ANTONIO LLORENTE es el director, junto a Héctor Castilla, de la revista de poesía La Galera. Sus versos dejan siempre un rastro melancólico en la lectura, y también cierto aire de ironía, pero barnizada constantemente por una tristeza indefinida, consecuencia de su fuerte escepticismo. Poemas para la alegría dolorosa de esos instantes que la vida nos depara. Este dálmata de pura raza realiza y organiza cuantos recitales puede; el último de ellos tuvo lugar en Cartagena, a raíz del homenaje que se rindió al maestro Borges el pasado año, organizado por el poeta José María Álvarez.

 

Te dejo en tu casa y averiguo las calles,

las pardas paredes de los edificios,

un chico que me llama para pedirme un cigarro,

el rápido regreso a mi casa

cuando no tengo ninguna prisa.

Y sólo arrastro éste mi pobre y roto silencio.

 

 

ESPEJO DE LA MEMORIA

El espejo sirve para recordarnos,

y la memoria personal no tiene testigos.

Es imposible negar lo que refleja.

El espejo viaja y recoge la luz

de todo lo que ayer le fue posible,

lo que nos fue cierto,

lo que estuvo matándome.

En su recorrido de sombras

la carne

se vuelve más genuina y tiembla

en este sueño que soy de escalofrío.

Y vuelve a mí y siempre se acaba en mí

como un rincón en otro rincón únicamente

se encuentra, se consuela y se mira.

La memoria del espejo finalmente soy yo.

 


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