Ángel Gómez Espada

 

     (Murcia, España, 1972)

     «Nací justo para venir a presenciar la muerte de Carrero Blanco. Soy descendiente directo de Laika, aquella perrita tan linda que los rusos llevaron como mascota a Selene. Mis alumnos, por ello, me dicen que vivo en la luna y una ranita salmantina de la suerte —regalo de Dubravka— me lo recuerda diariamente. De pocas cosas estoy tan orgulloso como de mi familia, mis amigos, mi único libro de poemas publicado hasta la fecha —Mediodía en la otra orilla (2000)— y unas cuantas noches granadinas. Añadamos a esto algunos premios literarios desconocidos hasta para la minoría. Intento arreglar todo eso trabajando como croupier en mis ratos libres. (Todos saben que sólo lo hago para llamar la atención)».
     Estos tres poemas son inéditos.

 

 

Mi infancia fue una infancia en pie de guerra.

Francisco Sánchez Bautista

A mi madre, por supuesto.

También mi infancia
era una infancia en pie
de guerra; una infancia
de dudas y asperezas,
cuando no podíamos
salir a jugar a la calle
en pantalones cortos,
haciendo malabares
con la pelota y la nocilla.
Entonces venías tú,
vestida de polen
hasta las cejas,
con tu bata raída
de grandes rosas;
y con tres o cuatro
palabras de sutura
separabas los miedos
y las noches.
Y la vida
continuaba su curso
feliz, como si tal cosa.
Y poníamos el mantel,
preparábamos la mesa.

 

 

De un amor checo
I

Un ángel checo pasea en bicicleta.
Conduce despreocupado.
Le persiguen dos caballos.
Por unas cuantas monedas
—muchas menos de treinta—
lleva tu carta en la mano,
deja mi amor en tu puerta.

 

II
(después de ver una exposición de Roberto Matta)

 

El silencio es azul
y tiene corazón de medusa.
Entonces, abre nuevos universos
como quien abre sucursales
de tiendas de ropa y de moda.
A pesar de eso,
su corazón seguirá siendo
de medusa azul;
y sus amantes, suicidas
bailando la danza de la muerte.
Mas tu canción siempre rompe
el azul.

 

III

 

Tu canción azul
deja tu amor en mi puerta,
y un olor de lavanda entra
por el balcón de mi casa.

 

 

Duermes desnuda,
me das la espalda.
Voy a por un vaso de agua.
Y cuando vuelva,
me esperará tu sonrisa.
me contarás los lunares
de las manos. Haremos
el amor hasta que llegue
el día. El sabor del cigarrillo
aún permanece en tu boca.
Tu boca.
Que es como decir: La vida.
La mañana sabe a mar
y a despedida.
Y un billete de avión
que nos separará
descansa en la repisa.
Hay días.
Y días
como zumo de limón.