SERGIO GALLEGO es otro insigne colaborador de la revista cartagenera La Galera. Escribe con ángeles en las tripas; cada verso suyo es una grieta que se abre ante nuestros ojos. Es, obviamente, una de nuestras promesas jóvenes en el decir poético actual. Según este perro de caza, «el poeta no es más que un encadenador de palabras cuyo misterio no es encontrar una u otra y colocarlas en un sitio preciso, ni siquiera ponerlas del revés o haciendo el pino mientras las plasma en un papel o pantalla, sino encontrar una relación sorprendente y sutil, fina y acogedora, que estire los labios o encoja el estómago».

 

Cuando escribo,

mi mano parece un pájaro atravesado por una lanza

desde el pico hasta el costado

y se aferra a ese arma como a la vida

mientras gotea por sus aristas

lo que parece un último suspiro

pero sigue sangrando

y parece que la lanza llora esa muerte

y escribo por la muerte que se acerca

hasta que el pájaro se rinde.

 

*

 

Tocaremos el instrumento del saber,

tańeremos las hojas que cayeron por caer,

sin sonido,

les daremos su sonido.

Daremos intención al baile

daremos intención a casi todo

daremos lumbre y calor al silencio,

daremos lo poco que queda

entre nosotros.

Y quedaremos como antes,

con dos miradas,

con dos intenciones,

con un tacto y el silbido de una noche.

Daremos lo poco que nos queda

y nos quedaremos, simplemente nos quedaremos.

 


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