Recorrido alfabético por
Os amigos de Archimboldo Roque
de Jacobo Fernández


Sergio B. Landrove

 


     Amigos de Archimboldo Roque, Os. Historietas (generalmente de una página) de Jacobo Fernández Serrano publicadas en la tercera y cuarta épocas (2002-2004) de la revista Golfiño. Por sus viñetas desfilaban, a un ritmo entre absurdo e ingenuo, una serie de personajes, maravillosos en todas las acepciones, a los que simplemente unía su amistad con el mítico A. Roque.
     La editorial BD Banda proyecta publicar bajo el mismo título un álbum antológico con las páginas más memorables.

     Bolouros*. Archim, diminutivo por el que sus próximos conocen a Roque, no sólo recluta amigos entre los más usuales reinos (el animal y el vegetal) sino que también lo hace entre las rocas. La mirada de Archimboldo es capaz de acercarnos a ese extraño fenómeno que es el baño de los Bolouros [nº 50], en el que las enormes piedras que están en equilibrio sobre las más altas montañas bajan al mar cada 17.000 años ajenas al resto de los seres y sus vidas, geológicamente insignificantes.

 

El baño de los Bolouros

 

     [*Bolouro es una palabra de difícil traducción pues es un juego compuesto por «Bola» (esfera) y «Pelouro» (canto rodado), quizá arriesgando se les podría llamar en castellano «Esfericantos». Pero para saber la opción del autor sólo tendremos que esperar a la también anunciada versión en castellano de «Os amigos…»]


     Carroll, Lewis; Lear, Edward; Gorey, Edward; Gómez de la Serna, Ramón; Mihura, Miguel; Jardiel, Enrique; Herriman, George; Cabrera Infante, Guillermo; Hergé; Fuertes, Gloria; Dahl, Roald; Max; Burton, Tim; Liniers;… Los mundos creados por estos autores son vecinos al que Jacobo Fernández nos descubre a través de su Archimboldo Roque.

     Chiste fácil. Más allá de su aparente sencillez, la de estos tebeos es una narrativa compleja en la que texto e ilustraciones se influyen mutuamente dando sentido a la historia. [vid. Juego de palabras.] El punto de apoyo para el avance de la trama se encuentra en lugares insospechados, en varias ocasiones [Lesma e samesuga*, nº 66 o Mesmos e mesmiños**, nº 72] simplemente en un chiste fácil que sirve para expresar la incomprensión y el desprecio que los seres «normales» (usuales y predecibles) sentimos hacia los libérrimos amigos de Archimboldo. Un buen ejemplo son estas gracietas que llevan a la desesperación a Lesma:

 

Lesma

 

     —Ya llegaron los resultados de los análisis: tiene usted la enfermedad semestral de Clor.
     —¿Enfermedad semestral de Clor?
     —Así es, un semestre estará mal y el siguiente peor.
     —¿Y tiene tratamiento?
     —Por supuesto, el método Kerastase.
     —¿Kerastase?
     —Sí, esperar a que se le pase.

     [*Babosa y sanguijuela. **Mismos y mismitos]

     Dantesca es Griselda de Antioquía [nº 81]: alta, pálida y de cuello de garza. Cuando pasea por la calle (al igual que Beatrice) reclama la atención de los que están en las ventanas aunque en este caso son un león y un camaleón, hermanos fonéticos. La ausencia de acción (todas las viñetas muestran a los dos admiradores y sus reacciones en plano fijo) la suple Jacobo Fernández con una frenética e inusitada actividad en los tiestos y plantas que hay en el alféizar de la ventana.

 

Griselda de Antioquía

 

     Extinción. Uno de los amigos de Archimboldo Roque es el responsable de la extinción de los dinosaurios. [nº55] Los reptiles acabaron con su pueblo y él en un ataque épico se entrenó lo suficiente para poder derrotar al opresor. En su lecho de muerte se lo cuenta a Archim, que apenas puede creérselo. ¿Quién puede ser el responsable de aquel genocidio? Quizá si hubiera quedado algún gran saurio lo podría identificar entre estas ilustraciones.

 

Extinción



     Fernández Serrano, Jacobo. El autor de Os amigos… Nació en Vigo en 1971 y es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. En 2007 ganó el III concurso Castelao de historietas convocado por la Diputación de A Coruña con su tebeo As aventuras de Cacauequi (Edición anotada), aún inédito.

Autorretrato de Jacobo Fernández Serrano


     Más obras:
     Como ilustrador: O caribú namorado de Xoán Abeleira (2004); Tres contos marabillosos de Vicente Risco (2004); Sedna, a deusa do mar de Xoán de Abeleira; Eoiua e o seu nome de Xoán Babarro y Guía das árbores autóctonas ornamentais de Galicia, VV.AA. (2007).
     Escritor e ilustrador: A gardería de dona Bixelmina (2005) y A pedra e as formigas (2006).

     Golfiño. Revista de historietas que, en su primera etapa (14 números en 2000 y 2001), tuvo periodicidad mensual y fue editada por Xerais. En sus tres siguientes épocas (89 números de abril de 2002 a enero de 2004) aparece como suplemento dominical del diario La Voz de Galicia, primero venal y después gratuito. Sus páginas reunieron, al margen de Fernández Serrano, a otros historietistas muy interesantes que Álvaro Pons ha descrito como «la mejor generación de autores de los últimos 20 años», hiperbólico calificativo que se defiende casi por sí sólo recordando algunos de los tebeos que la revista recogía: Golfiño de Fausto; O Castelo regadeira de Norberto; Fiz nos biosbardos de Kiko da Silva; Os Kinkilláns de David Rubín; ¿Perçy ou marionetti? de Gundas y Pastrán o Thom de Andrés Meixide.

     Humor. Como anillo al dedo le viene a Os amigos… esta definición de humorismo que da Miguel Mihura: «El humor es un capricho, un lujo, una pluma de perdiz que se pone uno en el sombrero, un modo de pasar el tiempo. El humor verdadero no se propone enseñar o corregir, porque no es esta su misión. Lo único que pretende el humor es que, por un instante, nos salgamos de nosotros mismos, nos marchemos de puntillas a unos veinte metros y demos una vuelta a nuestro alrededor, contemplándonos por un lado y por otro, por detrás y por delante, como ante los tres espejos de una sastrería y descubramos nuevos rasgos y perfiles que no nos conocíamos (…) El humor es una postura comprensiva hacia la humanidad. Es estar de vuelta de todo y perdonarlo todo. Un resentido no puede ser un humorista, no es reírse de nadie, ni reñir a nadie, sino tener para todo una sonrisa cariñosa de indulgencia, de comprensión y de piedad.» (Mis memorias, 1948)

     [Vid. Infantil, Juego de palabras, Quisicosa y Sinsentido]

     Infantil. La apuesta por describir desde una perspectiva sencilla e ingenua todo lo que nos rodea es arriesgada. Pero la mirada infantil de Fernández Serrano no es la de los seguidores de «ese renombrado corruptor de menores» que fue Walt Disney, pues no censura ni la mentira, ni la muerte, ni el sexo, ni el egoísmo. Más bien se apunta a la línea de otros autores (Perrault, Andersen o Martín Gaite) que prescinden de todo el almíbar y presentan lo que aparece ante sus ojos tal cual lo ven, sin simplificaciones estúpidas pero sin caer tampoco en la constreñida lógica de los adultos.

     Juegos de palabras (y de imágenes). La relación entre palabras e imágenes es esencial en Os amigos… Como defendía Humpty Dumpty, el nombre suele dar la forma a los personajes: así la Pepereira* [nº 59] es un peral con forma de pie o los Vermes** de Delft [nº48], que nacen del cadáver de la manzana Golden, aman la pintura. En O miriápodo moderno*** [nº 65] Jacobo Fernández nos muestra la técnica pues el protagonista, a instancias de un quisquilloso Archim, hace todo lo posible para defender el porqué de su nombre.

     [*El juego de palabras podría traducirse por «Pieral». **«Verme» es gusano en gallego. ***El miriápodo moderno]

     Kafkiano. ¿No podrían ser camaradas de Archimboldo Roque los inquietantes (y esféricos) odradeks o el voluntarioso artista del hambre?

     Línea clara. El dibujo de Jacobo Fernández es heredero de la denominada «línea clara» popularizada por Hergé en los álbumes de Tintín. Un estilo que los estudiosos enraizan con las tiras diarias del americano McManus. Sus dibujos se caracterizan por el «trazo limpio y los colores planos» pero la narrativa, presidida por el sinsentido, se aleja de la linealidad propia del autor belga.

     Llenura. La sencillez del dibujo no está reñida con una cierta tendencia al «horror vacui», también en esto recuerda a Hergé y sus viñetas repletas de detalles y objetos hasta el último rincón.

 

Os mesmiños. Golfiño (nº 72)
O cabaliño de Manamí. Golfiño (nº 85)

 

     Manamí, O cabaliño de. Es difícil quedarse con sólo una de las historias de Archimboldo pero, entre las más memorables, se encuentra este cuento de Navidad recogido en el número 85 de Golfiño. En la mejor tradición de las narraciones tradicionales todo comienza con un regalo mágico más que envenenado que oculta su secreto tras este poema:

 

«Cabaliño
de Manamí
o que non che apeteza
faino por ti.

Charco de bágoas
no corazón
e lembrarás
esta canción*»

 

     [*Caballito / de Manamí / lo que no quieras / lo hace por ti. Charco de llanto / en el corazón / recordarás / esta canción]

     Na terra hai moita xente, e cada un é cada un*. Lema que abre cada una de las historias de Archim. Una ambiciosa declaración de principios que comprobamos cómo se queda corta una vez hemos paseado por el riquísimo y muy singular mundo inventado por Fernández.

En la tierra hay mucha gente, y cada uno es cada uno

     [*En la tierra hay mucha gente, y cada uno es cada uno]

     Ñaque. Los huidobros posuidores* (nº 46) son unos extraños seres que recogen todo tipo de cachivaches para construir con ellos, ya en sus casas, objetos sorprendentes, siguiendo una técnica, todo sea dicho de paso, bastante semejante a la del pintor Arcimboldi (¿Pura coincidencia de nombres?).

 

Huidobros poseedores

     [*Huidobros poseedores]

     Ornitorrinco, El.


     —¡Múdate de pino!
     le dijo la procesionaria al gorgojo de la vid.
     —Date el bote en estrambote, tienes cara de conejo,
     le dijo la silva al soneto.
     En la pradera el ornitorrinco
     pegó un brinco,
     y se fue sin que nadie le dijera nada.
     ¿No es esto admirable?

     (Gloria Fuertes en Cómo atar los bigotes del tigre, 1969)

     Popular. La literatura popular tiene una influencia importante en las aventuras de estos amigos. Así el refranero tanto puede ser tema principal de una historieta (Refraneiro popular, nº 83) como solución a un grave conflicto (A elocuencia pode máis ca forza, nº 62).
     También utiliza la más popular de las rimas, el romance, por ejemplo en el tebeo 17 musarañas [nº 45] que por su concepción gráfica recuerda a los carteles que los ciegos declamaban en las ferias; o en A gardería de dona Bixelmina (nº 51) que dio lugar a un libro infantil editado por Xerais en 2005.
     Otras de las historietas asumen los límites de los cuentos infantiles, como la ya citada O cabaliño de Manamí, la dedicada a Os números del 1 al 9 [nº 56] o la de O burro e as liantas (nº 76).

     Quisicosa. La premisa de la que parte Jacobo Fernández para todas las historias es la concepción del mundo y cada una de sus características como algo extraordinario. Cualquier ser u objeto es un milagro, una rareza. Todo es símbolo de algo más. Todo da pie a una ocurrencia, a una analogía (visual o fonética), a una adivinanza, a un juego y cada uno de estos a otro y a otro hasta que aparece una historia.

     Roque, Archimboldo. Archim es el narrador de las historias, una quimera (¿hombre, rinoceronte, conejo?) que siempre va con los ojos bien abiertos para leer lo que pasa a su alrededor y poder contárnoslo, muchas veces como mero testigo de lo que sus «amigos» han vivido, otras como un narrador un tanto impertinente que selecciona lo que él considera interesante dejándonos con la miel en los labios:

 

Roque Archimboldo

 

     —Y, lógicamente, la gente del pueblo le empezó a llamar “Tristano zapato en la mano” y a considerarlo un excéntrico. Fin.
     —Oye, Archim, ¿no tendrán también curiosidad por saber cómo es que tengo tres caras en la cabeza? Si quieres se lo cuento.
     —No, hombre, no, ¿a quién le puede interesar?
     —A nadie, claro. Comparado con lo del zapato…

     Sinsentido. La lógica infantil, como he escrito más arriba, no se encuentra castrada por ningún conocimiento ortodoxo. Mientras somos niños todas las explicaciones son mágicas: las acaecidas y las ficticias (sean religiosas, científicas o narrativas). El sinsentido es como llama el adulto pertrechado tras la ortodoxia a las percepciones particulares del mundo que cada uno tenemos al margen de la razón, la ciencia, la religión dogmática y otras cuadrículas. Despojados de estos frenos todos podríamos ser amigos de Archimboldo Roque.

 

Sinsentido

 

     —¿Y por qué me dieron este puesto a pesar de mis zapatos de tacón?
     —Porque usted es el mejor Papanoel posible, don Papanoel.

     Ternura. Recordaba Mihura que el humor no ataca a nadie sino que es la esencia de la indulgencia, la comprensión y la piedad. Esa aceptación de todos tal cual somos [vid. Na terra hai…] que es la declaración que abre cada historieta, supone un acercamiento cariñoso a todos, incluso a los más despreciables personajes.
     El culmen de la ternura archimboldiana es el suceso del pequeño canto rodado que consigue ser admitido en O congreso das pedras preciosas [nº 76].

 

Las piedras preciosas estudian admitir al canto rodado en su congreso

 

     Uenofre. La fuerza de voluntad caracteriza a muchos de los personajes del mundo de Archimboldo Roque: la liebre voladora (nº49); Anatol, el caracol (nº58) o Uenofre (nº44), capaz de hacer lo imposible: subir en paracaídas y nadar por el firmamento con el único fin de decirle a su amada lo evidente: «Eres un sol».

 

Uenofre

 

     Vivienda. Y aunque a veces el mundo de Roque parece tan alejado de este en el que tenemos que vivir, sus habitantes no son inmunes a muchos de los problemas del «mundo real»: enfermedades contagiosas (A gardería de dona Bixelmina, nº 51); la esclavitud (O caracol anatol, nº 58); la cleptomanía (Lembra: non hai que roubar culleres de prata, nº 59); la moda (Lévase a raia ó medio, nº 61); la discriminación (Lesma e Samesuga, nº 66); la drogodependencia (¿Qué é o que teñen os tritóns co zume de laranxa?, nº 70), la irreflexión que provoca la lujuria (O burro e as dúas liantas, nº 76 y O chalé de Valentín Sirope, nº 79); el espionaje a la intimidad (O librepensador, nº 84) y ¡hasta la vivienda! Si no lo creen pregúntenselo al pobre flamenco y su familia que tienen que acabar viviendo en una topera (nº 47).

 

Vivienda

 

     —¡Buf! Esta es la habitación de los niños. Saludad hijitos.
     —Hola. ¡Buf!
     —Como podéis ver el piso es grande, es verdad que sobrar no sobra, pero no necesitamos ni un metro cuadrado más, digamos que tenemos el espacio justo. ¡Buf! Vamos abajo. ¡Buf!

     Xilografía. Harold [nº 78] es un niño con una imaginación poderosa que ve las cosas como quiere y no como el ñoño autor de un cuento se las quiere mostrar a través de su padre. Para Harold el mundo no es feliz sino gris y tenebroso. Muy lejos de la línea clara y más próximo a los grabados de Gorey.

 

«…Salía al bosque a pasear: Harold era muy feliz en medio de la naturaleza».

 


     También el terrible enemigo del caracol Anatol [nº58] sale de un mundo xilografiado.

 

El terrible enemigo del caracol Anatol

 

     Y… Desgraciadamente la desaparición de Golfiño nos dejó a medias de una historieta más larga: O conto de Lina e Pouco (7 páginas en los números 87, 88 y 89). Un cuento, por cierto, que un Tapadiño* le contó a Archim. Los tapadiños, como bien saben, «son esos seres que están por aquí y por allá cubiertos con sus mantas y que cuando ven a alguien parado frente a ellos, a veces asoman su cabeza y le cuentan alguna historia que siempre es buenísima».

     [*Tapadito]

     Zapato. El que una familia de lemures le pone a Tristán en la mano en Tristán zapato na man, es un elemento desestabilizador, que rompe el orden natural de las cosas, el curso de los acontecimientos tal y como estaban previstos. Uno de esos gestos que destruyen lo sabido y te meten de lleno en la vida. Un gesto que deja a Tristán impotente ante el sinsentido (y eso que tiene tres caras en la cabeza) y le lleva a disimular debido a su falta de imaginación para solventar el problema concreto.