ANGEL MANUEL GÓMEZ ESPADA es una pluma ácida y, a veces, mordaz hasta las entrañas. Ha sido premiado en muchísimos certámenes locales, regionales y nacionales. Es un devorador de poesía y muy selectivo a la hora de leer novelas, como casi todos los miembros que formamos El Coloquio de los Perros... También le pierde su amor por las canciones y la leyenda de Bob Dylan. Este perro es licenciado en Filología Hispánica, un gran investigador literario -especializado en el poeta Eloy Sánchez Rosillo y sus contemporáneos-, y ahora se ha embarcado en el estudio de la Filología Clásica. Que el espíritu horaciano lo acoja en su seno. Él tiene, sin duda, muchísima culpa en este proyecto.
VISITA INESPERADA
No vengas, Inspiración, esta mañana
golpeando a mi puerta. No quiero
verte derribando mis templos.
Debo terminar lo que estoy haciendo:
lavarme los dientes, poner café,
estudiar un rato las oposiciones,
reordenar un poco las esquinas
de mi vida, llenas de mugre,
de recuerdos tiernos, pero inútiles.
No vengas a despertarme temprano,
no digas toma, escribe, aquí tienes
tu mejor poema. Si te acercas ahora
por mi cuarto, te echaré por la ventana.
Hoy no tengo cuerpo para la poesía.
Y, sin embargo, en este antepenúltimo verso comienzo, inquieto, a escuchar tu risa.
Mira que llegas a ser puta, amiga mía.
LA AMAZONA ENSILLA
Ven, Mary, acércate,
no tengas miedo de un jorobado,
ven a este lado de la habitación,
donde las sombras cubren mis defectos.
Sal de la luz, Mary, ven,
siéntate sobre mis rodillas
y viaja, sumisa, al centro de mi boca,
descubre, pequeña, a qué sabe mi lengua.
No me hagas salir, vagar
por los callejones infectos de Londres,
bajar hasta los arrabales en busca de tu olor.
No me hagas salir, buscarte
en otros cuerpos sucios, en sexos insípidos.
Ya sabes lo nervioso que me pone
no hallarte puntual en los burdeles.
Anda, no seas niña y ven.
Estoy harto de que el imbécil de Jekyll
pague mis facturas. Esta noche
quiero reposo. Sobre tu vientre.