HÉCTOR CASTILLA escribe con tinta ágil y audaz. Su literatura es bella y dura, musical. Su itinerario sentimental, vital y memorístico conlleva un juego de claroscuros sobre los límites de la soledad y la tristeza. Pero, al fin y al cabo, en ese alma de este doberman estalla la potencia de un joven que ha obtenido también varios premios literarios. El último de ellos es ser finalista en el Murcia Joven 1999.

 

TODAVÍA

Insisto en renegar de las sobras de la opulencia

y en exigir

un reguero de pasos y manos y labios de vida.

Insisto en limpiar cada azotea,

cada orilla,

cada trinchera,

de la rabia que las ocupaban

y en que deje de ser eternamente invierno.

Insisto en que la vida es demasiado seria

como para jugársela

a la ruleta

y en desmaquillar

las palabras de la tiranía

de la conveniencia transitoria.

Insisto en pensar en que el mundo,

el mundo de verdad, que no es éste de ahora,

durará un verano eterno

y quedará prohibido olvidar

a las madres sin hijos, o a los hijos sin padres,

el nombre sangrado de pueblos enteros

o el silencio impuesto en ciudades completas,

quedará prohibido olvidar

porque no quedaría bien sin ser tan poco originales

como para repetir sólo

las pesadillas de la Historia.

Que nadie me eche en cara

que no lo intento,

ya lo ven, todavía insisto...

 


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