ANTONELLA ANEDDA

 

     (Roma, Italia, 1958)

     Vive entre Roma y la Cerdeña. Ha colaborado en varias revistas y diarios como Il Manifesto, Linea d´ombra, Nuovi Argomenti. Ha publicado los poemarios Residencias invernales (Residenze invernali, Crocetti, 1992), Noches de paz occidental (Notti di pace occidentale, Donzelli, 1999) y el ensayo Qué son los años (Cosa sono gli anni, Fazi, 1997). Está presente en antologías italianas y extranjeras.
     Este poema pertenece a su libro Notti di pace occidentale (Donzelli, Roma 1999).

 

     Traducción: Pablo Palomino

© Antonella Anedda

 

 

19, 11, 1993
19, 11, 1993
A Sofia
A Sofia
Davvero come adesso, l'ulivo sul balcone
il vento che trasmuta le nubi. Oltre il secolo
nelle sere a venire quando né tu né io ci saremo
quando gli anni saranno rami
per spingere qualcosa senza meta
nelle sere in cui altri
si guarderanno come oggi
nel sonno - nel buio
come calchi di vulcano curvi nella cenere bianca.
Piego il lenzuolo, spengo l'ultima luce.
Lascio che le tue tempie battano piano le coperte
che si genufletta la notte
sul tuo veloce novembre.

Verdaderamente como ahora, el olivo sobre el balcón
El viento que transmuta las nubes. Más allá transcurrido el siglo
En las tardes por venir cuando ni tu ni yo estemos
Cuando los años sean ramas
Para empujar algo sin una meta
En las tardes en que otros
Se mirarán como hoy
En el sueño - en lo oscuro
Como trazas de volcán curvos en la ceniza blanca.
Doblo la sábana, apago la última luz.
Dejo que tus sienes golpeen despacio la colcha
Que se arrodille la noche
Sobre tu veloz noviembre.

 

 

 

 

 

 

MOHAMED AHMED BENNIS

 

     (Tetuán, Marruecos,1970)

     Doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de Rabat y profesor de Filosofía, su obra poética pertenece a la promoción de la generación de los años 90 marroquí.
     Ha publicado en diversos periódicos y revistas literarias árabes como Al-alam (Rabat), Alitihad Ichtiraki (Casablanca), Al Shi’r (El Cairo), Kitabat Muasira (Beirut), Al-Bahrein Thaqafia (Bahrein), Alwah (Madrid), Al-Djisr (Malmo), etc.
     En 2007 obtuvo premio El Primer Poemario, concedido por la Casa de Poesía en Marruecos a su libro Acompañado por una montaña ciega (2006). A él pertenece este poema.

 

Traducción: Mohamed Ahmed Bennis
Revisión: Salvador Álvarez Ledesma

© Mohamed Ahmed Bennis

 

 

MAGOS ACERCÁNDOSE A MI CABEZA
—1—

     Los Magos que se infiltraron esa noche por las ventanas de los Libros, no previeron que serían sorprendidos por el plomo del historiador que se protegía en el muro de una pequeña nube, por eso dejaron sus barbas en el armario de la fantasía y entraron con sus coronillas glaciales. Y creí que yo inmolaba por ellos un río y luego yo dejaba mis sentidos fluyendo sobre sus espaldas cubiertas por el aullido de la oscuridad. Me basta que volví a sus maletas por donde asomaba la goma arábiga de los antiguos; y me basta también que yo maceré mis dedos en sus ojos iluminados. Quizás extendieron toda esta nieve que sale del hueco del polvo y volvieron por donde habían venido.


—2—

     En aquel momento yo no sabía que ocultaría la vida entre estos gemidos que se parecen a un tropel de ciervos adámicos. Y no sabía también que yo pondría esta montaña bajo mis brazos para que alumbrara un fuego sobre una galaxia que cayó por el bolsillo de un dios que miraba su sombra que caía en el fondo del ser. Solamente yo disfrutaba de la escena de los que llevaban mi cabeza hasta una hoja donde circulaba la potra de la imaginación. Yo fui sorprendido por sus sombras rodando por encima de una montaña que se metía en mi interior como una palma seca. Adoradores del agua circulaban por un desierto que yo protegía para vejar al historiador que encendió un fuego bajo el fuero interno.

 

 

 

 

 

 

FRANCK LAURENT

 

"Après le paysage" de Franck Laurent     El ganador de la edición 2005 del premio de poesía Max-Pol Fouchet fue el poeta y profesor de universidad Franck Laurent, nacido en 1962 y residente en París. Hasta su concesión, Laurent era un poeta prácticamente desconocido, reducido al medio en el que hacía leer privadamente sus poemas (entre sus lectores Lionel Ray). Après le paysage se antoja un acercamiento a las cosas, a la experiencia que resulta de su observación, pleno de silencios inteligentes, rumores e impresiones solitarias ante el paisaje (parte I, Après le paysage), el crepúsculo (parte II, Nocturnes) y la ciudad (parte III, Ambiguïté des villes). Con una poesía que sería algo así como pasar la yema de los dedos por el contorno de las cosas (tal vez temeroso de alterar aquello que no se desea), Laurent, armado de un verso aparentemente frágil, confiere a lo que toca una gran armonía y solidez. Y lo que parece evidente y aun forzado en otros poetas como son esos dos niveles sémicos superpuestos, uno interior y otro exterior, en él se descubre con enorme naturalidad. A través de todo el libro, el lenguaje es sometido a una operación químicamente pura que denota un trabajo de años. Opuesto a la vanidad cascaroide, rompedora y artificial de los vates del presente (basta leer su autobiografía de una página), Laurent despliega su poesía con indiscutible (palabra denostada hoy en día) quintaesencia. Pertenecería, pues, utilizando un símil enológico, a la ilustre casta de los vendimias tardías. Tan poca prisa ha tenido en publicar que ha tardado media vida, más de veinte años, en dar a la luz un poemario en el que raro es el verso prescindible y todo para, como él mismo confiesa, transformar la vida en algo más legible. Quizás en ese acercamiento discreto y tenaz, armado de paciencia, resida su secreto para ofrecernos esta síntesis de belleza delicada e intemporal, llena de sensibilidad y, sobre todo, de sinceridad.

 

Traducción y notas: Manuel Ángel Gómez Angulo

 

 

(I APRÈS LE PAYSAGE) 5  

Un aboiement dans le lointain
et la touffeur d'un horizon trop vague
pour s'éloigner encore

Mais si le jour s'allonge
s'il s'entête, et s'il atteint le soir
peut-être saura-t-on

Ce qu'annonçait le chien
dans le désert d'après-midi.

Un ladrido en la lejanía
y el espesor de un horizonte demasiado impreciso
para retirarse aún

Pero si el día se prolonga
si se obstina y alcanza el ocaso
quizás descubramos

Lo que el perro anunciaba
en el desierto de la sobremesa.

 

 

(I APRÈS LE PAYSAGE) 13  
Appartenir au silence
comme la mouche qui se pose
au bord de la fenêtre ouverte
comme les lignes de maïs
loin sur la pente du coteau
comme les arbres du sommet
silhouettes sur le ciel blanc

Que cela nous est difficile

Formar parte del silencio
como la mosca que se posa
en el borde de la ventana abierta
como las hileras de maíz
lejos sobre el declive de la ladera
como los árboles de la cumbre
siluetas sobre el cielo blanco

Qué difícil nos es eso

 

 

 

 

 

 

OSCAR WILDE

 

     (Dublín, 1854 – París, 1900)


     De no haber existido, es más que probable que Borges lo hubiera creado en alguna de sus narraciones. Sólo para abarcar la grandiosidad de ciertos párrafos de El retrato de Dorian Gray uno ya debería gastar dos o tres vidas.
     Traducimos hoy aquí alguno de sus poemas, donde quizá flaquezca un poco dentro de su vasta obra, pero donde a muchos nos gustaría llegar algún día dentro de la nuestra, innecesaria.

 

Traducción: Ángel Gómez Espada

Oscar Wilde (Dublín, 1854 – París, 1900)

 

 

DESESPOIR DESESPOIR
The seasons send their ruin as they go,
For in the spring the narciss shows its head
Nor withers till the rose has flamed to red,
And in the autumn purple violets blow,
And the slim crocus stirs the winter snow;
Wherefore yon leafless trees will bloom again
And this grey land grow green with summer rain
And send up cowslips for some boy to mow.

But what of life whose bitter hungry sea
Flows at our heels, and gloom of sunless night
Covers the days which never more return?
Ambition, love and all the thoughts that burn
We lose too soon, and only find delight
In withered husks of some dead memory.

Dejan las estaciones su ruina a su paso:
Así en la primavera muestra su cabeza el narciso,
Que no marchita hasta que la rosa centellea
Y durante el otoño la púrpura violeta estalla
Y la nieve invernal el delicado azafrán despierta;
Por ello es que florecerán de nuevo aquellos árboles yermos
Y esta tierra gris tornará verde con la lluvia estival
Y a algún muchacho a segar sus prímulas enviarán.

Entonces, ¿qué de la vida cuyo amargo y hambriento mar
A nuestros talones fluye, y cuya penumbra de las noches sombrías
Cubre los días que jamás han de volver?
Ambición, amor y todos los pensamientos que arden
Se pierden muy pronto y sólo se encuentra placer
En las cáscaras rotas de alguna memoria muerta.

 

 

 

 

 

 

WEN YIDOU

 

     (Hubei, China, 1899 – Kunming, China, 1946)

     Desarrolló su labor literaria y docente en el llamado Movimiento de la Nueva Cultura durante la primera mitad del XX. Fue asesinado por dos sicarios debido a su compromiso con la libertad en China. Escribió los poemarios La candela roja (1923) y Aguas muertas (1928).
     Estos dos poemas pertenecen al libro Aguas muertas (Bassarai, 2006).

 


Traducción: Javier Martín Ríos

"Aguas muertas" de Wen Yiduo

 

 

CONFESIÓN
No te miento, yo no soy un poeta,
aunque adore la pureza de las piedras blancas,
los pinos y los océanos, el sol poniente sobre el torso de los cuervos,
el crepúsculo tejido completamente de alas de murciélagos.
Tú sabes que yo adoro a los héroes, más aún a las altas montañas,
que amo a los colores nacionales flameando en el viento,
desde el amarillo claro hasta el color broncíneo de los crisantemos.
¡Recuerda que mi alimento es el té amargo!

Pero aún hay otro yo, ¿tú no le tienes miedo?
Pensamientos como moscas arrastrándose por el cubo de basura.

 

 

RETIRADA
¡Algún día el destino decidirá dejarnos partir!
No temas. Aunque tengas que pasar por un agujero negro,
tú avanza con osadía. Déjame coger tu mano.
No preguntes de dónde viene ese viento siniestro.

Recuerda sólo mis palabras de ahora, guarda en el corazón
el cariño, unos cuantos besos, guarda en el corazón algunas sonrisas,
recogiéndolo todo, sin falta. Recuerda mis palabras:
recógelo todo, también esa ristra de latidos de corazón color del coral.

Por desgracia hoy sufro por ti —el corazón anhelando el corazón.
En otro tiempo te dejaste llevar, llevar por el júbilo,
recibiendo el oro que hoy hemos perdido.
Esos pétalos multicolores que quedan, son nuestro amor,
recógelos y llévatelos.
Llevando contigo el halo del amor,
nosotros partiremos de nuevo, ya sea al infierno, ya sea al cielo.

 

 

 

 

 

 

FERREIRA GULLAR

 

     (São Luís do Maranhão, Brasil, 1930)

     Se ha convertido en uno de los poetas más grandes de Brasil.
     En su trayectoria destacan ante todo dos libros: A luta corporal (1954), que sigue la vanguardia más lúdica, y Poema Sujo (1976), un largo poema dramático donde la conciencia de la realidad supera las apariencias estéticas de la primera época.
     En 1987 recopila en Barulhos poemas escritos en la década de los ochenta. Gracias a Ediciones Bassarai ahora podemos gozar de su traducción.      Extraemos dos poemas de Murmullos (Bassarai, 2006).

 

Traducción: José Morella

"Murmullos" de Ferreira Gullar

 

 

TANGA
Había lo que uno veía
y lo que no veía:
                    la mañana luminosa
encubría la tiniebla
abisal y vieja de los espacios.
                                         El mar rompía
frente a Farme de Amoedo (1) y allí
                                          en la arena
apenas se oía si se oía.

Y de repente ella surgía
                     y reía por entre el pelo
                     la pala en la mano
y se movía
                     ¡ah, como se movía!

Y en esa traslación nos descubría
sus fases solares:
                     el hombro
                     el dorso
                     el culo
                     ¿lunar?
                     ¿estelar?
                                 el culo
                                 que (bajo un pétalo
                                 azul)
                                         me sonreía, celeste

 

 

EJERCICIO DE RELAX
Pie derecho, viejo amigo, relájate,
olvida la hinchazón,
                    quiero contigo iniciar
este lento descenso en el sueño...
                    Zambúllete en él, pierna,
hasta la rodilla... así...
                              y ahora,
                    pie izquierdo,
tú también, tú que nunca metiste un gol en la vida
y solo diste topetazos,
                    adormécete,
afloja ese haz de tendones y huesos y ábrete
                    a la paz.
                    Rodillas mías, pensad
                    en los oitizeiros (2)
                    de la Avenida Silva Maia
                    y dormid,
y que las aguas del sueño suban por los músculos del muslo,
                    adductor longus, quadriceps femoris
                    y por el fémur
                    y por el ano
                    y por el pene
                    y me ciñan la cintura.
Tumbado, la mitad de mí ya ha bajado a la sombra. La otra
                    mitad
                    sufre aún la crisis del petróleo.
Relaja el abdomen, todo está bajo control, músculos
                    del pecho y de los brazos,
                                                   abandonaos,
y que la paz se escurra hasta la palma de la mano:
                    la izquierda anónima, la derecha
                    tan conocida por mí como mi rostro
                    y que, como él, más encubre
                    lo que yo somos
                    lo que yo sueños
¿pero quién de entre las huestes celestes me reconocería
                    por el carajo?

                    Cállate, boca,
                    guarda silencio, maxilar arcaico,
                    apágate, arco voltaico
                    de lo que no dice el verso


Y ahora, tú, cabeza,
dura cabeza del nordeste,
                            duerme,
duerme, rebélate,
sociedad futura patria justa,
poema que iluminaría la ciudad,
duerme
          donde duerme el sueño
(caja de flores)
y donde espío el mundo
por dos órbitas
          y dos párpados
          que finalmente
          se cierran
          sobre mí.

 

     —————

     (1) La calle Farme de Amoedo, perpendicular a la mítica playa de Ipanema, en el barrio del mismo nombre. Es en dicha playa donde se sitúa la escena de la que habla el poema.

     (2) Árboles frutales de Brasil usados a menudo en el paisajismo urbano.

 

 

 

 

 

 

 

FELIPE JUARISTI

 

     (Azkoitia, España, 1957)

     Licenciado en Periodismo y Sociología. Se gana la vida como articulista y profesor en la EHU-UPV. De entre sus más de veinticinco libros publicados, podemos destacar, en poesía, Denbora, nostalgia (Tiempo, nostalgia, 1985, Premio de la Crítica 1986), Hiriaren melankolia (Melancolía de la ciudad, 1987), Galderen Geografía (Geografía de las preguntas, Premio Euskadi, 1997) y Begi-ikarak (Temblor de las palabras, Premio de la Crítica, 2004).
     Este poema es inédito.

 

Traducción: Felipe Juaristi

Felipe Juaristi © Inés Juaristi

 

 

HARAGIA CARNE
Haragiaren erresuma bizi da gugan
eta bizigabe eta jantzi gabe uzten gaitu.
Haragi soil jantzirik gaude,
biluzik haragi gabeak gara,
gorputz gorri eta sakona bizian.
Minik ezean heriotza bizi da
isil, geldi eta odolusturik.
Gorputzik gabe ezer ez da haragia.
El reino de la carne habita en nosotros
y también nos deshabita y desviste.
Si sólo somos carne estamos vestidos,
desnudos estamos descarnados,
cuerpo rojo vivo y profundo en la vida.
Cuando no hay dolor hay muerte,
silenciosa, quieta y sangrante.
Sin cuerpo nada es la carne.

 

 

 

 

 

 

 

JOSÉ GERALDO NERES

 

     (Garça, Brasil, 1966)

     Es uno de los creadores del proyecto Palavreiros. Sus poemas han sido seleccionados en las antologías: Como ángeles en llamas / Algunas voces latinoamericanas del siglo XX (Maribelina, 2004) o Antología de nueva poesía hispanoamericana (Lord Byron, 2004).
     Ha colaborado en revistas literarias brasileñas como A Cigarra, Coyote, Cult, Metamorfose, y en extranjeras como Archipiélago (México), Horizonte de palabras (Nicaragua), Fata Morgana (Colombia), Almiar (España), TriploV (Portugal), LSD (Argentina), Marginalia (Ecuador), Letras salvajes (Puerto Rico), Letralia (Venezuela) o Niederngasse (Suiza).
     Estos dos poemas pertenecen al proyecto inédito Ambrosía.

 

Traducción: Marta Spagnuolo

© José Geraldo Neres

 

 

com vestes estelares
dragões na cintura
as faces da lua
no peregrino dorso

n’aquarela
gritos
dilaceram
girassóis

con vestes estelares
dragones en la cintura
las caras de la luna
en el peregrino dorso

en la acuarela
gritos
destrozan
girasoles

 

 

o corpo suado
moldura d’água
bebe natureza
um aquário soluça

seu corpo deserto

el cuerpo sudado
moldura del agua
bebe naturaleza
un acuario solloza

su cuerpo desierto

 

 

 

 

 

 

LATIFA MESKINI

 

     (Fez, Marruecos, 1970)

     En 2005 realizó su tesis doctoral El discurso poético y el Sufismo.
     Ha publicado los libros de poesía El libro del olvido (Ministerio de Cultura, Rabat, 2003) y Los iris del silencio (Post-Modernidad, Fez, 2006). En 2007 se publicará su tercer poemario, Borradores de los lienzos de la pasión, así como una Antología de la poesía femenina griega contemporánea.
     Estos dos poemas pertenecen a Versículos del libro de la vida, cuaderno editado por la Fundación de Cultura Luis Ortega Brú a su paso por el Aula de Literatura José Cadalso.

 

Traducción: Latifa Meskini

"Versículos del libro de la vida" de Latifa Meskini

 

 

Eran sus semejantes,
estaban tristes
en su cautiverio.
La tristeza
es un viaje lejano.
Estaban ebrios,
y la ebriedad
era el sosiego.

 

 

Crece la hierba en los vestidos
en los temerosos de Dios.
Los ojos del cielo se derraman
en la tierra baldía, las montañas
lloran y tiemblan y se pierde la palabra.
Y tú, aún no ocultas tu desnuda blancura,
¡oh perfume de la extinción!