LORNA CROZIER
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(Swift
Current, Canadá, 1948)
De
niña creció en una comunidad donde los héroes locales
eran jugadores de hockey, de modo que nunca pensó dedicarse a la
escritura. Después de la universidad, Lorna fue a enseñar
inglés por institutos. Durante esos años, Lorna publicó
su primer poema en la revista Grain y su primer libro, Inside
in the Sky was (1976). Desde entonces, es autora de catorce libros
de poesía, incluyendo The Garden Going on Without Us,
Angels of Flesh, Angels of Silence, Inventing the
Hawk, Everything Arrives at the Light, Apocrypha of
Light, What the Living Won’t Let Go, y más
recientemente Whetstone. Mientras escribe sobre ángeles,
el paso del tiempo o el sandwich de trucha de Louis Armstrong, sigue en
contacto con lectores y escritores de toda Canadá y el mundo por
su gracia, sabiduría e ingenio. Ella es, como escribió Margaret
Laurence, «una poeta por la que estar agradecida». |
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Traducción: Alberto Manguel |
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Zanahorias |
Las zanahorias follan Quizás porque la
tierra no contesta |
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Coles |
Lentas y de larga
vida,
contentas con dormir al sol, con las cabezas replegadas, las coles ignoran la caricia de la mariposa, el suave vientre del gusano. Sabes que no puede ser
así, abriéndose camino |
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Coliflor |
Pálido cerebro del jardín, conoce la vida oculta de todas las legumbres, encierra sus fantasías, y sus verdes líbidos, todas, en sus carnosos lóbulos. |
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Cebollas |
La cebolla ama la
cebolla.
Abraza sus muchas capas diciendo O, O, O, cada vocal más breve que la anterior. Algunos dicen que no tiene
corazón. Si Eva la hubiese mordido |
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Papas |
Nadie sabe
qué hacen las papas. Silenciosas y secretas se agrupan en catervas. Tantas bajo un mismo techo que hay rumores de incesto. Las caras bobas, pálidas, En sótanos oscuros |
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Guisantes |
A los guisantes nada
de eso les agrada.
Te hacen sufrir por gustar ese dulce estallido verde en la boca. ¿Recuerdas las horas pelándolas sentada en el umbral, el repiqueteo en la tinaja? Tu madre sobornándote con limonada para hacer que te quedes, abriéndolas con tus pulgares. Tu lengua les descubre
algo de clítoris |