El espacio escénico en
La comedia nueva o el café
de Moratín


Rosa Marcela Gallego Reyes

 

El teatro de Leandro Fernández de Moratín     El teatro de Leandro Fernández de Moratín se distingue por la ingenuidad y sencillez. La comedia nueva o el café recoge fielmente la vida social de su tiempo y las preocupaciones del ciudadano medio. Todas las escenas se desarrollan en un café de Madrid, próximo a un teatro. Don Eleuterio, que es el personaje principal, no tiene trabajo pero sí mujer e hijos a los que alimentar y por esta razón decide «hacerse poeta» y escribir la comedia El cerco de Viena, para saltar a la fama pero es engañado por don Hermógenes que le apoya con la comedia aunque sabe que es muy mala y no va a tener ningún éxito. Una vez que se representa la obra y consigue el desagrado de todos los espectadores don Eleuterio se da cuenta de que ha sido engañado y al final es ayudado por don Pedro, con el que había estado discutiendo anteriormente con opiniones opuestas sobre la calidad de la comedia. Finalmente es don Pedro quien termina solucionando todos los problemas del joven poeta. La obra comienza con una acotación que nos sitúa en el lugar donde se van a desarrollar los hechos. Se trata de un café y nos ofrece tres indicaciones que indican que la obra se ajusta a las tres reglas del teatro.
     —Unidad de lugar: el café, aunque parte de la obra se desarrolla fuera de esta escena y hay otros espacios, pero el café es el fundamental para la obra.
     —Unidad de tiempo: los hechos se desarrollarán en unas dos horas.
     —Unidad de acción: el estreno de la comedia es el centro de la acción de la obra.
     La decoración de esta obra es muy pobre, al contrario que el teatro de éxito de esta época, en el que nos encontramos con grandes decoraciones. En cuanto al lugar de los hechos, se piensa que el café en el que se desarrolla la acción es el de la Fonda de San Sebastián, muy cerca del Teatro del Príncipe. A lo largo de la obra aparecen una serie de acotaciones que son descriptivas del café, a partir de las cuales se aprecia que estamos ante un café con sus elementos propios. Hay un mostrador y Pipí, el camarero, tiene el movimiento normal del oficio con los instrumentos propios de su trabajo: las bandejas, los manteles, las botellas, etc. Muchos viajeros del siglo XVIII atestiguan que la mayoría de fondas de la época tenían a su vez café y tertulias. El café ha sido un lugar clave para el territorio de ocio de los españoles y proviene de las botillerías.
"La comedia nueva" de Leandro Fernández de Moratín     El café donde transcurre la comedia de Moratín, se divide de una forma clara en dos partes, uno en el piso superior y otro en el piso de abajo. En el piso de abajo se va para tomar café y los que ocupan las regiones superiores, ponen en evidencia su inferioridad social armando un gran estrépito.
     En La comedia nueva o el café, Moratín reúne los temas de la producción y el consumo literario, y el trabajo y el ocio. El café proporciona un espacio fácilmente accesible a diversos estamentos sociales. Además es en el café donde los productores y consumidores teatrales aprenden a reconocerse y relacionarse como parte de la cultura. Estos dos rasgos pueden apreciarse en el diálogo que mantienen don Antonio, un hombre ilustrado y rico, y Pipí, que como su nombre y su oficio indican, es persona de baja condición social, como se comprueba por su desconocimiento de las reglas del teatro y por el aplauso hacia la comedia El cerco de Viena. Para Pipí esta obra es de gran calidad y al final del libro cuando el autor se da cuenta de la mala calidad de su obra, es Pipí quien la coge para leerla. Esta lectura se produce durante el desenlace de la obra y cuando los demás personajes se dan cuenta de que Pipí la está leyendo, es el propio autor quien se la quita y la rompe.
     El desenlace de La comedia nueva o el café es una contradicción, ya que el público asiste al estreno de El gran cerco de Viena y la abuchea, pero en realidad lo que más gustaba al público teatral de la época era este tipo de comedias, por lo que se puede señalar que se trata de la única inverosimilitud de la obra.
     El café era un espacio urbano nuevo, era objeto de vigilancia por ser potencialmente político y artístico a la vez. Se trataba de un mentidero de la actividad literaria y cultural. Esto no era una novedad, porque los salones, las tertulias y las academias tenían una función muy parecida. Sin embargo, lo que preocupaba del café era su naturaleza pública y abierta. En los cafés estaba muy presente la creación literaria y la improvisación. Esto puede comprobarse en la improvisada vocación de poeta del personaje de esta obra: don Eleuterio. En este ambiente de improvisación, el café será transformado en el taller y la academia del escritor novel que aspira a ganarse la vida escribiendo comedias. El número de “don Eleuterios” en esta época aumenta y se mueven por los cafés y los teatros. Esto explica que el café se vaya convirtiendo en objeto de vigilancia y de censura, puesto que este auge implica una gran competitividad entre estos poetas jóvenes. Estos autores nóveles reciben su educación «en el mundo» y acaban aprendiendo de «la lectura de papeles públicos y periódicos». En la obra, don Eleuterio le cuenta a don Antonio los problemas Representación de "La comedia nueva o el café"artísticos y económicos que tiene dada su condición de poeta.
     Para don Eleuterio, que representa muy bien este tipo de personajes, el café es simultáneamente taller y academia, pero para el personaje don Pedro, el café es para «tomar café». Como se ve, había personas que iban al café a intercambiar noticias y a charlar, pero también se encuentran en estos lugares a otro tipo de personas como don Pedro que iban al café para tener intimidad y soledad.
     La actitud de don Pedro en la obra es la de sentarse lejos de los clientes y se explica por su concepto sobre el lugar que sirve para «tomar café». Esta expresión la dice el propio personaje e indica que le gustaría que los cafés sigan siendo iguales a los de principios del siglo XVIII. Los cafés de esa época estaban frecuentados por las clases sociales mejor acomodadas y la única intención que residía en el hecho de ir a ellos era la de tomar café. Esta apariencia de los cafés se parece mucho a la que el poder quería que tuviera. En el bando de 1787 que reglamentaba el café de Los Caños del Peral decía:

 

     VII. Todas las personas que concurran a refrescar se sentarán inmediatamente en las sillas y mesas desocupadas que más le acomoden, y por el orden con que lleguen, sin detenerse a conversación en corros, o separadamente, ni pasearse en las salas, y marcharán luego que acaben de beber, dejando lugar para otros.
     VIII. Nadie hablará tan alto que incomode a los demás, ni cantará, ni silbará, ni fumará; conservando todos la mayor compostura y decoro en ademanes, palabras y mutua conversación.

     Diario de Madrid, 27 de enero de 1787

    

     El desenlace de esta obra, es decir, el fracaso de la obra El gran cerco de Viena es la finalidad que persigue simbólicamente Moratín. Con el fracaso de la obra, el café queda libre de los personajes relacionados con la creación literaria nueva, y abierto a la vuelta de los hombres sabios y de cierta posición social para que tomen café y nada más. Estas ideas de Moratín hacen que sea don Pedro y no cualquier otro personaje el que resuelva el grave problema económico de don Eleuterio tras el fracaso de la obra.
     Por otro lado, los cafés tenían la prensa diaria a disposición de los clientes. De esta forma, prensa y opinión pública se desarrollaban en el ámbito del café. Tanto en las botillerías como en los cafés se hablaba y se comentaban las noticias y rumores que traían los periódicos y los «novelistas», que eran aquellos que conocían las novedades.
     Moratín en su permanencia en Londres se convierte en cliente habitual de los cafés y cuando viajó a Londres acababa de escribir esta obra, por lo que se explica su gusto por estos lugares. Moratín era tan asiduo del café llamado La Fontana de Oro que en su Diario madrileño lo cita en dos o tres ocasiones en un mismo día, y a lo largo de sus escritos hay muchísimas menciones a la referida Fontana.
Escenario crítico visible     La comedia nueva o el café no es simplemente una obra de teatro cuya temática es el propio teatro y cuyo espacio escénico es el café. El café, además de espacio escénico, hace las veces de teatro donde don Eleuterio y sus allegados representan un drama. Es decir, en La comedia nueva o el café hay dos teatros y dos públicos. En uno de los teatros se representa la comedia compuesta por don Eleuterio, El gran cerco de Viena, ante un público compuesto por hombres y mujeres pertenecientes a diversas clases sociales. En el otro teatro, el café, el propio autor y los suyos representan el drama de su precaria existencia profesional y familiar ante un público compuesto de dos hombres ilustrados y acomodados: don Pedro y don Antonio.
     Así pues, podemos afirmar que en la obra hay un escenario crítico visible: el café, que está pendiente de otro imaginario, que no se ve, que es el escenario donde se representa la obra de don Eleuterio: El gran cerco de Viena.

 


     Bibliografía

     —BAKER, Edward, Materiales para escribir Madrid: Literatura y espacio urbano de Moratín a Galdós, Siglo Veintiuno de España, Madrid, 1991.
     —CARLO Rossi, Giuseppe, Leandro Fernández de Moratín, Cátedra, Madrid, 1972.
     —DÍAZ, Lorenzo, Madrid: tabernas botillerías y cafés 1476-1991, Espasa Calpe, Madrid, 1992.
     —MORATÍN Fernández de, Leandro, La comedia nueva o el café, ed. Joaquín Ánvarez Barrientos, Biblioteca Nueva, Madrid, 2000.
     —ORTIZ Armengal, Pedro, El año que vivió Moratín en Inglaterra. 1792-1793, Castalia, Madrid, 1985.
     —VIVANCO, L. F., Moratín y la Ilustración mágica, Taurus, Madrid, 1972.