Breve análisis
de la
Farsa llamada danza de la muerte
de Juan de Pedraza
Rosa Marcela Gallego Reyes
Del
autor de la Farsa llamada danza de la muerte se conocen pocos
datos; los únicos que pueden apuntarse son los que aparecen en
la edición de la Biblioteca de Autores Españoles, justo
antes del desarrollo de la obra. En esta fuente encontramos que su autor
es «Vecino de Segovia, de oficio tundidor. Compuso e imprimió,
en 1551, para la fiesta del Corpus en aquella Ciudad, la farsa llamada:
Danza de la muerte, verdadero auto sacramental; pieza de notable
mérito».
En
otras fuentes se encuentran además otros datos que pueden servirnos
para situar con un poco más de exactitud a nuestro autor. Así
pues, encontramos una información interesante que dice que «Es
muy posible que sea éste mismo el Juan de Rodrigo Alonso, por otro
nombre llamado de Pedrosa, vecino de Segovia, que en 1551 escribió
e imprimió una excelente comedia de Santa Susana, vista y elogiada
por Moratín». Es la única información con que
contamos sobre este autor y que sólo nos ayuda a situarlo en época,
a conocer su lugar de nacimiento y residencia y saber su oficio: tundidor,
que es la persona que corta o iguala con tijera el pelo de los paños.
Llama la atención que nuestro autor se caracterice por sólo
un par de rasgos y éstos sean compartidos por el personaje protagonista
de la obra Historia de la vida del buscón de Quevedo ya
que Don Pablos cuando comienza contando la obra ya siendo adulto y desde
una postura acomodada lo hace diciendo: «Yo, señora, soy
de Segovia; mi padre se llamó Clemente Pablo, natural del mismo
pueblo; Dios le tenga en el cielo. Fue, tal como todos dicen, de oficio
barbero, aunque eran tan altos sus pensamientos que se corría de
que le llamasen así, diciendo que él era tundidor de mejillas
y sastre de barbas». Ambos personajes pertenecen al mismo siglo,
al XVI, pero no coinciden totalmente, ya que la única fecha relacionada
con Juan de Pedraza es la de impresión de la Danza de la muerte
en 1551 y la fecha de impresión de El Buscón es
la de 1604. Aunque Francisco de Quevedo vivió durante el periodo
de 1580-1645 pudo ser que conociera de oídas la historia de la
vida del escritor Juan de Pedraza. No obstante, hay que recordar que puede
tratarse de una simple coincidencia.
El
argumento de la obra es que la Muerte se presenta llevando por igual al
Papa, al rey, a la hermosa dama y cuando llega el momento de la muerte
del pastor es cuando dialogan la Razón, el Entendimiento, la Ira,
la Muerte y el propio pastor. En esta farsa encontramos lo que podría
decir la Razón estando frente a la Muerte. Los personajes que intervienen
en la obra son: Papa, Muerte, Rey, Dama, Pastor, la Razón, la Ira,
el Entendimiento.
El
género de esta obra es la farsa. A principios del siglo XVI predominan
las farsas, próximas a los autos sacramentales del siglo siguiente,
representados en iglesias o plazas, pero, especialmente, en carretas adornadas.
El origen de este género se debe al gusto por la ceremonia en cualquier
aspecto de la vida: nacimientos, entierros, fiestas religiosas, etc. En
este caso se debe a la celebración de una fiesta religiosa, el
Corpus Christi. Algunos autores incluyen esta obra en la órbita
de lo teatral, pero otros no porque la obra tiene la problemática
de la proximidad de géneros, es decir, la cercana relación
entre teatralidad y diálogo.
Como
historia del presente texto, sólo podemos señalar que en
el Manual del librero Hispanoamericano de Antonio Palau y Dulcet
encontramos sólo una referencia a la obra que estamos comentando:
«Farsa
llamada danza de la muerte, en que se declara como a todos los mortales,
desde el Papa hasta el que no tiene capa, la muerte hace en este mísero
ser iguales y a nadie perdona. Va dirigida a loor del Santísimo
Sacramento. Hecha por... (Sin lugar de impresión), MDLI (1551),
4º, letra gótica, 8 hojas. (Biblioteca Real de Munich) 216078.
Fernando Wolff lo estima como el primer Auto Sacramental de nuestra literatura
y lo reimprimió, precedido de comentario crítico en la lengua
alemana, en Viena, Imprenta Imperial, 1852. La traducción de dicho
comentario de Fernando Wolff al español, por Julián Sanz
del Río y la reimpresión de la Farsa, véanse en el
tomo XXII de la Colección de documentos inéditos para la
Historia de España, pág. 508-562».
De
esta obra no encontramos ninguna edición además de la que
ya hemos citado del Palau, es decir, una edición en alemán
realizada por Fernando Wolff y su correspondiente traducción realizada
por Julián Sanz del Río que se encuentra en el tomo XXII
de la Colección de documentos inéditos para la Historia
de España. Hay que añadir la edición de la BAE
que es el texto que se ha utilizado y que, a su vez, toma como base la
edición realizada por Fernando Wolff. Por último, resulta
importante señalar que el texto se encuentra en la base de datos
de internet de la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes: www.cervantesvirtual.com.
Hay
que tener presente que durante el siglo XVI, el castellano pasa del sistema
fonológico medieval al moderno. En el Renacimiento la lengua experimenta
ya una fijación muy notable, pero todavía se manifiestan
algunas peculiaridades lingüísticas que perduran en todo el
Siglo de Oro. En el texto se encuentran algunas, como por ejemplo: las
vacilaciones vocálicas; la vacilación de algunos diptongos
(prisa / priesa); la presencia o ausencia de h o su alternancia con otra
consonante (huerte / fuerte); la oscilación de grupos consonánticos
(jatando / jactando); las alteraciones de la estructura de las palabras
como metátesis, epéntesis y paragoge; la alternancia de
conglomerados en los que se contrae la preposición y el pronombre
y su desarrollo por separado; o la alternancia de la fusión del
infinitivo verbal y el pronombre enclítico asimilado.
La
obra comienza con una loa en la que un pastor presenta al público
la obra que van a ver:
PASTOR
Vengo, por dios,
aguijando,
a daros cuenta, señores,
de los interlocutores
que aquí estáis esperando.
Por eso estad muy callando,
honrada gente y de chapa;
veréis luego entrar un Papa,
en vana gloria jatando;
y luego, muy prestamente
veréis la Muerte cruel,
que viene, soncas, por él;
de que no será paciente.
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La
farsa comienza tras la loa y el primer episodio que cuenta es el de la
Muerte y el Papa. Se trata de un Papa imaginario, pero resulta interesante
otorgarle un nombre real a este personaje porque, seguramente, cuando
el público leyese esta obra lo relacionarían con el Papa
Julio III, cuyo papado duró desde 1550 a 1555, período que
engloba la publicación de la farsa:
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MUERTE
¡Oh, cuán
sin acuerdo de mí y sin temor
yaces en vicios terrenos jactando,
la gloria pasible de acá procurando,
soberbia mostrando por ser gran señor,
en quien la humildad, según que a Pastor,
había de ser grande ejemplo al ganado!
Y pues fue al revés, irás muy priado
conmigo a donde cuenta darás de tu error.
PAPA
¡Oh! Muerte,
no vengas con tanto furor;
aplaca tu ira; ten más sufrimiento:
mira que es grande mi merecimiento,
de muy alta estima mi estado y valor.
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El
segundo episodio se desarrolla entre la Muerte y un rey. El autor no se
está refiriendo a un rey en concreto, sino que está utilizando
el rey como una figura que le permite ilustrar una clase social alta.
No obstante, al igual que ocurría con el Papa, los receptores de
la obra harían referencia a Carlos I cuyo reinado abarcó
desde 1516 a 1556.
MUERTE
Aquí do me
ves te haré que rehíles,
traído a mis pies, tu gran vanagloria.
REY
¿No miras
que siempre salí con victoria
de muchas batallas, refriegas, combates?
MUERTE
Sin duda sabrás
que más no te atienda,
pues tiempo has tenido sobrado y lugar.
¡Sus! Vamos, que es tarde, do cuenta has de dar
estrecha sin duda cual fue tu vivienda.
(Se van).
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El
siguiente personaje al que visita la Muerte es una dama, quien para poder
librarse de ella recurre a su belleza. La dama se defiende argumentando
que al ser tan bella la Razón saldrá en su defensa y no
dejará que la Muerte le quite la vida. La Muerte no tendrá
privilegios con la dama por ser hermosa y también se la lleva.
Estamos ante la idea de la muerte como poder igualador de todos los estamentos
de la sociedad, que es la que vertebra toda la farsa:
DAMA
¡Oh, válgame
Dios y qué sobrevienta
que siento al presente y cuán gran turbación,
pues veo delante tan triste visión,
en nada apacible, según que lamenta!
Suplícote, Muerte, que pases alante;
no cures hacer de mi tanta cuenta.
Mira que en dama de tanta belleza
Razón no consiente que falte la vida.
MUERTE
Por más que
seáis galana y polida,
conmigo do cuenta daréis sin errar
iréis brevemente, sin más dilatar.
¡Sus! Vamos, pues veis que estoy de partida.
(Se van)
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El
siguiente episodio lo protagonizan el pastor, quien se echa a dormir tras
comer y beber bastante vino, y la Muerte, que se extraña de ver
dormido al pastor sin que le atormente la idea de que puede morir:
MUERTE
¡Maldita la
cosa le aqueja temor,
ni acuerdo ninguno que tenga de mí!
¡Levanta, zagal, que vengo por ti,
que así me es mandado del alto Señor!
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Un
poco más adelante mientras que la Muerte discute con el pastor
para llevárselo consigo, éste le ofrece muchas razones para
que no lo haga. No obstante, la Muerte le responde que en el momento en
que muera se igualará con los personajes que ya han salido anteriormente:
el Papa, el rey y la hermosa dama:
MUERTE
Y pues tienes vida
sin seguridad,
de ella has de ser, contempla, privado
muy presto, pues tiempo no hay limitado:
harás con aquestos, Pastor, igualdad.
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El
episodio del pastor es el más largo, ya que tendrán que
intervenir la Razón, el Entendimiento y la Ira para que éste
comprenda por qué tiene que llegarle su hora. Tanto la Razón,
como la Ira y el Entendimiento reflexionarán acerca de la muerte:
RAZÓN
Contempla que el
Papa, el Rey, el señor
no menos los otros estados menores,
hasta los míseros pobres pastores,
que aquella los lleva, sin más defensor.
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Tal
como anunció la Muerte, el pastor finalmente entra en razón,
comprendiendo el papel de la Muerte y consiente en irse con ella. La farsa
finaliza cuando el Pastor da las gracias a Dios por poder alcanzar el
reino de la gloria:
PASTOR
Y pues que por suyo,
señora, me he dado,
iré donde me quiera, pardiobre, llevar.
Adórote, Verbo divino, sagrado,
que yaces debajo de aqueste accidente,
y a tu majestad suplico humildemente,
puesto que indigno, de hinojos postrado,
nos libres y guardes, Señor, del Pecado,
ando gracia que alcancemos el reino de gloria.
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Como
hemos podido comprobar, el planteamiento de la farsa es básicamente
que todos somos iguales a la hora de morir y que lo realmente importante
es la dignidad con que vivimos día a día y aceptamos el
hecho de ser mortales.
Bibliografía
—DÍEZ
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Tomo II: Renacimiento, Tafalla: Cenlit ediciones.
—WARDROPPER, B. W.,
(1967): Introducción al teatro religioso del Siglo de Oro:
evolución del auto sacramental antes de Calderón, Salamanca:
Anaya.
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