LAS LECCIONES
DE UN POETA
Carlos Marzal
Las
veces en que me pregunto en qué consiste ser un maestro literario
suelo responderme que se trata, sobre todo, de alguien que lo es a su
pesar. Es decir, de alguien que no pretende ser el espejo de nadie ni
de nada, pero en cuya obra encuentran sus lectores un destilado de emoción
y de sabiduría que se traslada desde el ámbito de la literatura
al de la vida propia. Porque en mi opinión, un verdadero maestro
excede, con las palabras del mundo, el mundo de las palabras.
Nuestros maestros configuran la nómina
de aquello que entendemos por clásicos: quienes mantienen viva
la llama de una alta y honorable tradición, porque están
a la altura de sus mejores ejemplos. Joan Margarit es un maestro y un
clásico vivo de nuestras letras (las de todos los ciudadanos de
España, quienes tenemos la suerte de pertenecer a una misma tradición
que se expresa en varias lenguas, entre ellas el catalán), además
de arquitecto y catedrático jubilado de Cálculo de Estructuras
en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona.
Al filo de sus setenta, Margarit sigue escribiendo
y publicando libros. Como creo que cualquier universitario podría,
con un poco de esfuerzo, leer los originales de Joan en catalán,
considero que no sería ocioso prescribirlos como manual de educación
cívica, por estética, en nuestras facultades. Para la recta
formación del espíritu individual (en oposición a
aquella vieja asignatura, Formación del Espíritu Nacional,
de tan ridícula como ingrata memoria).
Estoy seguro de que el autor no querría
para sí esta responsabilidad —nadie menos solemne ni profesoral
que Joan—, pero estoy seguro de que su poesía hace mucho
que sus devotos la leemos como escuela de vida y literatura. No son pocas
las enseñanzas de su extensa obra que cristaliza un poco más
con cada nueva entrega.
La
claves estilísticas —su comportamiento en el poema, su ética
poética— de sus poemarios son: concisión, precisión,
intensidad emotiva. La poesía se nos muestra como un refugio desde
donde ejercer la misericordia para con uno mismo, para con los demás,
para con el mundo, el último refugio contra la hosca realidad,
contra el destino, siempre trágico.
Frente a las edulcoraciones con que a veces
se trata de empapuzar a nuestros jóvenes, me parece medicinal la
amargura lúcida de Margarit, su inteligencia desencantada, ya de
vuelta de todo, que no teme nombrar las cosas por su nombre —la
muerte, la vejez, el miedo hacia el presente sin futuro—, y que
en su escrutinio salvaje rescata sólo lo esencial: la memoria implacable,
la belleza terrible del mundo, el amor y sus servidumbres, la música,
la poesía. Una lección que infunde en sus lectores el gusto
último por la vida que sólo transmiten los viejos maestros.
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Carlos
Marzal. Valencia, 1961. Licenciado en Filología
Hispánica. Autor de los poemarios El último de
la fiesta (1987), La vida de frontera (1991), Los
países nocturnos (1996), Metales pesados (2001)
y Fuera de mí (2004), todos ellos recogidos en El
corazón perplejo. Poesía reunida 1987-2004 (2005),
y de la novela Los reinos de la casualidad (2005). Ha traducido
al español obras de poetas catalanes y dirigido Quites,
revista de literatura y toros. |
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