KITFLUS
Eclecticismo en los teclados

 

Antonio Marín Albalate

 


     Josep Mas Portet (Mollet del Vallés, Barcelona, 1954), conocido en el mundo musical como Kitflus, es un profesional de los teclados que desde muy joven sintió la llamada de la música. Así, con sólo trece años formó parte de varios grupos como Los Estoicos, Cuarto Mundo y Proyecto A. A los dieciséis se unió al grupo de Tony Ronald, donde conocería al guitarrista Max Sunyer, con quien, junto a Primitivo Sancho, Jordi Colomer y Ángel Riba formaría en 1974 el grupo de rock fusión Iceberg. Posteriormente, y con Max, Rafael Escoté y Santi Arisa formaría Pegasus, una banda que tenía mucho que ver con el jazz. Eran los ochenta y es cuando empieza a colaborar con Serrat como arreglista y miembro de su banda. Su inconfundible sello musical está impreso en Tal com raja (1980), En tránsito (1981), Nadie es perfecto (1994), Banda Sonora d'un temps d'un pais (1996), Sombras de la China (1998) y Cansiones (2000).
     También ha sido arreglista de cantantes y grupos como Manzanita, Moncho, Mecano, Orquesta Mondragón, Joan Baptista Humet, Camarón… y ha compuesto la banda sonora para películas como Soldados de plomo o Historias de la puta mili. Acompañado por Rafael Escoté, Manuel Martínez del Fresno y Roger Blàvia, fundó el actual Kitflus Kuartet.
     Cuanto sigue son las palabras que recogí en mi grabadora el día que fui a verle a su estudio de Barcelona. Gracias, maestro, por abrirnos la puerta.

 

Kitflus: eclecticismo en los teclados

 

     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Lo mismo que a Max Sunyer le preguntara en su día, y dado que militasteis juntos en el grupo de Siegfried Andre Den Boer Kramer, más conocido como Tony Ronald, ¿qué recuerdas de aquella etapa como músico de acompañamiento del holandés?

     —KITFLUS: Recuerdo muchas cosas. Yo era muy jovencito. Cuando entré con Tony Ronald tenía más o menos dieciséis años. Hace mucho tiempo... Una de las cosas que recuerdo —eso lo he explicado muchas veces— es que el nombre de Kitflus viene de esa época. Al cabo de un tiempo de estar con Tony Ronald vino su hermano, que se llama Andre Den Boer, el cual, aún no sé por qué, me llamaba Kisgai (el chico del beso). Kisgai… Y bueno, tampoco sé cómo, de Kisgai pasó a Kitflus... Recuerdo grandes cosas, era una época con tantas ganas de hacer… Muchos de los que nos encontrábamos allí hicimos Iceberg... Uff, cantidad de experiencias.

     —ECP: Fue al dejar temporalmente la canción Tony Ronald cuando nació Iceberg. Acerca de este grupo dices: «Cuando formamos Iceberg, había una ilusión y fuerza descomunal, ensayábamos en el recibidor de la casa de una mujer mayor, que nos lo alquiló y nos tirábamos horas y horas tocando». ¿Qué supuso en tu carrera aquella aventura llamada Iceberg?

     —K: Son cosas irrepetibles, pero irrepetibles por muchas razones. Una razón es el momento y la edad, o sea, aquella sensación… En la juventud uno tiene muchos menos problemas, ataduras o cosas que te hayas creado. En general, en la vida, vas pasando y te vas liando con cosas, sea de dineros, sea de compromisos, lo que sea, y entonces, esto, quieras o no, te hace actuar de una manera no tan libre. Sin embargo, allí, en aquel momento, era tocar y ensayar por hacerlo, ni siquiera por aquello de grabar un disco... No, sólo tocar y montar un directo bien, aunque tenías que preocuparte de buscar un equipo, comprarlo y tal, porque en aquella época no existía nada, te lo tenías que combinar tú, fabricar. Por no existir, no existía ni lo que es poner la mesa de control de la mezcla de una actuación. Todo esto no existía en España, ni vendían, ni nada, hasta el punto de que compramos una manguera de regar, de estas de regar, gorda, verde, y nos pusimos en una calle de Barcelona, en frente de la tienda donde comprábamos las cosas, uno en una esquina, con polvos de talco, pasando cable a cable, pasando como sesenta cables, allí dentro de la manguera, o sea, imagínate todo esto lo que pesaba… Aquella manguera no la podías coger ni con una grúa, pero bueno todo esto son cosas que explican lo especial que tuvo esa época, ¿me entiendes?

"Sentiments" de Iceberg     —ECP: En la época de Iceberg, Joan Manuel Serrat tenía una productora que se llamaba Òliba y que os ayudó financiando la grabación del primer LP del grupo. Con este cantautor has ido de gira en multitud de ocasiones ¿Qué significa en tu vida la figura de Serrat?

     —K: Estoy encantado de haber podido trabajar y conocer a un personaje que realmente disfruto y admiro. Serrat es una persona con un talento muy especial y con muchas ganas de hacer las cosas muy bien hechas. Cuando empecé a trabajar con él es cuando empecé a prestar atención a la letra, o sea, yo era, y soy, músico, tocaba, toco, y la letra ni me interesaba, estaba en un segundo plano, veía que existía una melodía, pero lo que decía me pasaba prácticamente sin ton ni son, hasta que con él descubrí la importancia del verbo. Me dije: «hay un señor, una persona que está diciendo unas cosas y vaya manera de decirlas». Hay una melodía y hay una letra, pero cómo hace los acentos, cómo cuida este tipo de cosas para dar potencia a lo que está diciendo. Me acuerdo de cada trabajo que he hecho con él. Me considero muy afortunado de haber podido dar lo máximo de mí colaborando con una persona como Joan Manuel. Aparte de esto, hemos vivido muchas cosas y lo considero amigo mío y compañero.

     —ECP: Sí, por supuesto. Además, yo he tenido la suerte de ver tus directos con él y es magnífico el tono que logras.

     —K: Ahora tenía que acompañarlo en eso de Dos pájaros de un tiro con Sabina. Me lo dijo; lo que pasa es que no puedo con todo lo que tengo aquí, en Barcelona. Abandonar esto medio año o más... No podía.

     —ECP: Vamos a la época de Pegasus, esa brillante constelación musical que formaste junto a Max Sunyer a la guitarra, Rafael Escoté al bajo y Santi Arisa a la batería. Tras ocho discos editados, Pegasus se consolida como unos de los mejores grupos de jazz. Como en el mito, de donde viene su nombre, el galope de Pegasus lleva un vuelo muy alto. ¿Es posible un nuevo disco como Pegasus?

     —K: Hace un mes hicimos una actuación de Pegasus. Hacía diez años que no tocábamos juntos como Pegasus, y en Villafranca del Penedés, que es una población de aquí cerca, yendo a Tarragona, nosotros hace veinticinco años creamos una sintonía para la radio de allí, y habíamos ido a tocar varias veces y nos tenían un cariño especial; la gente de allí, las de la radio que hacían ahora el vigésimoquinto aniversario de no sé qué, pues empezaron: «Oye, tenéis que montar Pegasus, hombre»; era complicado, pero insistieron tanto que lograron que nos reuniéramos una semana ensayando todo para hacer esta actuación, pues estuvo muy bien, mucha gente… Y a raíz de esto… Un disco no está previsto, estoy seguro que no, pero sí que igual está previsto montar una gira de un mes o un mes y medio, y luego igual grabar en directo un dvd, esto sí [...] Algo que hicimos con Pegasus y me gustaría personalmente repetir es poner música a una película muda que se llama Berlín: sinfonía de la gran ciudad. ¿La conoces? Es del año 1920, el primer documental largo de la historia del cine, de un director alemán que se llama Walter Ruttmann, y no "Simfonia d'una gran ciutat" de Pegasustiene desperdicio, dura una hora y la imagen es brutal para ser de esa época; en su día le pusimos música, se proyectaba la película y nosotros tocábamos en directo... Esto lo quisiera recuperar, volverlo a hacer ahora, con la tecnología de ahora, porque en aquella época ya disparábamos cosas de vídeo, de secuencial, y tocábamos encima, pero era un suicidio porque no había… Hoy, con todo lo que hay tecnológicamente ya al servicio del músico, se podría montar realmente bien; tenemos la película, se tendría que volver a trabajar con la misma música que trabajamos… Y una vez montado, puedes ir con esto a la China, si quieres, pues es una cosa que no tiene ni tiempo ni lugar, es muy exportable.

     —ECP: Santi Arisa, a los 50 decide ser cantante y graba, por ejemplo, discos tan geniales como Taverna de poetes. ¿No te ha tentado nunca grabar un disco como vocalista, con textos tuyos o de otros?

     —K: ¿A mí? Bueno, a mí me gusta mucho cantar, pero no… Muchos trabajos que hago, en la demo los canto, pero de cara a sacar un disco cantando, no. Lo que he llegado a hacer es coros, eso sí, pero yo, como solista… No, la verdad es que no, no me lo planteo. También por otra cosa, porque aparte de darme cuenta con Serrat de que existía una letra, también comprendí que dices cosas; la música es algo más etéreo, es interpretativo, un leguaje que no es tan estricto y tan conciso como es una letra. En una letra dices «burro», puedes «buuuurro», pero es «burro».

     —ECP: Y también más universal.

     —K: Claro, porque en la letra tienes que decir algo y entonces es más comprometido… A raíz de entrar en el rollo de la letra, cada vez me fijo más, y se dicen muchas chorradas. O sea, la voz como instrumento, sí, pero mejor sin texto.

     —ECP: ¿Qué poetas o escritores catalanes o no catalanes, actuales o clásicos, forman parte de tu equipaje personal?

     —K: ¿Poetas? Bueno, yo había leído mucho y ahora llevo mucho tiempo que lo de leer, lo he dejado; no sé por qué, pero mi lectura en aquella época era muy… un poco filosófica, me gustaban desde las tonterías de aquellos libretos de Lobsang Rampa hasta entrar en cosas más bestias como Ray Bradbury, Castaneda, ¿sabes? Hay más, pero no me acuerdo. Y ahora hay gente que dentro del mundo de la canción me dice cosas de una manera especial, ¿no? Sabina mismo… A mí me llega eso a través de la música. Y bueno, luego cosas de los clásicos, como Neruda, pero no creas que soy un gran lector… Es más fácil para mí expresarme hablando que escribiendo. La literatura para mí requiere mucho esfuerzo. Me atengo al estudio, la parte de la física y las matemáticas me iba bien, pero la parte de la literatura, fatal, fatal. Es algo que debe de venir de fábrica.

 

Con Kitflus en Barcelona © Antonio Marín Albalate

 

     —ECP: Has compuesto la banda sonora de películas como Soldados de plomo o Historias de la puta mili. ¿Qué representa el cine en tu vida?

     —K: Si quieres que te sea sincero, es una asignatura pendiente, porque de lo que más me gusta es hacer música para imagen. Disfruto, me encantaría dedicarme mucho más a ello, aunque es complicado. He hecho cosas, pero tampoco he intentado meterme a fondo. El cine en este país es muy peculiar… Normalmente cuando llega el compositor a hacer la música de una película, de entrada presupuesto ya no hay. Si pudiéramos gozar una producción como las americanas, cuyos presupuestos para la música son elevadísimos uno podría usar una sinfónica de verdad, grande, mezclada con teclados...

     —ECP: Háblanos un poco de tu productora, Sulftik S.L.

     —K: Sulftik es una sociedad que yo creé. Era importante para mí tener una sociedad, y le puse el nombre Sulftik que es Kitflus, pero al revés. Cuando tienes que crear una sociedad, es muy difícil poner el nombre porque todos están cogidos y si Kitflus es raro, Sulftik de seguro que no habría ninguna. Realmente no me dedico a producir; este trabajo es para mí. Lo que se acerca más al trabajo de una productora es el Estudio.

     —ECP: ¿Podrías definir en pocas palabras a esa dama del jazz llamada Deborah Carter?

     —K: Ella residía en Mallorca cuando la conocí. Una persona excelente y con unas facultades vocales muy grandes. Hace menos de un año me llamaron para hacer un “Clinic” cerca de Granada, una escuela de jazz. Me fui con Salvador Niebla —él hace muchas cosas— y Deborah daba el “Clinic” de canto. En El Kitflus Kuartet antes de salir al escenarioGranada volvimos a tener conexión. Vino con ella su marido, que toca la guitarra y vive en Holanda.

     —ECP: ¿Qué es para ti el jazz, Josep?

     —K: ¡El jazz engloba tanto! Las definiciones cerradas no me gustan, por lo que no puedo decir «el jazz es tal cosa». ¿Qué es jazz? En principio es una música que te permite improvisar, vale, perfecto. Ahora, también hay muchas músicas que te permiten hacerlo: salsa, flamenco… Pero bueno, el concepto de improvisación está muy ligado al jazz, al jazz con un tipo de estructura, de una melodía y una armonía determinadas, y a raíz de aquí, pues la gente improvisa… Actualmente acaban inventando nombres para etiquetar lo que uno hace. Con el nombre de “fusión” se arregló todo. Yo hago una música libre, con pocas ataduras, no hermética.

     —ECP: Junto a Alain Milhaud (productor del primer disco de Hilario Camacho), has revisado las composiciones de Hilario, unificando arreglos y sonido. Una mirada diferente se titula el, por desgracia, último disco de Hilario. Para la gente que no conoció a Hilario Camacho ¿qué podrías decir de él?

     —K: Era una persona muy especial, bastante introvertida. Lo conocí en la época de Iceberg, pero lo traté poco. Hace dos años, sin embargo, volví a tratarlo a raíz de este disco, estuve en su casa, vino a grabar a Barcelona... Me sorprendió muchísimo su muerte, su disco iba a salir...

     —ECP: Y ya para terminar, háblanos un poco de tu actual formación, el Kitflus Kuartet.

     —K: El sábado pasado tocamos en el auditorio de Alcudia, en Mallorca. Yo tenía ganas de formar un grupo bastante acústico, sí, sobre todo yo, no tocar teclados, sino tocar piano acústico. Por otro lado deseaba la formación de trío; con el Rafa y el Roger tengo muy buen rollo. Y luego, añadir un instrumento que no fuera el habitual: el cello. Le puse el nombre de Kitflus Kuartet, con K, no con C, sino con K, como para dar una sensación de que no era cuarteto y para dar la cosa de grupo, de manera que todos pudieran componer y no uno sólo. Hay un disco grabado, salió en una compañía que… un desastre; ahora saldrá bien distribuido y estará en todas las tiendas, así como en la web de Frank Andrada: www.frankandradamusic.com. ¿Conoces al Frank Andrada? Ahí estará.