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UNA CASA EN
NINGUNA PARTE
Sobre Aguafuertes de Joan Margarit
Javier Rodríguez Marcos
Son
las cinco de la mañana. A estas horas, a nadie le parecerá
injusto que no me fíe más que de los poetas que escriben
contra sí mismos. A nadie le parecerá raro que diga que
Joan Margarit es uno de ellos. Ya sé que la verdad es una cuestión
de estilo, pero la historia de la literatura (y Margarit ya forma parte
de ella) está llena de gente empeñada en quedar bien, en
salir bien peinada en sus autorretratos. Margarit no. Sólo los
grandes libros aguantan la prueba de fuego de una lectura en las peores
condiciones. Ya digo, cinco de la mañana. Aguafuertes
es uno de ellos. Contiene un buen puñado de poemas antológicos
y el perfil de un poeta que sabe que la verdad hiere pero que también
sabe que fuera de la verdad no queda ya poesía, sólo literatura.
«Escucho
la Patética y me veo
deseando que la muerte de Joana
nos devolviera el orden y la felicidad
que creímos perder cuando nació.»
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Estos
cuatro versos de ‘Tchaicovski’ valen por una obra completa.
Es la vida que al poeta le ha costado escribirlos la que vive ahora
en ellos. Y el arte no es distinto de la vida, nos ha avisado él
mismo. Y la verdad no es distinta del arte cuando es arte y no manufactura.
Sin duda no son los mejores versos de Margarit, pero el mero hecho
de haberlos escrito son un salvoconducto. Sabemos que habla en serio.
Y sabemos también que este libro es algo más que un
libro, es un pedazo de dolor y de espanto, maravilla y memoria que
alguien ha tejido contra su propio interés. En contra suya
y a nuestro favor.
Aguafuertes es tal vez el
mejor libro de Margarit para empezar a leer a Margarit. Contiene,
él solo, su mundo entero: las hijas, el padre, el amor, el
pasado, Barcelona, la música, Sanaüja, Tenerife. Es
una casa habitable y pacífica que está en ninguna
parte. Cuenta Margarit en su prólogo al libro que, después
de dos años de escritura, terminó Aguafuertes
en 1994. Se acercaba a los 60 años e imagino que a los 60
años sólo los grandes temas aguantan la prueba de
fuego. El poema ‘La educación sentimental’ nos
avisa: |
«se debe rastrear la poesía
por los juzgados y los hospitales:
más tarde, ya hablará de la que amas.»
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Y
es cierto, tal vez lo mejor que se puede decir de Aguafuertes
es que no resultaría ridículo leído en un juzgado
o en un hospital. Y sin embargo es un libro de amor (esa forma del tiempo).
Tal vez no sin embargo, sino por eso.
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Javier
Rodríguez Marcos. Nuñomoral (Cáceres),
1970. Redactor de El País. Es autor de los libros
de poemas Naufragios (1995), Mientras arden (1996)
y Frágil (2002), del ensayo Los trabajos del
viajero (1995), del libro de relatos Nosotros, los solitarios
(1997), del libro de viajes Medio mundo (1998) y, junto
a Anatxu Zabalbeascoa, del volumen de biografías de arquitectos
Vidas construidas (1998) y del ensayo Minimalismos
(1999).
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