
symud at aeddfedrwydd y cefnfor,
hyn na hanes yn gydymaith.

Yna’n sydyn, wrth im droi cefn
araf ddynesu at wefus y lan
dyma lam a dwy law sydyn
yn fy nhynnu i lawr yn y llif,
ffroenwn angau odano
yn gyffion amdanaf,
sen ar fy asennau
na allwn yn wir ddygymod â’i wawd.

Yna am eiliad, dyma lwyddo,
hanner codi nes i don arall
waldio’r llal a’m chwipio o le i le:
y Pasiffig yn ffusto yn ffrochwyllt
yn erbyn glas arall nen.

Ond rhywfodd, rywsut, dyma deimlo’r swnd
gydag un garanfys gan wthio’i gefn crwca
oddi arnaf, a’i daflu’n ei gynddaredd —
a chael fy hun ar lan, yn gyfan, yn syfrdan,
yn anadlu, yn eiddo ar ysgyfaint,
blas byw ar fin fel y bwi ar grysbais y môr.

Y tro hwn, o’m cwmpas
nid oedd yno law geryddgar,
na wyneb pryder, dim ond parti tawel:
dieithriaid yn yfed tequila yn yr haul.

Unwaith y mawr hyderaf
y daw’r hendro wysg fy nghefn, a’r eiliad ansicr
bron â boddi
a’i wagle ar wegil
a’r sicrwydd sydyn ond sad —

Bod i natur ei dymer ei hun,
ac na allwn fel rhai meidrol
ond derbyn ei fedredd —
mor ddilef yw’r anghynefin,
brau fel broc môr,
yn nannedd tempo’r don,
pan awn allan o’n dyfnder
yng nghanol cefnfor bywyd.

De niña, me daban miedo la profundidad,
el bostezo de las olas, como si esperara
la noción de “algo que estaba sucediendo”
cuando pateaba el agua salada bajo el arco del sol.

Iba
como un miembro de la Banda de la Esperanza,
me acercaba a él sigilosamente, en guardia:
“Señor Jesús, enséñame a nadar
así en la tierra como en la bahía”.

Pero la mano de mi madre era la bandera
izada detrás de la playa, que me regañaba
si iba más allá de donde el agua me cubría.
Ese sutil saludo sobre la frente
me comunicaba que no tenía vía
libre en el cuidado extremo de su amor.

Recuerdo, también, a mi padre enseñándole
a coger olas,
guiándola con la mano por debajo de la barbilla,
antes de que su asombrosa desaparición
la dejara resoplando,
ensayo de ahogo en una playa de Gower,
riéndose a carcajadas porque el mar
no era lo bastante fuerte como para sujetarla.

Pero caía la tarde
y estaba lejos de casa
en un mar llamado Pacífico:
me relajaba en la nuca de las olas,
y el azul de la corriente me engatusaba
mientras flotaba en la intrépida
madurez de la edad adulta, en el océano
más viejo que la historia, mi camarada.

Y de repente, cuando me di la vuelta
y decidí volver hacia la costa,
un salto repentino y dos manos blancas y duras
que me hundían en la corriente:
presentí la muerte debajo,
el olor de los grilletes salados
y no pude conseguir dominar
los elementos que me hostigaban las costillas.

Después, durante un segundo, el éxito,
ascendí a medias, antes de que otra ola
imitara a la primera y me llevara de un lado a otro,
el Pacífico espumando y bramando
contra el azul de los cielos.

Pero de alguna manera, de alguna forma, toco la arena
con el dedo índice, aparto de mí
el océano, la odiosa embestida, lejos,
y me veo en la orilla, perpleja,
respirando, en posesión de mis pulmones,
el sabor de la vida en los labios, como una boya al borde del mar.

Esta vez, a mi alrededor,
no hubo dedo que regañara
ni cara ansiosa, sólo una fiesta privada
de desconocidos bebiendo tequila al sol.

Espero con devoción, que sólo una vez
llegue por detrás ese momento de inseguridad
en el que casi me ahogue,
con su vacío
la repentina y certera prueba

de que la naturaleza tiene su propio temperamento
que los mortales sólo podemos aceptar;
qué silencioso es lo extraño,
frágil como los pecios
en el tempo de la marea,
cuando salimos hasta donde el agua nos cubre
en la mitad del océano de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

MOHAMED MAIMOUNI

 

     (Xauen, Marruecos, 1936)

     Licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Rabat. Creó, junto a otros, el célebre Festival Nacional de Poesía Marroquí.
     Ha publicado los poemarios El último año de esterilidad (1974), El sueño en el tiempo de la fantasía (1992), El camino del río (1995), Árboles de oculta sombra (1996), El círculo de los enamorados (1996/1997), Los nombres esenciales (1997), El tintero de las cosas (1998), Lo que veo y olvido (2000), Los laberintos de la interpretación (2001) y El retorno de Muhammad Al Nazarí (2002).
     Este poema pertenece al cuaderno Desde la ceniza (Fundación Luis Ortega Brú, 2006) gracias a su intervención en el Aula de Literatura José Cadalso.


Traducción: Khalid Raissouni y Juan José Sánchez Sandoval

© Mohamed Maimouni

 

 

UN ESPEJO CONTEMPLA OTRO ESPEJO
Todos los poemas que tracé con mi puño
que hilvané con mis sueños
vuelven a mí cada noche.
Me llevan a ciudades ajenas a los mapas
me confiesan secretos del miedo a la luz
a sus sombras lentas.

Fueron al principio objetos y blancura,
fueron nombres en el laberinto
que buscaban la esencia de las cosas,
secretos en un lenguaje cifrado
cuando todo aludía al origen
cuando nadie se volvía hacia el fin,
cuando ninguna voz volaba, cuando ningún rayo acudía.
Entonces se rebeló la palabra
contra la oscuridad del mundo,
abonada con el misterio, con la metáfora de lo posible,
con la guía de las letras y la voluntad del hombre.
Un espejo contempla otro espejo
ningún ojo humano es testigo.
Yo no soy nada
sino el peso de aquel diálogo,
la velocidad de las horas
oculta en la sombra,
el juego de la fortuna
al que llamo vida.
Y de repente
del sueño de la muerte
me despierta el primer verso del poema.