LAS LECCIONES DE UN POETA


Carlos Marzal




Joan Margarit en Roma (diciembre, 2006). Un maestro en un escenario clásico     Las veces en que me pregunto en qué consiste ser un maestro literario suelo responderme que se trata, sobre todo, de alguien que lo es a su pesar. Es decir, de alguien que no pretende ser el espejo de nadie ni de nada, pero en cuya obra encuentran sus lectores un destilado de emoción y de sabiduría que se traslada desde el ámbito de la literatura al de la vida propia. Porque en mi opinión, un verdadero maestro excede, con las palabras del mundo, el mundo de las palabras.
     Nuestros maestros configuran la nómina de aquello que entendemos por clásicos: quienes mantienen viva la llama de una alta y honorable tradición, porque están a la altura de sus mejores ejemplos. Joan Margarit es un maestro y un clásico vivo de nuestras letras (las de todos los ciudadanos de España, quienes tenemos la suerte de pertenecer a una misma tradición que se expresa en varias lenguas, entre ellas el catalán), además de arquitecto y catedrático jubilado de Cálculo de Estructuras en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona.
     Al filo de sus setenta, Margarit sigue escribiendo y publicando libros. Como creo que cualquier universitario podría, con un poco de esfuerzo, leer los originales de Joan en catalán, considero que no sería ocioso prescribirlos como manual de educación cívica, por estética, en nuestras facultades. Para la recta formación del espíritu individual (en oposición a aquella vieja asignatura, Formación del Espíritu Nacional, de tan ridícula como ingrata memoria).
     Estoy seguro de que el autor no querría para sí esta responsabilidad —nadie menos solemne ni profesoral que Joan—, pero estoy seguro de que su poesía hace mucho que sus devotos la leemos como escuela de vida y literatura. No son pocas las enseñanzas de su extensa obra que cristaliza un poco más con cada nueva entrega.
La vieja asignatura Formación del Espíritu Nacional, de tan ridícula como ingrata memoria     La claves estilísticas —su comportamiento en el poema, su ética poética— de sus poemarios son: concisión, precisión, intensidad emotiva. La poesía se nos muestra como un refugio desde donde ejercer la misericordia para con uno mismo, para con los demás, para con el mundo, el último refugio contra la hosca realidad, contra el destino, siempre trágico.
     Frente a las edulcoraciones con que a veces se trata de empapuzar a nuestros jóvenes, me parece medicinal la amargura lúcida de Margarit, su inteligencia desencantada, ya de vuelta de todo, que no teme nombrar las cosas por su nombre —la muerte, la vejez, el miedo hacia el presente sin futuro—, y que en su escrutinio salvaje rescata sólo lo esencial: la memoria implacable, la belleza terrible del mundo, el amor y sus servidumbres, la música, la poesía. Una lección que infunde en sus lectores el gusto último por la vida que sólo transmiten los viejos maestros.

 

 

     Carlos Marzal. Valencia, 1961. Licenciado en Filología Hispánica. Autor de los poemarios El último de la fiesta (1987), La vida de frontera (1991), Los países nocturnos (1996), Metales pesados (2001) y Fuera de mí (2004), todos ellos recogidos en El corazón perplejo. Poesía reunida 1987-2004 (2005), y de la novela Los reinos de la casualidad (2005). Ha traducido al español obras de poetas catalanes y dirigido Quites, revista de literatura y toros.