CASA DE MISERICÒRDIA


Francesc Parcerisas

 

 

Joan Margarit, "Casa de misericòrdia" (Proa, 2007)     Joan Margarit (Sanaüja, 1938) ha alcanzado un momento de sazón que le permite recoger los frutos de muchos años de trabajo; por parafrasear unas declaraciones suyas, ahora nos da «no lo que pensaba que habría podido escribir sino lo que efectivamente ha escrito». La dedicación de Margarit se ha visto además incrementada estos últimos años, de un modo más que notable, por su concentración en la escritura, en el estudio o la traducción de la obra de poetas que admira (Vinyoli, Hardy, Bishop...), y por su colaboración en la traducción y difusión de su obra (tanto en las versiones castellanas que él mismo ha elaborado, como en su intensa participación en las traducciones de sus poemas a otras lenguas, como la reciente colaboración con Anna Crowe para la antología de su poesía que acaba de aparecer en la editorial inglesa Bloodaxe). Mientras, su creación ha logrado un registro de verdad que, aunque presente desde títulos bastante antiguos, ha ido cobrando mayor transparencia en conocimiento y en dolor. Càlcul d’estructures (2005) y Joana (2002) —creo que por este orden de escritura, puesto que el primero de los dos títulos quedó hibernando ante la urgencia del segundo— avanzaban muy bien este fondo pausado y sin concesiones, apuntalado en un muy cómodo dominio de la estructura del verso, que añade siempre un plus de dureza moral a quien no perdona el engaño, en particular el engaño destinado a alimentar falsas ilusiones con las que enmascarar el sentido de la vida. Un fondo ético que se alza, poderoso y deslumbrante, en este actual volumen de Casa de misericòrdia (Proa, Barcelona, 2007). El lector que recuerde poemas como ‘La merla’ o ‘Refugis’ comprenderá que ya allí, Margarit ofrecía al lector la sabiduría literaria de quien ha visto cómo la vida permite salvar muy pocas cosas, y la escritura se va convirtiendo incluso en una modesta reflexión (casi en una oración) para no someternos a ningún señuelo de indignidad personal o colectiva. Ahora, en Casa de misericòrdia, el poeta vuelve a repetírnoslo: «Quedaba lo que había detrás de la ternura», de modo que entendemos que la ternura misma no puede convertirse en ninguna tabla de salvación, y menos aún la pasión deslumbrante. Somos náufragos, inevitablemente a la deriva del sentido de la vida, que oscilamos entre el antifaz negro que nos vela la luz y nos permite suspirar por algún tipo de parcela pequeña de la vida en rosa, y el conocimiento profundo, ineludible, de la certidumbre insignificante de nuestro fin. Para Margarit la única posible contemplación de la vida pasada es la capacidad de «administrar el propio deseo y el propio fracaso». Y este estoicismo debe ser, a fin de cuentas, «cruel como un buen poema». O cruel como la realidad espeluznante del pretexto que sirve de título al nuevo libro: los niños que en la inmediata y cruel posguerra eran internados por sus madres en el hospicio porque la miseria atroz en la que estaban sumidas era todavía peor que el horror mezquino de la casa de misericordia: «la verdadera caridad da miedo», reflexiona el poeta.
     La obra de Joan Margarit, que con L’ombra de l’altre mar (Edicions 62, 1981) y Cants d’Hekatònim de Tifundis (La Gaya Ciència, 1982) sorprendió a los lectores catalanes (aunque Margarit ya llevaba publicados cuatro volúmenes en castellano, entre ellos Crónica, de 1975, en la prestigiosa colección Ocnos de Barral Editores), se ha ido haciendo más singular e intensa, muy personal, con un mundo que, aunque a menudo es intransferible, “dice” muy bien cuáles son las razones de las emociones que viven los ciudadanos actuales, es decir, sus lectores, y la distancia entre el yo individual y el yo literario. Para Margarit, siempre queda un rincón privado para los fulgores de la pasión, aunque a menudo sean ya sólo señuelos del Joan Vinyoli (Barcelona, 1914-1984), un poeta admirado por Margaritrecuerdo, y esa intensidad (real o recordada) puede convertirse en lo único que importa, la llama del conocimiento. Porque el conocimiento mismo sirve para advertirnos que ni una cosa ni otra (ni la pasión, ni el saber) no harán que nada perdure más allá de nosotros, si no es en la forma vicaria de la literatura. Contra ese nihilismo, la única lucha es, en el caso de Margarit, el esfuerzo porque la escritura sea una actividad salvadora (que no una salvación). Salvadora porque nos mantiene conectados a esos raros momentos de los afectos, los recuerdos, las lecturas, las músicas que nos hicieron algo mejores. Tras sus imágenes comprensibles y cotidianas, Margarit nos brinda un humanismo antiguo, sin tragedias desmelenadas, sin metafísicas silenciosas, sin vanguardias pasajeras, cada vez más próximo al misterio humilde y a la fragilidad que se acelera con el paso del tiempo que nos devora. En Casa de misericòrdia ‘Tramvia’, ‘Crematori’, ‘L’últim joc’ son algunos de los poemas que ejemplifican esta manera de hacer que procura rehuir los engaños y pisar con firmeza sobre los elementos que el poeta sabe que sus lectores resolverán en la memoria, en la interiorización, del poema. Las zapatillas del hombre mayor, el mar aceitoso al pie del cementerio, los tractores llenos de herrumbre en el campo, la dignidad del viejo que sabe que se aproxima al final... son apuntes, imágenes, para una sola idea: navegar con dignidad entre los envites de la vida.
     Casa de misericòrdia se suma, así, con Càlcul d’estructures y Joana, a una madurez espléndida, sensata, rica, íntegra en el respeto a la inteligencia de los lectores y al papel de la poesía en el mundo actual.

 

 

     Francesc Parcerisas. Begues (Barcelona), 1944. Poeta, traductor y crítico. Profesor de Traducción en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha traducido indistintamente al castellano y al catalán a autores como Rimbaud, Michaux, Pavese, Scott Fitzgerald, Poe, Pound, Dylan Thomas y Tolkien, entre otros, a partir del francés, el italiano y, sobre todo, el inglés. Ha publicado entre otros, los libros de poemas Homes que es banyen (1966), L'edat d'or (1984), Focs d'octubre (1992), Natura morta amb nens (2000) y Dos dies més de sud (Quaderns Crema, 2006).