MAX SUNYER
Metapoética de la guitarra eléctrica

 

Antonio Marín Albalate

 


Con Sunyer en la trastienda del pub Underground, bajo whisky © Antonio Marín Albalate     Joaquim “Max” Sunyer (La Pobla de Massaluca, Tarragona, 1947) es un guitarrista legendario. A los catorce años comenzó a interesarse por este instrumento, pero a los siete ya estudiaba solfeo y violín con su padre, un músico de orquesta que, sin duda, marcó definitivamente la trayectoria profesional del joven Max.
     Entre 1968 y 1972 creó grupos tan carismáticos como Tapiman con José María Vilaseca, “Tapi”, a la batería y Pepe Fernández al bajo. Tras esta aventura, en 1974 Sunyer entra a formar parte del quinteto Iceberg. En Tutankamon, su primer disco, recordaba, quizá por la voz, a una formación de rock sinfónico más que al grupo jazzístico que sería luego, en posteriores publicaciones, ya sin el cantante Ángel Riba. Iceberg pasó a la historia como el cuarteto que trabajó siempre en la búsqueda de una música original en una línea de fusión rock-jazz. Toda una compleja mezcla de percusión, guitarras y teclados que, 5 LP’s más tarde, se disolvería para, tiempo después, derivar en Pegasus, un grupo que, siempre en ese camino de búsqueda y expresión creativa, daría verdaderas obras de arte como Nuevos encuentros, Searching, Simfonia d´una gran ciutat, El setè cercle o Selva pagana.
     Tras un inolvidable concierto acompañado por Papik Ribera al bajo y Chic Gammidge a la batería, Max nos habla con verdadero entusiasmo de la música que vive, de los poetas que lee, de su orbe, en definitiva. Max Sunyer, todo un lujo para esta entrevista realizada en la madrugada del 2 de mayo de 2007 en la trastienda de la cartagenera sala Underground; y todo gracias a la amabilidad y a los whiskys del amigo Francisco Cavas, responsable de la dirección de esta sala. Vaya de antemano mi gratitud tanto a él como al entrevistado.

 


     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Buenas noches y bienvenido, Max, a esta sala Underground de todas las músicas (...) Si nos remontamos al origen de tus orígenes, tendríamos que hablar de Siegfried Andre Den Boer Kramer, o sea, de Tony Ronald. Eran los setenta y allí estabas tú, junto a Josep Mas “Kitflus”, Francesc Rabassa y otros, acompañando al holandés. ¿Qué recuerdas como músico de acompañamiento de Tony Ronald?

     —MAX SUNYER: Pues lo que recuerdo es estar en una formación donde realmente aprendí a ser profesional, es decir, yo sabía tocar, pero no a comportarme estéticamente y profesionalmente en un escenario. Tony Ronald era una escuela, siempre había llevado los mejores músicos y entrar con él fue un honor, porque antes de que entrara yo habían pasado los mejores guitarristas que había en Barcelona. Era "Sentiments" de Icebergun grupo organizado con la primera mesa de sonido, el primer equipo de luces, había monitores, o sea, fue realmente el primer grupo en el cual yo palpé o sentí de cerca lo que era una profesión de verdad.

     —ECP: Fue al dejar temporalmente la canción Tony Ronald cuando nació Iceberg. Kitflus, tu compañero de aventuras musicales, decía: «Cuando formamos Iceberg, había una ilusión y fuerza descomunal, ensayábamos en el recibidor de la casa de una mujer mayor, que nos lo alquiló y nos tirábamos horas y horas tocando». ¿Qué supuso en tu carrera aquella maravillosa aventura llamada Iceberg?

     —MS: Fue despegar con gasolina de primera, con todo el servicio completo y a tope, tal como dice Kitflus. Hacíamos la música que nos salía de dentro sin ningún tipo de condicionamiento, no había limitación para nada, ensayábamos muchísimo, por lo que los problemas técnicos se podían superar con cierta comodidad. Tal vez si de alguna cosa pecábamos era de excesivo preciosismo y técnica, porque, como él dice, nos pasábamos todo el día tocando (...) ¿Qué supuso Iceberg? Supuso espacios multitudinarios, pero sin acompañar a Tony Ronald. De hecho, el grupo era el grupo que lo acompañaba a él, casi todos, y lo dejamos un poco colgado. Son cosas de la vida. Supuso toda esa profesionalidad y esa técnica que teníamos al servicio de nuestras ideas y con un background, con un eco del público tremendo. Tocamos en estadios, en campos de fútbol, en plazas de toros... ¡Un grupo que hacía música instrumental con títulos en catalán y pasando de comercialidad! Esto era un lujo.

     —ECP: Siguiendo con Kitflus, dice Josep que en la época de Iceberg, Joan Manuel Serrat tenía una productora que se llamaba Òliba y que os ayudó financiando la grabación del primer LP del grupo. ¿Qué significa para ti decir Serrat?

     —MS: El Serrat era una referencia, porque es un hombre que está cerca de los músicos siempre, que ha hecho proceso de ósmosis con este tejido de los músicos y se permeabilizaba en lugares exóticos como era un pub histórico que había en una calle céntrica de Barcelona y allí nos reuníamos todos y él salía con la guitarra y cantaba y uno tocaba… Un núcleo muy cerrado de músicos, tal vez, amiguetes, yo soy amiguete de este, soy amiguete de otro, en el que prevalecía el respeto y la admiración. Entonces, Joan Manel fue «ostras, es posible, es posible conseguirlo, se puede tener éxito haciendo una carrera personal», y que encima además tuviese los santísimos cojones de decir: «voy a poner un dinero en una productora para ayudar a la música que sale del país» y que grabase a grupos como Barcelona Traction, Ia & Batiste e Iceberg a fondo perdido, con el mejor estudio, el tiempo que haga falta…

Disco de Tapiman     —ECP: Y Patatas fritas, ¿verdad?

     —MS: Patatas fritas, sí; esto era tremendo, estaba de por medio un muy amigo suyo, Mariá Alberó, que precisamente le dedicó un disco que se llama Per al meu amic, en el cual, casualidad, es la única vez que yo he tocado en ‘Pare’ de Serrat. Él era el productor, el que se encargaba de todo y teníamos una libertad total. ¿Qué puedo decir de Joan Manel? Pues que muchas gracias.

     —ECP: Vamos a la época de Pegasus, esa brillante constelación musical que formaste junto a Kitflus, Rafael Escoté al bajo y Santi Arisa a la batería. Tras ocho discos editados, Pegasus se consolida como unos de los mejores grupos de jazz. Como en el mito, de donde viene su nombre, el galope de Pegasus lleva un vuelo muy alto.
     Te leo la biografía que encuentro de ti en la Red: «A partir de 1979 se dedica a actuar en diferentes formaciones, siendo la más habitual la de trío y editando hasta la fecha 12 LP’s bajo su nombre artístico. Paralelamente, en 1982 crea un nuevo cuarteto con el nombre de Pegasus, siempre en el camino de la búsqueda y expresión de una música creativa, moderna y contemporánea. Con Pegasus y hasta el día de hoy ha grabado 8 LP’s y actuado en lugares tan prestigiosos como el Montreux Jazz Festival (1984) o el Carnegie Hall de Nueva York (1985)».
     ¿Es posible un nuevo disco como Pegasus?

     —MS: Sí, Pegasus… A finales del 78/79 se me dio la oportunidad de grabar un disco con mi nombre para la misma compañía que grabábamos con Iceberg, entonces yo dije «sí, de acuerdo, grabo un disco mío». Me hacía mucha ilusión, tenía muchos temas, muchas historias que desarrollar e hice el disco justo antes de grabar el último de Iceberg. Pues a raíz de eso se deshace Iceberg y yo formo un trío porque, efectivamente, la fórmula pequeña, válida, de trío —ritmo, graves y la guitarra y la armonía— me enloquecía, me gustaba muchísimo y tuve la oportunidad de desarrollarlo con Benavent y Niebla y grabé dos discos más hasta el 82. En el 80/81 al Benavent le llamó Paco de Lucía. Entonces yo empecé a buscar bajistas. Al batería, Niebla, lo llamó La Trinca, empecé a buscar baterías… Acabé con Rafael Escoté al bajo, con Santi Arisa a la batería, y en muchos lugares donde había ido a tocar me decían «oye, ¿por qué no vienes con cuarteto?» y yo decía, vale, en lugar de trío, cuarteto: ¡Kitflus! Y un día nos encontramos los cuatro, el Kitflus, el Arisa, el Escoté y yo y dijimos ¡qué burros!, estamos tocando para "Comunication" de PegasusMax Sunyer Cuartet, para la Tribu de Santi Arisa, cuatro, para Lacatans, que era un grupo de jazz que tenía, cuatro; no seamos burros, hacemos un grupo que se llame Pegasus, a la vieja escuela, los cuatro componiendo, los cuatro al 25% y vamos a ensayar, lo hacemos en serio, nos producimos nosotros, editamos nosotros… ¿Qué pasó? Que llegó un momento en que el tejido musical catalán —hablemos de Cataluña porque allí es muy intenso— sufrió un cambio, una evolución, a mejor o a peor, no sé, pero un cambio, seguro; y los cambios para mí siempre son buenos; y en este cambio los grupos mastodónticos, es decir, que si no va uno a tocar no se puede poner un suplente, no existían, el único grupo que quedaba eran los diplodocus de Pegasus; total, que conseguimos sacar siete, ocho discos, nueve, y al final de todo, un encargo precioso, que era temas de Pegasus de todos los discos que teníamos grabados arreglados por Manel Camp para sinfónica y banda. Fue un encargo del Ayuntamiento de Barcelona para inaugurar las Fiestas de la Merced; lo estrenamos delante de la catedral, y bueno, fantástico con la orquesta, ilusionados, lo vamos a grabar, lo vamos a grabar... Pues mira si han pasado años que todavía lo vamos a grabar… Está escrito, está tocado… Yo tengo una cinta de los ensayos que se oye todo, pero no hay dinero porque es un presupuesto… Para un disco de estas características hablar de 6000 euros es hablar de bastante, y por lo tanto ahí lo tenemos, en stand by. Pero amenazamos con volver.

     —ECP: Santi Arisa, a los 50 decide ser cantante y graba, por ejemplo, discos tan geniales como Taverna de poetes. ¿No te ha tentado nunca grabar un disco como vocalista, con textos tuyos o de otros?

     —MS: La expresión más natural que tengo es la guitarra, el instrumento, pero me gusta mucho la poesía, soy un enamorado desde Eliot a Rimbaud, de Artaud y… Toda la gente que hace maravillas, que hay mucha afortunadamente. Entonces, claro, cantar yo lo hacía con Tapiman, pero luego ya dije «no, yo no voy a cantar, yo voy a tocar, yo soy guitarrista», y llegó un momento en que dije «yo no voy a cantar, pero sí he encontrado a una mujer que canta de la hostia» y encontré a Deborah Carter, y grabé un disco con ella, Black Coral. No hice las letras yo, las hizo ella, pero estábamos los dos ahí, together, haciéndolo muy cerca. Y luego este último que grabé en 2006. Aquí ya me he desmelenado, de los diez temas hay siete cantados, seis en catalán y uno en inglés, y he hecho todas las letras yo. Estoy encantado. O sea, que soy un poeta frustrado, esa es la verdad.

"Max Sunyer Trio" (1981)     —ECP: ¿Qué poetas o escritores catalanes o no catalanes, actuales o clásicos, forman parte de tu equipaje personal?

     —MS: Catalanes el Foix, el Riba, naturalmente. Y de modernos muchísimos, pero, para remitirnos a las raíces de catalanes, estos dos… El Carner… Carner, Riba y Foix, son los que más me han tocado. Màrius Torres también. Y de no catalanes, pues Hölderlin. Ya te los he dicho todos.

     —ECP: Desde mi ignorancia —digo esto porque a lo mejor está ya editado y yo, con estos pelos, sin enterarme—, ¿cómo llevas ese libro de partituras (propias y de otros autores catalanes y norteamericanos) armonizadas y escritas para guitarra en el que andas trabajando?

     —MS: Tengo una cincuentena de temas propios y de otros autores catalanes y alguno de no catalán, pero lo mínimo. Aquí hay de todo. Hay una canción del Ia Clua, de Ia & Batiste, que es ‘El gessamí i la rosa’, un poema de Carner, solamente instrumental, todo pensado para la guitarra, pero la guitarra eléctrica pensada como guitarra clásica, como cuando toco yo solo; es un aparato como una guitarra normal y corriente pero simplemente tienes la electricidad detrás y te permite tal vez… Y esto es lo que estoy intentando reflejar en este libro. Pero es muy difícil de publicar, son aquellas cosas que no tienen salida. Las editoriales dicen «un libro de partituras para guitarra, ¿quién lo va a comprar?, ¿temas de quién?». Pero el trabajo está hecho y si no sale, alguien lo aprovechará.

     —ECP: Dice tu envidiable biografía que a los siete años estudias solfeo y violín con tu padre. Sin duda, una suerte y un lujo que contribuyeron a forjar al profesional que ahora eres. Max, háblanos un poco del magisterio de tu padre.

     —MS: Mi padre murió el año pasado, a los 91 años. Afortunadamente, se durmió vivo y se despertó muerto. Ojalá a todos nos tocase… Mi padre ha sido para mí un ejemplo de lo que hay que ser en la vida, un hombre honesto, íntegro, alegre, ha sabido vivir la vida hasta el último instante. Era músico, campesino y músico, y a los cinco años ya me metió en el coro del pueblo para cantar en la iglesia, a los seis me empezó a enseñar solfeo, tres libros del Solfeo de los solfeos que me los empapé de arriba abajo, y violín. Tenía un violín tres cuartos más pequeñito... Era un músico de los de antes: violín, trompeta, saxo, clarinete, contrabajo, guitarra, batería… Quería que yo fuese violinista, me enseñó, y por infortunios de la vida a los diez años dejamos esto porque nos fuimos a vivir a Francia. En Toulouse de Languedoc era la "Ficcions" de Max Sunyersuperviencia, allí viví hasta los catorce años y este paréntesis fue criminal porque rompió todo, fue un antes y un después porque al volver a Barcelona yo le dije «oye papá, la guitarra del abuelo que está allí en el pueblo con carcoma, ¿la puedo bajar para tocar?». Con esta guitarra del abuelo carcomida, un tocadiscos y un método del Joguet, horroroso, me acordaba de los acordes que me había enseñado él a los seis años… Es importantísimo esto, ojalá a todos los críos los padres les enseñaran a tocar a la fuerza, ¡eh!, sin que ellos quisieran… Igual que les enseñan matemáticas y gramática y a hablar (porque ellos no quieren) o a andar, pues que se les enseñase eso, porque es donde encuentras…

     —ECP: A los 17 años empiezas a tocar en orquestas de baile al tiempo que investigas en el jazz. ¿Podríamos decir que naciste con el jazz?

     —MS: Cuando tenía siete años me regalaron una armónica, pero una diatónica, la normal, sin cambio de tono. Mi pueblo está tocando a Aragón, la cuenca del Matarranya, donde el río Matarranya desemboca en el Ebro. Allí la gente tiene este espíritu aragonés de la risa, la fiesta. Oía a la gente silbando canciones que aprendí con la armónica, canciones de soplar y aspirar y te sale: «toto tata tatitototata tatitototá, totatatotota»... Entonces el jazz… Yo no sabía jazz, mi padre no… Sí, mi padre sabía bugui-bugui porque él tocaba en la orquesta y tocaban Glenn Miller, todos los éxitos que se bailaban en los años 40 y 50, antes de la guerra y después… Lo primero que aprendí con la guitarra fue la rueda del blues; me encantaba que pasaran doce compases y tú pudieras decir lo que fuera, y volver a empezar. De ahí al jazz, donde los músicos se movían por la armonía. El pop y todo eso lo encontraba como tonto, un acorde con la guitarra en el cual hay dos veces la quinta, tres veces la octava… Es aburrido, ¿no? En cambio el jazz te permite armonizar distinto. Era un reto y una maravilla, y ahí fue el salto. Django Reinhardt, West Montgomery, Ray Charles... Son los referentes que tengo.

El quinteto acústico-eléctrico Guitarras Mestizas     —ECP: ¿Qué podrías contarnos de Guitarras Mestizas, ese quinteto acústico-eléctrico compuesto por Santi Picó, Max Sunyer, Chicuelo, David Palau y Joan Vinyals que aglutina estilos tan diversos como jazz, blues, rock, heavy y flamenco, y cuyo legado ha sido la grabación de dos dobles cedés?

     —MS: Esto fue una idea estupenda de un manager, Antonio Montero. Él había visto que tenía una demanda. Le pedían una formación de guitarras y se puso en contacto con Santi Picó y conmigo, que somos muy amigos. Entre ambos montamos un quinteto: un flamenco, uno de blues, uno de jazz, uno de pop y uno “santanero”. Empezamos a buscar nombres. Yo mencioné a Vicente Amigo, a Cañizares, a Manzanita (que aún estaba vivo), a todos los guitarristas flamencos posibles. A Paco de Lucía no, porque está en otro universo ¿no? Al final entró El Chicuelo. Como guitarra pop David Palau es una bestia tocando… Y así fue. Nos encontramos los cinco y nos preguntamos ¿qué vamos a hacer? Pues vamos a hacer temas como nos dé la gana, cada uno que escoja cinco, a su gusto, y que los grabe con quien quiera y como quiera, solo, a dúo, a trío, cuarteto, quinteto… Esto para un guitarrista es una bonita locura, un desafío, poder hacer una cosa con cinco guitarras sin que nos peleemos y utilizando sobre todo el buen gusto y la belleza como marcadores… Afortunadamente los cinco que coincidimos éramos personas muy generosas, abiertas, sin ningún tipo de tabú ni prejuicio y con ganas de aprender el uno del otro y, claro, fue fantástico, la prueba es que hicimos dos discos dobles, el segundo ya con cinco temas propios, y ahora está en el horno uno con temas propios, o sea que esto sí que vibra.

"Secrets" de Max Sunyer     —ECP: Desde julio de 2002 eres director académico de L’Aula de Música Moderna i Jazz del Conservatori del Liceu de Barcelona. Y desde 1984 impartes seminarios y Master Class por España. Maestro, ¿qué músicos señalarías —valga la redundancia— como tus maestros?

     —MS: A mí me marcaron mucho los tres jazzistas que te he mencionado. En la música que entonces estaba rabiosamente de actualidad, Jimmy Hendrix, claro; Chuck Berry, porque hacía cosas que no había hecho nadie; Eric Clapton, un derrame de improvisación; Duane Allman, guitarrista de The Allman Brothers, que murió; Hank Marvin de The Shadows, aquel sonido de guitarra tan puro, tan melódico…

     —ECP: Y por fin, ya para terminar, háblanos un poco de tu actual formación, el Max Sunyer Trío.

     —MS: Es una formula fantástica porque te permite mucha elasticidad, el mismo repertorio o los mismos temas tamizarlos según con qué músicos tocas, llevarlos por un camino, por otro, por en medio… No hay teclados, ni hay que ensayar mucho porque los temas se tocan en plan jazz, jazz puro, es decir, aquí está el guión, uno dos tres cuatro, a tocar, a improvisar la melodía y ya está. Es como una especie de base a evolucionar, ¿hacia qué?, evolucionar a tocar solo, a dúo y a formaciones con muchos músicos. Me ha permitido grabar el último disco con una cantante checa a la que hago cantar en catalán, o grabar el disco anterior con Santa Cruz, que era un disco experimental, o con Deborah Carter, que era más eléctrico, con saxos, con trompetas, o Nómadas con Jorge Pardo, Matthew Simon, el Kitflus…

     —ECP: Gracias, Max. Bajo whisky —todavía con tu música sonando en la madrugada de Underground— y buscando la plenitud que cierre ese día, uno va a casa para encontrarse con Foix, Riba, Carner, Hölderlin, Eliot, Rimbaud, Artaud…

 

Max Sunyer: Metapoética de la guitarra eléctrica © Ritmes