UNA CASA EN NINGUNA PARTE
Sobre Aguafuertes de Joan Margarit


Javier Rodríguez Marcos

 

 

     Son las cinco de la mañana. A estas horas, a nadie le parecerá injusto que no me fíe más que de los poetas que escriben contra sí mismos. A nadie le parecerá raro que diga que Joan Margarit es uno de ellos. Ya sé que la verdad es una cuestión de estilo, pero la historia de la literatura (y Margarit ya forma parte de ella) está llena de gente empeñada en quedar bien, en salir bien peinada en sus autorretratos. Margarit no. Sólo los grandes libros aguantan la prueba de fuego de una lectura en las peores condiciones. Ya digo, cinco de la mañana. Aguafuertes es uno de ellos. Contiene un buen puñado de poemas antológicos y el perfil de un poeta que sabe que la verdad hiere pero que también sabe que fuera de la verdad no queda ya poesía, sólo literatura.

 

«Escucho la Patética y me veo
deseando que la muerte de Joana
nos devolviera el orden y la felicidad
que creímos perder cuando nació.»

 

Joan Margarit, "Aguafuertes" (Renacimiento, 1998)
     Estos cuatro versos de ‘Tchaicovski’ valen por una obra completa. Es la vida que al poeta le ha costado escribirlos la que vive ahora en ellos. Y el arte no es distinto de la vida, nos ha avisado él mismo. Y la verdad no es distinta del arte cuando es arte y no manufactura. Sin duda no son los mejores versos de Margarit, pero el mero hecho de haberlos escrito son un salvoconducto. Sabemos que habla en serio. Y sabemos también que este libro es algo más que un libro, es un pedazo de dolor y de espanto, maravilla y memoria que alguien ha tejido contra su propio interés. En contra suya y a nuestro favor.
     Aguafuertes es tal vez el mejor libro de Margarit para empezar a leer a Margarit. Contiene, él solo, su mundo entero: las hijas, el padre, el amor, el pasado, Barcelona, la música, Sanaüja, Tenerife. Es una casa habitable y pacífica que está en ninguna parte. Cuenta Margarit en su prólogo al libro que, después de dos años de escritura, terminó Aguafuertes en 1994. Se acercaba a los 60 años e imagino que a los 60 años sólo los grandes temas aguantan la prueba de fuego. El poema ‘La educación sentimental’ nos avisa:

 

«se debe rastrear la poesía
por los juzgados y los hospitales:
más tarde, ya hablará de la que amas.»

 

     Y es cierto, tal vez lo mejor que se puede decir de Aguafuertes es que no resultaría ridículo leído en un juzgado o en un hospital. Y sin embargo es un libro de amor (esa forma del tiempo). Tal vez no sin embargo, sino por eso.

 

 

     Javier Rodríguez Marcos. Nuñomoral (Cáceres), 1970. Redactor de El País. Es autor de los libros de poemas Naufragios (1995), Mientras arden (1996) y Frágil (2002), del ensayo Los trabajos del viajero (1995), del libro de relatos Nosotros, los solitarios (1997), del libro de viajes Medio mundo (1998) y, junto a Anatxu Zabalbeascoa, del volumen de biografías de arquitectos Vidas construidas (1998) y del ensayo Minimalismos (1999).