Ángel Gómez Espada

 

     (Murcia, España, 1972)

     «Al parecer, es condición indispensable asemejar la poesía y hacer una metáfora de ella y con ella, compararla con una guirnalda de flores o abducciones metafísicas. Decir, por ejemplo, que es un don divino o un don del vino (nunca he sabido muy bien cómo apreciar ese matiz diferencial, la verdad). Y los más osados escriben que es un acto parecido a una sobredosis de ácido lisérgico. En mi caso, creo que la poesía me sirve única y exclusivamente para entenderme un poco, intentar ser mejor persona, y para disfrutar unos cuantos grados más de la vida. Para eso la necesito y para eso escribo. No he buscado nada más. Algunos amigos dicen que peco de lúdico en mis versos, o que dejo en mera anécdota alguno de mis poemas. Bien puede ser cierto, pero creo que los que hoy en día aspiran a superar en genialidad a autores de la talla de Borges, Pessoa, Cernuda —no digamos ya a Homero o a Quevedo— están perdiendo un tiempo precioso que mejor dedicarían a sus seres más queridos».
     Estos poemas están extraídos del libro Mediodía en la otra orilla (Universidad de Murcia, 2000).

 

 

Maneras de no estar muerto
(Primera)

Subirse a los árboles y gritar,
romper cristales o jarrones de un pelotazo,
levantarle las faldas a las chicas,
bañarse desnudos en el río las mañanas de mayo,
hacer novillos en clase de Lengua los jueves,
robar caramelos de eucalipto en el quiosco,
dejarse media vida en los pedales de la bicicleta,
compartir tu bocadillo de nocilla en el recreo
y las ilusiones más estúpidas que se hayan visto,
llorar con la ternura de Stan Laurel y Oliver Hardy.
Volver a la infancia al menos dos veces por semana.

 

 

Maneras de no estar muerto
(Decimosexta)
Como Phileas Fogg,
correr al revés del mundo,
ganarle un par de días a la Muerte,
burlar por un instante al Olvido;
sentirme un héroe de papel.
Como Alonso Quijano,
volverme cuerdo en el momento preciso,
hacer del existir una sinrazón,
robarle unos granos a la Gloria;
sentirme un héroe de papel.

 

 

Maneras de no estar muerto
(Decimoséptima)

Desconfía en todo momento:
tanto de aquellos que dicen tener
siempre de cabecera el Ulises de Joyce
como de los que aseguran que nunca
nunca han deseado a mujer ajena.