| BENITO
GALLEGO
Dibujante de Anthem
José Joaquín Rodríguez Moreno
Benito
Gallego es uno de esos dibujantes con oficio y experiencia, que de haber
nacido en Francia o en EEUU, ahora leerían nuestros hermanos pequeños
o hijos. Pero justamente por haber nacido en España, donde la industria
del cómic ofrece principalmente material extranjero, su periplo
hasta aterrizar en el mercado estadounidense ha sido una auténtica
odisea de intentos, desilusiones y pequeñas victorias.
—BENITO
GALLEGO: Recuerdo las historias de Mortadelo, que tenía que esforzarme
en entender porque era tan pequeño que todavía no sabía
leer. Luego mi personaje favorito pasó a ser Tarzán. En
aquella época los cómics de la editorial Novaro eran una
fuente inagotable de temas y personajes; aparte de Tarzán, mi favorito
era el de Russ Manning, estaban Roy Rogers, Hopalong Cassidy, Superman,
Batman... —ECP: Veo que leías bastante… —BG: Es que en aquellos años era inmensa la cantidad de tebeos a los que estábamos expuestos, ya que los leíamos y luego los cambiábamos en las tiendas que se dedicaban a ello.
—BG: Los tebeos llenaron mi infancia alimentando mi imaginación, entreteniendo mi ocio, llenándome de ilusión, aportando una cultura que el resto de niños que no leía tebeos no tenía. Mi mujer, de vez en cuando, ante algún comentario por mi parte, me suele decir: «Qué cosas más raras sabes». Mi respuesta suele ser a menudo: «Eso lo aprendí en un tebeo». El cómic es algo que hay que mamar. Es difícil engancharse al cómic cuando se tiene cierta edad. Parece como que se desarrolla alguna inmunidad a su magia. —ECP: Rafa Marín me comentaba en una ocasión que en su clase del instituto todo el mundo leía tebeos. Hoy los adolescentes siguen conociendo a Batman o a Spiderman, pero por las películas y los videojuegos. ¿Qué crees que ha cambiado? —BG:
Creo que precisamente los videojuegos han hecho mucho daño a la
industria del cómic. En mi opinión, muchos de los chavales
que se habrían enganchado a los cómics no lo hicieron porque
tenían un medio más hipnotizador, como eran las máquinas
de matar marcianitos. También la popularización de los ordenadores
“robó” posibles “víctimas” de la
literatura dibujada y los abdujo a sus mundos virtuales. —ECP: Sí, es curioso cómo antes los cómics estaban dirigidos a niños y niñas, mientras que ahora parece que sobreviven mayormente gracias a un público más adulto. Supongo que, cuando te fuiste haciendo mayor, tus amigos o tu propia familia te mirarían extrañados. —BG:
Ya lo creo. De hecho directamente me preguntaban: «Pero, ¿todavía
lees tebeos?», o me decían: «Vas a tener que ir pensando
ya en dejar de leer cómics». Por supuesto que este tipo de
frases, como el decir: «Ah, pero, ¿todavía no fumas?»,
conseguían justamente el efecto contrario al pretendido. Por ello,
entre otras razones, nunca he dejado de consumir tebeos y nunca empecé
a fumar. —ECP: No sé si conoces una anécdota curiosa del también dibujante Carlos Giménez. Tenía tan claro que quería ser artista de tebeo, que de pequeño hacía sus propios cuadernillos a imitación del Capitán Trueno o El Cachorro. ¿Te pasaba algo parecido? —BG: A mí lo de dibujar tebeos me parecía el oficio más bonito, pero también más difícil del mundo. Ya lo creo que soñaba con ser dibujante de tebeos, pero me parecía un sueño inalcanzable. Al cabo de muchos años me he dado cuenta de que los sueños se deben perseguir hasta alcanzarlos o de lo contrario se crea una frustración que te acompaña durante toda la vida.
—BG:
Recuerdo haber estado siempre dibujando, copiaba los dibujos de los tebeos
o me inventaba batallas con naves supersónicas que lanzaban rayos,
o escenas de películas que había visto, como Tiburón.
—ECP: (Risas) Es bueno tener confianza en uno mismo. Imagino que no tendrías complejos en mandar muestras de tu obra a editores y concursos, ¿no? —BG:
Participaba en los concursos de cómic para aficionados que organizaba
Toutain con la ilusoria convicción de que quedarían boquiabiertos
nada más ver mis dibujos y me convertiría instantáneamente
en dibujante profesional. Participé en 3 ó 4 de aquellos
concursos y en el último de ellos tuve el honor de ser escogido
entre los finalistas; incluso recibí una llamada de Andrés
Piñole en la que me decía que se habían quedado muy
asombrados con mi nivel de “superprofesional” y que aunque
en el primer premio lo tenían muy claro, el segundo premio me lo
podrían haber adjudicado a mí con tanto merecimiento como
a la persona que se lo dieron, es decir, que me podía considerar
subcampeón virtual. De hecho me animaron a que les enviara más
muestras de mi trabajo, así que hice una historia de 6 ó
7 páginas que envié con toda la ilusión… Pero
no obtuve respuesta. Bastante tiempo después hice un viaje a Barcelona
y durante una semana me estuve entrevistando con editoriales de cómic.
En Norma me dijeron que no estaba mal, pero que tenía que mejorar
muchas cosas, y me estuvieron explicando los fallos de mis dibujos, cómo
tenía que hacer la rotulación, que cuando quisiese podía
volver otra vez a ver si ya estaba maduro, etc. —ECP: Toutain era toda una leyenda. Toda una generación creció leyendo sus publicaciones. —BG:
Por aquel entonces había hecho una apuesta muy arriesgada para
introducirse en el mercado americano, pero no le había salido bien
la jugada, por lo que había vuelto a su anterior labor como agente.
Había dejado de lado la publicación. Estaba bastante cabreado.
Cuando vio mis dibujos parecía bastante impresionado, «Esto
está muy bien», repetía, y llamó a uno de sus
colaboradores, un tal Miralles, también ilustrador, para que viera
lo que acababa de descubrir. Éste no parecía tan impresionado
como Toutain, pero no se atrevía a desmentir a su jefe, por lo
que simplemente asentía ante los elogios que Toutain —ECP: Vaya, tuviste que impresionarle. Es bastante raro que a uno le lancen elogios cuando acude a mostrar su portafolio. —BG: Toutain me dijo que de haber nacido en Barcelona ya sería dibujante profesional. Prometió que me encontraría trabajo, si no para el mercado español, sí para el inglés o el americano. Así que le mandé unas muestras desde Madrid y esta vez sí que hice un seguimiento telefónico para que me confirmaran que habían recibido mis dibujos. No obstante, nunca recibí la tan soñada llamada telefónica donde me habrían de ofrecer un trabajo estable como dibujante de cómics profesional. Poco tiempo después me enteré de que Toutain había muerto a consecuencia de un cáncer. Descanse en paz. —ECP: ¿Cómo se tomaban en tu entorno familiar ese interés por el dibujo? —BG: Mi padre, cuando venía una visita a casa, una de las primeras cosas que decía era: «Enséñale tus dibujos al tío Canor (o al que tocase)». Yo aparecía con mi bloc de dibujo y recibía toda clase de parabienes y elogios. Siempre recibía las mejores críticas, lo cual no es bueno para alguien que acaba de empezar, ya que puedes creerte que eres mejor de lo que en realidad eres. Aunque, pensándolo bien, esos elogios desmedidos sirven para insuflar ilusión y ganas de alcanzar una meta que tus familiares y amigos te dicen que no se te tiene que escapar. —ECP: Supongo que llega un momento en el que, acabado el instituto, tienes que buscarte la vida. —BG: En aquella época en la que el paro azotaba duramente las espaldas de la población en edad de trabajar se fomentaba bastante el que los jóvenes estudiásemos una carrera. De esta manera no podíamos aumentar una lista de gente parada que era ya bastante preocupante. —ECP: Es verdad, parecía que si no tenías un título universitario no eras nada. En mi colegio amenazaban con la FP a los que no sacábamos buenas notas. Supongo que acabarías escogiendo Bellas Artes. —BG: Claro. Yo tenía claro que lo mío era el dibujo y poco antes de terminar el COU, cuando me enteré de que existía una carrera universitaria llamada Bellas Artes, allá que me metí como un conejo en su madriguera y no salí de aquel agujero hasta 6 años después. En aquellas ilustres salas y corredores tuve el honor de compartir estudios con el ínclito Santiago Segura (no creo que él se acuerde de mí), hecho que me ha dado bastante popularidad entre mis amigos y conocidos.
—BG: Lo cierto es que en la facultad no aprendí mucho que me fuera útil en mi carrera como dibujante de comics, pero sí una base para iniciar mi vida laboral como diseñador gráfico. Parece que un título universitario no impresiona mucho a los editores de cómic, pero sí a la gente del mundo de las artes gráficas y la publicidad. —ECP: Una de las cosas que más me fascina de tu obra es que te pareces mucho al John Buscema de los años 60, no sólo en las poses, sino en la composición y en la forma trepidante de presentar la acción. ¿Es el estilo que te salió, o fue una decisión consciente el dibujar así? —BG:
Si mi estilo se parece al de Buscema es porque lo he estudiado hasta el
mínimo detalle, y no sólo las características intrínsecas
del dibujo, sino también la forma de contar las historias, de componer
las páginas, la expresión de los personajes... En el inicio
fue una decisión deliberada, ya que siempre te fijas en alguien
que para ti es el mejor. Para mí el mejor era y es John Buscema;
si puedo elegir entre intentar dibujar como el mejor o intentar dibujar
como otro buen dibujante, lógicamente siempre voy a intentar ser
como el mejor. —ECP: Imagino que, por más talento que tuvieras, tendrías que dedicar muchas horas de trabajo a mejorar. ¿Cuanto tiempo invertías normalmente? —BG: Eso es muy difícil de calcular. De joven, en mi etapa de estudiante, hacía dibujos en todos los espacios en blanco de los papeles que me caían en las manos, desde las hojas de los apuntes hasta los márgenes del periódico, por no hablar de los pupitres del cole. Siempre he sentido esa necesidad de hacer dibujos todo el tiempo, mientras estaba en clase o viendo la televisión. —ECP: ¿Cuándo y cómo surgió la primera publicación de tu obra? —BG:
Mi primera historia publicada fue la que quedó seleccionada como
finalista en el concurso de comics para autores noveles de Toutain. Apareció
en el número extra especial de la revista Zona 84. Esto
fue en el año 90 del pasado siglo. Era una historia de siete páginas
titulada Unidad de Mantenimiento, que —ECP: ¿Intentaste publicar en la Línea Laberinto de Planeta, a mediados de los 90, o en editoriales como Camaleón? —BG: No, en aquellos años yo andaba enfrascado en el proyecto de hacer un Conan por autores españoles. Era un proyecto de la editorial Planeta con el beneplácito de Panini, Marvel y los propietarios de Conan. De hecho, llegamos a firmar un precontrato en el que se nos ofrecían unas cantidades de dinero a Carlos Yáñez, guionista, a Jafar, entintador y a mí mismo que, al menos a mí, me parecían muy apetecibles. —ECP: ¿Y qué pasó? —BG: Llegamos a dibujar una historia de cincuenta y pico de páginas que finalmente Planeta no publicó, ya que el proyecto de hacer un Conan por autores españoles quedó abortado. Sí que publiqué en Camaleón, a través de Carlos Yáñez y su revista Sword, pues durante un breve tiempo fue editada por Camaleón. En concreto el número 2 de la revista, en su segunda época, fue dedicado por entero a mis trabajos de fantasía heroica. —ECP: ¿Cómo valoras tu obra en Sword? ¿Y la propia publicación? —BG:
La publicación me parece fabulosa. No sólo publica grandes
comics, además hace una aportación teórica muy interesante
con magníficos artículos muy bien escritos y documentados
que es la delicia de los aficionados a la temática fantástica
y a los estudios sobre el cómic y la literatura popular. —ECP: Los tiras y aflojas de las editoriales, las historias que van a salir y al final se quedan en el tintero… ¿No te desesperaste con todo aquello? —BG: La verdad es que durante alguna temporada he dejado de pedalear y me he dejado desplazar por la inercia, al menos hasta que he encontrado una buena pendiente por la que deslizarme; en ese momento he vuelto a pedalear con fuerza al ver que iba adquiriendo velocidad. Cuando uno sabe que la meta está lejos lo mejor es adoptar una actitud estoica y aceptar lo que te va sucediendo con la esperanza de que en el momento oportuno se vean colmadas las expectativas personales.
—BG: Pues sí, aunque por casualidad. Joseba Basalo, editor de Sword, me invitó al Salón del Cómic de Madrid para hacer dibujos a los aficionados. Coincidió que Neal Adams estaba también allí como invitado estelar y como llevaba dibujos míos me decidí a ponerme a la cola de fans que esperaban un dibujo del maestro, no para que me hiciera un dibujo, sino para enseñarle los míos y que me diera su opinión personal. Neal Adams puso un poco cara de fastidio como diciendo: «Otro pesado que cree que sabe dibujar». Pero cuando abrió el bloc puso una cara similar a la de Toutain varios años atrás. Y entonces me hizo la pregunta que no me esperaba y que no supe contestar: «¿Por qué no estás trabajando con Marvel?». Le tuve que decir que entre otras cosas, porque nunca lo había intentado. Y él me dijo varias veces: «Deberías trabajar con Marvel». Obviamente vio la similitud de mi estilo con el de John Buscema —«Esto es John Buscema»— y me explicó que desde la muerte del maestro en Marvel estaban buscando un sustituto, pero no lo habían encontrado todavía, así que tal vez yo podría ser este sustituto. Semejantes palabras de elogio viniendo de quien venían supusieron el mayor acicate que hasta ese momento había experimentado y me di cuenta de que no me quedaba más remedio que seguir su consejo e intentar ponerme en contacto con la gente de Marvel. Primero sopesé hacer un viaje a la Gran Manzana y presentarme personalmente en sus oficinas, pero luego decidí ser más cauto e intentar al menos concertar previamente una entrevista o enviar material a través de internet. Envié algunos e-mails a la gente de Marvel, pero no me hicieron puñetero caso. —ECP: Image lleva algunos años sacando comics bastante originales y diferentes, muchas veces con artistas capacitados, pero noveles. ¿No pensaste en contactar con ellos? —BG: No, la verdad es que si he pecado de algo es de no haber sabido promocionar mi trabajo, y en este oficio hay que insistir, insistir y saber venderte. Yo no he mostrado mucho mi trabajo y en parte ha sido porque siempre he pensado que lo podía hacer un poco mejor y que lo que iba a mostrar no era todo lo bueno que lo podría hacer, por lo que siempre esperaba a la siguiente historia donde se iba a ver realmente de lo que era capaz. —ECP: ¿Tuviste algún otro contacto con otras editoriales o autores americanos? —BG: Más o menos por aquella época yo había colgado algunos dibujos en un foro de internet, un grupo de discusión dedicado a elogiar la figura y el arte de John Buscema. Uno de los miembros del foro le habló bien de mí a Kurt Busiek, que estaba entonces realizando los guiones del Conan de Dark Horse. De alguna manera entré en contacto con Busiek y éste tuvo el detallazo de mostrar mi trabajo a varios editores de DC Comics y también a un editor de Marvel que él conocía. Intercambié varios e-mails con esta gente e incluso hice un par de páginas de prueba para un editor de DC que me dio bastantes esperanzas, aunque al final pasó de mí. El propio Busiek me mandó un guión de prueba de tres páginas para un proyecto de hacer una serie sobre Drácula. Le mandé las páginas y, aunque las elogió bastante, fue muy sincero y me dijo que no era el estilo que estaban buscando para la serie.
—BG: ¡Bendito internet! ¿Cómo hemos podido vivir tantos siglos sin él? Una vez cogido el puntillo a esto de cartearme electrónicamente con gente importante del mundo del cómic, y viendo que al final eran gente bastante accesible y que por lo menos respondían pronta y educadamente, me dije «¿Por qué no le mando un e-mail al mismísimo Roy Thomas?»; le pregunté a mi “amigo” Kurt si conocía el correo de Roy: «Claro, sale publicado en su revista Alter Ego». Entonces fue cuando envié un e-mail a Roy Thomas contándole toda la película: que había tenido la oportunidad de conocer a Neal Adams, que me había animado a trabajar para Marvel, que no me hacían puñetero caso... Y más que nada lo que quería era que me diera su opinión sobre mi trabajo adjuntándole unas muestras de mis dibujos. —ECP: Eso fue en… —BG: En mayo de 2005. —ECP: ¿Y cómo fue aquella primera toma de contacto con Thomas? —BG: Recibí una respuesta a mi e-mail a los dos días de enviárselo. En ella me contaba que su esposa le había contado emocionada que había llegado un e-mail de un tipo que dibujaba muy bien y con un estilo que recordaba a John Buscema. Me dijo que había sido una delicia ver mis dibujos y que, aunque ya no estaba involucrado activamente en los comics, le encantaría ayudarme o encontrar algo en lo que pudiéramos trabajar juntos. Imagina mi sorpresa cuando el gran Roy Thomas no sólo se toma la molestia de responderme un e-mail sino que además me dice que espera poder trabajar pronto conmigo. En seguida me comentó que había un par de proyectos en los que podríamos trabajar juntos: una historia corta de unas diez páginas de la serie Captain Thunder & Blue Bolt que Roy desarrolló en los 80; y más importante, la serie Anthem, a partir del número 4 y siempre y cuando el artista que la estaba realizando, Jorge Santamaría García, declinara la oferta de seguir siendo el responsable gráfico de la misma. —ECP: Estos trabajos fueron para Heroic Publishing, una editorial de los años 80 que ha llegado, con alguna que otra pausa, hasta hoy día. ¿Cómo es tu relación de trabajo con ellos? —BG: Contacté con ellos a través de Roy Thomas, que a veces hace de enlace comunicativo entre la editorial y yo, aunque normalmente es el editor Dennis Mallonee quien se pone directamente en contacto conmigo a través de e-mail para coordinar el trabajo, las fechas y el modo de entrega de las páginas. —ECP: Anthem, siempre bajo los guiones de Thomas, comenzó publicándose en España. Debía de haber sido dibujada por Jesús Merino, pero al final cambió de dibujante y sólo aparecieron (creo) uno o dos números en castellano. ¿Conocías la serie? —BG: Desconocía la existencia de la serie. Cuando me propusieron encargarme de ella, antes de esperar a que la editorial me mandara muestras, fui a buscar a algunas tiendas especializadas para ver de qué iba todo el asunto. Me hice con el único número que llegó a publicarse en España y me pareció bastante bueno, aunque lógicamente yo visualizaba la historia de manera muy diferente, por lo que me daba cuenta de que el cambio de imagen en la serie iba a ser muy radical. Posteriormente, y antes de empezar a trabajar en la serie, Dennis Mallonee me envió copias digitales de las tres historias que llevaban publicadas. —ECP: ¿Puedes hacer una sinopsis de la serie para los lectores que no la conozcan?
—ECP: Durante los 70 y los 80 Thomas hizo una labor espectacular al dar un trasfondo histórico a los superhéroes de Marvel y DC, contando historias de los superhéroes de los años 40 (The Invaders, All-Star Squadron, etc). ¿Conocías aquellas historias? ¿Son parecidas a las que hacéis en Anthem? —BG: Conozco los títulos pero no he leído nada. De Invaders hace poco me hicieron una ilustración de encargo y me tuve que documentar para conocer a los componentes del grupo. Hasta entonces no sabía exactamente de qué iba. Pero por las referencias que tengo creo que sí tiene algo que ver con lo que hacemos en Anthem. Parece que la Segunda Guerra Mundial es un período histórico que apasiona a Roy Thomas, de ahí que vuelva a ese contexto de manera recurrente. —ECP: ¿Cómo es el método de trabajo que seguís a la hora de hacer el cómic? —BG: Roy me envía por correo ordinario una copia del guión, que es más bien una sinopsis muy detallada dividida en páginas o en grupos de páginas, teniendo siempre en cuenta que puede cambiarse el ritmo de la historia, es decir, una acción que Thomas describe en principio para ocupar una página quizá al final ocupe página y media o media página, según cómo lo visualice el dibujante. —ECP: ¿Tienes alguna participación en la trama general? —BG: En Anthem no. Únicamente he creado el aspecto visual del personaje que aparecerá en el próximo número y que explica el origen del grupo que conocemos como Anthem. Sin embargo sí que soy co-autor del argumento, basado en una idea de Roy Thomas, de la historia de Captain Thunder que hemos realizado para el título Champions. —ECP: El guión viene en inglés, supongo. —BG: Sí, claro. Primero hago una primera lectura del guión y señalo las palabras que desconozco o de cuyo significado no estoy muy seguro. Luego consulto en el diccionario las palabras que he marcado y escribo al lado o en el margen su significado en castellano. Una vez he entendido la historia y tengo claro mentalmente el ritmo narrativo empiezo los bocetos. Trabajo a un tamaño similar al que serán impresas las páginas para hacerme una idea lo más aproximada posible del aspecto final de las páginas, ya que si de entrada trabajas a un tamaño mayor, al reducir las páginas para la impresión es posible que te encuentres un resultado poco satisfactorio. No suelo hacer estudios previos de personajes. Cuando entra en escena un personaje nuevo lo dibujo en el encuadre y posición que exija la historia y luego adecuo las siguientes apariciones y vistas a la primera imagen en que apareció, para que su aspecto sea coherente. Una vez terminados los bocetos de las 22 páginas de la historia, los escaneo, los aumento de tamaño digitalmente hasta ocupar aproximadamente un A3 e imprimo las páginas para transferirlas al papel en el que haré los dibujos a lápiz definitivos. En el momento en que tengo las 22 páginas ya dibujadas a lápiz, las escaneo y las envío por correo electrónico tanto a Roy Thomas como a Dennis Mallonee, para que hagan las correcciones que crean oportunas antes de pasar al entintado.
—ECP: ¿El entintado también es obra tuya? —BG: Sí, completamente. Una vez obtengo el visto bueno paso a entintar las páginas utilizando una mesa de luz, que me permite elaborar unos originales a tinta más limpios y sin necesidad de borrar el lápiz. Cuando entintas directamente sobre un dibujo a lápiz tiendes a hacer más líneas y sobretrabajar el dibujo para tapar todo el lápiz que se ve. Al final es fácil terminar con unos dibujos más sobrecargados de lo que sería de desear. Utilizo plumilla para perfilar y pincel para las manchas de negro. Cuando tengo las 22 páginas acabadas, las escaneo. Nunca me he llevado demasiado bien con los rotring, tiralíneas y similares, de modo que no paso a tinta las líneas de borde de las viñetas, sino que una vez escaneadas las páginas añado las líneas en Photoshop y aprovecho para hacer digitalmente retoques de última hora o rectificar fallos del entintado. Luego envío las páginas, a baja resolución, para un último visto bueno por parte de Roy y Dennis; y una vez obtenido ese visto bueno subo las imágenes a alta resolución a un servidor FTP para que la gente de Heroic Publishing las descargue y pueda trabajar con ellas. A continuación, el colorista será el encargado (a ver si lo adivináis) de colorear las páginas y posteriormente, y para finalizar, Roy escribe los textos de apoyo y los diálogos de la historia. —ECP: ¿Qué diferencia encuentras entre el trabajo de los dibujantes anteriores y el tuyo propio? —BG: La verdad es que las diferencias en el estilo son muy evidentes. Yo tengo un estilo de dibujo y una forma de entender la historieta más clásica. Me gusta trabajar la anatomía y la proporción sin descuidar la composición y la narrativa. Y disfruto mucho dibujando rostros expresivos y escenas de acción.
—BG: La principal diferencia es que yo no aplico el color, por tanto mi trabajo sale en blanco y negro y el aspecto definitivo es bastante diferente. A veces el color se “come” el dibujo, algunos aspectos visuales del dibujo se pierden al añadirles el color. No obstante, tengo que decir que me gusta mucho la visión del color que utiliza el colorista, que no parece tan preocupado en buscar efectos de luz o texturas como en conseguir un ambiente general y una armonía de tonos. Por otra parte, echo de menos un poco más de calidad en el pixelado de las imágenes. Yo envío al editor imágenes a aproximadamente 400 píxeles, por pulgada. Sin embargo, por razones que desconozco, la imagen impresa parece tener menor resolución y a corta distancia puede verse en ocasiones el “diente de sierra” del mapa de bits. En todo caso, estoy muy satisfecho con la calidad de impresión y el papel utilizado. —ECP: ¿Cuánto tardas en realizar un número completo? —BG: Dado que no tengo una dedicación plena y dibujo sólo a tiempo parcial, el total de 22 páginas de un número completo me lleva aproximadamente tres meses, dibujando una media de dos o tres horas diarias cinco o seis días a la semana. Intento completar los bocetos en un mes, otro para hacer los lápices y el tercero para el pasado a tinta. —ECP: Eso es mucha dedicación, y supongo que mucha paciencia. Sin entrar en cifras, ¿está compensado económicamente? ¿Podría una persona vivir sólo de esos ingresos? —BG: He hecho mis cálculos y trabajando unas 40 horas semanales (lo cual significaría una dedicación exclusiva pero sin agobios, disponiendo de mucho tiempo libre) podría sin ningún problema dibujar una historia al mes de 22 páginas. A pesar de que Heroic Publishing es una editorial pequeña, el precio por página que pagan significaría un salario más que digno con el que mi familia y yo podríamos vivir sin ningún problema. Lo que sucede es que la editorial no garantiza una continuidad ni el volumen de trabajo que podría permitir esos ingresos. —ECP: Heroic Publishing publica bastantes series en marcha, pero sólo saca un par de comics al mes. ¿Sabes a qué se debe? —BG: No lo tengo muy claro, y a lo mejor estoy proyectando mi propia situación, pero deduzco que el editor tiene otras ocupaciones al margen del mundo de los comics. Estas ocupaciones posiblemente sean las que le permiten financiar la edición de los mismos, por lo que probablemente sea más un hobby que un negocio con el que ganarse la vida. Por ello, en ocasiones tiene que descuidar su trabajo como editor e imagino que esto le impide sacar al mercado todos los proyectos que tiene. Pero es sólo una suposición.
—BG: Efectivamente, hay una propuesta de Editions Clair de Lune, una editorial francesa que se ha puesto en contacto conmigo a través de mi agente y parecen interesados en que produzca un álbum de 46 páginas de temática espada y brujería. A pesar de que no pagan tan bien como los yankis, la posibilidad de encargarme tanto del guión como del dibujo y coloreado es algo que me atrae mucho. De momento, debo preparar un proyecto con una sinopsis detallada, dibujos con el diseño de los personajes principales y una o dos páginas acabadas de muestra. Y esperar que aprueben ese proyecto para negociar las condiciones de entrega. —ECP: Finalmente, tras todo el periplo que has tenido que recorrer hasta convertirte en dibujante profesional, ¿aconsejarías a los dibujantes que están comenzando que intenten ser profesionales? —BG:
Sobre todo que sean fieles a sí mismos y, si tienen verdadera vocación,
que luchen por hacerse un hueco en este mundillo, pero que sepan que muy
pocos lo van a conseguir, porque la competencia es brutal. Hay que tener
muchas ganas e ir a por todas; si no, es mejor ni intentarlo, porque conseguir
ser profesional es verdaderamente difícil. |