CHRISTIAN BOBIN
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(Le
Creusot, Francia, 1951)
No
se sabe muy bien quién es Christian Bobin. Apenas concede entrevistas.
De padres obreros, nace en Borgoña, en Francia. Estudia y ejerce
distintos oficios en bibliotecas, librerías y museos, para estar
cerca de aquello que más ama: los libros. Pasó del anonimato
de sus primeras creaciones breves al reconocimiento en toda Francia con
una biografía novelada de Francisco de Asís titulada Le
Très-Bas. Autor de una veintena de libros, que forma un mosaico
a medida que se publican, va armando su concepción de la literatura
respecto de un universo cercano que muchos no somos capaces de ver y menos
describir o interpretar. Entre otros, cabría destacar La part
manquante, Autoportrait au radiateur, Tout le monde
est occupé o La folle allure. En donde este borgoñés
solitario se desviste en realidad es en sus textos, en los que con sobriedad
demuestra su penetrante y parsimoniosa visión del mundo. Sus libros
no están escritos para aquellos que gustan de lo fácil en
el sentido de lo veloz. Antes al contrario, compartir sus placeres y sus
sufrimientos requiere dedicación. Con un pensamiento ensimismado
(infancia, amor, silencio, música), su personalidad es tan hermética
como su gusto por lo profundo. Y su prosa, robada con esfuerzo al relieve
del espacio y al fluir del tiempo, es rezo, confesión y acaricia
poesía y aforismo filosófico. Gracias a ella, la noción
de existencia (y su compañera la soledad) es exprimida y expresada
con sorprendente sencillez. Los textos que siguen, extraídos de
su opúsculo Lettres d’Or son ejemplo de sutiles
pinceladas de enorme hondura y belleza que bastaría disponer en
verso para obtener una poesía de gran altura. |
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Traducción
y nota: Manuel Ángel Gómez Angulo |
Je n’ai rien
fait de ma vie. Je l’ai perdue le plus possible. Je l’ai oubliée
sur la toile des saisons, comme on oublie un livre sur un banc, un nom
dans son cœur.
Vemos nuestra vida a lo
lejos como una casa desierta con postigos rojos, cerrados desde hace siglos. |