BORIS VIAN

 

     (Ville D’Avray, Île de France, 1920, † París, 1959)

     Muy joven integraría una orquesta amateur de jazz que repasaba el enorme repertorio de autores norteamericanos. En 1946 publicó su primera novela, la que muchos consideramos su obra maestra, con el pseudónimo de Vernon Sulivan: Escupiré sobre vuestra tumba. Por su violencia y sexo explícitos conoció la censura. Como es lógico, aquello aumentó las ventas. Cuando la crítica supo del pseudónimo, jamás llegó a perdonárselo. Siempre fue atacado por ello, así que decidió dedicarse a otras cosas: componer una ópera (El caballero de las nieves), varias canciones, grabar un disco, salir de gira, y publicar libros de poemas.
     Es reconocido hoy como cantante de jazz y polifacético showman, pero sus poemas son una muestra de un magistral sentido del humor y dominio del ritmo del lenguaje. De su hermosa La espuma de los días y de su Que se mueran los feos poco más diremos. Son lecturas recomendables para reconocer su talento. De su cuento El lobo-hombre surgió la archiconocida canción de los ochenta.
     Nunca es tarde para reivindicar a quien no necesita presentación. El poema que presentamos forma parte de su Cantilènes en gelée, publicado póstumamente en 1972.

Boris Vian © Archives Found'Action Boris Vian

 

Traducción y notas: Ángel Gómez Espada

 

 

Deligny Deligny
Il faut bien se le dire, avec tristesse
Les femmes jolies nues ne coincident jamais
Avec les jolies habillées
Il y a naturellement des exceptions
Ma femme, pour commencer. La vôtre aussi
Si vous avez écrit ces lignes
Mais je ne le crois pas, vous mentez comme je respire.

Bien puede decirse, no sin tristeza:
Las mujeres hermosas desnudas nunca coinciden
Con las hermosas vestidas
Naturalmente, tendremos excepciones
Mi mujer, para empezar. También la suya
Si ha escrito usted estas líneas
Pero yo no lo creo: miente usted como yo respiro.