SOPHIA DE MELLO

 

     (Oporto, 1919, † Lisboa, 2004)

     Ha sido una de las mayores representantes de la poesía portuguesa contemporánea. Escribió más de veinte libros de poesía, dos de cuentos, varios ensayos y cuentos para niños. En palabras del crítico Miguel Ángel Flores: «La obra de Sophia gozó de un inmediato reconocimiento en su país y fue objeto de homenajes y se le otorgaron los premios más importantes, y un año antes de su fallecimiento recibió el Premio Reina Sofía, el galardón más importante que se concede en España. Tal vez esta distinción contribuya a una más amplia divulgación de su poesía en nuestra lengua. Sophia de Mello Breyner Andresen perteneció a esa generación de oro de la poesía portuguesa, como la llamó una revista de Coimbra, y de la cual forman parte Jorge de Sena, Eugenio de Andrade y Antonio Ramos Rosa».
     No hallamos mejor manera de celebrar un homenaje póstumo a de Mello desde El Coloquio de los Perros que traduciendo sus poemas. Estos dos son una muestra de lo que le espera a los lectores que no conozcan su obra.

Sophia de Mello © Luisa Ferreira

 

Traducción: Ángel Gómez Espada

 

 

Nao procures verdade no que sabes
nem destino procures nos teus gestos.
Tudo quanto acontece e solitario,
fora de saber, fora das leis,
dentro de un ritmo cego inumeravel
onde nunca foi dito nenhum nome.

Ni busques la verdad en lo que sabes
ni al destino procures en tus gestos.
Todo cuanto sucede está desamparado,
fuera del saber, fuera de las leyes,
dentro de un ritmo ciego y prodigioso,
donde nunca se ha dicho ningún nombre.

 

 

As fotografias Las fotografías
Era quase no inverno aquele dia.
Tempo de grandes passeios
confusamente agora recordados
—a estrada atravessava a serra pelo meio
em rugosos muros de pedra e musgo a mao deslisava.
Tempo de retratos tirados,
de olhos franzidos sob um sol de frente.
Retratos que guardam para sempre
o perfume de pinhal das tardes
e o perfume de lenha e mosto das aldeias.
Era casi de invierno aquel día.
Tiempo de grandes paseos
ahora recordados de manera confusa
—el camino atravesaba la sierra por el medio
y la mano se deslizaba por rugosos muros de piedra y musgo.
Tiempo de tirar retratos,
de ojos a medio cerrar bajo un sol de frente.
Retratos que guardan para siempre
el perfume a pinar de las tardes
y el perfume a leña y a mosto de las aldeas.