
Entrevista: Daniel Roca Blanco
«EN EL CÓMIC YANQUI»
Hace unos años el que un dibujante español
triunfara fuera de nuestras fronteras era algo casi imposible. Sólo autores
como Pepe Moreno lo conseguían y para ello tenían que cruzar el
charco e instalarse en los Estados Unidos. A mediados de los 90 la tendencia
cambió y con Carlos Pacheco y la calidad como enseña, numerosos
artistas como Pascual Ferry, Javier Pulido, Kano y Salvador Larroca, entre otros,
empezaron a firmar los dibujos de Batman, Superman y los X-men.
Uno de los últimos en sumarse a la lista es Daniel Acuña, joven
ilustrador que ha entrado en el mercado americano por la puerta grande encargándose
de algunos números del evento del año en la editorial DC Infinity
Crisis y calando hondo en los aficionados de ambos lados del Atlántico.
—EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Dónde y cuándo nació Daniel Acuña?
—DANIEL ACUÑA: Nací en Águilas, Murcia, en el año 1974.
—ECP: ¿Cómo recuerdas tu niñez?
—DA: La recuerdo dibujando y jugando con mis amigos, al fútbol, a las bolas, a las chapinetas (jugábamos a la vuelta ciclista de España, montábamos unos circuitos espectaculares), a los trompos también jugábamos, al churro-mediamanga-mangotero… Lo típico, vamos…
—ECP:
¿Cuándo descubre los cómics?
—DA: Los descubro desde bien pequeño, en mi casa siempre había. Ya bien por mi hermano mayor (de superhéroes como Daredevil, Spiderman, Supernova…) y los que se compraba mi padre de Astérix, de la revista 1984 que fue la que me abrió los ojos a un tipo de cómic mas complejo y adulto (el Den de Corben era lo más espectacular e increíble que había visto jamás).
—ECP: ¿Cuáles eran los que más te gustaban entonces, y cuáles son tus gustos ahora?
—DA:
Mis influencias son sobre todo de los autores americanos, entre los que destaco
a Will Eisner, Hal Foster, Alex Raimond y primordialmente a Richard Corben (que
era el que más se acercaba a lo que yo quería conseguir, una especie
de naturalismo muy personal, sin depender exclusivamente de la documentación
fotográfica), Frank Frazeta y Uderzo. Y es que es ahora cuando me doy
cuenta de lo fundamental en la formación de un artista de cómics,
el conocimiento de los dibujantes clásicos. Ahora veo dibujantes actuales
que no nombran ni a un dibujante clásico entre sus influencias y eso
se nota. ¡Para aprender hay que irse a la fuente!
En el cómic de superhéroes gente
como Kevin Nowlan, Kevin Maguire… Más actuales como Adam Hughes,
Mazzuceli, Alex Ross; el ilustrador Norman Rockwell... El argentino Carlos Nine,
el dibujo Cartoon americano clásico de Chuck Jones, Fleischer…
Los cartelistas del Art Noveau como Alphonse Mucha… También estoy
influenciado por el pop art de los años 60 y 70... Y de fotógrafos
como Eugene Atget, Berenice Abbott…
—ECP: ¿Cómo empezaste a dibujar? ¿Cuándo decidiste que querías intentar ser profesional de esto y qué te dijeron en casa?
—DA:
Pues más o menos lo decidí cuando estudiaba en el instituto, auque
en mi caso no decidí que quería dedicarme a hacer cómic,
quería dedicarme a dibujar, al mundo creativo (ilustrador, portadista,
diseñador) y la verdad es que todo eso lo puedes hacer como dibujante
de cómics.
En mi casa me apoyaron desde el principio y me fui a estudiar Bellas Artes a
Valencia.
—ECP: Cuando eras lector de cómics, aficionado, ¿mandabas dibujos a los correos de los lectores de esos cómics?
—DA:
No, la verdad es que nunca he sido lector de mandar correos… Bueno, sólo
una vez mandé un dibujo de Superman a Zinco, pero creo
que no llegaron a publicarlo.
—ECP: ¿Cuál fue tu primer trabajo cobrado?
—DA: Pues creo que el primer trabajo que cobré fue en la Editorial La Cúpula por el Claus y Simon en Hollywood.
—ECP: Personalmente te descubrí con las portadas de Supreme, la edición de Dolmen. Me sorprendió lo bien que captaste unos personajes con tan poca historia, sobre todo el grupo de los años 40. ¿Te costó mucho?
—DA:
Supreme es en realidad Superman (y todos los personajes de
esa época), así que no se puede decir que son personajes nuevos,
es lo que no le dejaron hacer a Alan Moore con Superman… Así
que lo que hice fue eso: captar esa esencia de la Golden Age, ese Superman
clásico, esa bondad que tenían los superhéroes en aquella
época. Es algo que conozco ya de antemano…
—ECP: ¿Cómo surge la oportunidad
de DC? Hay que recordar que tuyas son algunas de las portadas de cómics
relacionados con el gran evento del año, Infinity Crisis. ¿Cómo
ha sido la experiencia?
—DA:
Surge al terminar el álbum Claus y Simon. Reyes de la Evasión
y comprobar que mis editores franceses estaban dudando en sacar un segundo.
Al final, no se sacará y nos dijeron que podríamos presentar un
proyecto con otros personajes, así que pensé «mientras se
deciden o preparo otro proyecto, puedo ir probando en EEUU a ver si sale algo
de portadista» ya que disfruté y quedé muy satisfecho con
lo de Supreme (donde me había reencontrado con los superhéroes).
Entré en contacto con mi agente David Macho y empecé a preparar
páginas de interior.
Lo de Crisis ha venido porque estaba
en la serie Outsiders y algunos números de esta serie fueron
claves, y luego participé en la miniserie BLudhaven, que también
tiene que ver... ¡Ha sido divertido y emocionante participar en este evento!
—ECP: ¿Por qué especializarte en portadas?
—DA:
No me especialicé, simplemente lo primero que me dieron fueron portadas
(a mí en principio me interesaba más porque es donde yo podría
hacer todo el arte, la tinta, el color…). Luego me dieron el interior
de la serie Uncle Sam and the Freedom Fighters (al principio coloreaba
Javi Montes, pero a partir del número 3 coloreo yo) que es lo que hago
ahora, más las portadas de Outsiders. Aunque ahora me han pasado
a portadista de The Flash.
—ECP: En EEUU te dan también ya trabajo con historias completas. La primera ha sido el relanzamiento de The Freedom Fighters con Uncle Sam, Human Bomb, etc, ¿Cómo ha sido la experiencia?
—DA: Gracias a mi agente David Macho y a los dibujantes que él lleva se puede decir que he entrado con un pan debajo del brazo. Los editores han puesto en mí mucha confianza y es como siempre me había soñado, participando en el diseño de los personajes y aspecto visual de la serie, así que la experiencia no ha podido ser más positiva, me ha permitido conocerme mucho mejor como profesional y como artista… Me he dado cuenta de hasta cuánto me gusta lo que hago. Llegué al mercado americano con miedo de si estaría al nivel, de si podría aguantar el ritmo y la exigencia; y por ahora estoy muy contento del resultado. ¡Espero que la cosa siga así por mucho tiempo!
—ECP: ¿Cómo es el proceso por el que te llegan los guiones y cómo mandas los originales?
—DA: Me mandan el guión por internet normalmente, preparo una versión de todas las páginas del guión a lápiz abocetado (story-board), que me revisan, y, a partir de ahí, voy terminando la tinta y después del color… Las páginas las voy subiendo a un servidor de DC… ¡Todo se hacer por internet!
—ECP: Háblanos de tus propios personajes, Claus & Simon. ¿Te gusta la faceta de guionista?
—DA:
En la editorial Albin Michel he publicado Claus & Simon Reyes de la
evasión (en España en la editorial Glenat), unos personajes
creados junto a mi amigo Santi Arcas, nuestros personajes más queridos.
Santi se ocupa del guión y yo del aspecto gráfico, aunque a veces
es difícil diferenciar dónde termina el trabajo de uno y empieza
el del otro. Con
estos
personajes he podido desarrollar un espectro muy amplio de mis registros, he
podido desarrollar mi gusto por el naturalismo, por un dibujo más clásico,
por otro más cartoon, aspectos dramáticos, cómicos...
Ya he llegado a hacer alguna historieta cortita con mi propio guión,
espero algún día atreverme a hacer algo en serio como guionista,
a mojarme, como se dice… Mi mente siempre funciona creando historias y
personajes, pero por alguna razón aún no me tomo en serio en ese
sentido.
—ECP: ¿Próximos proyectos?
—DA: Respecto a DC, terminar los números que me quedan de los Freedom Fighters y, mientras me sitúan en otra serie, aprovechar para empezar con un proyecto que tengo desde hace años con mi amigo Santi Navarro, en el que podré experimentar con un registro y una técnica distinta a lo que estoy haciendo en DC.
—ECP: ¿Te atrae Marvel?
—DA: Ahora mismo no me planteo si me atrae Marvel o no… Tengo un contrato con DC por dos años y lo único que me planteo es hacerlo lo mejor posible.
—ECP: ¿A quién te gustaría parecerte?
—DA: Me gustaría parecerme a mí mismo y a nadie más.
—ECP: ¿Hasta dónde quiere llegar Daniel Acuña?
—DA: Yo quiero dedicarme a esto toda mi vida, así que quiero llegar muy lejos en el tiempo… Y espero que mi carrera pueda experimentar en todo tipo de géneros y mercados. Ahora mismo para mí el cielo es el límite, me encuentro muy a gusto y feliz con lo que hago. ¡Y cada día estoy más motivado!
SUPERMAN,
UNA BIOGRAFÍA NO-AUTORIZADA DE SUS PRIMERAS AVENTURAS
por José Joaquín Rodríguez Moreno
Los
años 30 del siglo XX no fue una época agradable de recordar. En
Alemania, los judíos eran perseguidos e internados en guetos primero,
y luego en campos de exterminio, mientras se les consideraba una raza inferior.
En Rusia, Stalin llevaba a cabo purgas que iban a acabar con millones de vidas
de forma directa o indirecta. Italia, Austria, Rumanía, España
y otros cuantos países veían como gobiernos dictatoriales ultranacionalistas
se hacían con las riendas del poder y aniquilaban (muchas veces, de manera
literal) cualquier tipo de oposición.
Pero si Europa estaba mal, Asia no estaba mucho
mejor. El expansionismo nipón, con claros tintes racistas, pretendía
someter y unir gran parte de Asia bajo el mando del Imperio Japonés,
que se consideraba superior y por lo tanto con derecho a entrometerse en los
asuntos de sus vecinos chinos y coreanos, a los que luego seguirían vietnamitas,
filipinos, etc.
Por último, EEUU tampoco estaba en su mejor
momento. La crisis económica de 1929 había dejado al descubierto
los problemas sociales que el final de la I Guerra Mundial había maquillado:
diferencias sociales, excesivo poder de la empresa privada, un gobierno incapaz
de actuar efectivamente sobre la economía, etc. También contaba
con sus propias dosis de racismo: un partido nazi propio, antisemitismo, el
KKK, y teorías de moda como la esterilización de las razas y los
individuos inferiores (eugenesia), es decir, los no anglosajones.
Posiblemente lo que más se recuerda de
esta época es el ocio: los pulps magazines, los primeros comic
books, en nacimiento de Flash Gordon y el Príncipe Valiente en la
prensa, y la llegada del cine sonoro. En una época tan tumultuosa, la
cultura del ocio tuvo una edad dorada para crear y experimentar nuevas fórmulas.
Y cuando todas estas teorías de razas superiores
y hombres perfectos tuvieron su reflejo en uno de estos ocios, los comic
books, resultó que era una crítica al racismo y la xenofobia.
Hablamos, claro está, de Superman.
NACE
SUPERMAN
Es curioso que fueran dos jóvenes judíos
de Cleveland, Jerry Siegel y Joe Shuster, los que crearan a Superman. Y si menciono
que eran judíos, es justamente por lo curioso de la situación:
ellos mejor que nadie sabían lo que Hitler había hecho con la
teoría del superhombre de Nietzche. Eso explicará perfectamente
por qué Superman fue un superhombre “diferente”, y no se
hizo eco de las teorías raciales de su época.
Se ha escrito mucho sobre los primeros intentos
de estos jóvenes autores por vender su personaje a un editorial o a un
periódico, y sobre cómo en el proceso el personaje fue cambiando
y desarrollándose. Pero en esta ocasión lo que nos interesa es
en qué se basaron Siegel y Shuster para crearlo.
La idea de un personaje fuerte y poderoso no era
nueva, ni mucho menos. Hércules o Sansón eran personajes míticos
bien conocidos por el gran público en general. También los pulps
tenían personajes heroicos y poderosos, como Doc Savaje, el hombre de
bronce. Ni siquiera la idea de un disfraz era novedosa: en las tiras de prensa,
Mandrake vestía el típico esmoquin con chistera que lucían
los magos de feria, y Phantom no sólo portaba un disfraz con máscara
y todo, sino que mucho antes de que Superman apareciera, ya poseía una
identidad secreta que sus enemigos no lograban descubrir.
Pero al nacer en 1938, en las páginas de
Action Comics #1, Superman fue atrayendo a un cada vez mayor número
de lectores. Sus ventas llegaron a ser de medio millón de ejemplares
al mes, cifra que dobló con creces con Superman #1, en verano
de 1939. ¿Qué pudo hacer que un personaje desconocido ganase un
público tan grande en tan poco tiempo?
La
diferencia con otros personajes era, ni más ni menos, que sus ideales.
El origen de Superman, fugazmente contado en un puñado de viñetas,
y recontado hasta la saciedad desde entonces, era bien explícito: Superman
llegaba del espacio, hijo de una civilización que indudablemente era
(al menos físicamente) muy superior a la nuestra. Pero educado en el
seno de una familia adoptiva, Superman adoptó los ideales de libertad
y justicia de los EE.UU., creyéndolos hasta tal punto que decidió
luchar por la Verdad y la Justicia. O lo que es lo mismo, Superman no lucha
por una raza, sino por unos ideales que se pueden aplicar a cualquier persona.
De hecho, Superman es un extranjero, al no ser americano de nacimiento, pero
eso no le impide ser considerado un hijo de los EE.UU. y luchar por sus ideales.
Otra característica interesante fue la
dualidad del personaje. Aunque Superman era un ser poderoso, un superhombre
frente al que palidecían los más locos sueños de Nietzche
y del nazismo, desde el principio quiso cuidar su faceta humana, la que le permitía
entender las preocupaciones de los hombres y no aislarse en el poder. Es por
ello que Superman es también Clark Kent, un personaje torpe y despistado,
que no quiere llamar la atención para así, sin que nadie lo note,
poder observar de cerca los problemas de su entorno.
UNA SOCIEDAD IMPERFECTA
A diferencia de las teorías eugenésicas,
que consideraban que la sociedad perfecta se alcanzaría a través
de la raza superior, la existencia de Superman sólo tiene sentido en
una sociedad imperfecta.
Shuster y Siegel tardaron en crear una némesis
para el superhombre de Krypton, y prefirieron contar aventuras con cierto trasfondo
social: políticos corruptos, maltratadotes, mafiosos, huérfanos
indefensos… un retrato de una sociedad que todavía se estaba recuperando
de la crisis económica.
Los
villanos, no obstante, eran fundamentales. Flash Gordon tenía a Ming
el Despiadado, el Príncipe Valiente a Morgana y a los Hunos… y
Superman no podía ser menos. Necesitaba tener un villano capaz de ponerle
en serios apuros, o como suelen decir los guionistas de cómics cada vez
que crean un villano memorable “la grandeza de un héroe se mide
por sus villanos”.
Durante los primeros meses de su carrera, Superman
combinó temas sociales y combates con espectaculares monstruos, capaces
de poner a prueba los increíbles poderes del hombre de acero. Sin embargo,
en 1939, Shuster y Siegel acabaron por hacer aparecer un personaje que parecía
sacado de un relato de terror: un científico loco, de apariencia decrépita,
llamado Ultra-Humanite. Lo terrorífico de este villano era que,
aun siendo viejo y paralítico, su increíble inteligencia le permitía
desarrollar todo tipo de armas para poner en serios apuros a Superman.
Este villano llegó a ser todavía
más terrorífico cuando empezó a cambiar su cerebro de cuerpo.
Podía ser cualquier persona, ya que nadie saber en qué cuerpo
había transplantado su cerebro, hasta que era demasiado tarde.
Un año después, basándose
en la primera aparición del Ultra-Humanite, Shuster y Siegel
crearon a un nuevo villano, que se acabaría ganando un lugar de honor
en el olimpo de los villanos: Lex Luthor.
Aunque
a priori pudiera parecer que Shuster y Siegel estaban presentando una batalla
entre la fuerza y la inteligencia, el conflicto que realmente se mostraba era
ético: Superman combatía por unos ideales y por el bien común,
lo que le hacía vencer a los villanos que habían dedicado sus
conocimientos y su tecnología a su propio beneficio. En el fondo, o que
veíamos era el conflicto entre el Bien y el Mal.
CON LA AYUDA DE MIS AMIGOS
Aunque la tarea de salvar al mundo aventura tras
aventura podría resultar repetitiva y hasta aburrida a los lectores,
Superman contó desde sus primeras aventuras con un plantel de secundarios
que poco a poco fueron haciendo las delicias de sus seguidores.
La primera compañera de Superman sería
Lois Lane (Action Comics #1, 1938), una mujer hermosa y moderna (o
lo que para dos jóvenes artistas varones era una mujer moderna), que
se enamoraría de Superman y ridiculizaría a Clark Kent, volviendo
popular la coletilla de “Ojalá te parecieras más a Superman,
Clark.” Aunque la actitud de Lois era muy superficial (amaba al hombre
fuerte y musculoso, y despreciaba al torpe), y en más de una ocasión
su feminismo quedase totalmente anulado por la conducta servil hacia Superman,
en sus primeras apariciones fue un auténtico soplo de aire fresco para
los cómics. Frente a las heroínas locamente enamoradas del héroe,
la doble identidad de Superman permitía un divertido triángulo
amoroso.
Aunque
hoy día el periódico donde trabajan Clark y Lois se llama Daily
Planet, en los primeros años de Superman la publicación se llamaba
Daily Star. Perry White aparecería como editor en Superman #7
(1940). Su papel era el de jefe de Clark y Lois, siendo un recurso típico
el que mandase a la pareja a resolver algún misterio o a conseguir una
noticia. Lo original del personaje, al igual que pasaba con Lois Lane, es que
es el jefe del hombre más poderoso del mundo, aunque no tiene ni la menor
idea.
Jimmy Olsen, uno de los personajes más
entrañables de la serie, debutó en Action Comics #6 (1938),
aunque no conoceríamos su nombre hasta algún tiempo después,
en Superman #13 (1941). El papel de Jimmy era bien simple: tenía
que conseguir que los lectores se sintiesen identificados con él. Mientras
otros cómics tenían niños maravilla que combatían
codo con codo junto al héroe, Jimmy siempre fue un personaje más
realista, que ni siquiera sospechaba la relación entre Clark y Superman.
MÁS DE LO MISMO
Ya en los años 40 se hizo evidente que
Jerry Siegel y Joe Shuster no eran capaces de dar abasto con la enorme producción
de historias de Superman que el mercado demandaba. Recordemos que eran dos cómics
al mes, con el triple de páginas que los cómics actuales, y también
el doble de viñetas.
Los
autores enseguida comenzaron a repetirse, ya que era evidente que los lectores
no buscaban, en general, una continuidad ni un cambio en el status quo
de los personajes. Pero cuando el trabajo fue demasiado pesado, otros artistas
fueron alquilados, y anónimamente hicieron guiones y dibujos imitando
el estilo de los creadores del personaje. Como eran meros “mercenarios”,
no se les daba la oportunidad de innovar ni hacer cambios en la serie.
A eso deberíamos sumar que aparecieron
muchos más héroes, por lo que empezó a ser muy complicado
ser original en las historias. Más aún cuando el personaje era
prácticamente todopoderoso. Solamente la invención de la kriptonita
(curiosamente, en la serie de radio del personaje, en 1943) daría una
debilidad al héroe, aunque a la larga eso significaría la invención
de todo un abanico de kriptonitas de colores, cada cual con efectos más
extravagantes que la anterior.
Aunque el héroe seguiría siendo
publicado mes tras mes, sus creadores acabarían abandonándolo
tras una lucha (bastante justa) por conseguir una parte de los derechos del
personaje (particularmente, de una versión más juvenil, llamada
Superboy). Aun con sus buenos momentos, la serie caería en lo
paródico, lo absurdo, pero sobre todo en lo repetitivo. Pasarían
muchos años hasta que volviesen a contarse buenas y originales historias
sobre el personaje.