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JOAN MARGARIT
Y EL JAZZ
Josep Ramon Jové
El
jazz y la palabra se unen en los poemas de Joan Margarit. Es interesante
comprobar, verso a verso, esa sinestesia fascinante que nos hace sentir
los poemas más allá de su significado para concederles la
condición de atmósferas y ambientes, de sentimientos y experiencias,
siempre tan en sintonía con todo aquello que un tema de jazz puede
ofrecernos para atraparnos en sus redes. En su dilatada obra, Margarit
recurre a este género musical con la frecuencia necesaria para
hacernos saber cómo ama el sonido del jazz. Las imágenes
de Charlie Parker, Lee Konitz o Herb Heller aparecen en los poemas y a
veces lo hacen no sólo para evocar momentos de felicidad musical
vividos por el poeta, también como única música posible
en la imagen poética que Margarit nos quiere transmitir.
Conozco a Joan desde hace bastantes años.
Nuestra relación ha estado marcada por los viajes a numerosos lugares
para ofrecer el concierto Paraula de Jazz. Le he visto escribir en aviones,
bares, camerinos y salones de hotel. Una de las muchas conclusiones que
puedo sacar de esta relación nómada e intermitente es su
condición de hombre inquieto, siempre buscando ocupar una buena
parte de su tiempo en la palabra, ya sea en sus propios poemas o en las
muy seleccionadas traducciones de otros poetas. Gracias a esta relación
viajando de escenario en escenario, he llegado a creer firmemente que
Joan Margarit sabe captar numerosos y distintos significados del jazz
y, después de profundizar en ellos, utilizarlos con total honestidad
para sus fines poéticos. La tristeza o la melancolía, el
dolor, el cinismo, pero también la celebración y la alegría,
son aspectos inseparables del universo jazzístico que encuentra
un lugar de privilegio en sus poemas. Todo ello, evidentemente, se traduce
en emoción y experiencia. Emoción por el resultado de esa
suma, maravillosa e intangible, cuyos sumandos son el jazz y la palabra.
Experiencia porque cualquier anécdota ubicable en la existencia
de cualquier hombre puede cobrar una nueva dimensión de intensidad
cuando el jazz forma parte de la ambientación que el narrador elige
para hacérnosla llegar.
Recuerdo a Joan y a Pere Rovira actuando
en importantes festivales de jazz como San Sebastián o Barcelona,
pero nunca olvido los recitales en lugares más pequeños,
clubes y locales donde la proximidad ayuda
más a la comunicación con el público que en los grandes
eventos. Es en esos pequeños lugares donde he podido comprobar
que la inexacta forma de arte que se desprende de hermanar el jazz y la
poesía encierra una capacidad de emocionar desbordante y a veces
singular. Digo desbordante por su fuerza y la adjetivo de singular por
mi falta de capacidad para describirla con exactitud. Creo que uno de
los grandes logros de Joan Margarit en su necesario empeño por
unir la poesía y el jazz ha sido sin duda saber encontrar el lugar
exacto donde ambas disciplinas se aúnan para convertirse en una
modalidad de arte diferente y posiblemente nueva. Ese lugar no se encuentra
en los mapas, pero existe en la extensa geografía del universo
de Joan Margarit.
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Josep
Ramon Jové. Productor discográfico bajo el
sello Quadrant Corner y director artístico de Paraula
de Jazz. Director de revistas de jazz, crítico en prensa,
colaborador en muchos medios. Autor de, entre otros libros, Vidas
de jazz (1995) y Canciones para después del diluvio.
Bob Dylan, disco a disco (1997). |
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